27 de noviembre de 2013

De Blanquerna a la Complutense



La Facultad de Derecho de la Universidad Complutense de Madrid sufrió el pasado miércoles un asalto por parte de elementos de la llamada “extrema izquierda” (los medios citan a dos organizaciones como implicadas: el Bloque Antifascista de Estudiantes y las Juventudes Libertarias). Como era de esperar, los mismos políticos que clamaron indignadísimos por el incidente de Blanquerna no han mostrado ninguna preocupación por la paliza que recibieron cinco estudiantes dentro de un recinto universitario público. Y tampoco, salvo sorpresa de última hora, veremos en La Sexta reportajes que con el título de “Anarquistas” o “Ultraizquierda” se expresen en los siguientes términos: “Son admiradores de la banda terrorista ETA, responsable del asesinato de cientos de personas durante las últimas décadas. Actúan con el rostro tapado y en grupos numerosos para pasar desapercibidos y evitar las sanciones penales. Con total impunidad gracias al rector, y sin que ningún trabajador de la Universidad les expulse, agreden a cinco estudiantes por razones ideológicas y sin que medie ninguna provocación”.

Aunque está claro que lo de Blanquerna no puede compararse ni de lejos con lo de la Complutense. En Blanquerna se celebraba un acto separatista y antiespañol que fue reventado de manera pacífica por unas personas a las que se acusó de utilizar un gas y de intentar agredir a los presentes (hechos que luego fueron desmentidos, conociéndose incluso que el gas salió de uno de los separatistas y que el único que quiso agredir a alguien fue un político); en la Complutense, un cambio, una Facultad es asaltada por una turba que se dirige hacia un grupo de personas en concreto con la intención de agredir. Puestos sobre la misma balanza, es evidente que el asalto a la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense ha tenido más de acción delictiva que la protesta pacífica de Blanquerna.

Mi intención no es apelar al pacifismo y a la democracia (eso se lo dejo a los farsantes, a los ilusos y a los políticos profesionales). Porque es evidente que no se puede comparar una protesta pacífica ante las napias de quienes llevan décadas arruinando y fomentando la ruptura de España con el ataque de unas personas cuyas despreciables ideas no tienen sitio para nada nuevo, positivo y creador, sino para el odio y el mal, hacia estudiantes que defienden la identidad nacional y católica de España. Y porque una acción, por muy violenta que sea, sólo se justifica moralmente si sirve para que los enemigos de la Patria y de la Justicia Social prueben su propia medicina y para defender la unidad nacional y un orden económico y social más justo.


No es cuestión de varas de medir igualitarias lo que debe defenderse, sino la Verdad y la Justicia. Y éstas, por suerte, nunca estarán del lado de unas personas que sólo saben vomitar odio y bilis cada vez que se juntan para reivindicar algo. ¿Qué credibilidad tienen los que apelan a la Libertad como valor absoluto pero siempre y cuando todo transcurra bajo sus órdenes? Dios quiera que algún día haya alguien que tenga el talento, la capacidad y el valor de estudiar, analizar y desarrollar el complejo dictatorial que padece el anarquismo… entonces todos los españoles habremos ganado el desenmascaramiento de una de las mayores farsas de la Historia de la Humanidad.

http://jovenes-falangistas.blogspot.com.es/2013/11/de-blanquerna-la-complutense.html

Este artículo fue publicado en la bitácora Jóvenes Falangistas el 27 de noviembre de 2013

20 de noviembre de 2013

Gracias, José Antonio


La muerte es un acto de servicio. Ni más ni menos. No hay, pues, que adoptar actitudes especiales ante los que caen. No hay sino seguir cada cual en su puesto, como estaba en su puesto el camarada caído cuando le elevaron a la condición de mártir” (José Antonio Primo de Rivera)

Me resulta difícil escribir sobre José Antonio. Probablemente ya no quede nada que decir sobre él, salvo insistir en que su pensamiento y su propuesta de ética y estilo se encuentran hoy más vigentes que nunca. En una sociedad espiritualmente materialista y decadente, donde sólo importa el bienestar y el consumo, urge más que nunca una mentalidad de servicio a España y al prójimo que anteponga el bien común de la sociedad y de las personas que la componen sobre el bien particular de cada uno; igualmente, en un mundo occidental en el que ya no existen izquierda y derecha porque la democracia liberal y el capitalismo copan todos los puestos de poder, la superación de esas dos incompletas concepciones resulta más necesaria que nunca. Poco más puedo aportar sin caer en sentimentalismos y en mitificaciones que nada ayudan a una adecuada valoración de su propuesta política, económica y social.

