27 de enero de 2013

Proyecto P: Capítulo 1





España, año 2020. Madrid se ha quedado otra vez a las puertas de ser elegida sede olímpica y la conspiración urdida en las sombras por la Iglesia Católica, Francisco Franco y José Mourinho, responsables de la crisis económica, parece frenada por un nuevo vuelco de las urnas electorales.
Responsabilizando de lo sucedido al anterior gobierno, la nueva élite progresista liderada por el eterno lord APR ha vuelto a obtener el beneplácito de la ciudadanía española, que en las urnas ha legitimado su llegada triunfal a la Moncloa.
Mientras tanto, desde la Gran Logia andan preocupados por el escaso entusiasmo que la población muestra ante los grandiosos proyectos con los que la nueva élite dirigente deleitará a todo el país: aborto libre y gratuito para todas las mujeres que lo deseen, creación de nuevos modelos de familia, destrucción del Valle de los Caídos, papeles instantáneos para todos los inmigrantes recién llegados al país… además de otros muchos asuntos que irán desvelando cuando llegue el momento.
Preocupado porque los planes no están saliendo tan bien como esperaba, el Gran Maestro de la Gran Logia de España (están haciendo los trámites necesarios para denominarla “Gran Logia de Este País”) toma la decisión de visitar a su alumno predilecto…

El Gran Maestro se dirigió decidido hacia el despacho. Le había costado muchos años, quizá demasiados, pero por fin había podido colocar a su favorito en aquel sillón.
¡Ay, si no se hubiera metido por en medio aquel cejudo liante! ¿Cómo era posible que a él, el Gran Maestro, le hubieran podido colar a un enchufado de semejante manera?
No pidió permiso para pasar. Allí todos sabían quién era él y, sumisos, agachaban la cabeza a su paso.
Abrió la puerta y lo encontró allí, sentado en una cómoda poltrona y con la misma sonrisa de felicidad que hubiera tenido si la actriz favorita de sus años mozos le hubiera estado haciendo una felación debajo de la mesa.
<!--[if !supportLists]-->-          <!--[endif]-->¡Gran Maestro! –exclamó nada más verlo-
El Gran Maestro, sonriente, tendió la mano nada más ver que lord APR se ponía de rodillas ante él para besársela.
- ¡Enhorabuena, lord APR! ¡Por fin has llegado aquí!
- Sin su ayuda nada habría posible, Gran Maestro…
- Parece que fue ayer cuando te enchufé en aquel Ministerio de Interior… ¡Y mírate ahora! ¡Ni los escándalos con los pistoleros, ni las miserias de las cloacas del Estado, ni aquel zopenco que casi lo echa todo a perder… Nadie ha podido contigo! ¡Qué orgulloso estoy de ti!
Excitado, lord APR escuchaba con los ojos como platos al Gran Maestro. Pero no todo eran buenas noticias. Enseguida se puso serio y, tras ordenar que le sirviera una copa del mejor whisky que tuviera, le ordenó sentarse.
<!--[if !supportLists]-->-          <!--[endif]-->Has sido fiel a la Gran Logia de… Este País.
<!--[if !supportLists]-->-          <!--[endif]-->¿Por fin le han concedido el cambio del nombre?
<!--[if !supportLists]-->-          <!--[endif]-->Sólo quedan un par de trámites, cosas sin importancia… Pero hablemos de lo importante. Como bien sabes, tú predecesor cumplió una parte del plan bastante importante y, aunque no era una lumbrera precisamente, los resultados no han sido del todo malos. Supo mantener la herencia de aquel inútil cuyo cargo heredaste en el Partido y cuya sombra te perseguirá a partir de ahora… Por desgracia, aún andamos lejos de poder controlar la mente de las masas al 100%... Pero lo importante es que los proyectos del gaymonio, del aborto libre y de la memoria histórica no han sido tocados ni en una sola coma.
<!--[if !supportLists]-->-          <!--[endif]-->¿Y qué quiere de mí, Gran Maestro?
<!--[if !supportLists]-->-          <!--[endif]-->Quiero que relances todos los proyectos parados. Todos.
<!--[if !supportLists]-->-          <!--[endif]-->¿Todos? ¿Incuso el del Valle de los Caídos?
<!--[if !supportLists]-->-          <!--[endif]-->Sí, todos… La gente tiene que seguir creyendo que las penurias económicas de estos años siguen siendo culpa de aquel general fascistorro. Y para que se acuerden del viejo, tienen que mentárselo a cada instante.
<!--[if !supportLists]-->-          <!--[endif]-->¿Pero en serio cree que podré hacer eso mientras finjo que atacó a los mercados?
<!--[if !supportLists]-->-          <!--[endif]-->Es que esa labor no te corresponde hacerla a ti. Tú sólo vas a supervisar. Quiero que crees un equipo para hacer ese trabajo sucio. Y también quiero que sepas que este asunto va más allá de lo que hiciste en los 80 y a comienzos de este siglo. Esta va a ser la misión más importante de tu vida. ¿Estás preparado para asumirla?
Sin pensárselo dos veces, muy emocionado y casi con lágrimas en los ojos, lord APR dijo que sí mientras volvía a besar las manos del Gran Maestro.
<!--[if !supportLists]-->-          <!--[endif]-->Así me gusta. Ahora quiero que busques a los mejores para llevar a cabo el plan, que será llamado Proyecto P. No quiero ni un fallo. Lo único aceptable es que dentro de cuatro años no quede ni un crío que no repita nuestras consignas contra Franco y los curas, que no quede ni un crío sin una camiseta del Ché Guevara, que no quede ni un crío que no tenga en su cuarto un póster a escala real de Santiago Carrillo… Confío en ti para hacer Este País que queremos.
Casi sin mirarlo, el Gran Maestro abandonó el despacho, dejando a lord APR con la única erección que recordaba haber tenido en los últimos veinte años.

