26 de marzo de 2013

Proyecto P: Capítulo 4




Lord APR miraba los periódicos de aquella mañana. La mala suerte había querido que su visita a un hospital público, donde se había hecho innumerables fotos junto a niños con cáncer, coincidiera con la celebración del título liguero del Imperial de Chamartín. Aquello le había supuesto una enorme faena porque las masas no contemplarían las fotos en las que aparentaba ser, a la vez que el Presidente de Gobierno más viejo de la Unión Europea, una persona muy cercana y preocupada por las desgracias de esos pobres niños; en su lugar, la gente sólo se fijaría en un grupo de futbolistas subidos encima de un autobús, y después encima de una fuente, alzando un trofeo al cielo de Madrid.
-          Señor, tiene una visita.
De pie, en la puerta de su despacho, se encontraba uno de los muchos asistentes que lord APR tenía a su servicio. Que los políticos tuvieran unos cuantos cargos a su alrededor era la mejor manera de garantizar la existencia de la libertad y de la democracia (o eso era al menos lo que se llevaba repitiendo en aquel país desde el año 1978).
-          Ahora no quiero ver a nadie –le dijo lord APR, completamente desganado- Di que estoy reunido o que tengo mucho trabajo que hacer.
El asistente siguió sin moverse de la puerta.
-          Pero señor, insisto en que tiene que atender a esta visita…
-          Vamos a ver –le reprochó lord APR, que no se había tomado la molestia de levantarse del sillón- ¿Quién es el Presidente del Gobierno aquí?
-          Tú, gracias a mí y a otros muchos –escuchó decir detrás de la puerta-
Lord APR se quedó frío. Era el Gran Maestro de la Gran Logia de España (seguían sin concederle el cambio a “Este País”).

Al Gran Maestro le resultaron indiferentes las disculpas de lord APR, aunque le resultaba enormemente divertido y gratificante que una persona de su misma edad se dirigiera a él con tanto respeto y sumisión.
-          ¿Recordando los viejos tiempos? –le preguntó el Gran Maestro mientras echaba un vistazo por encima a uno de los periódicos-
-          No, estaba viendo las fotos que me sacaron ayer con los niños enfermos de cáncer –respondió lord APR-
-          Creía que estabas añorando los años en los que eras aficionado de ese equipo de fascistas y que te costaron que no llegaras a la Presidencia hasta tu jubilación… Sólo a ti se te ocurre ir a ese acto sabiendo que el Imperial podía ser campeón de Liga esa misma noche –dijo, bastante enfadado, el Gran Maestro- ¿No te has enterado todavía de que en este país no hay que hacer nada mediático en vísperas de un importante partido de fútbol?
-          Claro que lo sé. Y por eso no fui al hospital el día en que jugaron el Bragas Mojadas y el Imperial.
-          Pero es que ese partido, por mucha repercusión y seguimiento que tuviera, no terminó dando una Liga y el de anoche sí. ¿Sabes cuántos individuos tienen conocimiento de lo buen hombre que es el Presidente del Gobierno porque ha estado visitando a niños con cáncer? Sólo los del círculo cercano a tu Partido; el resto de los ciudadanos, como buenos borregos que son, sólo saben que anoche hubo un tipo que metió tres goles.
Lord APR seguía sin encontrar una respuesta que el Gran Maestro diera por buena.
-          ¿Y qué podía hacer si no? –respondió al fin, desesperado, lord APR- De haber esperado un par de semanas más, esos niños habrían muerto antes de poder hacer las fotos.
-          Hay hospitales de sobra en este país y no creo que hubiera muchos problemas a la hora de encontrar un par de niños con cáncer cuyos padres accedieran a que sus hijos salieran en una campaña de propaganda gubernamental –le reprochó el Gran Maestro- ¿Lo ves? Por este tipo de errores, y no sólo por tu antigua afición por el Imperial de Chamartín y por la escasa credibilidad con tu “conversión” al Bragas Mojadas, es por lo que se te coló tu predecesor en el mando del Partido. Él sería un zoquete, pero a ojos de las masas resultaba un tipo majísimo y encima sabía estar en el lugar oportuno en el momento exacto.
-          Vamos a ver: primero, dejé de ser aficionado del Imperial y abracé los valores y la humildad del Bragas Mojadas, negándome a hablar de los arbitrajes excepto en las derrotas y exigiendo buen rollo por parte de la afición imperialista hacia todo lo blaugrana; y segundo, si mi predecesor hubiera sido tan maravilloso como parece que se piensan ahora en la Gran Logia no se habría dedicado únicamente a calentar un escaño en el Congreso durante su carrera política y a impartir conferencias tras su retirada, sino que se habría adueñado de las cloacas del Estado, algo que en las últimas tres décadas sólo yo he sabido hacer.
El Gran Maestro seguía insatisfecho con sus respuestas. Tras ordenarle que se sentara, se dirigió a lord APR con las siguientes palabras:
-          Sólo te pedí una cosa: que inculcarais las ideas progres en la sociedad. Y en lugar de hacer vuestro trabajo, que consiste en ir a la oficina o al Congreso y dar órdenes a vuestros innumerables asesores y subordinados, os habéis dedicado a malgastar el dinero público en fulanas, cocaína y mapas de clítoris que no tienen ninguna utilidad. ¡Silencio, no me interrumpas! –el Gran Maestro cortó la probable respuesta de lord APR, quien permanecía palidísimo en la silla- Esa mujer, a la que por algo enviamos a Nueva York en su día, se ha acostado con medio Ministerio de Igualdad, Sanidad y las mil cosas más que le hayáis añadido, beneficiando únicamente con su trabajo a los numerosos abogados que se están lucrando a costa de los divorcios que está habiendo últimamente entre los funcionarios de ese Ministerio; ese policía tarado, del que se me aseguró que era de los mejores de su promoción y un leal seguidor de nuestras propuestas, no ha hecho nada más digno de destacar al margen de reventar la presentación de la biografía no autorizada de Santiago Carrillo (que, por cierto, te recuerdo que la misión era que no saliera a la luz dicho material); tus diputados apenas acuden a las sesiones diarias del Congreso y todavía no se ha aprobado una sola ley de ingeniería social en condiciones… El único que está haciendo bien su trabajo, y es lo mínimo que puede hacer con el dinero que se embolsa, es Rojo Pasionario, cuya labor consiste en escribir artículos echando mierda de Franco y de toda esa gente, algo que ya está muy visto y que no cala tanto en la ciudadanía… En fin, que espero que tú y tu gente dejéis de hacer el capullo cuanto antes y os pongáis a trabajar pero ya.
Temblando tras el sermón del Gran Maestro, lord APR prometió que las cosas cambiarían.
-          Eso no es suficiente –le dijo el Gran Maestro- A la Gran Logia le preocupa la escasez de ideas de los responsables del Proyecto P; por eso, hemos decidido que tu predecesor en el Partido se integre como parte del equipo.
-          ¡Ni hablar! –gritó lord APR, levantándose bruscamente- ¡Dijo que se retiraba para siempre!
-          No va a ocupar ningún puesto institucional, sólo va a orientar a ese policía que no termina de arrancar el plan.
-          ¡Me niego a volver a trabajar con él!
-          ¿Quieres que creemos en la prensa progresista una corriente de opinión contraria a tu persona que te obligue a dimitir y a colocar a otro de Presidente del Gobierno? ¡Será por candidatos!... ¿Sabes cuántos de tus compañeros, incluso de entre los más fieles, están esperando tu relevo para escalar posiciones en la jerarquía del Partido y de las instituciones públicas?
Ante el silencio de lord APR, el Gran Maestro sonrió y dijo:
-          Buen chico, así me gusta. Por cierto, ya he hablado con la Federación de Fútbol y el año que viene habrá Liga blaugrana: los árbitros robaran sin problemas al Imperial porque, desde la marcha del fascista de José Mourinho, nadie defiende a la institución (excepto esa yihad de las redes sociales, pero por fortuna contamos con los Txistu Boys, la élite del periodismo deportivo de este país, para hacerles frente a esos fanáticos peligrosos).

