28 de septiembre de 2013

España sigue siendo el rincón de ocio favorito de Europa




España fue el destino favorito de los turistas en Europa durante los primeros seis meses de 2013, con 34.000.000 de visitantes, informó hoy la Comisión Europea (CE) en base a datos de la Organización Mundial del Turismo (OMT).
Durante el primer semestre del año, España incrementó las llegadas internacionales en 4 % y lidera los resultados de visitas entre los 28 países de la Unión Europea (UE), seguido por Italia, Francia, Austria, Alemania, Grecia y el Reino Unido”.
Así nos informa este sábado el diario ABC con una noticia titulada “España fue el destino turístico preferido de la Unión Europea en la primera parte del año”.
Por desgracia, el papel de España en la Unión Europea es el de un destino turístico para los habitantes de los países más ricos e industrializados. ¿Y a quién tenemos que culpar de esto? En primer lugar, sin ninguna duda, a la clase política española, tanto a la que nos metió en la Unión Europea para ser el paraíso de recreo de nuestros vecinos como a la que ha aceptado las ordenes supranacionales que han derivado en reformas laborales y en recortes sociales. Pero no olvidemos que la clase política del régimen constitucional de 1978 sólo es un títere de una oligarquía capitalista que, como si de la antigua internacional socialista y soviética se tratara, ejerce su influencia sobre todo el planeta; y es esa oligarquía a la que debemos señalar para derrocarla y liberar a nuestra nación (y a las de todo el mundo) de las garras de la especulación y de la usura.
Los falangistas tenemos que decirlo alto y claro: la colaboración y hermandad entre las naciones europeas no puede ser ninguna excusa para empobrecernos y arrebatarnos nuestra soberanía política y económica. Europa tiene que ser el marco de convivencia de unos países muy vinculados entre sí desde tiempos inmemoriales, pero no a cualquier precio. Y, en el caso de España, lo que no podemos permitir es que se haya cortado nuestro crecimiento industrial sólo para que los demás europeos puedan venir aquí a darse un chapuzón un nuestras playas (por no hablar de los “espectáculos” de nuestros vecinos del Reino Unido en Baleares, Canarias y la costa levantina).

El problema, en resumen, no es la Unión Europea en sí, lo es su configuración y su sometimiento a la gran banca privada y a las empresas multinacionales. Todos habremos ganado (españoles, italianos, franceses, portugueses, alemanes, griegos, etc) el día en el que los países puedan contar con un punto de encuentro internacional que no se encuentre bajo el control de un sistema económico injusto, materialista y explotador.


Estas líneas fueron publicadas en el perfil de Facebook del periódico Patria Sindicalista el 29 de septiembre de 2013

26 de septiembre de 2013

Los complejos liberales de DENAES frente al separatismo catalanista



Hace unos días me llegó al correo electrónico (por cortesía del camarada Roberto Ferruz) un documento de la Fundación para la Defensa de la Nación Española (DENAES) con el título de “61 distorsiones, ocultaciones y falsedades del separatismo catalán”. DENAES, por si alguien no se ha enterado todavía, es una rama cívica del Partido Popular y una de sus tapaderas para que la sociedad española siga pensando que desde esa formación se defiende la unidad de España (no hay más que leer lo que afirmaban en 2007 en su web: “El patriotismo es un proyecto político común en el que todos los españoles nos hemos de sentir integrados y del que hemos de sentirnos legítimamente orgullosos. El patriotismo garantiza que los españoles, vivan donde vivan, sean realmente iguales, que las libertades individuales estén garantizadas, que la integridad de la Nación no se cuestione y que el orden constitucional sea escrupulosamente respetado. El patriotismo de los ciudadanos garantiza la libertad en las naciones soberanas y es por eso un proyecto común de crecimiento y convivencia. En este sentido, el patriotismo comporta también una serie de exigencias: el valor de defender determinados planteamientos, aunque sean políticamente incorrectos; la honestidad en la acción política, la defensa de los intereses de España, la exigencia crítica hacia nuestra propia realidad.
La actitud patriótica se funda en la conciencia de pertenecer a una gran Nación, pero el patriotismo no puede ser completo ni sano sin el ánimo crítico para mejorar nuestra propia Nación”). Pero los objetivos de DENAES, por muy patrióticos que digan ser, arrastran un lastre demoliberal que impide que tengan fecundidad de algún tipo.

En el mencionado documento sobre el separatismo catalán, DENAES rebate con buenos argumentos a los mitos y prejuicios de la casta política autonómica de Cataluña. Pero entre algunos buenos argumentos (principalmente en lo que a economía y subvenciones a medios de comunicación se refiere) nos encontramos con el habitual complejo del Partido Popular en materia histórica: La Guerra Civil, no fue una guerra contra Cataluña, sino una confrontación doctrinal entre españoles, los unos deseaban hacer una revolución social y los otros, no lo aceptaron y se revelaron”. Imagino (porque es la versión aceptada hoy) que por “los unos” se hará referencia al bando frentepopulista y por “los otros” al bando nacional. Leyendo esto, cualquier persona sin grandes conocimientos históricos entiende que la República del Frente Popular era un paraíso democrático, pacifista y progresista que fue injustamente derrocado por una tropa de reaccionarios y criminales. A los falangistas no debe dejarnos indiferentes esta valoración simplista y falsa: según DENAES, al formar parte la Falange del bando nacional, nuestros predecesores se oponían a la revolución social. Está muy claro que no podemos pedir milagros y esperar que un grupo liberal asuma que la Falange perseguía una revolución política, económica y social que rompiera con la sociedad entonces vigente; pero lo que sí deberían saber es que en esa “revolución social” del Frente Popular no entraban ellos, que hubiesen sido gustosamente ejecutados por las milicias del Partido Socialista, del Partido Comunista o de la Confederación Nacional del Trabajo.

Pero los complejos del Partido Popular (aunque se hagan vía DENAES) no se limitan a la materia histórica. El demoliberalismo como condición indispensable para condenar al separatismo también aparece: Una decisión o consulta colectiva que no respete el Estado de Derecho, no es democrática, ni legal”. Entonces, de ser democrática y legal, ¿consideraría DENAES legítima la consulta en referéndum o incluso la independencia? A raíz de lo declarado recientemente por Esperanza Aguirre en Barcelona, es evidente que los liberales no se opondrían a la secesión de Cataluña si se hiciese acorde a la legislación establecida (y todo por el mito de la “voluntad popular”, que en la democracia liberal adquiere un halo de divinidad todopoderosa).
Pero no acaba ahí la cuestión. Continúa afirmando DENAES que si se convocase ese referéndum el Tribunal Constitucional lo declararía inconstitucional y lo bloquearía”. En primer lugar, poco hemos de esperar del Tribunal Constitucional, más que nada por lo que nos recordó Alberto Gugel en junio de este año durante el congreso La Alternativa en Movimiento sobre la capacidad del Tribunal Constitucional para interpretar la Carta Magna de muchas maneras distintas; además, por mucho que un tribunal falle sobre una determinada cuestión, sobre todo siendo tan importante, la sentencia por sí sola no valdría nada en comparación con la Historia y el proyecto político que los españoles de todas las regiones debemos compartir. Pensemos que el Tribunal Constitucional les diera vía libre a los separatistas para convocar el dichoso referéndum. ¿Sería legítimo cuestionar la unidad nacional de varios siglos de una forma tan frívola como es echando papeles en una urna? Sinceramente, no; porque Cataluña siempre fue una región de España (y antes de la Corona de Aragón) y eso nunca debería cambiar, por mucho que una minoría haya asaltado el poder autonómico y lo esté empleando para satisfacer sus propios objetivos.

El patriotismo constitucional de DENAES termina defendiendo lo siguiente: “El nacionalismo catalán entre otros, es una reacción lógica ante el nacionalismo español”. Hay tres argumentos para refutar este eslogan oportunista.
- 1º. Esto pudo tener sentido durante el franquismo, pero carece de valor aplicado al periodo iniciado en 1978
- 2º Hoy en día el nacionalismo español apenas existe o es irrelevante. De hecho no tiene representación parlamentaria en ningún parlamento, ni a nivel regional ni el Nacional.
- 3º. La legislación derivada de la Constitución del 78 no es nacionalista, es sencillamente democrática y basada en la soberanía de todo el pueblo español. Hacer que se cumpla ley democrática no conculca ninguna libertad y acatarlo, es un deber de todos”.
El primer argumento es similar al de esos demócratas que aseguran estar en la izquierda política y que defienden la existencia de la banda terrorista ETA como algo legítimo mientras existía el franquismo. En resumen, DENAES considera legítimo al separatismo catalanista durante el franquismo pero no durante la democracia liberal del régimen de 1978.
Sobre la negación del “nacionalismo español” con presencia parlamentaria sí podríamos recordar a DENAES que si no hay fuerzas políticas de peso en ese ámbito es porque ya fueron desarticuladas por el Estado constitucional de 1978 y sus posibles votantes hoy se encuentran secuestrados electoralmente por el Partido Popular.
En cuanto al tercer apartado, creo que no hay mejor muestra de lo que entiende DENAES por defender la unidad nacional: acatar lo que establece la Carta Magna.