En la otra punta de Madrid, mientras el Gran Maestro abandonaba el despacho de lord APR en la Moncloa, Enrique permanecía sentado dentro de una sala en una comisaría. Había sido detenido por un altercado en el que un inmigrante marroquí sin papeles había recibido un golpe en el rostro. Mientras la policía investigaba si aquello había sido una agresión racista, que era lo que aseguraba el marroquí, Enrique miraba en silencio las esposas que le habían puesto.
Todo había comenzado un mes antes. Enrique, que siempre había sido un gran partidario de la multiculturalidad, había ido a dar la bienvenida al nuevo vecino de su bloque de pisos, un marroquí llamado Ahmed. El nuevo vecino, con sus tres esposas y sus ocho hijos, era la oportunidad perfecta para que él demostrara a sus otros vecinos lo progresista y tolerante que era en comparación con ellos, que eran unos racistas que nada más ver a la familia numerosa de Ahmed habían cuchicheado que esa gente daría problemas.
<!--[if !supportLists]-->-          <!--[endif]-->Hola. Soy Enrique, el vecino del 3º B. Vengo a darte la bienvenida a este país.
<!--[if !supportLists]-->-          <!--[endif]-->¿Por qué tú dar bienvenida? –había respondido Ahmed, incrédulo-
<!--[if !supportLists]-->-          <!--[endif]-->¿No lo sabes? Mi país oprimió al tuyo durante décadas y somos culpables de que seáis tan pobres y tengáis que venir aquí a hacer los trabajos que otros españoles racistas no quieren hacer.
Ahmed no tenía ni idea de lo que Enrique le contaba. Él había pasado años viviendo de las ayudas del Estado y no veía por ninguna parte aquella opresión de la que le hablaba su nuevo vecino, porque siempre había pensado que la culpa de que en su país no hubiera nada era de aquellos gobernantes corruptos que tenían. Pero como le había hecho gracia, le invitó a pasar a su casa, donde las tres mujeres les abanicaron mientras hablaban.
<!--[if !supportLists]-->-          <!--[endif]-->Mi país, querido nuevo vecino, implantó una dictadura fascista y militar allí en Marruecos durante años. Os quitamos todo lo que teníais. Por desgracia, la mayoría de los españoles son unos racistas que no lo saben o no quieren comprenderlo. Pero yo soy diferente. Yo creo en que todos podemos convivir en paz y armonía. Por eso, puedes pedirme cualquier cosa que necesites.
<!--[if !supportLists]-->-          <!--[endif]-->Una mujer no venir mal a Ahmed…
Los dos se echaron a reír.
<!--[if !supportLists]-->-          <!--[endif]-->¡Pero qué pilluelo eres, Ahmed! Hablando en serio, no voy a divorciarme de mi mujer, porque no hemos llegado a ninguna circunstancia que justifique la rescisión de nuestro contrato matrimonial, pero sí que le diré que se tape la cara con un pañuelo igual que las tuyas para no ofender a vuestras creencias.
Sonriente, Ahmed le pidió un par de favores más y se despidieron. Así, Enrique ganó un nuevo amigo extranjero y perdió una camisa y un par de billetes.
Un día después de haber conocido a Ahmed, Enrique volvía de comprar con su señora (tapada con un pañuelo para no ofender a los vecinos marroquíes) y se fijó en que el hijo mayor de Ahmed, Assil (un chaval muy majo de veinte años muy orgulloso de su cultura, razón por la cual fumaba porros en la calle durante todo el día), no dejaba de mirar a su hijita Vanesa.
<!--[if !supportLists]-->-          <!--[endif]-->Hija, tenemos que hablar –dijo Enrique seriamente a Vanesa aquella misma noche, después de cenar-
<!--[if !supportLists]-->-          <!--[endif]-->El test de embarazo no era mío –dijo su hija rápidamente- Se lo estaba guardando a una amiga.
<!--[if !supportLists]-->-          <!--[endif]-->¿Pero qué dices de un test de embarazo?
<!--[if !supportLists]-->-          <!--[endif]-->¿De qué estás hablando tú?
<!--[if !supportLists]-->-          <!--[endif]-->A ver, Vanesa, que no te enteras… Quiero pedirte que seas amable con el hijo de los nuevos vecinos.
<!--[if !supportLists]-->-          <!--[endif]-->¿Te refieres a los moros?
<!--[if !supportLists]-->-          <!--[endif]-->¡No emplees ese lenguaje racista en esta casa! –dijo Enrique alterado, rechazando darle una torta por considerarlo una conducta fascista y retrógrada- Quiero que complazcas a ese chico en todo lo que te pida.
<!--[if !supportLists]-->-          <!--[endif]-->¿Qué?
<!--[if !supportLists]-->-          <!--[endif]-->A ver, Vanesa, entiéndelo… Tu bisabuelo estuvo allí, en Ceuta, mientras los españoles invadíamos y oprimíamos a aquella pobre y buena gente. Es verdad que únicamente estuvo limpiando mierda de caballo, pero esa mierda de caballo era la de aquellos que estaban al servicio de ese criminal de Franco.
<!--[if !supportLists]-->-          <!--[endif]-->¿Y por qué tenemos que pagar por lo que hizo el bisabuelo?
<!--[if !supportLists]-->-          <!--[endif]-->¡Entiéndeme, Vanesa, no podría volver a mirarles a la cara si supieran que nuestros antepasados colaboraron en la invasión de su patria!
<!--[if !supportLists]-->-          <!--[endif]-->¿No me has repetido mil veces que la patria no existe?
<!--[if !supportLists]-->-          <!--[endif]-->Eso lo he dicho por España, este país, pero no por los países del extranjero. Además, tonta… Piensa que las chicas de tu edad tenéis todo el derecho del mundo a disfrutar plenamente de vuestra sexualidad, ¿y con quién mejor que con una persona de otra cultura para experimentar?
Tras aquella conversación, Vanesa tomó en serio las palabras de su padre y todas las tardes, después de clase, subió a complacer a Assil. Enrique, como buen padre y progre de pata negra, se sintió orgullosísimo de su hija. El problema llegó cuando Assil dejó embarazada a Vanesa. Como su hija tenía sólo dieciséis años, Enrique se opuso a que destrozara su vida teniendo a un hijo no deseado. Trató de hablar el tema con Ahmed, pero terminaron discutiendo:
<!--[if !supportLists]-->-          <!--[endif]-->A ver, Ahmed, te lo diré de una manera muy sencilla. Entiendo que tras diez años en España todavía te estás adaptando y respeto tu cultura. Pero en este país las mujeres tienen el derecho a no tener a sus hijos si no quieren ser madres. Igual que yo he respetado a tus costumbres, tú deberías respetar las mías.
<!--[if !supportLists]-->-          <!--[endif]-->¡Aborto no! –gritó Ahmed, recordándole a Enrique todas aquellas manifestaciones fascistas organizadas por los españoles retrógrados- Sí aborto, no papeles para Ahmed y familia. ¡Ahmed y familia querer papeles!
<!--[if !supportLists]-->-          <!--[endif]-->Tranquilo, Ahmed, que con talante podemos conseguir tus papeles sin que mi hija tenga que arruinar su vida por un ser vivo que no existe aún…
Pero Ahmed no le escuchó, se puso de los nervios y comenzó a acusarle de racista.
Enrique, profundamente ofendido, le gritó que no se le ocurriera llamarle eso, que él llevaba dejando que los inmigrantes se colaran en el Metro desde muchos años antes de que él pisara España. Al final, Ahmed quiso agredirle, Enrique se defendió y provocó que el marroquí se diera un golpe contra una pared. Eso era todo lo que recordaba después de que las tres mujeres de Ahmed llamaran a la policía y éstos le llevaran a una comisaría, acusado de agredir a un inmigrante por motivaciones racistas y xenófobas.