Enrique ya conocía al Gran ZP. Unos cuantos años antes de que lord APR le purgara dentro de las cloacas del Estado, antes del escándalo con el bar de los terroristas, había sido su escolta en alguna ocasión; desde entonces, sabía (igual que todos los que trabajaron para aquel Gobierno) que aquel individuo no era muy apreciado por lord APR precisamente. Pero a él ese asunto no le competía; es más, siempre le había parecido un tipo simpatiquísimo. Su obligación era que el Gran ZP aceptara formar parte del Proyecto P como asesor.
El Gran ZP era el mago más importante de aquella época. Sólo él, con su talante y su ingenio, podía haber convertido algo tan mal visto como el aborto en un derecho de la mujer; sólo él, y a nadie más, se le había ocurrido otorgar la propiedad del planeta Tierra al viento; sólo él, persona tolerante y abierta de mente como nadie, se había sacado de la manga que dos hombres o dos mujeres pudieran formar una unión matrimonial igual a la existente entre hombres y mujeres y que ese tipo de uniones artificiales fuesen consideradas idénticas a las uniones naturales; sólo él, que no tenía ni idea de idiomas, había conseguido que sus hijas se hicieran una foto con aquel Presidente useño como si de Justin Beaber se tratara; sólo él, con una genialidad que ni el mismísimo Orwell hubiera llegado a imaginar, había sido capaz de cambiar el pasado para controlar el futuro únicamente con la promulgación de una ley; sólo él, que había dejado un país arruinado, había terminado recibiendo suculentas cantidades de dinero por impartir conferencias sobre economía; sólo él, al que muchos necios habían calificado como “el peor Presidente de Gobierno de la Historia”, había sido el único capaz de conseguir que el devastado jardín en que se había convertido la economía del país produjera brotes verdes… Sólo él, el Gran ZP, el mago inigualable de los derechos sociales y de la economía, el mejor Presidente del Gobierno de la Historia de aquel país (según sus fieles seguidores), azote de la Iglesia Católica y de los intolerantes, podía terminar el trabajo comenzado décadas antes.
A Enrique le abrió la puerta de la mansión del Gran ZP una señora de aspecto extranjero y que debía ser paisana (o incluso familiar) de los líderes indigenistas de Sudamérica que tan buenos amigos eran del ex Presidente del Gobierno. “Empezamos bien”, pensó Enrique nada más ver la tez morena de la asistenta, “no esperaba menos de un progresista tan auténtico como él”. Le hicieron de pasar a una sala, donde se sentó a esperar.
-          Lamento haberte hecho esperar, Enrique –le dijo el Gran ZP nada más entrar al salón- Estaba buscando a mis hijas, que no sé dónde se han metido.
-          Le entiendo –respondió Enrique, estrechándole la mano- Yo también tengo una hija y ahora está pasando por una etapa muy complicada: embarazo adolescente.
-          ¡Lo lamento! –dijo el Gran ZP, mirándole con mucha pena- Mis hijas también están pasando una etapa complicada: se están buscando a sí mismas y todavía no saben qué van a hacer con sus vidas. Pero, en fin, hay que dejarles libertad; que si no, terminamos empleando métodos fascistas como imponerles disciplina y eso luego las convierte en mujeres anticuadas y sin personalidad.
Enrique comenzó a explicarle los detalles del Proyecto P que podían interesar al Gran ZP. Éste cobraba una suculenta pensión vitalicia por parte del Estado español, además de las comisiones que se llevaba cada vez que impartía una conferencia en algún sitio; sin embargo, no rechazaba la idea de ganar más dinero por hacer aquello que más satisfacción le había dado en la vida (muchísimo más que los triunfos de su querido Bragas Mojadas): elaborar proyectos de ingeniería social que destruyeran la identidad católica y española de sus semejantes.
-          ¿Y de qué estamos hablando exactamente? –preguntaba el Gran ZP- ¿Qué función quiere el Gobierno que asuma dentro del plan?
-          Bueno, señor, la idea es la de que nos asesore y nos aporte ideas –expuso Enrique- Fichamos hace unas semanas a Biby “La Miembra”, que tiene buenas ideas pero…
-          ¡Vaya que tiene buenas ideas! –le interrumpió el Gran ZP- ¿Sabes que ella fue el descubrimiento político, de los muchos que hice, que más orgulloso me ha hecho sentir en mi carrera política?
-          Me lo imagino, Gran ZP. El problema es que sus ideas no terminan de calar entre la población y eso preocupa mucho al Gobierno.
-          Es algo que ha sucedido siempre. A las personas visionarias, con ideas y proyectos muy adelantados a su tiempo, no se las comprende y siempre se trata de desprestigiarlas gratuitamente: pasó en mi Gobierno, pasa ahora y pasará siempre. Biby es un claro ejemplo. Es una pena que todas las mujeres de este país no sean como ella, las cosas cambiarían y mucho.
-          Entonces, ¿piensa incorporarse al Proyecto P?
-          Sólo si me aseguras que se apoyara todo lo que proponga; si no, prefiero seguir en mi vivienda, escribiendo mis memorias y unos cuantos libros que tengo pendientes acerca de los derechos sociales y el daño que la Iglesia Católica ha causado a la raza humana a lo largo de toda la Historia.
-          Las órdenes que he recibido son las de que nos oriente, así que sus ideas serían apoyadas y llevadas a la práctica.
-          Pues entonces trato hecho –dijo el Gran ZP mientras se levantaba de la silla y le estrechaba la mano a Enrique, llamando después a su mujer- ¡Sonsoles, cariño, saca el Rioja del 82 y dile a María Guadalupe de la Cochibamba que ponga la música de la Internacional Socialista, que tenemos que celebrar que vuelvo a la política!
Pero por la puerta no apareció su mujer, Sonsoles, sino una de sus hijas, vestida igual que el día en que se hizo la foto con el Presidente de los USA y acompañada de un melenudo vestido totalmente de negro. La joven, a la que Enrique sólo conocía de aquellas famosas fotos que habían dado la vuelta al mundo unos cuantos años atrás, estaba exactamente igual a cómo la recordaba, sólo que algo más alta, más gorda y muy mal maquillada.
-          Hola, hija, me alegra ver que vuelves por casa tras varios días fuera –dijo el Gran ZP- ¿Querías algo? Papá está ocupado ahora mismo tratando unos asuntos con este señor.
-          Me voy con mi amigo Dany “El Matacuras” a mi cuarto, a escuchar música. Y quiero que no nos molestéis, vamos a estar ocupados hasta la hora de cenar.
-          De acuerdo, cariño. Que os divirtáis escuchando música.
La hija del Gran ZP y el melenudo desaparecieron, llegando a los pocos minutos un ruidoso festival de música heavy desde el otro lado de la casa. Enrique, inquietado por las pintas del muchacho, se dirigió al Gran ZP:
-          No es un asunto que me incumba, ¿pero cree que ese tipo de gente son la compañía más adecuada para sus hijas?
-          ¡No seas anticuado, Enrique, y no juzgues a los demás por su aspecto! Dany “El Matacuras” es un buen muchacho; además, mis hijas ahora andan muy preocupadas por temas espirituales y están conociendo a mucha gente, algo imprescindible para su futuro, y prefiero que estén con sus amigos aquí en mi casa antes que en cualquier otro sitio.
-          ¿Espirituales? ¿Les interesa la religión?
-          Las religiones (excepto en el caso del cristianismo) no son malas, lo son las personas (aunque en el cristianismo, compañero, se juntan las dos cosas: el hambre con las ganas de comer). Y los amigos de mis hijas, pese al aspecto que tienen, son unas bellísimas personas. Mira, todas las semanas vienen alguna noche, se encierran en un salón grande en el que nunca entramos y se pasan horas allí encerrados y pegando gritos, no sé por qué; ahora bien, un día les tuve que llamar la atención porque tras una reunión lo dejaron todo hecho un desastre (un chico hizo la trastada de robarle una cabra a un gitano y, por una serie de casuales infortunios, el animal terminó con un cuchillo clavado y con los intestinos por toda la habitación) y los chicos se disculparon conmigo y con mi mujer, prometiéndonos que a partir de ese día (y es algo que han hecho) lo dejarían todo limpio después de hacer lo que hagan durante ese rato.
-          ¿Y no le preocupa que sus hijas tengan ideas espirituales? Yo a la mía le tengo dicho que respete los credos de las personas extranjeras, pero que no siga ninguna religión.
-          Me es indiferente que crean en algo porque ellas tienen que hacer lo que quieran con su vida; eso sí, un par de condiciones les he puesto: nada de cristianismo y dejar limpio el salón después de las reuniones. Lo que debería decir cualquier padre progresista, moderno y tolerante.
El Gran ZP y Enrique finalizaron la conversación cuando Sonsoles y la asistenta aparecieron con el vino. Entre los acordes de la Internacional Socialista que tantos recuerdos le traía al Gran ZP, brindaron por el proyecto que convertiría a la sociedad de su país en la vanguardia progresista del mundo occidental.