Las conclusiones de este documento de DENAES tampoco tienen desperdicio: Durante más de treinta años, la hegemonía cultural, doctrinal, mediática y política, ha estado actuando en Cataluña sin un serio contrapeso ideológico o social. Esto fue posible gracias al silencio cómplice, cuando no colaborador, de los partidos nacionales, PSOE y PP, así como la aquiescencia de las fuerzas vivas económicas. En este escenario sin contrapoderes de ningún tipo, ha medrado el adoctrinamiento catalanista e independentista y ha conseguido imponer sus tesis ideológicas, que por hegemónicas no son precisamente ciertas, verídicas ni rigurosas. En otras palabras, ha estado creando actitudes psicológicas básicamente anti españolas. La sociedad se ha ido poco a poco hirviendo como la rana en un cubo de agua y ahora, ya no sabe reaccionar o es bastante tarde. La lluvia fina de verdades a medias, ocultaciones, fabulaciones y distorsiones históricas se ha instalado en una importante mayoría de ciudadanos como una verdad axiomática.
Un importante número de catalanes, que no todos los habitantes de Cataluña, seducidos por los procesos de influencia y control social en manos del nacionalismo catalanista, ha sucumbido a sus mensajes y su retórica. Este amplio colectivo vive en una burbuja paradisíaca donde todo lo bueno se debe a lo catalán y casi todo lo malo, a lo español. Es un mensaje que roza el racismo e incluso el fascismo en la medida en que este caínismo, compila las actitudes psicológicas anti españolas artificialmente instaladas y cuya expresión quedarían recogidas en opiniones, sentimientos y comportamientos como los que a continuación se describen:
.- “España nos roba”.
- “Lo español es negativo o cutre”
- “España no es democrática”.
- “Tenemos derecho a decidir”.
- “El nacionalismo español estimula nuestro nacionalismo”
- “Somos los mejores, los más modernos, los más trabajadores…”
- “Los españoles son unos parásitos y viven de nosotros”
- “El catalán es una lengua más importante que el castellano”.
- “Siempre fuimos algo distinto de los españoles”
- “Silbo al himno y la bandera española porque me molestan”
- “No somos españoles”
- “No somos libres. Estamos atrapados en, y sometidos a España”
- “Si salimos de España todo será mejor para nosotros”.
- “Seamos independientes. Esto solucionará en buena parte nuestros problemas: económicos, políticos y sobre todo identitarios””.
Dos aspectos deberíamos destacar de lo anterior: la atribución de la responsabilidad de la fuerza separatista a la clase política y el empleo de la “palabra mágica” (fascismo) para desacreditar al secesionismo. Resulta irónico, por no decir insultante hacia los españoles, que una asociación títere del Partido Popular nos diga que éste es responsable del mal causado por los separatistas por haber cedido a sus pretensiones dentro del ámbito jurídico y legal de esa misma Constitución de 1978 que defienden con tanta devoción (en resumen, quieren que los separatistas se limiten a existir y a no dar problemas dentro del sistema demoliberal). Y es excesivamente simple y demagógico utilizar la palabra “fascista” para desacreditar a alguien, sobre todo cuando se dispone de numerosos argumentos basados en la razón y en la Historia para rebatir al separatismo (por no decir que, si aplicamos el término como sinónimo de “intolerante”, los demoliberales son los mayores “fascistas” que han pisado este mundo).


Como buenos liberales que son, DENAES ofrece buenos argumentos contra la secesión catalana en materia económica pero en lo demás andan muy escasos y limitados. Y como la economía no lo es todo, los españoles hemos de desechar ese tipo de propuestas basadas en el “patriotismo constitucional” porque España ya existía desde mucho antes de que se promulgara la Constitución de 1978 y porque, si Dios quiere, continuará existiendo cuando la actual Carta Magna sea derogada. Nuestro patriotismo providencialista y misional es superior y está muy por encima de las leyes y de la voluntad popular; defender lo contrario para justificar la oposición al separatismo, en resumen, terminará siendo una claudicación a los principios políticos, económicos y amorales del actual Estado demoliberal y constitucional. Y es que ya lo dijo José Antonio Primo de Rivera: “Ya es hora de acabar con la idolatría electoral. Las muchedumbres son falibles como los individuos, y generalmente yerran más. La verdad es la verdad (aunque tenga cien votos), y la mentira es mentira (aunque tenga cien millones). Lo que hace falta es buscar con ahínco la verdad, creer en ella e imponerla, contra los menos o contra los más. Esa es la gran tarea del conductor de masas: operar sobre ellas para transformarlas, para elevarlas, para templarlas; no ponerlas a temperatura de paroxismo para después pedirles (como en el circo de Roma la plebe embriagada) decisiones de vida y muerte. Y este deber (gloriosamente duro) es tanto más apremiante en nuestra España, donde cien años de desaliento y de pereza han sumido a nuestra masa en la más desoladora mediocridad. Todo lo que se haga por sacudirla será poco. Pero mientras sólo se la halague y se la sirva, no se hará otra cosa que estabilizar la mediocridad”.

http://www.hispaniainfo.es/web/2013/09/26/los-complejos-liberales-de-denaes-frente-al-separatismo-catalan/

http://tradiciondigital.es/2013/09/26/los-complejos-liberales-de-denaes-frente-al-separatismo-catalanista%E2%80%8F/

Este artículo fue publicado en el portal Hispaniainfo y en el portal Tradición Digital el 26 de septiembre de 2013

20 de septiembre de 2013

La escasez de recursos de UGT y su fuerza real



El Mundo ha publicado hoy que el sindicato Unión General de Trabajadores en Madrid plantea “un despido colectivo (ERE) que afectaría a 44 de sus 72 empleados del centro de Avenida de América con 20 días de indemnización y un máximo de 12 mensualidades; además, según el mismo medio, la causa principal de este expediente de regulación de empleo se encontraría en la reducción de afiliados y de ayudas públicas. Esta noticia confirma el escaso apoyo con el que cuenta Unión General de Trabajadores en la sociedad española. Es cierto que es, junto con Comisiones Obreras, el sindicato con más capacidad de movilización y presencia institucional y laboral; sin embargo, la crisis económica ha dejado al descubierto sus vergüenzas y no sólo por la presencia de antiguos cargos suyos en el escándalo de los EREs de Andalucía, sino porque su fuerza aparente es excesivamente superior a su fuerza real. Al reducirse las ayudas públicas institucionales y al ser su militancia más escasa de lo que aparentan públicamente, Unión General de Trabajadores está despidiendo a personal contratado precisamente para llevar la actividad del sindicato. Esto último, en realidad, es lo único que no tiene nada de grave: si un sindicato posee la militancia y los recursos económicos suficientes, es lógico que dedique su dinero a contratar a personas que contribuyan a conseguir los objetivos establecidos en su programa. Y precisamente ahí está lo más criticable de Unión General de Trabajadores: ese personal ha sido contratado gracias al dinero recibido de las ayudas públicas, que han sido costeadas por todos los contribuyentes al margen de si a éstos les parecía correcto o no que sus impuestos fuesen destinados a subvencionar a esa organización sindical.

Más de una vez me he preguntado si Unión General de Trabajadores y Comisiones Obreras podrían tener abiertos tantos centros en España de financiarse única y exclusivamente con las cuotas de sus afiliados, y con más razón tendríamos que plantearnos lo mismo con sus trabajadores contratados. Viendo cómo les está afectando la reducción de las ayudas públicas, parece evidente que Unión General de Trabajadores ni tendría tantos centros abiertos por toda España ni podría contratar a nadie; es más, la escasez de recursos, consecuencia de su no tan numerosa militancia, podría facilitar su retroceso como fuerza sindical y su colocación al mismo nivel de las demás organizaciones sindicales. Esto parece utópico, pero planteémonos si de verdad el sindicalismo mayoritario, financiado solamente con el dinero de sus militantes, podría superar de manera amplia a sindicatos minoritarios de corte anarquista y marxista (los más numerosos detrás de los sindicatos oficiales), más agresivos que el sindicalismo oficial socialdemócrata y demagógico y menos desprestigiados mediáticamente (ya que, por muy poco interés que sienta el grueso de la población española por las ideologías marxista o anarcosindicalista, no podemos olvidar que el español de hoy se siente más ofendido por la buena vida que se han concedido algunos sindicalistas con sus impuestos que con el pasado y los fines de determinadas ideologías políticas; por lo que, en esa hipotética situación de igualdad de recursos, no sería descartable que los españoles castigasen al sindicalismo socialdemócrata con el apoyo al marxismo y al anarcosindicalismo).