La puerta se abrió y lord APR se quedó mirando fijamente al detenido. Conocía de sobra a Enrique, había sido uno de sus guardaespaldas durante muchos años hasta que un escándalo hizo que tuviera que prescindir de varias personas de su entorno más cercano. Enrique nunca se lo había perdonado, siempre le acusó de haber frenado su carrera dentro de las cloacas del Estado.
<!--[if !supportLists]-->-          <!--[endif]-->¿Cómo estás, viejo amigo? –dijo lord APR, sentándose frente a él-
<!--[if !supportLists]-->-          <!--[endif]-->Tú y yo ya no somos amigos –le reprochó Enrique, con el gesto sombrío- Enhorabuena por el nuevo cargo, por cierto. No me gusta decirlo, pero voté por ti con tal de echar a los fascistas del gobierno.
<!--[if !supportLists]-->-          <!--[endif]-->Eso está muy bien, Enrique –dijo lord APR mientras sacaba unos papeles- Me alegra ver que sigues fiel a los principios que juraste defender en su día.
<!--[if !supportLists]-->-          <!--[endif]-->¿Por qué crees que estoy aquí si no?
<!--[if !supportLists]-->-          <!--[endif]-->Has sido un chico muy malo, Enrique. ¿Qué es eso de agredir a un marroquí? ¿Eso es de ser un buen progre?
<!--[if !supportLists]-->-          <!--[endif]-->No le agredí. Yo sólo…
<!--[if !supportLists]-->-          <!--[endif]-->Que me sé toda la historia, Enrique… Recuerda con quien estás hablando. ¿Quién conoce mejor que yo todos los entresijos de las fuerzas policiales?
Enrique permanecía callado, mirando fijamente los papeles que lord APR sujetaba entre las manos.
<!--[if !supportLists]-->-          <!--[endif]-->¿Qué llevas ahí?
<!--[if !supportLists]-->-          <!--[endif]-->Tu libertad. Y todo lo que quieres y siempre has querido.
<!--[if !supportLists]-->-          <!--[endif]-->Habla –dijo Enrique, abatido- ¿Qué me propones?
<!--[if !supportLists]-->-          <!--[endif]-->Sé muy bien la desgracia que acaba de sufrir tu hijita… Pobrecilla, embarazada con sólo dieciséis años. Y aunque ahora las mujeres tienen libertad para decidir hacer con su cuerpo lo que quieran, espera un niño fruto de sus folleteos con un inmigrante… y claro, si aborta la pueden acusar de racista. A ella y a ti.
<!--[if !supportLists]-->-          <!--[endif]-->¿Te divierte esta situación, maldito cabrón?
<!--[if !supportLists]-->-          <!--[endif]-->No, Enrique, no me divierte. Sabes que me preocupo mucho por cuidar a aquellos que cumplen con lo que les ordeno. Y lo sabes.
<!--[if !supportLists]-->-          <!--[endif]-->Claro que lo sé… ¡Me echaste de la policía y después de la seguridad privada! ¡Llevo años limpiando papeles en el Metro por tu culpa!
Lord APR, sonriente, seguía mirándole sin inmutarse por sus reproches:
<!--[if !supportLists]-->-          <!--[endif]-->Vengo a ofrecerte el trabajo de tu vida, uno muchísimo mejor que lo de aquel comunicado falso de los terroristas y lo del bar. Quiero que asumas el control de un proyecto encaminado a inculcar las ideas de nuestro nuevo gobierno dentro de la población.
<!--[if !supportLists]-->-          <!--[endif]-->¿Y qué tendré que hacer? –le cuestionó Enrique, dudando-
<!--[if !supportLists]-->-          <!--[endif]-->Sólo decir que sí.
<!--[if !supportLists]-->-          <!--[endif]-->¿Y qué ganaré a cambio?
<!--[if !supportLists]-->-          <!--[endif]-->Para empezar, tu hija abortará en secreto en una de las mejores clínicas de Madrid. Costeado por el Estado, por supuesto, ya amañaremos alguna factura.
<!--[if !supportLists]-->-          <!--[endif]-->¿Sólo eso? ¡Me debes más de una por no decir todo lo que sabía hace diez años!
<!--[if !supportLists]-->-          <!--[endif]-->Sabía que pedirías más. Eres un ambiciosillo… Pero yo soy más generoso aún. Estoy dispuesto a modificar el oscuro pasado de tu familia.
<!--[if !supportLists]-->-          <!--[endif]-->¿Cómo piensas eliminar el pasado de mi abuelo?
<!--[if !supportLists]-->-          <!--[endif]-->¿Eliminarlo? ¿Quién ha hablado de eso? ¿Crees que si pudiéramos hacerlo seguirían existiendo don Pelayo, los Reyes Católicos y Franco? No, lo que haremos será cambiar la historia de tu abuelo. Sabes de sobra que controlamos todo (bueno, casi todo) lo que se publica en este país sobre el siglo pasado. Y podemos, sin ningún problema, cambiar aquellos documentos históricos y aquellos libros en los que se mencione a tu abuelo como limpiacacas de la Legión Española en Ceuta. Si lo prefieres, podemos reescribir su vida y decir que fue un militante socialista, comunista o anarquista (esto ya como tú prefieras) que saboteaba a los militares fascistas españoles y que colaboraba con las guerrillas marroquíes.
Enrique lo pensó durante unos minutos en silencio. Finalmente, agachando la cabeza, dijo que sí, que haría todo lo que le ordenaran.
¡Así me gusta, Enrique! ¡Sabía que podía contar contigo! ¡Y no te preocupes, que esta detención desaparecerá de tu historial! ¿Cómo va a ser el excelente progre de Enrique un agresor racista?




http://www.hispaniainfo.es/web/2013/01/25/proyecto-p-capitulo-1/

Este relato fue publicado en el portal Hispaniainfo el 25 de enero de 2013

26 de enero de 2013

La rebeldía y el estilo (Segunda parte)