Enrique regresó a su hogar bastante tarde. El Gran ZP vivía en una mansión lejos de Madrid capital y había tenido que desplazarse y estar fuera todo el día (y a punto estuvo de quedarse allí a dormir, ya que el Gran ZP quería enseñarle sus fotos oficiales con los difuntos Hugo Chávez y Fidel Castro). De vuelta a su hogar, a unas horas en las que los únicos que estaban en la calle eran los pobres sin techo que se habían quedado sin casa por culpa de algunos banqueros y de los políticos de la derecha que colaboraban con sus entidades (porque otros banqueros y los políticos de la izquierda que colaboraban con otras entidades no eran responsables de aquello, según insistía él constantemente), Enrique se encontró a su mujer y a su hija ya dormidas.
Ya estaba a punto de irse a dormir. Por fin, tras lavarse los dientes y ponerse el pijama, estaba a punto de introducir un pie en la cama… Pero sonó una alarma de la calle. Acostumbrado por el trabajo, Enrique se dirigió corriendo a una de las ventanas de su casa que daba a la calle de donde venía el ruido; tras asomarse, vio a Assil (su vecino marroquí, el que había dejado preñada a su hija) corriendo con un grupo de compatriotas suyos mientras cargaban con unos sacos y dejaban atrás el escaparate roto de una tienda.
-          ¡Qué vergüenza! –susurró Enrique para sí mismo- ¡Menuda sociedad de racistas de mierda que no deja integrarse a estos pobres muchachos y los conduce a la marginalidad y a la delincuencia!