La retirada de las subvenciones públicas a formaciones políticas y sindicales es una de las pocas propuestas que unen a movimientos políticos minoritarios y extraparlamentarios de todo tipo y a la mayoría de los españoles. La propuesta en sí alguna vez ha sido calificada despectivamente de “reformista”, sobre todo cuando en el ámbito ideológico falangista se apela a que promovemos una sociedad sin partidos (y así es). No obstante, ¿acaso no podría ser un paso hacia nuestro objetivo la completa retirada de las ayudas públicas a los partidos políticos y sindicatos oficiales? Como hemos visto, la reducción de estas ayudas causa un considerable daño en su actividad normal, sostenida gracias al dinero de todos los contribuyentes; sin esas ayudas, se verían obligados a cerrar muchos de sus centros y a batirse en igualdad de condiciones con los demás. Y, en vista del apoyo real con el que cuentan, consecuencia de la indiferencia fomentada por las propias instituciones, sería la mejor oportunidad de la que se dispondría para apartarles del poder. Por lo tanto, es más que correcto y adecuado continuar con las reivindicaciones de las retiradas de las subvenciones a partidos políticos y sindicatos, siempre y cuando las consideremos un paso para desmantelar al actual sistema demoliberal y no para hacerlo sólo menos horrible. Eso sí, hay que ser realistas y asumir que las instituciones públicas, por muy vacías que se vean sus arcas, van a limitarse a reducir las ayudas pero no a eliminarlas (¿cómo, si no, iban a mantenerse en el poder unas organizaciones cuya presencia institucional es increíblemente superior a su apoyo dentro de la sociedad?), salvo que ese requisito fuera el último recurso que les quedara para seguir ocupando los cargos que hoy detentan; por lo que esa reivindicación, valorándola desde la perspectiva actual, no pasaría de un punto más en un programa destinado a atraer a la sociedad a nuestras filas… pero, al fin y al cabo, un punto que deberíamos defender y al que habría que dar la importancia que merece.

La población se encuentra muy lejos de plantearse seriamente otras alternativas políticas diferentes al régimen demoliberal y constitucional de 1978, pero éste lleva tiempo haciendo aguas y uno de los agujeros que con más fuerza le pueden hundir es el sindical. Unión General de Trabajadores y Comisiones Obreras cuentan con más apoyo institucional y mediático que real porque, a pesar de sus movilizaciones, una importante mayoría de los españoles continúa indiferente ante los problemas que padece España. ¿Y qué sucedería si esos españoles, hoy tibios indiferentes, dieran su apoyo a otras organizaciones sindicales abiertamente contrarias en todo a los amantes del dinero y de las mariscadas? De producirse esa situación, sí podríamos estar ante las puertas de un notable cambio; de no ser así, todas las reformas que nos vendan desde las instituciones irán encaminadas a reforzar la presencia de los corruptos y de los vividores en el poder.


http://www.hispaniainfo.es/web/2013/09/21/la-escasez-de-recursos-de-ugt-y-su-fuerza-real/

http://tradiciondigital.es/2013/09/21/la-escasez-de-recursos-de-ugt-y-su-fuerza-real/


Este artículo fue publicado en el portal Hispaniainfo y en el portal Tradición Digital el 21 de septiembre

Los ultraliberales no tienen Patria



En democracia, en libertad y ausencia de violencia, todo se puede plantear. Y cuando digo todo, es todo”. O esas palabras atribuye el diario El Mundo a Esperanza Aguirre, ex presidenta de la Comunidad de Madrid, en un discurso pronunciado en el Círculo Ecuestre de Barcelona (según el mismo medio, feudo de la alta burguesía catalana).
Lo expresado por Esperanza Aguirre no puede sorprender a nadie, especialmente por sus conocidas tendencias liberales (por mucho que se disfrace de “católica” en algunos momentos) y por el leguleyismo acomplejado que justifica el Partido Popular para justificar su inacción ante los desafíos del separatismo a la nación española. Y esto, guste o no, es la verdad democracia, el sistema político fundamentado en el dogma de que no puede haber dogmas; de esa manera, cuestionar la unidad nacional es legítimo siempre y cuando se sigan los pasos establecidos en las leyes y promulgar una legislación abortista también si dos terceras partes del Congreso de los Diputados dan su visto bueno.
Por suerte, aunque seamos una minoría, todavía quedamos españoles que sabemos y defendemos una serie de valores que nunca pueden ser puestos en duda… ni siquiera por la todopoderosa, omnipresente y mitificada “democracia”.



Estas líneas fueron publicadas en el perfil de Facebook del periódico Patria Sindicalista el 20 de septiembre de 2013

14 de septiembre de 2013

La inutilidad de pretender congraciarse con los medios



No tenía ninguna intención de escribir sobre lo sucedido el pasado 11 de septiembre en Madrid. Nunca he considerado que sea moralmente correcto juzgar los actos de otras personas, con la misma tendencia política o similares en algunos aspectos a las mías, cuando uno jamás se ha visto envuelto en situaciones tan serias. Por otra parte, también he estado muy poco inspirado en este comienzo de curso, no sé si por el shock de regresar a las aulas con una explicación sobre los pormenores del contrato de compraventa o porque haya mujeres que, al igual que el vino, mejoren con el paso de los meses y los años. Pero mi dichosa memoria, nefasta para las cuestiones académicas pero brillante para las anécdotas, empezó a recordar. Y me vino a la mente el día que leí un comentario crítico sobre los pañuelos de las muchachas musulmanas en los centros públicos españoles. Era uno de los últimos meses de instituto del último año que pasé allí y lo recuerdo como si fuera ayer: tenía frente a mí una hoja de papel y a mi alrededor una piara de paisanos y congéneres progres a los que ni tenía ni tengo ninguna pizca de simpatía; leí mi escrito, argumentado con buenos modos y en una línea “angladista” que hoy no comparto, y recibí los calificativos de “racista” e “intolerante”. A continuación, un compañero de clase que sí gozaba de la simpatía de los demás tuvo el atrevimiento de hacer el siguiente chiste durante su redacción: “Pueden que lleven un pañuelo en la cabeza porque desconocen el significado de la palabra champú”. Todo fueron risas por parte de los despreciables progres. Y ahí me pregunté, con mucha ironía, qué hubiese pasado de haber salido el chascarrillo de mi boca, porque estoy convencido al 99,9% de que más de uno hubiera pronunciado las palabras estigmatizantes que tanto gustan de emplearse hoy: racista, fascista, reaccionario, intolerante, xenófobo…

Decía don José Mourinho, antes de abandonar el banquillo del Real Madrid por presiones mediáticas, que en un mundo hipócrita era un problema no ser un hipócrita. Hoy en día vemos como la violencia es proscrita en todos los ámbitos de nuestra vida; sin embargo, la industria cinematográfica no deja de sacar dinero a costa de productos que destacan más por su violencia gratuita que por la interpretación de los actores o por los argumentos. Con la política sucede algo similar: nos han impuesto que la democracia es un sistema político maravilloso, que todos debemos acatar las reglas y que debemos ser tolerantes y respetuosos con quienes piensan de manera diferente. Pero ese argumento relativista, siguiendo la línea masónica que lo ha incrustado en la sociedad española, ha terminado por convertirse en un dogma cuyos intérpretes son los gobernantes de turno, muy democráticos y relativistas pero nunca dispuestos a que otras opciones políticas tengan posibilidades reales de alcanzar el poder. Igual que sucede en las películas infantiles, donde un personaje suele aparecer diciendo que la única regla es la ausencia de normas, la ausencia de dogmas se ha convertido en un dogma; pero, como pasa siempre en la vida real, la excusa de la libertad se convierte en el mejor argumento para implantar una tiranía.