A lo mejor no es del todo correcto, pero hablaré de cómo ha influido José Antonio en el tipo que soy ahora. Gracias a José Antonio supe que el mundo iba más allá del instituto, los “amigos” y el botellón, que la vida sólo merecía la pena si se servía a unos ideales superiores a nosotros y no al círculo vicioso de dedicarse y pensar sólo en uno mismo. Gracias a José Antonio deseché la idea de tener una existencia cómoda, apacible y a rebosar de bienes materiales (que supuestamente conseguiría en el futuro tras años de estudio y de trabajo) y aprendí que no importa el número de años que un ser humano vive, sino cómo y a qué los dedica y la huella que deja en el futuro para las generaciones venideras. Gracias a José Antonio renuncié a los mitos democráticos, filantrópicos y buenistas y aprendí que a las personas se las valora por lo que defienden y cómo lo hacen y no por lo más o menos simpáticas que puedan resultar. Realmente, gracias a José Antonio dejé de ser un niñato más y me puse en el camino correcto para llegar a ser un hombre algún día.


Porque el gran valor de José Antonio, por encima de sus ideas, estuvo en su actitud personal. Al contrario que otros dirigentes políticos, él exigió a su gente el sacrificio por y para España y cumplió cuando le llegó el turno en aquella triste e invernal mañana de Alicante. Ser un modelo de ética y conducta es lo que distinguió a la Falange y a José Antonio de los demás movimientos y líderes políticos. Los falangistas no podemos simplemente defender unas ideas, también tenemos que luchar por llevar a la práctica un estilo de vida (inspirado en la moral católica, guste o no); ser falangista no es algo que se consiga de la noche a la mañana, sino que necesita muchos años de trabajo, estudio y sacrificio. Cuanto más pasan los días, más me doy cuenta de lo lejos que estoy de ser el modelo de hombre nuevo que proponemos y del largo camino que tengo por delante. Pero confío en que algún día pueda tener el honor de merecer una camisa azul con el yugo y las flechas bordados. Y que Dios me niegue el descanso y la paz hasta que sepa ganar para España la cosecha que sembró la muerte de José Antonio.

17 de noviembre de 2013

#JoseAntonioPresente, el 20 de noviembre a las 22:00 en Twitter



El próximo miércoles 20 de noviembre se cumplirán 77 años del asesinato de José Antonio Primo de Rivera a manos del “democrático” Frente Popular. Para contribuir a los actos de homenaje y misas que se celebrarán en su recuerdo en varios lugares de España, proponemos que los miembros de la red social Twitter escriban #JoseAntonioPresente a partir de las 22:00 horas para recordar los ideales que nos dejó (Patria, Justicia y Revolución) y en los que hoy seguimos creyendo muchos más de lo que parece. José Antonio, más que un dirigente político, fue todo un ejemplo de entrega a un ideal y la última oportunidad de los hombres de su tiempo para unir la lucha por una Patria fuerte y unida con una justicia social que alcanzara a todos los hombres.
Los españoles tienen que conocer la verdad sobre el pensamiento y obra de José Antonio y una red social como Twitter, con millones de usuarios, es una herramienta excelente para ello. La juventud española, especialmente, necesita una bandera que la aglutine para luchar por un futuro más digno y justo, en el que nuestra nación no se encuentre bajo el yugo de los grandes capitales y de instituciones políticas internacionales.
Creemos que la propuesta política de José Antonio está hoy, en el año 2013, de rabiosa actualidad. Porque no queremos un pueblo siervo de mercaderes y usureros. Porque no podemos permitir que los asesinos y criminales salgan de prisión y amenacen a la sociedad española. Porque queremos una justicia que alcance a todos los seres humanos en todos los ámbitos de su vida. Porque creemos que la vida no sirve para nada si no se la dedica al servicio de un ideal superior a nosotros. Porque amamos la diversidad y riqueza de España y de sus gentes. Porque somos apasionadamente españoles y universales a la vez, ya que seguimos creyendo que España cumplió un gran servicio a la Humanidad y no sólo dentro de sus fronteras. Y porque sabemos que el mejor homenaje a José Antonio es continuar luchando por los ideales que él y muchos españoles defendieron.

No lo olvidéis, el miércoles 20 de noviembre escribir en Twitter #JoseAntonioPresente a partir de las 22:00 horas. Un pequeño gesto puede ayudar a que muchos españoles comiencen a plantearse en qué país y en qué sociedad vivimos.

15 de noviembre de 2013

Curiosidades del pensamiento de Francis Parker Yockey y similitudes con José Antonio Primo de Rivera y José Ortega y Gasset



Recientemente me hice con un ejemplar de La Proclamación de Londres del Frente de Liberación Europeo, un manifiesto lanzado por el estadounidense Francis Parker Yockey en 1951 como declaración de intenciones de un nuevo movimiento de tercera vía y europeísta tras su anterior colaboración con los fascistas ingleses liderados por sir Oswald Mosley. Yockey, definido por el historiador Erik Norling como “neofascista” y “neospengleriano”, rechazó el racismo biológico que caracterizó al nacionalsocialismo alemán del periodo de entreguerras pero defendió una ideal racial de contenido “espiritual”, en la línea del filósofo fascista Julius Evola (“El ideal clásico es la raza del espíritu formativamente victoriosa sobre la de la sangre”); y, entre otras cosas, ha sido considerado como uno de los padres del movimiento nacionalrevolucionario europeo del siglo XX.