http://www.hispaniainfo.es/web/2013/03/23/proyecto-p-capitulo-4/

Este relato fue publicado en el portal Hispaniainfo el 23 de marzo de 2013

12 de marzo de 2013

Proyecto P: Capítulo 3



-          ¡Es hora de acabar con la opresión que las mujeres de todo el mundo han sufrido a lo largo de la Historia!
Los aplausos de la gran mayoría de los diputados del Congreso no paraban de sonar tras aquellas palabras con las que Biby “La Miembra” había finalizado el probablemente mejor discurso de su carrera política. Los años que había pasado en Nueva York, trabajando en no se sabía muy bien qué cargo de la Organización de Naciones Unidas y fornicando semanalmente con diplomáticos y personal laboral de embajadas de todo el mundo, habían curtido su carácter hasta terminar de convertirla en la mujer moderna e independiente que siempre había querido ser. Habiendo superado los cuarenta años y tras su experiencia en el extranjero, en esa enorme y lujosa ciudad donde transcurría la trama de sus heroínas de Sexo en Nueva York, su regreso a España podía considerarse un éxito. Lo cierto es que nunca había tenido intención de volver, ya que se encontraba muy a gusto viviendo en Nueva York a costa del dinero que ganaba ocupando un cargo de la ONU en el que lo único que hacía era encargar proyectos de mapas de clítoris a nivel mundial; sin embargo, la visita de Enrique le había animado a tomar aquella importante decisión (en un principio había querido acostarse con él; ya que, como mujer moderna y acorde a su tiempo, no valoraba el hecho de que él estuviera casado porque, para ella y para todas las demás mujeres modernas y acordes con su tiempo, el matrimonio sólo era una opresión legal con la que los hombres llevaban largos siglos tiranizando a las mujeres). Enrique le había prometido lo que ningún otro hombre le hubiera dado en su vida: dinero público a mansalva para costear sus campañas feministas y la posibilidad de impulsar un nuevo modelo matrimonial. Ni siquiera los aparcacoches de la embajada hindú de Nueva York podrían haber superado aquello.
-          Las mujeres llevamos décadas oprimidas bajo el yugo del hombre, que sólo nos ha tratado como objetos para limpiar las casas y como animales para que tuviéramos un hijo tras otro; incluso en algunas culturas, por desgracia, no ha sido raro ver a un hombre poseer como propiedad a varias mujeres a la vez. ¡Es hora de cambiar eso! Una injusticia de siglos merece una medida drástica; por eso, este Gobierno ha de impulsar un nuevo modelo de matrimonio, un matrimonio matriarcal formado por una mujer y dos o más hombres. En su día, en este mismo lugar, se propuso que se diera prioridad para el acceso al mercado laboral y más puestos de trabajo cualificados a las mujeres para acabar con la desigualdad existente en el mundo del trabajo; pues bien, ahora necesitamos que ese nuevo modelo matrimonial matriarcal se implante en este país para compensar el autoritarismo con el que las mujeres han vivido siempre a manos del hombre y para evitar que las mujeres de este país queden sexualmente insatisfechas.

Sonriente en un pasillo del Congreso de los Diputados, Enrique había escuchado de principio a fin el discurso de su más reciente fichaje para el Proyecto P. En su día le costó lo indecible convencerla, ya que ella sólo había estado dispuesta a negociar si aceptaba tener una reunión privada en aquella lujosa habitación de hotel neoyorquino en la que vivía, pero al final valió la pena todo el esfuerzo de negociar sólo con unos fondos públicos muy generosos y suculentos. Por fin ya tenía bajo su mando a la líder feminista más importante de aquel país y al historiador más prestigioso del momento, además de otros influyentes personajes que irían haciendo acto de presencia cuando llegara su hora. El Proyecto P continuaba imparable su conquista ideológica de la sociedad.
Es una pena que no la hubiera conocido unos años antes”, pensaba Enrique, “hubiésemos sido muy felices luchando juntos contra el fascismo y la Iglesia Católica”.
Los diputados comenzaron a abandonar los escaños y a salir por el pasillo hablando en voz alta y con enormes risotadas. Todos, absolutamente todos, vestían unos elegantes trajes con sus también elegantes corbatas, terminando de adornar el modelo con unos no menos elegantes y carísimos zapatos italianos. Ninguno de ellos reparaba en aquel personaje perteneciente a las cloacas del Estado que les observaba a pocos metros de por donde pasaban.
-          ¡Enrique! –exclamó Biby cuando fue corriendo a abrazarlo- ¿Has escuchado mi intervención?
-          Sí, Biby, así me gusta –contestó Enrique- Me ha encantado especialmente cuando has denunciado que es una actitud retrógrada utilizar expresiones como “mi mujer” en lugar de utilizar el término “cónyuge”. Nos has recordado a todos que todavía tenemos muchas cosas que cambiar de nuestro idioma si queremos crear una nueva sociedad más abierta, progresista, igualitaria y democrática.
-          ¡Pero qué zalamero eres, Enrique!
-          Es la verdad. ¿Cómo llevas lo de los mapas del clítoris?
-          En una semana me los podrán traer de Nueva York. Te doy mi palabra de que se habrán repartido entre las niñas y niños de todos los colegios e institutos antes de que finalice el presente curso escolar. Y tengo varias ideas más: producir una versión más moderna de Física o Química, pero ésta protagonizada por chicas y chicos de quince años; cursillos sobre educación sexual a escolares de once y dos años, para que conozcan todo lo que tienen que saber en vísperas de comenzar con su edad sexual; jornadas formativas sobre el aborto en centros educativos de todos los niveles, desde el preescolar hasta el universitario…
-          Me alegra escuchar todo lo que me estás contando, Biby, ya lo hablaremos con más calma a lo largo de esta semana. Ahora, si me disculpas, tengo una serie de asuntillos que tratar con el señor presidente…
-          Me ha encantado verte –ella le dio un abrazo para despedirse de él, no sin antes hacerle un pequeño recordatorio- Recuerda que la puerta de mi casa (y de mi cama) está siempre abierta para ti.