Los españoles llevamos meses viendo a las masas de la izquierda acosar mediáticamente a otras personas en sus domicilios, en nombre de una causa justa que sólo han puesto en duda los liberales más ortodoxos, y llevamos años viendo como esa misma gente realiza acciones públicas contra la religión católica. Y podríamos hablar igualmente de la persecución y acoso a los que se han visto sometidos muchos españoles en regiones como Vascongadas y Cataluña, muchos de los cuales se han visto obligados a huir para no terminar recibiendo un disparo traicionero. Pero nunca veremos a los comunistas decir que no hay que interrumpir las eucaristías con mujeres vociferantes y semidesnudas porque eso dé una mala imagen del feminismo. Tampoco veremos nunca a los separatistas decir que hay que respetar a los defensores de la unidad de España para que la prensa no se cebe mediáticamente con ellos. Son sólo dos ejemplos, pero podríamos pasarnos horas revisando sucesos protagonizados por secesionistas y progresistas de toda índole y siempre nos encontraríamos con que ellos jamás condenarán las acciones de los miembros de su movimiento en nombre de la buena imagen que debería darse ante la sociedad. Y precisamente ahí radica su éxito político: nunca han perdido el tiempo en debates estériles sobre la buena imagen, los símbolos o el nombre; simplemente, se han mostrado tal y como son y no han dudado en reivindicarlo como fuera posible.

Si los falangistas pensamos que interrumpir un acto separatista (porque no era ningún acto de la Comunidad Autónoma per se, ya que la Diada fue creada por los secesionistas en su locura particular a finales del siglo XIX) celebrado en Madrid y con la presencia de políticos del Partido Nacionalista Vasco (los que recogían las nueces del árbol agitado por el terrorismo) y de Convergencia i Unió (los mismos que han saqueado las arcas públicas catalanas y que ahora han reivindicado más ferozmente que nunca el secesionismo para que la población no acuse al verdadero ladrón), es que tenemos un problema muy serio dentro de nuestras filas. Y si encima defendemos los argumentos del enemigo de que hubo una agresión porque los responsables de la ruina política, económica y moral de España recibieron unos empujones, es que el problema es más grave de lo que parecía a simple vista.
Ya va siendo hora de asumir que nunca vamos a recibir el cariño y la comprensión de los medios. Tampoco nos entregarán ningún certificado de “demócratas”, por mucho que incomprensiblemente sea pedido. Siempre vamos a ser calumniados, tergiversados y despreciados por unos medios de comunicación que siempre estuvieron, están y estarán al servicio del poder demoliberal y constitucional. Y, por experiencia propia, puedo decir que siempre será preferible ser el malo de la película y ser presentado ante la sociedad como una persona peligrosa antes que dar una imagen de estúpido y de cobarde.

Vivimos en una sociedad hipócrita y despreciable donde las palabras y los actos sólo son buenos o malos en función de la ideología del que los comete. Si de verdad queremos cambiar la manera de ser de los españoles, nunca lo lograremos si asumimos el lenguaje, las fobias y los complejos de quien es nuestro enemigo. Nada más puedo decir sobre el asunto. ¡Ah, sí, un último comentario! ¡Bravo por quienes amargaron la fiesta a los enemigos de España!


http://www.hispaniainfo.es/web/2013/09/14/iu-exige-al-gobierno-la-ilegalizacion-de-los-partidos-de-extrema-derecha/


Este artículo fue publicado en el portal Hispaniainfo el 14 de septiembre de 2013

5 de septiembre de 2013

La novela militante de Rafael García Serrano (II): La fiel infantería



Rafael García Serrano escribió La fiel infantería en el año 1943, inspirándose en su experiencia sobre la Guerra Civil Española. En palabras del propio autor, “trató esta novela de ser el retrato de los mozos de una generación española, aquella que inocente de toda culpa derramó su sangre aquí y allá por la de todos”. Pese a ser obra de un falangista combatiente de primera hora, la novela fue duramente criticada y censurada por las jerarquías de la Iglesia Católica a causa del lenguaje utilizado y de varias situaciones descritas por el autor en varias partes del relato.
La importancia de La fiel infantería reside, mayormente, en la plasmación en una novela de las experiencias vividas por el autor y en los sentimientos y emociones que transmite su lectura.  Nada que ver, en definitiva, con la inmensa mayoría de las actuales novelas “históricas”, cuyo argumento principal es el mito del “circo de los horrores” con el que algunos han resucitado a la antiquísima “leyenda negra española”.
La fiel infantería es el recuerdo de un hombre que luchó por unos ideales en los que creía firmemente y una novela imprescindible para todo aquel que quiera conocer la verdad sobre la literatura y los sucesos que marcaron el siglo XX en España.

La fiel infantería comienza narrando la historia de Miguel y Mario, unos jóvenes de Pamplona que se han unido al Alzamiento Nacional como falangistas. Especialmente interesante es la perspectiva de Mario, quien hasta entonces se había mantenido al margen de las disputas políticas y, por ello, comienza a descubrir una nueva forma de vivir nada más coger el fusil: “Los amigos separatistas solían decirle que Castilla no les gustaba, tan árida, tan seca, tan igual, y que los castellanos eran unos pobres salvajes. Ahora él guardaba la tierra de Castilla con un fusil en las manos, y por el Norte sus camaradas se mataban con los separatistas. Sentía Mario cómo el paisaje le encandilaba el alma, aclarándole que se ama más y más claro lo que se defiende con la propia existencia. La tierra paga luego con tierra, generosa. Mario jamás había creído que los españoles llegasen a las manos. Se figuraba una lucha sorda de gentes sensatas. Hasta entonces, para él, lo sensato era beber cerveza en una terraza, leer libros y ver la vida como un gran espectáculo ajeno, sin participar en la intriga. ¡Cómo había cambiado su concepto de la sensatez! Y otra, bárbara, entre sus extraños amigos de Madrid y los comunistas. Pero una lucha de adorno, para alegrar el siglo, como adorno eran para él sus extraños amigos. Ornato de guerreros y poetas caídos del quinto cielo en medio de una sociedad mugrienta que no sabía sino comer, hacer elecciones y acostarse con prostitutas.
(…)
En las ciudades y en los campos aguardaban mujeres generosas y se criaban buenos vinos y escritores graciosos hacían gracia; para que Mario viviese feliz. Huelgas, motines, muertos, presos: las gentes son estúpidas (…)
Mario sollozó generoso pensando en que habían sido millones los pecadores y unos cientos, nada más que unos cientos, los justos, los locos justos. Pero él ya se iba redimiendo desde aquella mañana que recordaba como suya, porque desde dos días antes databan su conversión y su ansiedad de combate.
Y nació como todos lo habíamos previsto (…) Algunos hombres tenían la sorpresa junto a la boca. Todos eran mayores de cuarenta años. En cambio, los jóvenes sabían el himno, el rito y la noticia. Muchos habían pasado por el hospital y la cárcel. Otros por el dolor de los amigos. Y todos por la lucha universitaria –Mario se sonrojaba en su guardia-. Los puñetazos heroicos junto a las aulas eran comunes. Y trofeo. Por eso cuando aquella mañana del 19 el joven –todos los jóvenes de la ciudad- saltó de la cama intranquilo y febril, sin despertadores de ir a clase, con ese otro despertador de las cornetas y los tambores, no iba en busca de exámenes de humanidades o ciencias, sino en busca del título de varón soldado. A mostrar al sol tempranero su camisa azul, título de varonía. A salir hacia Madrid. Hacia donde la Patria reclamase un parapeto de pechos exaltados. El joven –todos los jóvenes de la ciudad- marchó a Capitanía (…) Dos generaciones estaban frente a frente en el reducto mismo de la ciudad. Una, la de los jóvenes, y otra, la del señor que lo miraba y remiraba, bastón bajo el brazo, diciendo atónito en su interrumpida misa:
-          Si estos chicos no fuesen tan poco católicos…”.
La narración continúa mostrando cómo se desarrollaron los primeros momentos del Alzamiento Nacional en la ciudad de Pamplona: “Con una bandera al frente marcharon los camisas azules hacia su objetivo de desahuciados: buscar un hogar. Y había de ser por imperativo de la madrugada, éste: Izquierda Republicana. También allí se necesitaba la escoba. Nadie sabía si el Centro estaba o no ocupado. Las pistolas ametralladoras, pues, delante. Y más adelante la bandera. La puerta cedió de una patada solemne, casi protocolaria. Y los ocho primeros camaradas llenaron de gritos el local vacío. No tuvieron coraje sus dueños ni para defenderlo. Y luego al balcón sobre la plaza del Castillo. Con manos indignadas un estúpido letrero cayó roto en el asfalto. Y un retrato. Y un busto excitante con gorro frigio. Y un trapo: una bandera. Ya estaba limpio el local y la Falange tenía abierta su casa para recibir a los camaradas de los pueblos que venían, por escuadras, en camiones, con el mismo himno, y el mismo gesto, y el mismo vítor: “¡Arriba España!”
Fueron aquellas siete de la mañana las horas más gloriosas que jamás vio el cielo despejado”.
Con el paso de las semanas, Miguel y Mario terminan en la sierra madrileña: “Por las cunetas se veía a los falangistas, en hilera, avanzar. Sin darnos cuenta nos quedamos inmóviles mirándolos: todavía no nos acostumbrábamos a ver camaradas con fusil combatiendo por los campos, fecundando a tiros la Patria. En quince días habíamos saltado de la clandestinidad a la intemperie, de la lucha sorda contra el Estado a ser otro Estado, ofensivo con sus tropas, sus códigos sin escribir, su justicia elemental. De estar fuera de la ley a imponer nuestra ley a tiro limpio. Era hermoso y costaba trabajo creerlo; pero allá estaba la guerra, la más real de las realidades, diciéndonos que sí, que aquello era una verdad ganada a puños”. Esa metáfora sobre la regeneración de España como justificación del Alzamiento Nacional volverá a ser repetida más adelante con las siguientes palabras: “Nuestra intención era fecundar la Patria con la pólvora violenta del Alzamiento y que naciese otro mundo distinto”.
Finalmente, Mario terminará saldando su deuda particular con su ausencia en la lucha política cayendo en el frente madrileño.