Si algo me llamó la atención del pensamiento que Yockey expuso en La Proclamación de Londres fueron un par de similitudes con la visión que había tenido del pasado europeo José Antonio Primo de Rivera.
Yockey comenzó su manifiesto con las siguientes líneas: “Desde el principio, la cultura occidental ha sido una unidad espiritual. Este hecho básico y formativo universalmente contrasta del todo con el punto de vista ignorante y superficial de aquellos que mantienen que la idea de la unidad de Occidente es nueva, un elemento técnico que sólo se puede producir a partir de una base limitada y condicionada.
Desde su nacimiento con las Cruzadas, la cultura occidental tuvo un Estado con su emperador a la cabeza, una iglesia y una religión, el Cristianismo gótico, con un papa autoritario, una raza, una nación y un pueblo que se sentía distinto y unitario, y que también era reconocido por las fuerzas exteriores. Había un estilo universal, el Gótico, que inspiró y dio forma a todo el arte, desde los oficios hasta las catedrales. Había un código ético para la relación entre los estratos culturales, la caballería occidental, creado a partir de un sentimiento del honor puramente occidental. Había un idioma universal, el latín, y una ley universal, la ley romana”. De alguna manera, el estadounidense elogió la unidad de mando y de cultura que también valoró José Antonio en un discurso pronunciado el 3 de marzo de 1935 en Valladolid: “Las edades pueden dividirse en clásicas y medias; éstas se caracterizan porque van en busca de la unidad; aquéllas son las que han encontrado esa unidad (…)
Llega el siglo XIII, el siglo de Santo Tomás. En esta época la idea de todos es la “unidad” metafísica, la unidad en Dios; cuando se tienen estas verdades absolutas todo se explica, y el mundo entero, que en este caso es Europa, funciona según la más perfecta economía de los siglos. Las universidades de París y de Salamanca razonan sobre los mismos temas en el mismo latín. El mando se ha encontrado a sí mismo. Pronto se realizará el Imperio español, que es la unidad histórica, física, espiritual y teológica”.
Para Jockey, igual que le sucedía a José Antonio, la ruptura de la sociedad europea y su posterior decadencia tuvieron su origen en el siglo XVIII y en la Revolución Francesa: “Los principales aspectos vitales retrocedieron ininterrumpidamente, antes que los aspectos exteriores, hasta finales del siglo XVIII, cuando Occidente tuvo su mayor crisis conocida hasta entonces (…) La gran crisis tomó forma política en la Revolución Francesa (…)
Esta revolución total marcó la victoria de la democracia por encima de la aristocracia, del parlamentarismo por encima del Estado, de la masa por encima de la calidad, la razón por encima de la fe, los ideales de igualdad por encima de la jerarquía orgánica (…) En una palabra, la civilización quedaba por encima de la cultura”. Comparemos las palabras anteriores con las del fundador de la Falange en su conocida conferencia en el Círculo Mercantil de Madrid el 9 de abril de 1935: “Vamos a pensar que estamos, por un instante, en el último tercio del siglo XVIII. Del siglo XIII al XVI, el mundo vivió una vida fuerte, sólida, en una armonía total; el mundo giraba alrededor de un eje. En el siglo XVI empezó esto ya a ponerse en duda. El siglo XVII introdujo el libre examen, se empezó a dudar de todo. El siglo XVII ya no creía en nada; si queréis, no creían en nada los más elegantes, los más escogidos del siglo XVIII; no creían ni siquiera en sí mismos. Empezaron a asistir a las primeras representaciones, a las primeras lecturas en que los literatos y los filósofos de la época se burlaban de esa misma sociedad afanada en festejarlos. Vemos que las mejores sátiras contra la sociedad del siglo XVIII son aplaudidas y celebradas por la misma sociedad a la que satirizaba. En este ambiente del siglo XVIII, en este siglo XVIII que todo lo reduce a conversaciones, a ironías, a filosofía delgada, nos encontramos dos figuras bastante distintas: la figura de un filósofo ginebrino y la figura de un economista escocés”. Juan Jacobo Rousseau y Adam Smith, los dos personajes históricos criticados por José Antonio, fueron los autores intelectuales de lo que sucedió en Europa desde el siglo XVIII en adelante en los terrenos de la política, la economía y la moral; que supuso el triunfo de la mediocridad sobre lo selecto, algo que sería descrito magistralmente (aunque con un cierto tono liberal) por el filósofo español José Ortega y Gasset.
Por otra parte, como veremos más adelante, Yockey también señaló cierto carácter asiático del bolchevismo soviético, al igual que las similitudes entre liberalismo y comunismo.
Y puede decirse que en lo anterior terminan las coincidencias entre José Antonio y Yockey porque éste último presenta unos tintes “antisemitas” que en el fundador de la Falange fueron casi inexistentes y anecdóticos (y digo casi porque en alguna ocasión aislada sí hizo referencia a la vinculación entre los judíos, el capitalismo y el marxismo), hecho que puede explicarse en la influyente minoría judía que sí existía (y existe) en los Estados Unidos durante los años de vida de Yockey y su nula o casi inexistente presencia en la España de preguerra que vivió José Antonio. El fenómeno del “antisemitismo” en las terceras vías siempre tuvo su razón de ser en función de la importancia de la minoría judía en el país en cuestión; de esa manera, Alemania, Rumanía y otros países del Este sí emplearon el “antisemitismo” como bandera en sus respectivos movimientos de tercera vía, mientras que en naciones como Italia y España este recurso siempre fue una etiqueta más para referirse al capitalismo internacional.