Lord APR disfrutaba en el bar del Congreso de un vino exquisito; a su lado, como siempre por aquellos sitios, estaban los miembros de su Gobierno y los numerosos asesores que tenía cada uno, además de un par de chóferes responsables de los vehículos oficiales que trasladaban a los cargos públicos a los actos institucionales.
-          Buenas tardes, Enrique –dijo lord APR tras ver llegar al agente- Imagino que habrás escuchado a nuestra nueva estrella. Sabía que tú conseguirías que volviera a este puñetero país.
-          No fue fácil, pero…
-          ¡Pues claro que no fue fácil! –lord APR le interrumpió- A ver si te crees que pudiendo elegir entre seguir acostándose con todo lo que se movía y ganar dinero sin dar ni golpe allí en Nueva York y volver a este país a trabajar de verdad iba a elegir lo segundo. Pero espero que la inversión de dinero público en sus campañas por la igualdad valga la pena.
-          ¿Todavía no hay ninguna persona con conciencia social progresista y con mucho dinero dispuesta a apoyar financieramente estas campañas? –preguntó Enrique ingenuamente-
Sin importarle que Enrique se sintiera como un estúpido tras decir aquello, lord APR le respondió a la pregunta después de que el último asesor del Gobierno dejara de reírse casi tirado en el suelo:
-          Que no seamos defensores de las tradiciones ni nada por el estilo no significa que no respetemos y promovamos las costumbres de nuestro Partido. Y de toda la vida nuestros proyectos han salido adelante con dinero público… ¡Igual que las señoritas y la cocaína con las que vamos a darle caña al cuerpo esta noche!

Cuando desapareció la luz del sol, Madrid se convirtió en un hervidero. Aquella misma noche, horas después de la intervención de Biby “La Miembra” en el Congreso de los Diputados, el Imperial de Chamartín disputaba un emocionantísimo partido de fútbol contra el Bragas Mojadas de la Ciudad Condal. La Liga de Fútbol ya comenzaba a entrar en su etapa decisiva y el Imperial iba líder con una ventaja de seis puntos sobre el Bragas Mojadas. El calendario liguero fijado el verano anterior había establecido que aquel encuentro se disputara en mitad de una semana; aunque en aquella sociedad, en la que el fútbol era una de las cinco mayores preocupaciones del ciudadano medio, eso no suponía ningún inconveniente grave para los espectadores (y mucho menos para los burgueses señoritos, conocidos coloquialmente como “piperos”, que no habían tocado un balón en su vida y que con la excusa de que pagaban un dineral por su abono iban partido sí y partido también a criticar a los profesionales que se ganaban la vida con ese deporte).
Con la colaboración de cuatro jóvenes agentes de policía a sus órdenes, Enrique escoltó a lord APR, a los ministros, a los asesores y a unos cuantos diputados del Partido al despacho del Presidente en la Moncloa, donde un servicio de catering y unas cuantas señoritas de compañía les esperaban. Aquellos jóvenes policías hubieran tenido que estar patrullando un barrio conflictivo esa misma noche de no haber sido por Enrique, que decía que en ese lugar no pasaba nada malo y que el único problema que había eran los cuatro viejos neonazis que continuamente andaban quejándose del bar latino de la zona con la excusa de que tenían la música alta para ocultar sus tendencias racistas, xenófobas e intolerantes.
-          ¿Seguro que no quieres a ninguna chica? –le preguntó lord APR a Enrique después de haber entrado todos en la Moncloa y haberse sentado frente a un televisor de plasma de los caros- Que invitan los contribuyentes…
-          No, gracias –respondió Enrique, echando mano de una cerveza- Mi cónyuge y yo tenemos un contrato matrimonial que me impide tener prácticas sexuales con otras mujeres; además, tampoco tengo ninguna intención de rescindirlo en los próximos meses.
-          Pues tú te lo pierdes –le soltó su jefe, quien se dirigió después a los jóvenes agentes de policía que estaban allí con ellos- ¿Y vosotros, chavales, os animáis?
-          ¡Ni de coña! –Enrique intervino bruscamente cuando vio que uno de sus subordinados se acercaba a una de las féminas- ¡Están de servicio!
-          Has cambiado mucho, Enrique… -soltó lord APR, mirando a los agentes- Le tendríais que haber visto a él cuando tenía vuestra edad y estaba comenzando en los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado… ¡Se ponía morado el tío!