La segunda parte muestra cómo Matías, tras un tiempo en el frente de combate, regresa temporalmente a su hogar, recordando también sus anécdotas de cuándo estuvo con unos camaradas patrullando por la frontera con Francia: “El otoño ha huido a Francia, se ha pasado a los rojos o lo hemos fusilado: cualquiera de las tres cosas se merece. Yo no lo he visto, porque me gusta más cantar la primavera. Me da rabia hacer frases con la primavera. La palabra basta, es sagrada y si la utilizamos mucho sucederá lo del sacristán y el santo, que con la confianza se nos irá el respeto”.

Pero, sin ninguna duda, la tercera parte es lo mejor del libro y gracias al personaje de Ramón, un joven falangista con amplia experiencia en la lucha política y que se siente llamado a ser importante en la construcción de la nueva España. Como expone el autor, Ramón “recordaba a sus camaradas peregrinos por la ciudad y el campo, vivificando con sangre la Patria, despertando la Patria a muertos, entre la risa escocida de los cobardes, hijos de los que fueron a los toros un día de Santiago del 98, y la maligna agresión de los traidores. Solos con su bandera y su César, ellos, enseñando la verdad con el supremo razonamiento de las venas, bautizando a los asesinos con el perdón; ellos, locos sagrados, hijos de Dios, falangistas”.
Ramón conocerá a Matías y a Miguel en la Academia de Alféreces Provisionales de Ávila, lugar donde completará su formación militar antes de incorporarse de nuevo al frente. Sin embargo, si algo distingue a Ramón de los demás es su obsesión porque todos sepan por qué están combatiendo:
Nosotros somos superiores a los que nos precedieron porque ellos decían diputado, correligionario y descanso y nosotros decimos capitán, camarada y maniobra. Ellos decían estúpido fanatismo y nosotros fe. Ellos, yo; nosotros, nosotros. Ellos hablaban (…) con impiedad civil y costurera de cambiar de chaqueta, y nosotros decimos refugium pecatorum, más amoroso e irónico que es lo que le impide rebajarse a lo amable. Nosotros bandera y ellos antorcha, nosotros guardia y ellos incomodidad, nosotros camisa y ellos levita. Ellos rey o roque y nosotros Patria. Ellos cantaban seguidillas canallas los ratos alegres y nosotros marchas. Da gusto sentirse superior”.
El 19 de julio calibró a las gentes: unos salimos y otros no. Aquel día se jugaba España definitivamente, y mientras nosotros marchábamos al choque cubiertos de rosas, ellos nos lanzaban las rosas desde el cielo de su indiferencia o de su cobardía. Bien limpia la chaqueta, entonada la corbata y lustrosos los zapatos, veían pasar la Patria en mangas de camisa, ronca y brava, un poco callejera para su británica elegancia. Sin los que entonces salimos a dar un paseo militar, como después han dicho los rencorosos, los mariquitas y los tacaños, nada hubiera sido posible. En las primeras semanas, minuto a minuto, hora a hora, día a día, íbamos ganando España para nosotros, para los que nos amaban, para nuestros enemigos y hasta para los miserables que, por ocultar su pánico, fingían ignorar cómo muchas veces se nos secaba la boca en los peligros de un divertido paseo militar”.
Porque aun gustando la miel que nos brindaban al pasar los caciques y los cobardes, estábamos todos seguros (todos) de que un día habríamos de volver los fusiles contra sus aplausos, que tenían voluntad de asqueroso dinero con que hacernos mercenarios”.
Cuando la Patria se parte en dos, son pocos los indiferentes, los del tercer estado, que deberían ahorcar, puestos de acuerdos, los bandos combatientes”.
Sin embargo, la vida termina haciendo pagar a Ramón su soberbia y, finalizando una batalla (la batalla del Ebro, si no me equivoco), enferma de tuberculosis. Es inmediatamente trasladado en un tren de heridos y enfermos, lamentando su destino y no haber podido morir en combate: “¿Es Dios justo al matar así, tan pobremente, tan sin gloria, a un varón que lleva con coraje sus armas y soporta con valor las contrarias? (…) En la muerte hay clases y privilegios. No da igual morir que morirse. No da igual morirse a que lo maten a uno. Ni es lo mismo el garrote vil que el fusilamiento, ni el fusilamiento que el paseo canalla, ni éste que la muerte limpia de un buen tiro en la cresta. Es justo que cada cual muera como merece”. Aquí deja el autor una reflexión bastante llamativa. Desde siempre nos han repetido hasta la saciedad que la muerte es la etapa final de la vida y la única donde todos somos iguales porque fallecemos por igual; ante eso, Rafael García Serrano afirma que hay muchas formas de morirse y, sinceramente, considero que tiene razón al pensar que no es lo mismo la muerte heroica y viril del combate que la muerte burguesa y cómoda.
El propio Rafael García Serrano padeció la tuberculosis mientras escribía la novela; y, si en su Eugenio o proclamación de la primavera mostraba el caído falangista que a todos aquellos muchachos les hubiese gustado ser, en esta parte de La fiel infantería descubre cuál era la muerte que ninguno habría deseado: solo, en la cama de un hospital, enfermo, débil y apartado de los camaradas con quienes había combatido. Y lo cierto es que acongojaba pensar en lo cruel que la vida había podido ser con un combatiente tan creyente en sus ideales y tan dispuesto a acabar con aquello que se interpusiera en su camino.
La novela finaliza con Miguel rencontrándose con la enamorada que había dejado antes de partir de Ávila, lamentando la muerte de Ramón y las circunstancias en que le sobrevino e ignorando lo que la vida le hubiese deparado a Matías.

La fiel infantería no presenta grandes narraciones de batallas; es más, a veces resulta algo confusa la narración por el cambio de la primera a la tercera persona, especialmente en las dos primeras partes; sin embargo, transmite con fidelidad y veracidad los ideales y las razones que llevaron a coger el fusil y a rebelarse contra el poder a la mejor generación que ha alumbrado España en siglos.
Esta novela ha tenido sus detractores, que excusan sus prejuicios en la propaganda política que hizo García Serrano y en el ensalzamiento de la victoria del bando nacional. Imagino que sabrán que los partidarios actuales del Frente Popular igualmente introducen propaganda política en sus relatos novelados y que encima pretenden ganar un conflicto civil de hace décadas en el día de hoy… lo que sí que puedo afirmar que no sé es cómo me justificarían esa actitud.

Muchos emplearían correctamente su tiempo si se atrevieran a leer esta joya literaria del pasado siglo, con la mente abierta para aceptar nuevas ideas y, sobre todo, con el corazón disponible para sentir los ideales de los demás y las alegrías y desdichas que éstos son capaces de provocar en el ser humano. Hay quien dice que es mejor amar y no ser amado que no sentir nunca nada… Por desgracia, hoy hay muchas personas que, en materia de ideales políticos, prefieren no sentir nunca nada.

4 de septiembre de 2013

Un capítulo que Izquierda Unida de Toledo no quiere que se conozca sobre el "democrático" Frente Popular

(Pueden visualizarse más imágenes sobre el asedio al Alcázar de Toledo en la bitácora Toledo Olvidado)


Si por algo se ha caracterizado Izquierda Unida en la ciudad de Toledo durante los últimos años ha sido en borrar todos los vestigios de la Guerra Civil Española; o, más bien, aquellos vestigios que no eran de agrado. A comienzos del pasado mes de agosto, los responsables de Izquierda Unida en Toledo cambiaron por su cuenta la placa de la calle “18 de Julio” por otra de “Nelson Mandela” (que nadie sabe qué tiene que ver con Toledo, ni siquiera con España). El cambio ya había sido aprobado en un pleno del Ayuntamiento pero, según la coalición de izquierdas (pese a que quien verdaderamente manda ahí es el Partido Comunista de España de siempre), el Ayuntamiento de Toledo no se estaba tomando el asunto en serio. Desde el Ayuntamiento ordenaron la retirada de la plaza y posteriormente se colocó de manera definitiva, aunque algunos de los cargos municipales del Partido Socialista y de Izquierda Unida llevaron el asunto a Twitter.