Volviendo al manifiesto de Yockey, nos encontramos con que vincula la influencia de la minoría judía ubicada en las sociedades occidentales dentro de los movimientos modernistas como una venganza por el trato recibido en el pasado por la Europa cristiana: “La cultura-estado-nación-religión-raza-pueblo del judío es un producto de una cultura que se completó y no cambió desde nuestro periodo gótico. Cuando nosotros apenas surgíamos de la era primitiva, estos extranjeros culturales se dispersaron por toda Europa.
(…)
En la cultura de que es producto el judío, una nación era una unidad de creencia, del todo independiente de la noción de territorio, de patria. Esparcido por toda Europa, el judío veía a todos los occidentales como extranjeros. No había lugar en el mundo occidental de la Cristiandad gótica, la caballería, la piedad y la sencilla economía agrícola para este extraño “sin tierras” y desarraigado con su Torá y su Talmud, su dinero y su cinismo, su ética dualista, una para él y otra para los gohim. El sentimiento general de la era gótica religiosa era que el judío era la creación del Maligno, quien le asignó el control del comercio de la usura.
(…)
Hubo protestas contra la usura que ocasionaron el saqueo y la quema de judíos. Papas y filósofos escolásticos denunciaron a los judíos. Todos los reyes occidentales, en uno u otro momento, expulsaron a poblaciones judías enteras de sus reinos. Los judíos eran colgados en masa como represalia a su usura y su falsificación. Cualquier posibilidad de asimilación del parásito por parte del huésped siempre ha sido imposible, debido al resentimiento infinitamente profundo y al imperativo de venganza que se desarrollaron en la cultura-estado-nación-raza-pueblo del judío (…)
Con la llegada del materialismo, el capitalismo, la democracia y el liberalismo, una gran ola de excitación invadió el mundo judío. El judío ha observado las potencialidades de estas cosas y ha favorecido su crecimiento de todas las maneras posibles”.
Con el curioso apelativo de “alien” y “distorsionador cultural”, Yockey ya vinculó en 1951 la presencia judía en los contenidos del cine americano de Hollywood: “Todos los aspectos de la decadencia social eran permitidos por el distorsionador cultural, que sabía reconocer en estos su valor para su programa de ascensión. Mientras tanto, divulgó y defendió todas estas formas de decadencia social para las naciones blancas y tenía mucho cuidado en mantener alejada a su cultura-estado-raza-nación-pueblo de dichas formas (…)
La degradación de la vida social no sucedió así como así, sino que fue planeada, promovida deliberadamente y divulgada, y la destrucción sistemática de toda la vida continúa hoy en día.
Los instrumentos de este asalto son las armas propagandísticas: prensa, radio, cine, teatro, educación. Actualmente, estas armas están casi por completo controladas en Europa por las fuerzas de la enfermedad cultural y la degeneración social. La principal fuente de propaganda es el cine y desde su capital, Hollywood, el judío vomita un sinfín de series de películas pervertidas para envilecer y degenerar la juventud europea, tal y como había conseguido hacer con la juventud americana (…)
El mensaje de Hollywood es el del significado total del individuo aislado, sin estado y sin raíces, fuera de la sociedad y de la familia, cuya fe se basa solamente en la ganancia de capital y en el placer erótico. No es el amor normal y saludable entre un hombre y una mujer con hijos en común el tipo de amor que predica Hollywood, sino el enfermizo-por-el-simple-placer, el placer sexual entre dos granos de arena humana, superficial y temporal. Ante éste, todos los grandes valores son dejados a un lado por Hollywood: matrimonio, honor, deber, patriotismo, austeridad, dedicación de uno mismo a una meta mayor. Esta horrible distorsión de la vida sexual ha creado la erotomanía que obsesiona a sus millones de víctimas en América, y que ha sido importada a Europa a través de la invasión americana”.

Lo cierto es que se podrá criticar su “antisemitismo” pero no puede negarse que Yockey acertó en la denuncia que hizo sobre el modelo de hombre y mentalidad que produciría la industria cinematográfica hollywoodiense. Igualmente, su comparación del demoliberalismo con el comunismo sigue siendo hoy sorprendentemente válida:
Los principales valores del comunismo eran idénticos a los de la democracia liberal: el comunismo también predicaba el significado económico de la vida, la supremacía del individuo, la sublimidad de la “felicidad”, la doctrina del paraíso terrenal, la superioridad del peor tipo de hombre, el materialismo, el criticismo, el ateísmo, el intelectualismo, el odio hacia la autoridad, el suicidio de la raza, el feminismo y el pacifismo. La única diferencia entre la democracia liberal y el comunismo en su práctica es que el comunismo era una intensificación de aquellas creencias hasta el punto en el que éstas llegaban a ser política”.