-          Sí, sí… No te preocupes, cariño, que luego cuando vuelva a casa jugamos al oso Yogui en Yellowstone Park… ¡Que sí, que sabes que después del fútbol me pongo muy salvaje! ¡Venga, adiós, besitos!
El que había estado hablando por el móvil era Vicentito, conocido en el Partido como “El Alcalde de Chueca” y famoso en la última semana por haberle soltado la siguiente frase al líder de la oposición parlamentaria: “Es usted un homófobo y una perra mala”.
Vicentito había respondido de esa manera a un comentario del nuevo referente de la oposición a su Partido: “Nosotros en su día acatamos el matrimonio homosexual porque fue avalado por el Tribunal Constitucional”.
-          Es que Mario Alberto, mi marido, se preocupa mucho cuando salgo con los compañeros del Partido –soltó Vicentito a los demás diputados que estaban a su alrededor- Se piensa que a estos eventos también traemos chicos de compañía.
-          Eso ya se va del presupuesto, Vicentito –soltó lord APR- Y podremos usar el dinero público como nos venga en gana, pero la gente cada vez se cree menos que no invertimos en la escuela pública por culpa del Gobierno anterior.
El diputado Vicentito, conocido en todo el país por encabezar manifestaciones contra la Iglesia Católica y por liderar los macrobotellones del barrio madrileño de Chueca el Día del Orgullo Gay, era uno de los novatos que lord APR y el Partido estaban terminando de pulir. Dentro de un par de años, o quizá en menos tiempo, podría llegar a ser Ministro de cualquier cosa que se les ocurriera. Lo importante era que tenía carisma con las masas y que generaba simpatía entre el público de los programas televisivos más seguidos por la juventud, los futuros votantes del Partido.
-          ¿Tú con quien vas, Vicentito? –preguntó Enrique, sorprendido de que a un gay le gustara el fútbol, antes de comenzar el partido-
-          ¡Pues con el Bragas Mojadas, por supuesto! ¡Me encantan los hombres que disfrutan tocando algo redondo sin parar mientras corren unos detrás de otros en pantalón corto! –respondió emocionado Vicentito- ¡Aunque hay un negro del Imperial que me pone muy borrico con esas piernas musculosas y ese paquete que va marcando! ¡Ya lo verás cuando toque un balón!

-          ¡Eso, eso, no soltéis el balón! –gritaba uno de los chóferes de lord APR, quien también se encontraba viendo el fútbol junto a la élite del Partido-
El Bragas Mojadas, pese a no haber tirado a puerta ni una sola vez, dominaba el encuentro. Todos los que estaban allí en la Moncloa, absolutamente todos, eran aficionados del Bragas Mojadas. El Imperial de Chamartín era, en su opinión, un desagradable recuerdo del régimen dictatorial de Francisco Franco y un equipo de indeseables; además, la estancia del fascista de José Mourinho en aquel equipo no había mejorado en nada su postura. ¿Cómo les iba a caer bien un equipo que no iba pregonando lo humilde que eran los jugadores de su plantilla y lo señoriales que eran por no hablar nunca de los arbitrajes, sólo cuando éstos les perjudicaban un par de veces, tres como mucho, por temporada?
Enrique, para alejarse de la tentación de las señoritas de compañía, se había sentado al lado de Vicentito, que en aquel ambiente era el que más lejos podía mantenerle de infringir el contrato matrimonial que le unía legalmente a su cónyuge. Sediento, se giró a pedir otra cerveza a uno de sus subordinados cuando, sobresaltado, vio que el Imperial acababa de meter un gol.
-          ¿Cómo ha sido? –preguntó Enrique, desesperado, a Vicentito-
-          ¡Pues ha sido una vergüenza! –exclamó el diputado gay- Han metido un gol dando sólo cuatro pases largos, al contragolpe. ¿No se han enterado estos retrógrados que al fútbol hay que jugar dando veinte, treinta o cuarenta pases antes de llegar a puerta? Oye, lord APR, mañana llama a Pepe Mari (si es que no está con resaca) y le dices que cambien la normativa e impongan un mínimo de pases antes de meter gol; ¡ah!, y que les obligue a estos fascistas del Imperial a recortar el césped, que está muy alto e impide el juego del Bragas Mojadas, el mejor y más humilde equipo de la Historia.
-          ¡Hay que ver lo que te gusta pedir por esa boquita, Vicentito! ¡No me quiero ni imaginar lo que harás en la cama con tu marido! –soltó lord APR- Pero está bien, mañana llamo al Pepe Mari y le digo que qué coño está pasando para que el Bragas Mojadas no vaya líder sobrado en esta Liga… ¡Vaya puta vergüenza!
El partido siguió su curso: el Bragas Mojadas, con una insultante posesión del balón, encajó hasta un par de goles más del Imperial. Sollozando, Vicentito lamentaba que aquello estaba suponiendo un genocidio para el fútbol de nivel, pidiéndole a su jefe lord APR que pusiera firme a Pepe Mari, que como máximo responsable del fútbol de aquel país tenía que poder hacer algo.
-          ¡Esto está siendo lo peor que ha vivido el fútbol de este país desde que Mourinho pisó esta Liga! ¡Ay! ¡Y encima he visto una bandera con un águila en la grada!
El partido de fútbol finalizó y el Imperial de Chamartín se distanció a nueve puntos por encima del Bragas Mojadas de la Ciudad Condal. Lord APR, visiblemente molesto, dijo a los asistentes que le iba a soltar una buena reprimenda a Pepe Mari, porque era una vergüenza que el Bragas Mojadas perdiera un partido pese a tener el 75% de la posesión del balón y que en una grada se hubiera exhibido una bandera con un águila.
-          ¡Se van a enterar esos fascistas! ¡Les va a salir bien cara esa exaltación del fascismo que han hecho hoy! ¡Si quieren lucir eso, que se vayan al Valle de los Caídos; o mejor, que se vayan pero ya con su querido Franco!
Pero el disgusto duró poco a los leales miembros del Partido allí reunidos. Podría decirse que se terminó cuando lord APR, dirigiéndose a las señoritas de compañía, dijo:
-          Chicas, recordar que hay hombres para todas y que el dinero de los contribuyentes para vosotras es ilimitado. ¡Vicentito, saca la cocaína que ya se han ido los policías! ¡Y que no se preocupen los chóferes, que ellos también están invitados!