Con motivo del último 14 de abril, Izquierda Unida organizó en Toledo una ruta guiada por la ciudad para “dar a conocer una parte importante de la historia de la capital de la que podemos sentirnos orgullosos”. Además, según el portavoz de Izquierda Unida en Toledo, Aurelio San Emeterio, “todavía hay un proceso de recuperación de la memoria histórica y de la memoria democrática” porque, a su juicio, “la sociedad española todavía tiene un trabajo de recuperación de esta memoria, que ha sido ocultada y manipulada por la historia oficial de 40 años de un régimen fascista”.
Puedo imaginarme que en esa ruta organizada por Izquierda Unida nunca se hablaría de las matanzas en el paseo del Tránsito y en el paseo de Recaredo llevadas a cabo por las milicias del Frente Popular, igual que está claro que esa gente nunca podrá considerar lo vivido en el Alcázar como una gesta heroica. Pero, por mucho que pretendan manipular la Historia (actitud que precisamente atribuyen ellos a quienes no son de su agrado), ésta no puede borrarse.

Luis Moreno Nieto fue un periodista toledano que vivió la Guerra Civil en la Ciudad Imperial. En su obra Toledo 1931-1936: Memorias de un periodista, narra un episodio, el de la doctora Carmen Miedes, que haría de sonrojarse de vergüenza a los representantes de Izquierda Unida si supieran lo que es.
No me sorprendería que la gente de Izquierda Unida negara la validez de Luis Moreno, aludiendo a sus habituales prejuicios y excusas sobre las tendencias políticas de sus detractores; por eso, reproduzco una parte del prólogo de su citada obra, para que vean cómo ese señor en ningún momento negó la existencia de fusilamientos a frentepopulistas sin juicio previo (algo normal en tiempos de guerra, y mucho más en un conflicto como el que se vivió en España): “Yo vi subir por la cuesta de las Armas hacia Zocodover no pocos prisioneros combatientes marxistas fusilados, sin previo juicio, durante los días finales de septiembre de 1936, al borde mismo del embudo que la explosión de una mina produjo junto al torreón noroeste del Alcázar. Y allí están sus huesos todavía, no lejos de la cripta que guarda los de los defensores de la fortaleza. Recuerdo también que en los meses que siguieron a la liberación de Toledo por las fuerzas de Franco muchos militantes socialistas, comunistas y anarquistas cayeron junto a las tapias del cementerio en unas madrugadas que hacían temblar a la población civil. Conocí igualmente los asesinatos cometidos por el otro bando y, a los sesenta años de ocurrido todo lo que queda en mi mente esculpido a golpes de sangre y de muerte, llego a la conclusión de que, a pesar de todo, los hombres de ambos bandos eran hermanos. Así al menos lo creo y hago mías estas palabras de Gregorio Marañón en el prólogo que escribió en 1954 a la obra “Almas ardiendo”, de León Degrelle: “Es un gusto profundo y consolador comprobar, y se comprueba siempre que se quiere, que el hombre que piensa de otro modo es como uno mismo y como cualquier otro que tenga los ideales que le plazca. Basta que nos despojemos del disfraz con que andamos por la vida y hablemos, en silencio, casi igual a todos los demás corazones””.