Es obvio que las ideas que expone Yockey tenían su origen en la Europa de entreguerras, a la cual hace referencia en alguna ocasión: “Todos los elementos de la enfermedad se unieron en la negación y el odio hacia el gran resurgimiento europeo de la autoridad. La conquista del etíope y silvestre paisaje de Abisinia por parte de la raza europea fue diabólicamente presentado como un “crimen” por la enfermedad demócrata-liberal-comunista judía (…)
Intentaron fomentar la guerra en la europea España en 1936. El Bolchevismo ruso envió agentes y armas, el Bolchevismo de Hollywood envió ayuda militar y financiera, el Bolchevismo judío envió líderes y organizadores. El pelotón liberal-comunista-demócrata de todo el mundo occidental, el enemigo interno de Occidente, creció entusiasta, y de sus hileras surgió una corriente de conscriptos en su misión de destrucción. Pero Europa reaccionó como una unidad y frustró la trinidad bolchevique de los enemigos externos”. Y aquí nos encontramos con un punto criticable. El mundo anglosajón (Estados Unidos e Inglaterra) mantuvo una llamativa actitud de no beligerancia hacia la España nacional y posteriormente presionaron para que el nuevo Estado no entrase en la Segunda Guerra Mundial al lado del Eje (años después, en fecha posterior a la publicación del manifiesto de Yockey, España abandonó el aislamiento internacional gracias a los Estados Unidos de América). Aunque sí es cierto que voluntarios estadounidenses del Batallón Abraham Lincoln combatieron en las filas de las Birgadas Internacionales en apoyo al Frente Popular.

Yockey, en 1951, señalaba a tres enemigos para Europa; concretamente, los Estados Unidos, la Unión Soviética y el nuevo Estado de Israel: “Europa conoce la identidad de su enemigo interno y de lo que es responsable. Sabe que es el peor enemigo de Europa porque se hace pasar por europeo, pero Europa tiene enemigos externos hacia los cuales debe adoptar una postura definitiva.
Los enemigos externos son el régimen bolchevique de Moscú, el régimen judío americano de Washington y la cultura-estado-nación-raza del judío, el cual ha creado ahora un nuevo centro de intriga en Tel Aviv y un segundo en Nueva York”.
Éste también es un punto que debe quedar claro. El pueblo judío tiene derecho a vivir en un Estado propio, sin ninguna duda; pero lo que no puede permitírsele, y para esto no tendría que servir ninguna justificación basada en su pasado histórico como pueblo errante, es que, además de oprimir a otra población, actúe como grupo de presión económico en todo el mundo. Por supuesto, hay que distinguir entre el pueblo judío como comunidad humana y los sionistas como grupo político y de presión (hace unos días, los españoles vimos cómo una fundación sionista de “filántropos” se reunía con el Rey de España y visitaba la ciudad de Toledo); por eso, como falangista me opongo al antisemitismo por odiar a una comunidad humana por sus diferencias culturales, religiosas y raciales, y al sionismo por suponer una intromisión en la libertad política y económica de las naciones.

Finalmente, no quiero dejar pasar la ocasión de mostrar una similitud existente entre Yockey y el filósofo José Ortega y Gasset en su visión sobre la inevitable unidad futura de Europa. Según propuso Yockey, “las culturas locales en Europa serán tan diversas como quieran, y disfrutarán de una perfecta autonomía en el imperio europeo ahora que la opresión del nacionalismo vertical está muerta. Cualquiera que quiera perpetuar el estatismo insignificante o un nacionalismo caduco se considera enemigo interno de Europa. Está jugando al juego de las fuerzas extraeuropeas: divide a Europa y comete traición.
(…) Sólo hay una traición ahora, la traición hacia Europa. Las naciones están muertas y Europa ha nacido”.
Décadas antes, Ortega había hablado en varias ocasiones sobre una futura unidad europea:
Ahora llega para los europeos la sazón en que Europa puede convertirse en idea nacional. Y es mucho menos utópico creerlo hoy así que lo hubiera sido vaticinar en el siglo XI la unidad de España y de Francia. El Estado nacional de Occidente, cuanto más fiel permanezca a su auténtica sustancia, más derecho va a depurarse en un gigantesco Estado continental.
(…)
Los europeos no saben vivir si no van lanzados en una gran empresa unitiva. Cuando ésta falta, se envilecen, se aflojan, se les descoyunta el alma (…) Los círculos que hasta ahora se han llamado naciones llegaron hace un siglo, o poco menos, a su máxima expansión. Ya no puede hacerse nada con ellos si no es trascenderlos. Ya no son sino pasado que se acumula en torno y bajo del europeo, aprisionándolo, lastrándolo. Con más libertad vital que nunca, sentimos todos que el aire es irrespirable dentro de cada pueblo, porque es un aire confinado. Cada nación, que antes era la gran atmósfera abierta oreada, se ha vuelto provinciana e “interior”. En la superación europea que imaginamos, la pluralidad actual no puede ni debe desaparecer (…)
Sólo la decisión de construir una gran nación con el grupo de los pueblos continentales volvería a entonar la pulsación de Europa. Volvería ésta a creer en sí misma y automáticamente a exigirse mucho, a disciplinarse” (La rebelión de las masas, 1930).
Europa no es, no será la internación, porque eso significa, en claras nociones de historia, un hueco, un vacío y nada. Europa será la ultranación. La misma inspiración que formó las naciones de Occidente sigue actuando en el subsuelo con la lenta y silente proliferación de los corales (…) Las naciones europeas llegan ahora a sus propios topes, y el topetazo será la nueva integración de Europa. Porque de eso se trata. No de laminar las naciones, sino de integrarlas, dejando al Occidente todo su rico relieve” (Epílogo para ingleses de La rebelión de las masas, 1937).
Todo pueblo occidental al llegar a su plena integración en la hora de su preponderancia ha hecho la misma sorprendente y gigantesca experiencia: que los otros pueblos europeos eran también él o, dicho viceversa, que él pertenecía a la inmensa sociedad y unidad de destino que es Europa” (Prólogo al libro Las épocas de la historia alemana de Johanes Haller, 1941).