Queriendo recordar viejos tiempos, Enrique se fue con sus subordinados de patrulla poco después del partido entre el Imperial y el Bragas Mojadas. Cuando llevaban hora y media de ronda, lamentó no haber tenido refuerzos porque había visto a un numeroso grupo de aficionados, ataviados con camisetas blancas, ondear banderas españolas.
-          ¿Dónde cojones están los putos compañeros cuando se les necesita? –comentó muy molesto a sus jóvenes subordinados- Podríamos haber detenido a esos imbéciles por manifestación ilegal y exaltación del fascismo. Pero claro, siendo sólo cinco no podemos liarnos a tiros con las pelotas de goma ni cargar contra ellos. Recordar esto siempre: los policías tenemos que ir en grupos de veinte si queremos actuar con contundencia contra los enemigos de la sociedad democrática, tolerante y abierta que aspiramos a crear.
La noche finalizó sin nada destacable, ya que Enrique no dio ninguna importancia a los avisos de un intercambio de drogas entre gitanos y nigerianos; como tampoco dio ninguna importancia a la llamada de que cuatro individuos con simbología comunista habían agredido a una pareja. Al salir el sol, tras unas cuantas horas de trabajo, Enrique se retiró a dormir y a disfrutar del día libre mientras miraba un par de periódicos de tirada nacional y leía los titulares:
“Vergonzosa apología del fascismo en Madrid, impropia de un país civilizado, democrático y tolerante” (debajo de una foto en la que se veía una bandera en mitad de una grada, aparecía en letras más pequeñas lo siguiente: “Un vergonzoso Imperial vence con muchísima suerte a un genial Bragas Mojadas al que sólo le faltó la puntería”).
“El Presidente del Gobierno lamenta que no haya dinero para la escuela pública por falta de la nefasta gestión de la derecha” (este titular estaba debajo de una foto de lord APR visitando un colegio público de educación primaria).
Ya era hora de que en este país alguien se preocupara por lo verdaderamente importante”, pensó Enrique nada más poner la cabeza en la almohada.




http://www.hispaniainfo.es/web/2013/03/10/proyecto-p-capitulo-3/

Este relato fue publicado en el portal Hispaniainfo el 10 de marzo de 2013

2 de marzo de 2013

La Constitución de 1978 es culpable




Probablemente a los que conocieron otros tiempos nunca les haya sucedido, pero a los más jóvenes siempre han tratado de inculcarnos lo afortunados que somos por haber nacido en una sociedad democrática y desarrollada ajena a la violencia y a la falta de libertad que supuestamente vivió este país durante algunos siglos pasados.
Este cuento, propio y digno del mejor montaje hollywoodiense de ciencia ficción, ha terminado calando muy hondo en las generaciones más jóvenes de españoles, donde predomina especialmente aquel sujeto que José Ortega y Gasset calificó como “hombre-masa” y “bárbaro moderno”, el niño mimado de la civilización que se lo ha encontrado todo hecho y se piensa que el mundo que le rodea, que ha costado el esfuerzo de la vida entera de varias generaciones pretéritas, es algo natural y que le corresponde por legítimo derecho el disfrute de su seguridad y de su nivel material de vida. Pero estos niños mimados (y aquí sí que podemos tener los españoles un motivo para la esperanza) se están viendo obligados a madurar y a ver que la idílica sociedad construida por el Estado democrático no es tan perfecta; es más, ni siquiera es tan buena… Poco a poco, aunque sólo sea por el tema de la deficiente situación económica, la juventud española empieza a ver fallos en el aspecto de la obra realizada en nombre de la Constitución Española de 1978; si Dios quiere, y espero que así sea, lo mismo algún día llegamos a ver a la juventud española condenando a la actual Carta Magna como origen del mal en lugar de criticar superficialmente la sociedad surgida de la legislación demoliberal.

El Estado surgido de la Constitución Española de 1978 ha comenzado a entrar en su fase terminal. Heredero directo del Estado del 18 de julio de 1936 por la implosión de éste, ha continuado con la deriva ideológica y social que ya comenzó a afectar a su predecesor con la apertura al mundo desarrollado occidental allá por mediados de los años 50. “Nuestros padres, peores que nuestros abuelos, nos engendraron a nosotros aún más depravados, y nosotros daremos una progenie todavía más incapaz”, había dejado escrito el poeta romano Horacio, cuya cita recogió Ortega para incluir en La rebelión de las masas;  aplicado lo anterior a una genealogía estatal, podemos comprender por qué de un Estado no perfecto pero combativo se pasó a un Estado débil y rendido a poderes internacionales foráneos (porque, dando un rápido repaso a la Historia de España del último siglo, uno se da cuenta de que la pérdida de soberanía no es algo que haya sucedido sólo con Mariano Rajoy ocupando la Presidencia de Gobierno).
Muchos insisten en la necesidad que España tiene de un cambio serio y de una gran reforma constitucional. Y es cierto en parte: España necesita un cambio muy serio. Pero la continuidad del sistema no es la solución, como tampoco lo es una implosión controlada que nos lleve a otro nuevo régimen de constitucionalismo demoliberal con sus correspondientes treinta o cuarenta años de calma social. La ruptura política con el actual modelo de Estado es la única salida viable que se le presenta a la sociedad española para superar la crisis política, económica y moral: ningún sistema apoyado en las mismas bases que el de 1978 podrá hacer frente y acabar con los problemas que azotan hoy a los españoles porque, al ser su heredero, los habrá asumido como defectos propios y no podrá quitárselos de encima.