Carmen Miedes fue una doctora toledana que ayudaba a las familias necesitadas y estaba afiliada a Falange Española, como la mayoría de su familia. Pero dejaré que sea la obra de Luis Moreno quién explique el por qué del asesinato de Carmen Miedes: “Los hermanos Moraleda, que explotaban en Zocodover el “Bar Toledo”, habían tenido la audacia de admitir entre sus camareros uno que no estaba afiliado a la Casa del Pueblo. La Sociedad de Camareros no podía perdonar a estos patronos aquel atrevimiento de declararse independientes para contratar a los obreros que preferían y les sentenciaron a muerte; sortearon entre todos los afiliados quiénes habían de ser los asesinos y fueron designados varios camareros, entre ellos uno que había servido a los hermanos Moraleda.
Y en la alta noche del 23 de agosto de 1934, cuando los patronos del bar se retiraban a su domicilio, después de cerrarlo, fueron tiroteados, cayendo mortalmente herido, ante la misma puerta de su casa, uno de ellos, don Félix Moraleda. (…) Defendió a los procesados el jefe provincial del Partido Comunista, Virgilio Carretero”.
A continuación, Luis Moreno expone lo escrito por un dominico, el Padre Getino, sobre la presencia de Carmen Miedes en el juicio de este crimen “Carmen Miedes, que velaba aquella noche a uno de sus hermanos, enfermo, y fue testigo de la agresión desde el balcón de su casa, despreciando las amenazas que a otros amedrentaron, tuvo el civismo de declarar en el Tribunal lo que había visto y como médico rehacer el crimen punto por punto.
(…)
Aquel día empezó Carmen su calvario que no cesó hasta el punto en que dos años después la asesinaron. La insultaban por la calle, la amenazaban; en ciertas visitas a sus enfermos tenían que acompañarla sus hermanos o personas amigas, por miedo a una agresión. Lejos de disminuir con el tiempo el odio a quien seguía haciendo sus visitas gratuitas a los menesterosos aun en los barrios bajos en que peligraba su vida, fue aumentando la saña y en las manifestaciones públicas socialistas se podía su cabeza.
Todo Toledo ha oído cantar por las calles estas ignominiosas coplas:
“A los presos de Chinchilla
Les vamos a regalar
La cabeza de la Miedes
Para jugar al billar
La cabeza de la Miedes
Pronto la vamos a ver
Colgadita de un farol
En medio Zocodover”
(…)
Salieron los criminales de las cárceles y, al llegar a Toledo los asesinos de Moraleda, se les prepararon grandes festejos, uno de los cuales era entregarles la cabeza de Carmen.
Tuvo de ello noticia su familia y se presentó al gobernador civil, que tuvo la inhumanidad y el cinismo de decirles que lo menos que él tenía que conceder a los vencedores del Frente Popular era la cabeza de la mujer si la pedían.
Acudieron al gobernador militar, que era el coronel Moscardó. Al exponerle la familia el proyecto del asesinato de Carmen como final de una manifestación magna que terminaría con el asalto de la casa, y la actitud del gobernador civil, después de unos minutos de silencio contestó gravemente: “La intervención normal de la fuerza en la calle es incumbencia del gobernador civil, no mía. Ahora bien, yo, como gobernador militar, no puedo consentir un crimen excepcional como ése, a la vista del público, sin que la sociedad vele por la inocencia, como es elemental. Yo no puedo intervenir en tanto que no asalten la casa. Arréglenselas ustedes para avisarme cuando empiece el asalto y para defenderse un cuarto de hora. Al cuarto de hora estoy yo allí y aquello se acabó”.
Llegó la hora: la manifestación se dirigió frente a la casa de la familia Miedes; se cantaron versos pidiendo la cabeza de Carmen; las mujeres azuzaban a los hombres a que asaltasen la casa, pero no sé qué serenidad advirtieron en sus moradores, en los hermanos y amigos que allí entraron y miraban desde las ventajas, que después de merodear junto a la puerta y mirar arriba e insultar, nadie se atrevió a echar abajo la primera puerta”.
Como podemos ver, Carmen Miedes fue testigo de un asesinato cometido por marxistas y tuvo la “osadía” de testificar en un juicio en contra de éstos. Llama la atención que muchos personajes que se identifican hoy con la izquierda política apelen a la democracia constitucional de la época y, sin embargo, hasta serían capaces de justificar el asesinato de Carmen Miedes sólo por su significación política. Según parece, hay quien valora el Estado de Derecho y el constitucionalismo en función de cómo beneficia a su proyecto político particular y no a toda la sociedad.
Carmen Miedes se encontraba amenazada de muerte por los marxistas toledanos; pese a ello, continuó con su actividad normal y en esas circunstancias sobrevino el Alzamiento Nacional. Según narra Luis Moreno, “una familia le suplicó insistentemente que se quedara atendiendo a una hija enferma de gravedad. Tenían mucha fe en su solicitud y eficacia, e hicieron cuanto les fue posible por retenerla. Ella accedió, llevada de su imperativo profesional, de sus sentimientos cristianos y de su bondad generosa. La familia no sabía cómo agradecerle su rasgo. Y al lado de la enferma permaneció de día y de noche. Logró ponerla fuera de peligro. La sanó, al fin. Pero como, mientras tanto, aumentaban los asesinatos en la población, esa familia comenzó a inquietarse con la presencia de Carmen Miedes en la casa. Y un día la exigió que se marchara inmediatamente porque les comprometía. Intervino entonces una amiga de la doctora, que les ofreció sacarla de allí a los pocos días. Fue en vano. Carmen Miedes hubo de salir el tres de agosto. Mejor sería decir que la echaron de la casa. Que fue lanzada a la muerte.
Al día siguiente, Carmen adoptó una suprema decisión. Abandonó el refugio donde había podido pernoctar, y se dirigió sola a la Diputación para presentarse al Comité del Frente Popular allí establecido. La presa que con tanto afán perseguían, sin dar con ella, se les vino a las manos.
La encerraron en la misma estancia donde estaban cautivas las monjas de clausura del convento de San Juan de la Penitencia. En un cuarto contiguo se guardaban las togas de los abogados que actuaban en la audiencia, instalada provisionalmente en la Diputación desde hacía tiempo. Entre ellas reconoció la de su hermano Luis, ya asesinado, y la besó llorando. Puesta después de hinojos comenzó a rezar el rosario.
(…)
Cuando Carmen Miedes oraba, entraron unos esbirros.
(…)
Los milicianos armados (seis) la apremiaron para que les siguiese. Tres llevaba a cada lado. Con paso presuroso tomaron la escalera que da a la puerta trasera de la Diputación.
Su cadáver quedó allí durante todo el día. Y hubo un desfile inmisericorde y salvaje de mujerucas ante los restos de aquella mártir. La levantaban el vestido para curiosear las ropas interiores. Un selvático, con tizne, la pintó bigote. Algo infrahumano”.
Sobre la militancia política en la Falange de Carmen Miedes y su familia, el historiador toledano José Luis Jerez Riesco expone lo siguiente (junto con varios datos más de interés) en su trabajo Falange Imperial. Crónica de la Falange toledana: “La droguería de los Miedes había sido, bajo el tiempo difícil, el almacén de intendencia de Falange, y muchas veces cuando carecían de sede después de las elecciones de febrero de 1936, su lugar de reunión. Nunca cobró el material de pinturas ni los enseres que utilizaba Falange para su propaganda. Se sentía don Mariano feliz y orgulloso de la militancia de su hijo en las filas del Nacional-Sindicalismo. Era un hombre ejemplar y bueno en el más recto sentido de esta palabra.
(…)
Desde el 18 de julio al 28 de septiembre, cuando el Alcázar fue liberado y la ciudad tomada por las fuerzas nacionales, se cometieron en Toledo más de trescientos cincuenta asesinatos y «paseos», ejecuciones sin causa ni motivo, crímenes horrendos y espeluznantes. No se hizo ninguna discriminación de edad, sexo ni circunstancia alguna para llevar a cabo las masacres. Aquello fue una verdadera carnicería humana, una inútil inmolación sangrienta y repugnante. Todos ellos cayeron abatidos y dejaron sus vidas, entre la algarada de los milicianos frentepopulistas, en aquellas estrechas calles, junto a cualquier tapia, en el paseo del Tránsito, en la más anónima cuneta, de cara a cualquier almena de las murallas que perimetrean la ciudad, en no importaba qué adarve.
El día 27 de julio asesinaron al que era una institución en la Falange, don
Benito Abel de la Cruz y Díaz Delgado, el sacerdote Vara-Plata de la Catedral, director espiritual de aquellos muchachos de Falange, que les guardaba sus mejores secretos, que les ofrecía su casa como refugio franco y amparo eclesial para sus reuniones, que les custodiaba sus defensas y que les daba siempre buenos consejos para comportarse en toda circunstancia como cristianos y como patriotas.
(…)
El día 4 de agosto la doctora Carmen Miedes Lajusticia era arrestada y conducida al edificio de la Diputación, donde la encerraron en la misma celda en la que ya estaban las monjas de clausura del convento de San Juan de la Penitencia.
Allí se puso a rezar. Estaba orando cuando seis matones entraron en la celda, la hicieron salir y la sacaron por la puerta trasera del edificio, donde, después de ser insultada y perseguida, un miliciano la sometió a martirio;finalmente, la asesinaron. Dejaron el cadáver abandonado ahí mismo durante todo el día, no sin antes con betún pintarle un bigote con guías. No le perdonaron los marxistas la valentía cívica de su testimonio en el juicio contra los asesinos del industrial Moraleda, crimen que ella había presenciado desde el balcón de su casa aquella noche de agosto de 1934 cuando los tres camareros que acabaron con su vida, habían sido, elegidos al azar, comisionados por los sindicatos marxistas para llevar a cabo tan canallesca acción.
Desde que se conoció la sentencia condenatoria de los asesinos, por la luz que ella había aportado al proceso, al ser la principal testigo de cargo, le cantaron estribillos anunciando su muerte. La odiaban también por ser una persona profundamente religiosa. No olvidaban que el comercio de droguería, propiedad de su familia, que regentaban en la calle del Comercio, era un refugio en la clandestinidad de los escuadristas de Falange durante los meses de persecución y clausura de su Centro de Zocodover. No podían omitir el hecho de que su hermano Joaquín estaba afiliado a Falange Española y era uno de los que estaban dentro del Alcázar defendiendo el bastión alcazareño. Tampoco la indultaba el hecho de que ella fuera militante de la Sección Femenina de Falange. Carmen Miedes entregó la vida por sus ideales. El Padre Getino la llamó «protomártir de Toledo».
Carmen vivía en la calle de las Armas. En los primeros días de agosto de 1936 una familia conocida le pidió que se quedara a vivir en su casa para atender a una hija enferma que precisaba atención médica constante. Gracias a los desvelos y a la profesionalidad de la Dra. Carmen, la niña entró en una fase de franca recuperación. Al verse los padres aliviados por la mejoría de su hija, teniendo miedo de que los marxistas descubriesen dónde estaba Carmen, le dijeron que tenía que abandonar la casa porque les podía comprometer.
Antes de Carmen ya habían asesinado a su padre, don Mariano, y a un hermano, Luis. Otros dos hermanos, Mariano y Joaquín, luchaban como valientes en el Alcázar. Este último, falangista, moriría más tarde en la División Azul”.