Si algo ha tenido que quedar claro tras leer las anteriores citas es que la sociedad internacional siempre ha jugado un importante papel en la vida de las naciones, tanto en el pasado como en el presente, y así seguirá siendo en el futuro. La cooperación entre las naciones europeas terminó cogiendo forma con la actual Unión Europea, pero el resultado y lo que promete ser en el futuro quizá no sea lo mejor para la soberanía y la libertad de los países (aunque quizá Ortega y Gasset sí hubiese visto con buenos ojos el actual proyecto de Unión Europea). Y aunque el proyecto europeo de Jockey no será el que más se acerque a la idea de Europa que tengo como falangista, sí es cierto que dos de los tres enemigos de los que avisaba (liberalismo y sionismo) siguen existiendo y manejando el rumbo de los europeos. El futuro y la existencia de Europa, en resumen, pasarán porque los países europeos se quiten de encima a los usureros y especuladores, a la clase política profesional al servicio de los grandes capitales y a todos los grupos de presión que con su dinero influyen en las políticas aplicadas a los seres humanos que habitamos el continente europeo.

10 de noviembre de 2013

Felicitación a ACIMJI por su documental “La vida por un ideal”



Nuestra historia está todavía por escribir, seguro que nos equivocamos en muchas cosas, pero nadie, nadie, tiene el derecho a criticar lo que hicimos, ni ayer, ni hoy ni mañana.
El sábado algunos estaremos en el homenaje a Juan Ignacio, no fue el único caído en esos años, pero él representa a una juventud, la de los años del plomo, que quiso cambiar la historia de España” (Francisco Visedo)

La historia de los falangistas en la Transición no finaliza con el lamentable espectáculo del Palacio de Congresos en 1976. Resulta llamativo que los falangistas dediquemos tanto tiempo a hablar sobre la Guerra Civil Española (y, en el caso de algunos, a justificar y a hacerse perdonar la participación falangista en el Alzamiento Nacional) y apenas hagamos lo mismo con los Años de Plomo, periodo del cual desemboca el régimen político actual.
A veces resulta hasta entretenido teorizar sobre si la Falange y José Antonio eran demócratas o si Ramiro Ledesma era un fascista o un nazi (los que mejor me conocen saben que en el momento de escribir esto ando aguantándome una carcajada). Luego lo piensas detenidamente y te parece una enorme falta de respeto el perder el tiempo con esos asuntos cuando muchos otros que nos precedieron se dejaron la vida por esas mismas ideas que uno dice defender. No niego la importancia de la formación ideológica (clave para cualquier militante), pero la excesiva manía de sacar punta al lápiz termina por encerrarnos en una celda que nos impide conocer lo que sucede ante nuestras narices.

Felicito a la asociación In Memorian Juan Ignacio por el fruto de su trabajo. “La vida por un ideal” ha vuelto a recordarnos que el espíritu combativo de los falangistas es algo que nunca tiene que perderse, más en una época en la que se insiste tanto en democratizar y en desvirilizar a la doctrina falangista. Está claro que Juan Ignacio González no fue asesinado por defender ninguna “democracia auténtica” y que los miles de jóvenes que se jugaron la vida en aquellos años lo hicieron por la Patria, por la Justicia y por la Revolución Nacional Sindicalista.
No quiero olvidarme tampoco de Juan Domingo Martínez y del incidente del San Bao. Quizá no debería recordar esos desgraciados sucesos de hace décadas, pero hace unos meses me hirvió la sangre cuando leí comentarios criticando el “matonismo” y la “mala imagen” dada por unos falangistas y no pude evitar acordarme de aquel buen hombre que aceptó narrarnos sus aventuras y desventuras hace algo más de un año. ¿Qué hubiesen dicho de él los que decían que era lamentable lo sucedido en Blanquerna de haberse declarado falangistas en 1981?
Hay quien tiene la mala costumbre de convertir sus fobias y miedos en doctrina política sólo para que el falangismo encaje con su personalidad (y no lo digo porque yo mismo me considere muy valiente, todo lo contrario, pero sé que la historia de la Falange ha estado plagada de estacazos, disparos y muertos, sobre todo de nuestras filas; y mis limitaciones personales nunca serán excusa para edulcorar la doctrina, la ética y el estilo a mi forma de ser, más bien al revés). Dios quiera que los falangistas no tengamos que vivir otro San Bao u otro caso como el de Juan Ignacio; y no lo digo para que nos ahorremos el lamentable espectáculo de ver a falangistas apoyando al poder vigente o a nuestros enemigos ideológicos ante esas situaciones, sino porque poco nos merecemos que corra sangre de nuestra gente o que los mejores militantes con los que contamos sean condenados al ostracismo por quienes se dicen sus camaradas.