Preocupado por el incierto futuro de su relación con Patricia, estuvo una semana sin salir por culpa de los exámenes de final de curso. Aún así, un día aceptó la petición de Patricia de quedar con ella para hablar (aunque sabía cómo terminaba luego eso de “hablar”). Con tal de no quedarse encerrado en su casa y obsesionándose con sus pensamientos, le daba igual para lo que tuviera que salir a la calle…
Estaba indeciso frente al espejo, no sabía si ponerse jersey o camisa.
-          Da igual –dijo Gonzalo, mirándose al espejo- Estoy bien con cualquier cosa. Y si a la gente no le parece bien, ¡qué le den bien por el…!
No le preocupaba que le tomaran por loco por hablar consigo mismo. Al fin y al cabo, en aquella sociedad de mierda podía decirse que era todo un piropo el ser tildado de loco. Porque, pensándolo bien, ¿quiénes eran los “cuerdos”? ¿Aquellos que iban a dedicar íntegramente sus vidas a trabajar para pagar una hipoteca que les iba a tener endeudados de por vida? ¡Ellos eran los locos por aceptar esclavizarse voluntariamente!
¡El mundo era el que estaba loco porque los locos se creían cuerdos!
Estaba saliendo por la puerta de su casa cuando, sin esperarlo, se topó con Natalia, en la que hacía mucho tiempo que no pensaba. La chica iba sujetando un par de bolsas de la compra, caminando a un buen paso. Ella se fijó en Gonzalo, le saludó con la mano y siguió su camino. Él, sorprendido, la devolvió el saludo y fingió que buscaba algo en los bolsillos hasta que Natalia desapareció por una esquina de la calle. Finalmente, temiendo llegar tarde a su cita, salió casi corriendo.

Por primera vez en mucho tiempo, Gonzalo tenía dudas acerca de su futuro. ¿Se habría precipitado al comprometerse de aquella manera tan seria con Patricia? ¿No sería más recomendable para él una chica como Natalia, más tranquila y sencilla? Trató de recuperar aquellas cartas de amor que había querido escribir años atrás. Fue imposible. Ya no era un niño, sin darse cuenta se había convertido en un hombre. Había cambiado mucho. Podría haber estado toda la noche, arremangado y despierto a base de café, y jamás lo hubiera logrado. Era una estupidez pretender explorar tierras vírgenes y desconocidas a esas alturas de la vida, cuando ya estaba demasiado adentrado en unos cotos que había jurado defender hasta las últimas consecuencias. El Gonzalo enamorado de Natalia había muerto y nunca volvería; el presente, lo que tenía que asumir, era el Gonzalo enamorado de Patricia.
Aquellas dudas le hicieron de comprender muchas cosas sobre él mismo: durante años había estado enamorado de Natalia pero, siendo incapaz de poder gustarle, porque ella jamás dio muestras de sentirse interesada por él, había terminado llenando esa carencia afectiva con Patricia, que le gustaba muchísimo pero que en algunos aspectos no era del todo cómo a él le habría gustado. El caso es que toda su creatividad, aquella que había tratado de dedicar a Natalia en forma de cartas de amor que nunca habían llegado a ser escritas, se había transformado en los panfletos cargados de odio y rechazo hacia la sociedad que lanzaba junto con Patricia y que tan vivo le hacían sentir.
Cualquier otro hubiera dejado a su novia para irse con la otra chica; pero él, sin embargo, ya no podía tratar de arrimarse a Natalia porque demasiados años había perdido queriendo acercarse a una chica que no sentía ningún interés por su persona y porque tampoco podía dejar a su novia sin tener la intención de luchar por cambiar la situación. Seguiría con Patricia y trataría de que aquella relación no fracasara (y mucho menos por su culpa).

Aquella mañana disfrutaba del ambiente del parque mientras permanecía sentado en un banco, a la agradable sombra que proporcionaban los arboles. Los barrenderos del Ayuntamiento habían dejado limpio el lugar de los restos del botellón del fin de semana anterior y los niños pequeños podían jugar sin temor a cortarse con ningún cristal.
Tras varios meses de noviazgo con Patricia, y a pesar de las dudas sobre su futuro que había tenido unas semanas antes, Gonzalo había decidido la carrera universitaria que iba a estudiar pocos meses después y había eliminado toda idea de dejar a su novia. Reafirmando su amor por ella, había decidido que, con aprecio y cariño, puliría sus defectos, igual que ella había tratado de hacer con él en aquellos aspectos que menos le habían gustado. Abandonar esa relación no le traería ningún bien, sobre todo porque ni ella se lo merecía ni él encontraría a otra chica que lo aceptara tal y cómo era.
-          Gonzalo… ¿Qué tal todo?
Cuando volvió al mundo real desde sus pensamientos, Gonzalo encontró a su lado a Juan Ángel, que había sido compañero suyo en el instituto unos cuantos años atrás. Tras estrecharle la mano y hacerle las preguntas de rigor sobre la situación de la familia y los estudios, Gonzalo le comentó que estaba esperando a su novia, a la que llevaba sin ver varios días.
-          ¿Todavía sigues con esa chica? –le preguntó estupefacto Juan Ángel-
-          Sí –dijo Gonzalo- ¿Por qué iba a dejarla? Me entiende como nadie.
-          Pues cae mal a mucha gente…
-          Y yo también…
-          ¿Pero a ti no te gustaba otra que era más calladita y agradable? ¿Cómo se llamaba?
-          Eso ya es pasado. Y a mí sólo me importa el presente.
-          Bueno, tú verás… Sin ánimo de ofender, por lo que he escuchado de la gente…
-          La gente es muy envidiosa y miente en exceso, Juan Ángel. Y tú lo sabes muy bien. A algunos tipejos y tipejas les jode, así de claro, que yo sea feliz con ella.
Dándole la razón, Juan Ángel le hizo ver que tenía prisa y volvió a estrecharle la mano para despedirse de él:
-          Por si te sirve de consuelo, al final todas las mujeres acaban siendo iguales, así que no te preocupes por cómo es o dejar de ser tu novia o cualquier otra. Hasta la próxima, Gonzalo, que te vaya bien todo.
Gonzalo vio desaparecer a Juan Ángel del parque. Una vez se quedó solo de nuevo, no pudo evitar pensar en las últimas palabras del otro chico. ¿Acabaría Patricia volviéndose como Natalia? ¿O sería Natalia quien se parecería dentro de unos años a Patricia? Desistió de preocuparse por aquello. ¡Juan Ángel no sabía nada de mujeres!...
Sintió una mano en su hombro. Patricia ya estaba allí con él.
-          ¿Me has echado de menos? –le preguntó ella, sonriendo, después de darle un beso-
-          No sabes cuánto…
Gonzalo le pasó el brazo por el hombro a su novia mientras miraban a unos niños jugar en los columpios, al lado de un grupo de madres que hablaba de lo maravillosos que eran sus hijos (probablemente, más de la mitad de los elogios que salían de sus labios debían de ser falsos). Ni Patricia ni él podían saber qué les deparaba el futuro, tanto en lo bueno como en lo malo; pero, irremediablemente, sí que sabían que lo que les esperara lo iban a tener que afrontar juntos.