Unas cifras históricas de personas forzosamente desempleadas, una clase política profesional corrupta que vive a costa del trabajo de los pocos españoles que aún siguen formando parte de la población laboralmente activa, unos separatismos regionales cada vez más agresivos que constantemente están poniendo en duda la unidad histórica de España… Si a los problemas anteriores les sumamos otros igual de graves pero que son más ignorados por los medios de comunicación, como es el caso de la presencia del brazo político de una organización criminal en algunas instituciones públicas vascas y en el mismísimo Congreso de los Diputados, tenemos como resultado la herencia de la Constitución Española de 1978.
En su día, José Antonio Primo de Rivera señaló, siguiendo la escuela orteguiana, que España sufría una triple división ocasionada por los separatismos regionales, los partidos políticos y las clases sociales. A esos tres problemas, que desgraciadamente los españoles llevamos heredando desde hace décadas y más cuando no se atajan como se debe, habría que añadir uno que encima los agrava: la indiferencia.
Probablemente la indiferencia sea el mayor logro del liberalismo político a la hora de controlar a las masas. Mientras que en otras épocas fueron el poder totalitario y la violencia verbal de algunos líderes políticos las herramientas más eficaces a la hora de excitar y controlar la mentalidad femenina de las masas humanas (porque la relación que se crea entre un líder político carismático y una masa humana es la propia de un cortejo amoroso entre un hombre y una mujer), hoy nos encontramos con que la indiferencia fomentada por el liberalismo con el nombre de “libertad” es la vía más rápida y eficaz para desmoralizar a toda una comunidad al completo y tenerla comiendo de la palma de la mano: libertad religiosa, para que el individuo deje de concederle importancia a la práctica religiosa y, dejándose llevar por la comodidad de lo fácil, renuncie hasta a plantearse cuestiones sobrenaturales y deje de creer; y libertad política, para que el interés del individuo en la dirección del Estado se limite únicamente a echar un voto en una urna cada cuatro años y no se preocupe mientras tanto de su formación política y mucho menos de pensar por sí mismo.
Pocos españoles son capaces de mantenerse ajenos a la indiferencia general que la sociedad española ha adoptado ante los problemas de nuestro tiempo. Y son muchos menos los que saben que el cambio no puede venir de una reforma constitucional, sino de algo mucho más serio y profundo.

Hace unos días era noticia un militar español, general en la reserva, por decir entre otras cosas que “la patria es anterior y más importante que la democracia” y que “el patriotismo es un sentimiento y la Constitución no es más que una ley”. La mentalidad obsesiva de la que algunos hacen gala ya quiere presentarnos al general Juan Antonio Chicharro como una especie de heredero del Glorioso Alzamiento Nacional (expresión que utilizo, entre otras cosas, porque me da la gana y por molestar a algunos que yo me sé) e imagino que ya habrá quien le vea retratado con la misma pose que el general Francisco Franco cuando se autoproclamó Caudillo de España y Generalísimo de Todos los Ejércitos.
Que yo sepa, este hombre no ha dicho nada del otro mundo: la Constitución Española de 1978 sólo es una ley (superior jerárquicamente en el ordenamiento jurídico, eso sí, pero una ley al fin y al cabo), el patriotismo es un sentimiento y la patria es anterior a la democracia. Pero los ecosocialistas de Iniciativa per Catalunya, los socialdemócratas del PSOE y los catalanistas de Esquerra Republicana de Catalunya no opinan igual y ya han puesto el grito en el cielo para calificar la postura del general Chicharro como “golpista”. Parece que a los herederos del marxismo y del separatismo derrotados en la intentona golpista del mes de octubre de 1934 todavía les produce un sudor frío y un temblor incontenible el escuchar decir a un militar español que la defensa de la Patria es el deber del Ejército.

Habrá quien diga que comparto la postura del general Chicharro porque no soy demócrata y porque el pluralismo y la alternancia política no me importan en absoluto; y, en parte, así es: ni soy demócrata ni voy a defender que los diferentes partidos políticos y sus camarillas de dirigentes oportunistas tengan el derecho a tomar el poder de las instituciones públicas y a concederse privilegios a costa de la sociedad española.
Pero mi sentido común me obliga a decir abiertamente que la Constitución Española de 1978 es culpable: culpable de prometer un derecho a la vivienda y de no garantizar la inviolabilidad del hogar familiar, permitiendo que diariamente muchas personas se encuentren viviendo miserablemente en la calle; culpable de prometer el derecho a un trabajo digno y de que luego haya más de cinco personas, con sus correspondientes entornos familiares y personales, sufriendo los efectos de las peores cifras de desempleo de nuestra Historia; culpable de legitimar el saqueo económico y el fomento del separatismo llevado a cabo por unos determinados sectores políticos mientras que, al mismo tiempo, proclama la indivisibilidad de España; culpable de defender un hipotético derecho a la vida a la vez que numerosos seres humanos son privados de tan elemental disfrute cuando aún no han podido dejar el vientre materno; culpable de hablar de un derecho a la educación mientras la realidad demuestra que quien no tiene dinero sigue estando por debajo de quienes sí lo tienen, independientemente del mérito académico de cada uno…
No hay ninguna duda: el origen de los males de la sociedad española se encuentra en la Constitución Española de 1978 y en la doctrina política que la inspira, el liberalismo. Ya va siendo hora de que todos los españoles se enteren de la verdad, por muy dolorosa que les resulte.


http://www.hispaniainfo.es/web/2013/03/02/la-constitucion-de-1978-es-culpable/

http://tradiciondigital.es/2013/03/02/la-constitucion-de-1978-es-culpable/

Este artículo fue publicado en los portales Hispaniainfo y Tradición Digital el 2 de marzo de 2013