Temo que me he alargado demasiado y puede que me haya ido por las ramas. En fin, reitero mi felicitación a los miembros de In Memorian Juan Ignacio por el documental (que podría convertirse en el mejor testimonio videográfico sobre la verdad de la Transición) y por el excelente plantel del que dispusieron para hablar sobre los Años de Plomo (destaco especialmente las intervenciones del general Blas Piñar, de Guillermo Rocafort, de Martín Sáenz de Ynestrillas y de Fernando Paz, que me sorprendió muy gratamente cuando apuntó que toda democracia, independientemente de cómo se apellide, siempre conlleva un sistema capitalista).

También deseo mostrar mi respeto por Juan Ignacio González, Juan Domingo Martínez y todos los falangistas que lucharon en los Años de Plomo por la Patria, la Justicia y la Revolución Nacional Sindicalista; con el deseo de que algún día seamos dignos de llamarnos camaradas suyos.

http://www.hispaniainfo.es/web/2013/11/10/felicitacion-a-acimji-por-su-documental-la-vida-por-un-ideal/

Este artículo fue publicado en el portal Hispaniainfo el 10 de noviembre de 2013

6 de noviembre de 2013

Amanecer Dorado estorba a la oligarquía capitalista y a los políticos profesionales de Grecia



El viernes 1 de noviembre fueron asesinados en Atenas dos militantes de la formación nacionalsocialista griega Amanecer Dorado. La prensa española oficial, concretamente El Mundo, informaba así de lo sucedido: “Grecia se sume en la violencia extremista. Dos miembros del partido neonazi Amanecer Dorado han sido asesinados en la tarde de este viernes. El crimen ha tenido lugar a las afueras de las oficinas del partido en Neo Iraklio, un barrio de la capital, Atenas. Dos hombres armados a bordo de una motocicleta abrieron fuego contra el edificio, hiriendo de muerte a los dos fallecidos. Los pistoleros llevaban casco y no han podido ser identificados (…) Habrían utilizado una pistola con balas de nueve milímetros. La prensa helena ha destacado la "profesionalidad" y la puntería de los asesinos”.
Durante las últimas semanas han sido habituales las detenciones de importantes dirigentes de Amanecer Dorado, con la principal excusa del desgraciado asesinato de un rapero antifascista por simpatizante de los nacionalsocialistas griegos. También se les ha acusado de ejercer la violencia gratuita, un método que nunca ha sido rechazado por sus más viscerales detractores. La inmunidad parlamentaria, la misma que impide que los despilfarradores del dinero público vayan a prisión, esta vez no ha servido de nada.