http://www.hispaniainfo.es/web/2013/01/12/la-rebeldia-y-el-estilo-segunda-parte/

Este relato fue publicado en el portal Hispaniainfo el 12 de enero de 2013

La rebeldía y el estilo (Primera parte)




Gonzalo había sentido simpatía por Natalia desde que tenía uso de razón: desde la educación preescolar, cuando ella era una niña más, con sus dos coletas y su mantita para echarse la siesta; desde el colegio, cuando aprovechaba la más mínima oportunidad para sentarse a su lado en clase; desde el primer año del instituto, cuando su nuca quedó grabada a fuego en su mente tras mirarla, un día tras otro, desde el fondo del aula…
Luego la simpatía se transformó en embelesamiento, después en una especie de amor platónico y, en la complicada etapa de la adolescencia, de un día para otro pasó de pensar sólo en Natalia para terminar fijando su atención en otra chica, Patricia.
Ni siquiera el propio Gonzalo pudo explicarse aquel cambio, pero lo achacó a aquellas escasas ocasiones en las que había tratado de acercarse a Natalia y había terminado haciendo el ridículo (y eso por no hablar de varias cartas que había tratado de escribirle, pero que nunca habían llegado a ver su fin). Sin embargo, pese a su cambio, Natalia siguió teniendo un lugar en algún rincón olvidado de su cabeza, quedando como un amargo recuerdo de su cobarde fracaso personal.
Pero Patricia no era la única chica que había logrado que Gonzalo retirara su atención de Natalia. En su clase, formando la “élite” de las jovencitas que en el día de mañana serían unas triunfadoras (por “triunfadoras” habría que entender abogadas, políticas o esposas y amantes de importantes empresarios), también estaban Penélope, Diana, Marta y Sofía, quienes fueron las muchachas más admiradas por todos sus compañeros de clase. Eran las más atractivas a ojos de todos, especialmente porque todo aquel que se implicaba personalmente con ellas recibía el respeto y la estima del resto de la gente del instituto.
El caso es que Gonzalo, como cualquier otro joven de su edad, también se sentía atraído por ese club selecto de chicas; aunque algo que no comprendía le llevaba a poner sus ojos en las impopulares Patricia y Natalia. Además, muy pronto se dio cuenta de que nunca pintaría nada en medio de aquella gente: Penélope, Diana, Marta y Sofía tenían demasiados pretendientes a su alrededor y él no era precisamente muy querido por sus semejantes… con sólo querer arrimarse a ellas, no faltarían candidatos para decorarle el rostro a golpes. Ese mundo, el de la popularidad y el de la estima de los semejantes, no tenía sitio para él. Y, con el tiempo, comprendió que tampoco lo necesitaba.

Tras cinco años de sufrimiento en aquel centro supuestamente educativo, Gonzalo llegó al último año de Bachillerato, harto de los estudios y de la gente con la que había compartido aula durante ese periodo de su vida. Pero, en ese último año, también volvió a coincidir en la misma clase que aquellas dos chicas que tanto le gustaban y con aquellas otras jovencitas promiscuas tan populares. Evidentemente, no pudo evitar pensar que aquel año sería idéntico a los otros cinco anteriores…
Mirandolos uno por uno a través de unas gafas de culo de vaso, la profesora que le había tocado como tutora empezó a pasar la lista de la clase:
-          Patricia Abascal…
Aquella chica era considerada por algunos como “peligrosa”, para otros simplemente era una “prepotente”. Esa fama, a pesar de que no tenía aspecto de ser mala gente, se la había ganado a costa de varias discusiones en años anteriores con todo tipo de profesores, conservadores y progresistas, por los más diversos temas (política, religión, economía, sociedad); ellos, mercenarios a sueldo de un sistema que en lugar de educar sólo programaba a los jóvenes para aprobar exámenes, habían querido transformarla en una de ellos, en otra conformista más, y la muchacha había expresado abiertamente su rebeldía a ese plan. Por eso, como ningún maestro había conseguido arrimarla a su entorno, tenía el estigma de “persona problemática”.
-          Gonzalo Fernández…
Despistado por encontrarse profundizando en sus pensamientos, Gonzalo levantó la mano apresuradamente, diciendo “Presente” para que la profesora viera dónde estaba sentado y no le costara reconocerle.
-          Eso que has dicho te lo paso por ser el primer día.
-          ¿El qué? –preguntó Gonzalo, con cara de estúpido-
-          ¡No pienso aguantar en esta clase expresiones que puedan recordarnos una etapa negra de nuestra Historia que, por suerte, quedó atrás hace muchos años!
Prefiriendo no discutir (porque se conocía y no iba a ser muy bueno acabar el primer día en el despacho del director), Gonzalo se mordió la lengua. Por lo visto, otro año más le había tocado como tutora a una de las más estúpidas de aquel instituto. Aquello parecía una cruel broma del destino… ¿Es que no había tenido bastante con el imbécil sectario de Historia del Mundo Contemporáneo del curso anterior? Por lo visto, el destino no compartía esa idea y consideraba que todavía tenía que aguantar a más profesores incompetentes e idiotizados.
La profesora, completamente ajena a los pensamientos de Gonzalo, siguió pasando la lista:
-          Natalia Laso…
Ella se había sentado, como desde el comienzo del instituto, en un lugar que estaba lejos de su alcance. Otro año más, el último en el que coincidirían en la misma clase, Gonzalo iba a ser incapaz de poder ganarse el aprecio de aquella chica. Y era una pena, porque se la veía muy amable, muy tranquila, sin nada malo que ocultar… ¡Todo lo contrario que las otras víboras que se sentaban a pocos metros de donde él estaba!
Abatido, no volvió a levantar la vista de la mesa hasta que la profesora nombró a la “jefa” de las chicas populares:
-          Penélope Suárez.
Estaba sentada dos mesas por delante de él, con su escote bien colocado por la simple satisfacción de provocar a aquellos compañeros de clase en los que nunca pondría su atención porque, sin ninguna duda, prefería a los cretinos de Pedro Sánchez y de Benito Urrutia. De familias adineradas y sin vergüenza alguna, ambos se creían los amos del instituto y disfrutaban viendo como los chavales con menos personalidad y dinero se disputaban las migajas de conversación que ellos, ocasionalmente, les daban porque les hacían de sentirse importantes.
Gonzalo conocía de sobra toda aquella gente porque sabía cómo eran desde el comienzo del instituto; por eso, unos cuantos años atrás había renunciado a formar parte de su grupo, no estaba dispuesto a ser un tonto útil más de aquella gente, tanto de las chicas populares como de los imbéciles encumbrados por ellas a esa especie de gloria que algunos consideraban que era la popularidad social en el instituto.