Ojalá algún día este criminal episodio del Frente Popular en Toledo llegara a conocimiento de todos los militantes, afiliados y simpatizantes de la coalición de Izquierda Unida (si es que no lo conocen ya). Y si esgrimen razones ideológicas para no darle crédito, no estaría mal que echaran un vistazo a las declaraciones del histórico militar comunista Enrique Líster: Para las fuerzas republicanas, Toledo pasará a la Historia como una de sus mayores vergüenzas… Por parte del mando republicano en ningún momento hubo verdadero plan ni se tomaron las medidas necesarias para la conquista del Alcázar. Durante más de dos meses, de cuatro a cinco mil hombres (la mayoría anarquistas) acompañados de varios centenares de “señoras” también con pañuelito rojo y negro, traídas de los burdeles de Madrid, se dieron la gran vida”. Probablemente aludan al conocido enfrentamiento entre comunistas y anarquistas dentro del bando frentepopulista durante la Guerra Civil; si así fuera, podrían explicarnos entonces por qué se empeñan tanto en ofrecer una imagen idílica de su gobierno y de su bando cuando cualquier investigación mínimamente seria destruye ese mito de los “defensores de la libertad y la democracia”.
Por si lo anterior no fuera poco, el artículo de un tal Ángel Manuel González Fernández (imagino que el mismo autor de otro artículo sobre la Guerra Civil), expone una radiografía muy siniestra de ese personaje tan alabado por los comunistas de hoy, un tipo que también pasó por la localidad toledana de Mora: “Cuando califiqué de asesino al comunista Enrique Líster, comandante de la XI División del Frente Popular: El chantaje de la izquierda. Las falsedades de la Guerra Civil española. Madrid, 2004, p. 44, algunos se indignaron y se indignan ante esa afirmación; pero fue el mismo Líster quien hasta el último día de su vida se ufanó y justificó sus asesinatos como la cosa más normal del mundo.
Lo primero que hay que recordar es que Líster tenía su cuartel general en Madrid en la calle Lista números 25 y 29, y su checa Lista 29, en donde se interrogó, torturó y se llevó a cabo más de 70 asesinatos registrados por la Causa General: Causa General, Madrid, 1943, p. 86.
Entre los muchos asesinatos de Líster están los ocurridos el 19 de mayo de 1937 en Mora de Toledo, cuando asumiendo el mando sin orden de sus superiores se tomó la justicia por su mano.
Los anarquistas le acusarían de asesinar a “más de sesenta trabajadores”: CNT, 29 de mayo de 1937, p. 4; pero sólo se conoce con nombres y apellidos el de 21 personas asesinadas por motivos políticos y religiosos, y también la ejecución de unos milicianos cuyo número se desconoce.
Dice Líster: “El 19 llegamos a Mora de vuelta del frente y acantonamos las fuerzas en los alrededores, controlando así las salidas o entradas en el pueblo”, y después publicó “un Bando por el que se ordenaba a todos los militares presentarse en la Comandancia en un plazo de varias horas. Una parte se presentó y fueron enviados a sus unidades en primera línea, otros por el contrario, intentaron escapar (…) pero todos ellos fueron detenidos”: Enrique Líster. Nuestra guerra. París, 1966, p. 126. Esos milicianos que intentaron escapar junto con otros detenidos pertenecían a la XLVI Brigada Mixta y se cree que fueron ejecutados. También ordenó el asesinato de 20 personas, y el día 25 antes de su partida fusiló al ex comunista y militante anarquista Francisco González Moreno.
“Pasaremos, órgano de la 11ª división. Num. 28 de 5 de junio de 1937”, hace una relación de los 21 asesinados a los que denomina “desaparecidos”, y del anarquista Francisco González Moreno, otro “desaparecido”, afirma que era un “chulo y matón, dicho elemento le detuvieron en el pueblo unos milicianos que se desconoce a qué Brigada pertenecían, y desde entonces se ignora su paradero, 29 de mayo de 1937”
De entre esos 21 “desaparecidos” que Líster ordenó asesinar y cuyos delitos según él “eran numerosos, graves, y en algunos casos monstruosos”: Nuestra lucha, p. 126, figuraban cinco mujeres, las hermanas María de los Dolores y María del Carmen Cano Sobreroca, “propagandistas descaradas y activas de Acción Católica”, así sentenciaba Pasaremos (5-6-1937). Otras tres hermanas más, Cándida, Carmen y Edmunda López-Romero Gómez del Pulgar, y que según Pasaremos (5-6-1937), estaban “afiliadas a Acción Católica y Acción Popular. Eran las tres las cabezas dirigentes de la reacción”. En realidad Cándida no era de Acción Católica sino monja teresiana, que se hizo pasar por su hermana casada que tenía hijos pequeños.
De esas mujeres asesinadas Antonio Montero Moreno escribe lo siguiente: “Posteriormente, entrando ya el año 40, pudo averiguarse que todos ellos habían sido asesinados en las inmediaciones de la fábrica de harinas y sepultados en una zanja abierta al efecto en pleno campo. Lo más grave del caso es que, según acredita la exhumación de los cadáveres, las víctimas sufrieron horribles mutilaciones, probablemente antes de morir. En los restos de la madre Cándida apreciaron sus familiares que tenía el cráneo hundido, posiblemente por un golpe de hacha; la mano derecha separada del brazo y cortado uno de los pies”.
Y más adelante añade Antonio Montero Moreno: “En aquel grupo figuraban, asimismo, las hermanas Dolores y María del Carmen Cano Sobrerroca, dos jóvenes de Acción Católica, que dejaron tras sí un ejemplarísimo historial apostólico. También sobre sus cadáveres se han apreciado amputaciones de la mano derecha y señales de haber sido muertas a puñaladas”: Historia de la persecución religiosa en España 1936-1939. Madrid, 1961, pp. 524 y 525. Y también, “Cándida López Romero” y “Carmen Cano Sobreroca” en www.persecuciónreligiosa.es.
Preguntado en una entrevista en el año 1977, Enrique Líster respondió sobre aquellos asesinatos: “Luego me acusaron de que yo había fusilado y tal y cual; y yo he respondido que sí, que yo he fusilado, y que estoy dispuesto a hacerlo cuantas veces haga falta. Porque yo no hago la guerra para proteger a bandidos ni para explotar a los campesinos; yo hago la guerra para que el pueblo tenga la libertad”: Triunfo, 19 de noviembre de 1977, p. 41. Enrique Líster: las trincheras de la guerra.
El italiano de las Brigadas Internacionales Carlo Penchienati, que fue comandante de la Brigada Garibaldi y que acompañó a las tropas del Frente Popular en su retirada a la frontera francesa, acusó a Enrique Líster del asesinato de 24 personas del hospital militar de Bañolas. El hecho ocurrió en la madrugada del 7 de febrero de 1939, cuando Líster en retirada con sus tropas y heridos ordenó la evacuación del hospital de Bañolas, obligando al personal sanitario a acompañarles, y nada más pasar Figueras, en Vilasacra fueron asesinados. De esos 24 asesinados tres eran enfermeras, y una de ellas era Gerti de Gimeno ciudadana austriaca y esposa del director del hospital, asesinada por el ayudante de Líster: Carlo Penchienati. I giustiziati accusano. Brigate Internazionali in Spagna. Roma, 1965, pp. 173 y 174.
Además de este hecho también se ha constatado que en su retirada hacia la frontera francesa, las tropas de Líster muy probablemente habían cometido asesinatos en poblaciones como “Vallès, Terrassa, Palau de Plegamans, les Franqueses, Cardeden, Arbúcies, etc”: Josep M. Solè i Sabatè . Joan Villarroya i Font. La repressió a la reraguarda de Catalunya. Barcelona, 1989, vol. I, pp. 323, 330 a 332.
El periodista y comunicador Julián Lago siempre fue una persona muy singular, y creo recordar que fue a finales de los 80 o principios de los 90 cuando relató en televisión una anécdota sobre Enrique Líster, y que al final terminaba diciendo de él: “Esa era la catadura moral del personaje”. La anécdota la recogió en el libro que escribió un año antes de morir, y es como sigue:
A Julián Lago le pareció una buena idea reunir en una comida a dos personajes de la Guerra Civil, al general Prieto por parte de los nacionales y a Líster por el Frente Popular. Durante la comida Líster quiso ser gracioso y contó lo siguiente:
“- Un día unos milicianos se acercaron para decirme: “Camarada comandante, hay entre nosotros un sacerdote que quiere decirnos misa”. A lo que yo contesté a los milicianos: “Pues que la diga”.
_ ¿Y lo autorizaste, general? –Prieto de vez en cuando daba tratamiento de general a Líster, quien en aquel momento disfrutaba de una fabada que había pedido y cuyo caldo dibujaba de pimentón las comisuras de sus reventones labios.
- Claro, claro, autoricé al curilla aquel a que dijera misa.
- Y luego le mandaste fusilar.
- Por supuesto.
Se produjo entonces un cruce de miradas que hablaban sin hablar entre el general Prieto y el payaso y en medio del ruido de fondo del trasiego del mesón de Fuencarral se hizo un silencio, roto de nuevo por Líster.
- ¿Cómo iba yo a tolerar que en el Quinto Regimiento hubiera un cura que nos dijera misa?”: Julián Lago. Un hombre solo. Barcelona, 2008, p. 129
”.

La mentira como parte de la propaganda política no es nada nuevo en la izquierda. En lo referente a Toledo, el citado José Luis Jerez Riesco ya explicó en su libro sobre la Falange toledana que, el sábado 25 de julio,la Unión Radio Madrileña, anunció con énfasis que el Alcázar se había rendido; incluso la prensa roja, como el diario Ahora, de Madrid, publicó la noticia a cuatro columnas, ilustrándola con fotografías trucadas, en las que se veía la salida de los defensores entregándose, a las que añadía el siguiente texto: «De cinco en cinco, desarmados y con los brazos en alto, salen del Alcázar toledano los rebeldes que lo defendían». Ello motivó que el Capitán Alba se decidiera a enlazar con las fuerzas del General Mola, que operaban ya en la Sierra de Guadarrama, para desmentir el hecho, aunque no llegaría a cumplir su misión, porque fue descubierto y asesinado en el acto en el pueblo de Burujón”.

En el año 2013, todos los toledanos saben que los defensores del Alcázar resistieron al enemigo frentepopulista de manera heroica y que, por muchas bombas que les arrojaron y por muchas noticias falsas que publicaran, los combatientes del bando nacional jamás pensaron en rendirse. Esto se llama Historia y nunca podrá borrarse, porque los hechos ocurridos pueden con todas las falsificaciones y tergiversaciones que se les echen encima. Izquierda Unida podrá conseguir la retirada de todas las placas que le vengan en gana, pero nunca conseguirá cambiar lo sucedido en España, por mucho que le pese; por eso, si de verdad les interesa ser honestos y contar la verdad histórica, podrían empezar por hablar de la ideología dictatorial y criminal que todavía siguen defendiendo hoy pese al negro pasado que arrastra (que no va a desaparecer por negarlo y transformarlo en “democracia”).