Pasaron varios meses y Gonzalo siguió hecho un lío en sus pensamientos sobre las mujeres hasta que un día, no importa cómo, descubrió que Patricia tenía muchas cosas en común con él: ambos decían siempre lo que pensaban, porque defendían que nadie podía prohibir que expresaran al mundo lo que sentían; igualmente, ambos habían sido utilizados en algún momento de sus vidas por gente que únicamente les quería para hacer bulto a su alrededor y no porque les valoraran tal y cómo eran en realidad.
Un torrente de sentimientos, desconocidos por él hasta ese momento, le llevó a dar el paso que jamás creyó posible; y así, un día cualquiera, Gonzalo y Patricia comenzaron su noviazgo. Con ella no tenía por qué callarse lo que pensaba, tampoco tenía que fingir ser una persona distinta para ser aceptado por sus congéneres; a su lado siempre podía y tenía que ser él mismo, aunque eso no gustara a los demás (su familia le dijo que aquella chica no era buena para él, aunque tampoco le dieron mucha importancia al asunto porque lo consideraron “cosas de la edad”; y las otras personas cercanas de su entorno, esas que suelen considerarse “amistades”, insistieron en que se alejara de ella para ocultar que, en cierto modo, les molestaba ver a Gonzalo tan feliz por tener a alguien que diera sentido a su vida).
Vivieron meses muy intensos. Exaltado y radicalizado cuando estaba con ella, Patricia le animó a que sus críticas a la sociedad dejaran de ser mera palabrería. Junto a ella, Gonzalo dedicaba varias horas a la semana a arrojar papeles, desde lo alto de algún edificio en el que lograran colarse, dando mueras a los políticos y a los banqueros.
Con frecuencia no lo conseguían; sin embargo, en las pocas ocasiones en las que lograban burlar a los porteros de los bloques de pisos hacían todo lo posible por llegar a las azoteas y, desde allí, tirar a la calle multitud de papeles donde se pidiera la cabeza de los responsables de la ruina del país. Por suerte para ellos, vivir en una gran ciudad les proporcionaba un anonimato imprescindible para que ese tipo de acciones pudieran llevarse a cabo de una forma más o menos regular; además, cuando eran sorprendidos por los responsables de los edificios, éstos se limitaban a echarles de malos modos a la calle porque les tomaban por un par de tarados.
Si esa chica antes le había parecido atractiva, su carácter hizo que se volviera irresistible a sus ojos. Pero él quería ir a más. Y ella también. Una tarde, abrazados sobre la cama de ella, Patricia le pidió que se comprometiera con ella hasta el final de toda posible consecuencia. Le estaba pidiendo algo mucho más serio que tirar unos papeles por la azotea de un edificio. Quería saber si él estaría a su lado siempre, en cualquier circunstancia y situación.
-          Necesito saber que estás conmigo –dijo ella- Quiero que me prometas que irás conmigo hasta el final. Pase lo que pase.
-          Dalo por hecho –dijo Gonzalo al instante- Eres lo mejor que ha habido en mi vida.
-          ¡Júramelo! –dijo ella, cogiéndole de la mano- ¡Pase lo que pase!
-          Lo juro –dijo él, simplemente-
Y así pasó, fue con ella hasta el final. En aquella cama, sellaron físicamente un compromiso que Gonzalo iba a recordar toda su vida.

Si no era el chico más feliz del mundo, poco le faltaba: tenía una novia con la que podía dar rienda suelta a todos sus deseos, impulsos e instintos; ya no le afectaba la opinión ajena sobre él, ni siquiera la de aquellos compañeros de clase que tan mal le miraban por saber que era feliz acostándose con Patricia mientras ellos desperdiciaban su vida siendo los palmeros de los chicos y chicas populares; y, por otra parte, su creatividad se estaba desarrollando a pasos agigantados gracias a las trastadas que hacía de vez en cuando con su novia, en las que habían sustituido los mueras a los políticos y a los banqueros por hojas enteras llamando a la gente a pensar por sí misma y a no dejarse contaminar por la basura televisiva. Convencido de haber encontrado su lugar en el mundo, estaba muy satisfecho por combatir a aquella podrida sociedad junto a la única chica que alguna vez había llegado a entenderle.
Pero, al cabo de unos meses, Gonzalo descubrió que tener una relación amorosa con una chica rebelde también tenía sus inconvenientes, especialmente porque había muchas situaciones en las que Patricia no pensaba en las consecuencias de sus actos y eso le acarreaba algún disgusto a él. Además, otros chicos andaban detrás de su novia y eso le obligaba a estar permanentemente en alerta para que no la molestaran aquellos indeseables que únicamente querían acostarse con ella, sin valorar ni su personalidad ni su estado de chica con pareja estable; no obstante, quienes le preocupaban no eran los rebeldes de pacotilla y los niños pijos que jugaban a ser macarras, sino los barriobajeros adictos a la droga y dopados en exceso en cualquier gimnasio cochambroso. En una ocasión, mientras estaba en un bar, estuvo muy cerca de terminar con una botella rota en su cráneo y con cinco individuos, con el doble de cuerpo que él cada uno, pisoteándole todos los huesos de su cuerpo; pero, por suerte, logró escapar a tiempo y sólo recibió un simple puntapié.
Las dudas se apoderaron de él. Aunque se sentía cada día, irremediablemente, más comprometido con Patricia, él ya no disfrutaba como antes de su compañía, ni cuando fornicaban como mandriles ni cuando atacaban a la sociedad. Los gemidos y los jadeos de su novia cuando él la azotaba ya no le resultaban tan excitantes; igual que tampoco le veía sentido a tirar papeles pidiendo la cabeza del Gobierno al completo, por mucho que hacer eso provocara la indignación y la rabia de los vecinos de su ciudad. Había tocado fondo.


http://www.hispaniainfo.es/web/2013/01/04/la-rebeldia-y-el-estilo-primera-parte/

Este relato fue publicado en el portal Hispaniainfo el 4 de enero de 2013

25 de enero de 2013

La programación ideológica del actual Estado demoliberal en España (II)




Segunda parte: El fomento de la promiscuidad sexual a través de las instituciones públicas

El actual Estado, según nos han repetido hasta la saciedad, aparentemente se divide en tres poderes: ejecutivo (Gobierno), legislativo (Cortes Generales) y judicial (Juzgados y Tribunales). En principio, y sólo en teoría, ambos poderes han de ser independientes respecto de los demás y no pueden existir intromisiones en su actividad.
No obstante, y esto ya sí que deja de ser teoría, la presunta separación de poderes queda en papel mojado el día en que desde el Congreso de los Diputados sale elegido un nuevo Gobierno que, por muy liberal que pueda o quiera proclamarse, tiene la misma mala costumbre que todos los demás gobernantes de otras ideologías: colocar en cargos importantes a gente de su confianza, utilizando todas las artimañas legales que para ello tenga a su alcance.
Los jueces afines a la clase política, utilizando la ambigüedad ideológica que promulga la Constitución demoliberal de 1978, han legitimado (muy “democráticamente, eso sí) las actitudes adoctrinadoras que promueven algunos profesores de la educación pública. Las sentencias sobre el tema no han dejado lugar a dudas: existe un derecho de los padres a decidir sobre la educación de los hijos, pero el Estado ha de exponer sus posturas ante los jóvenes. La aparente desideologización se convierte, de esta manera, en un adoctrinamiento silencioso y sibilino.
En el fondo es un asunto realmente curioso: esos mismos profesores ponen el grito en el cielo porque, a causa del llamado derecho de “libertad religiosa”, tenga que existir una asignatura voluntaria de Religión Católica en la educación pública (asignatura que puede ser elegida por el alumno y la familia a la hora de cursarla o no), ya que consideran vergonzoso que las creencias religiosas tengan que ser “financiadas” por todos los españoles aunque no sean todos quienes las compartan; sin embargo, esos mismos profesores no parecen sentirse tan ofendidos cuando un importantísimo número de alumnos, de manera obligatoria, han de absorber un mensaje guerracivilista, sectario y tergiversador en asignaturas como Historia o Filosofía. En el fondo, vuelve a demostrarse que el progresista, o marxista cultural estándar, no deja de ser algo un simple farsante y un hipócrita que, apelando al relativismo moral y al “librepensamiento”, sólo es un dogmático con aires de dictadorzuelo de pacotilla.

Pero, sin lugar a dudas, el terreno en el que más se ha violado el derecho de los padres a decidir sobre la educación de sus hijos es en materia de educación sexual. Amparados por el Gobierno de turno, hay maestros que se han creído con la autoridad suficiente para ir en contra de lo establecido de manera natural y exponer ante sus alumnos que el sexo se elige y que la consideración tradicional de hombre y mujer ha sido algo impuesto y que depende de la voluntad y no de la biología. Por lo visto, la ciencia ha sido muy válida para negar a Dios en algunos casos, pero no para definir la sexualidad del hombre.
A este tipo de “ideas”, por llamarlas de manera suave, solemos conocerlas como ideología de género y han sido (que se enteren algunos de una vez) apoyadas y financiadas tanto por la clase política del PSOE como por la actual clase política del PP.
A modo de recordatorio, no viene mal saber que desde el Gobierno se prometió reformar la vigente Ley del Aborto, la Ley Orgánica 2/2010 de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo. Por supuesto, todos sabemos que esa ley abortista iba a sustituirse por otra ley igual de abortista porque, al contrario de lo que piensan muchas personas con muy buena y no tan buena intención, el aborto sigue siendo el mismo independientemente del signo político del gobernante bajo el cual se someta (y esto es algo que desde la Iglesia Católica debería de tenerse muy en cuenta).
Pero Mariano Rajoy no sólo está dando cobijo en la legislación actual al aborto como “derecho”. Además, su falta de valor y de principios a la hora de hacer frente a este problema también está legitimando el adoctrinamiento en la escuela pública al sexo libre.

El preámbulo de la Ley 2/2010, aprobada por las Cortes Generales y avalada con la sanción del actual monarca borbónico, ya comienza mostrando en su mitad el siguiente contenido: “El primer deber del legislador es adaptar el Derecho a los valores de la sociedad cuyas relaciones ha de regular, procurando siempre que la innovación normativa genere certeza y seguridad en las personas a quienes se destina, pues la libertad sólo encuentra refugio en el suelo firme de la claridad y precisión de la Ley. Ese es el espíritu que inspira la nueva regulación de la interrupción voluntaria del embarazo”.
Estas líneas son de lo poco cierto que nos vayamos a encontrar en una ley abortista.
Los legisladores, elegidos por una sociedad que comparte su escasez de principios morales, promueven una serie de prácticas y de ideas que no van a escandalizar a aquellos mismos que les han elegido. Y si la sociedad no tiene un concepto claro del hombre, poniendo en duda su existencia cuando no ha salido al mundo y estableciéndola únicamente a partir de la opinión de la mujer en cuyo vientre se está gestando la criatura, no sorprende que el político ensalce el aborto como un “derecho”. Ahora bien, diría que se pasaron al señalar que “la libertad sólo encuentra refugio en el suelo firme de la claridad y precisión de la Ley”… más cuando el actual Estado liberal, especialmente, se caracteriza por su gran ambigüedad a la hora de explicar el contenido exacto de las leyes que promulga, siendo una costumbre muy suya aquella de que “donde dijo digo, dice Diego”.
Pero la habitual ambigüedad liberal no termina ahí. Más adelante, el preámbulo establece que “en una sociedad libre, pluralista y abierta, corresponde al legislador, dentro del marco de opciones que la Constitución deja abierto, desarrollar los derechos fundamentales de acuerdo con los valores dominantes y las necesidades de cada momento histórico. La experiencia acumulada en la aplicación del marco legal vigente, el avance del reconocimiento social y jurídico de la autonomía de las mujeres tanto en el ámbito público como en su vida privada, así como la tendencia normativa imperante en los países de nuestro entorno, abogan por una regulación de la interrupción voluntaria del embarazo presidida por la claridad en donde queden adecuadamente garantizadas tanto la autonomía de las mujeres, como la eficaz protección de la vida prenatal como bien jurídico”. Aunque parezca un chiste de mal gusto, el preámbulo de la actual Ley del Aborto aboga por “la eficaz protección de la vida prenatal como bien jurídico” a la vez que establece el “derecho” de la mujer a decidir sobre si abortar o no.
Aunque no llega al chiste de mal gusto que publicaron en su día los de La Gaceta, diciendo que la nueva ley abortista del Gobierno de Mariano Rajoy “defendería” la vida, hace sus méritos para entrar en El Club de la Comedia.

Una vez visto lo que el Gobierno del Partido Popular está legitimando al mantener la actual Ley del Aborto (algo que sería igual de malo que la nueva ley que promulgara el Gobierno; porque, cuando se asesinan no nacidos, es igual de mala una ley que mate 8 a una ley que mate 80), toca el turno de analizar cómo afecta esto al sistema educativo público (financiado con los impuestos de todos los españoles, incluidos aquellos que están en contra del aborto y que, aún así, tienen que ver cómo su dinero se destina a exponer en las aulas determinados contenidos).
El Título I de la Ley del Aborto presenta cuatro capítulos: “Políticas públicas para la salud sexual y reproductiva”, “Medidas en el ámbito sanitario”, “Medidas en el ámbito educativo” y “Estrategia de salud sexual y reproductiva”.
El primer capítulo, el referente a las políticas públicas de “salud sexual y reproductiva”, en el artículo 5.1.a) establece que “los poderes públicos en el desarrollo de sus políticas sanitarias, educativas y sociales garantizarán la información y la educación afectivo sexual y reproductiva en los contenidos formales del sistema educativo”. Después, en el mismo artículo pero en el apartado 2.a) señala que “en el desarrollo de sus políticas promoverán las relaciones de igualdad y respeto mutuo entre hombres y mujeres en el ámbito de la salud sexual y la adopción de programas educativos especialmente diseñados para la convivencia y el respeto a las opciones sexuales individuales”.
Aquí es como la todopoderosa democracia liberal comienza imponiendo el aborto a la sociedad y a los jóvenes: estableciéndolo en una ley que goza de la estúpida legitimidad moral del hombre medio de hoy por haber sido aprobada por mayoría absoluta en el Congreso de los Diputados.
Pero la ley no se conforma con hacer responsables pasivos del aborto a los españoles. Además, en las medidas del ámbito sanitario, se establece que este tipo de prácticas sean incluidas en los programas educativos de los profesionales de la salud con “perspectiva de género”. De esta manera, quien se dedique en el futuro a la Medicina o a la Enfermería tendrá que haber aprendido cómo asesinar a un ser humano indefenso que no ha podido nacer. Quizá pueda parecer excesivamente romántico o idealista, aunque conozco bien cómo funciona la sociedad actual, pero enseñar a los futuros médicos a matar a un no nacido es como aconsejar a un estudiante de Derecho que lo mejor para su futuro es estar implicado en negocios de corrupción o como enseñar a un futuro policía que su placa, más que para proteger a los españoles, vale para imponer su autoridad personal sobre el individuo de a pie.

Pero lo “gordo”, aunque parezca mentira, aún no ha llegado porque el más “jugoso” de estos capítulos es el III, referente a las medidas en el ámbito educativo. Examinemos primero el artículo número 9 de la Ley 2/2010: “El sistema educativo contemplará la formación en salud sexual y reproductiva, como parte del desarrollo integral de la personalidad y de la formación en valores, incluyendo un enfoque integral que contribuya a:
a)      La promoción de una visión de la sexualidad en términos de igualdad y corresponsabilidad entre hombres y mujeres con especial atención a la prevención de la violencia de género, agresiones y abusos sexuales.
b)      El reconocimiento y aceptación de la diversidad sexual.
c)      El desarrollo armónico de la sexualidad acorde con las características de las personas jóvenes.
d)      La prevención de enfermedades e infecciones de transmisión sexual y especialmente la prevención del VIH.
e)      La prevención de embarazos no deseados, en el marco de una sexualidad responsable.
f)        En la incorporación de la formación en salud y salud sexual y reproductiva al sistema educativo, se tendrán en cuenta la realidad y las necesidades de los grupos o sectores sociales más vulnerables, como el de las personas con discapacidad proporcionando, en todo caso, a este alumnado información y materiales accesibles, adecuados a su edad”.
Esto legitima la actuación de todos aquellos profesores empeñados en vender a sus alumnos la idea de que la sexualidad es algo que se elige, que todas las “opciones” son igual de válidas y que el “sexo seguro” es tan maravilloso que ni las enfermedades de transmisión sexual ni los abortos pueden asustarnos porque, de pasar por esas circunstancias, ya se encargaría el Estado de solucionar el problema.
Y es que el Estado está metido en esto hasta el fondo, como deja muy claro el artículo 10: “Los poderes públicos apoyarán a la comunidad educativa en la realización de actividades formativas relacionadas con la educación afectivo sexual, la prevención de infecciones de transmisión sexual y embarazos no deseados, facilitando información adecuada a los padres y las madres”.

Como modo de resumen, por ahora podemos ver que los jueces, que defienden los mismos postulados ideológicos que los políticos, legitiman en los Juzgados y Tribunales (y en el Tribunal Constitucional) las medidas adoctrinadoras de éstos primeros y que un considerable número de profesores, cuyos sueldos son pagados con los impuestos de todos los españoles, de muy buena gana enseñan esos contenidos a los jóvenes, cuyas mentes en formación no han sido preparadas, para su desgracia, para distinguir entre el bien y el mal (porque eso de hablar de bien y de mal es algo propio de “retrógrados” y no de “mentes abiertas” y “librepensadoras”). Y, por supuesto, todo esto se legitima en última instancia en las instituciones de la democracia liberal que representan la voluntad y la libertad de la comunidad para decidir sobre su futuro y sobre quien le representa y decide por ella.

¿Consecuencias de todo lo dicho? Una juventud española sexualmente irresponsable y descontrolada, dominada por sus instintos más primarios y fácilmente manipulable; una juventud al servicio del materialismo y sin un futuro claro. La peor juventud de la Historia reciente de España. Y habrá todavía imbéciles que se sientan orgullosos de lo que han creado… pero bueno, demoliberales tenían que ser.


http://www.hispaniainfo.es/web/2012/12/23/la-programacion-ideologica-del-actual-estado-demoliberal-en-espana-ii/

http://tradiciondigital.es/2013/01/22/la-programacion-ideologica-del-actual-estado-demoliberal-en-espana-ii/

Este artículo fue publicado en el portal Hispaniainfo el 23 de diciembre de 2012 y en el portal Tradición Digital el 22 de enero de 2013