Nunca he considerado a Amanecer Dorado como una referencia ideológica (éste es el mejor artículo que he leído hasta ahora sobre ellos, donde se les analiza en lo ideológico sin prejuicios ni tópicos baratos), pero sí en la cuestión estratégica. Es una organización que ha sabido trabajar pacientemente durante décadas, defendiendo sin complejos su ideario ante sus compatriotas y ayudando a los más afectados por el sistema económico capitalista; y todo ello teniendo que soportar tanto las críticas de los partidos políticos demoliberales como los ataques violentos de anarquistas y comunistas.
Gracias al Movimiento Social Republicano y a su portal Tribuna de Europa hemos podido conocer su programa, del cual rechazo como falangista los siguientes apartados:
Para resolver el problema del desempleo, Amanecer Dorado sugiere una solución inmediata y un medio: la deportación de inmigrantes ilegales y centrarse en la producción nacional.
Cada trabajador extranjero equivale a un griego en paro: La deportación de todos los inmigrantes ilegales significaría cientos de miles de nuevos empleos para los griegos” (sin embargo, a continuación reconocen lo siguiente: “Pero hay que señalar que la presencia de inmigrantes ilegales en el país ayudó no sólo a los capitalistas, que ganaron millones debido a los bajos salarios. También fueron utilizados por miles de nuestros compatriotas que decidieron abandonar sus tierras y su trabajo para jugar a fingir ser “capitalistas”, enviando inmigrantes ilegales a las obras de construcción y a las granjas”).
Ninguna prestación de asistencia sanitaria a los inmigrantes ilegales, a excepción de casos de emergencia. Los hospitales griegos deben dejar de tratar a las personas que han entrado en el país ilegalmente y perder cientos de millones de fondos públicos. El “turismo sanitario” de los países balcánicos también se detendrá. Se dará estricta prioridad a los pacientes griegos que han invertido muchísimo en el sistema de salud pública y han terminado a la espera en la cola, detrás de los extranjeros”.
Amanecer Dorado distingue a los ciudadanos griegos de los extranjeros que residen ilegalmente en el país y, por supuesto, de los invasores inmigrantes ilegales (ilegales o legalizados ilegalmente). Los inmigrantes ilegales son un ejército invasor informal, que descompone la estructura social y lleva nuestra identidad nacional al olvido. Los inmigrantes ilegales, siendo ajenos a la sociedad griega, deben ser deportados de inmediato:
- Detención inmediata y deportación de los inmigrantes ilegales a sus países de origen. Hasta su repatriación definitiva, serán trasladados a centros de detención especializados, lejos de las zonas residenciales, donde las condiciones no serán tan lujosas como ahora.
- El fenómeno de los ilegales que permanecen en prisión para siempre, viviendo con aire acondicionado, comida gratis y otros lujos que cientos de miles de ciudadanos griegos no pueden disfrutar, es inaceptable y se detendrá inmediatamente.
- Cualquier delito cometido por un extranjero será considerado estatutario. Las sentencias no serán pagadas en prisión, sino en centros de detención especializados donde los delincuentes trabajarán para el beneficio del pueblo.
- Los comerciantes extranjeros ilegales serán combatidos y las remesas que envían a sus países serán controladas estrictamente de forma fiscal. La enorme pérdida de ingresos para el Estado griego se detendrá. Tolerancia cero para las redes internacionales de contrabando”. 
Segregación de estudiantes griegos y extranjeros en educación primaria y secundaria, a fin de no reducir el nivel educativo de la lengua griega a causa de la debilidad de los foráneos”.
Amanecer Dorado se opone a la separación Iglesia-Estado. Buscará restaurar el prestigio de la Iglesia y removerá todos los miembros decadentes e internacionalistas del clero”.
No puedo compartir su demagogia populista sobre la inmigración (porque los problemas económicos no pueden valorarse de una forma tan simple, sobre todo porque sería muy complejo analizar en qué trabajan los inmigrantes en Grecia y cuál es la calificación profesional de los griegos “desplazados” por los extranjeros) y su postura de dominio e intervención del Estado sobre la Iglesia (aunque, en el caso ortodoxo, eso ha sido algo más habitual que con la Iglesia Católica); pero el resto del programa de Amanecer Dorado, en lo que se refiere a reivindicar la libertad, la soberanía y el orgullo nacional de Grecia, me parece muy noble y digno de ser defendido.

Un vídeo sobre el trágico asesinato de los dos jóvenes militantes de Amanecer Dorado ha sido difundido hace poco. Se puede ver cómo el autor de los disparos se acerca a ellos y dispara a sangre fría. No parece la obra de militantes anarquistas o marxistas, por muy curtidos en la violencia que éstos puedan estar, más bien parece un atentado propio de profesionales. La acción apesta a cloaca del Estado porque la democracia liberal nunca tuvo problemas en ignorar los principios políticos y sociales sobre los que se edifica su “Estado de Derecho” para quitarse de en medio a alguien que molestara más de lo permisible hasta cierto punto para dar sensación de libertad; y en Grecia, desde hace tiempo, Amanecer Dorado está dando muchos quebraderos de cabeza a políticos profesionales y a oligarcas capitalistas, por no hablar de la preocupación que ha provocado en los demás países de la Unión Europea, que ven con preocupación el “contagio populista”.


Amanecer Dorado defenderá ideas condenables, pero no son los malos de esta película; al fin y al cabo, las injusticias y las políticas de la democracia liberal y del capitalismo tienden a provocar la aparición de fenómenos que nunca surgirían en una sociedad que defendiera la concepción cristiana del hombre y de la Historia. Las víctimas, como siempre, son la sociedad presa de un sistema materialista, apátrida e inmoral y, en esta ocasión, dos jóvenes griegos que luchaban por un futuro mejor para las suyos (al margen de lo mejor o peor que nos parezcan sus ideas). Los verdaderos culpables de lo sucedido son los poderosos que han llevado a la ruina al pueblo griego. Y lo malo es que van camino de completar su obra a costa de dar a elegir a los griegos entre el caos demoliberal, el totalitarismo comunista o el racismo con tintes paganos. Sólo cabe esperar que Amanecer Dorado, si algún día llega al poder, no repita los errores de sus predecesores ideológicos.

2 de noviembre de 2013

La aristocracia participativa frente a la democracia



Me veo en la obligación de volver a hablar de estos escritos que expondré a continuación para intentar dar fin al debate suscitado en este portal (que yo mismo he contribuido a perpetuar) sobre la democracia, su significado y qué somos los falangistas al respecto. Creo que en su momento ya dejé bien claro que no era lo mismo un sistema participativo que uno democrático y que José Antonio nunca fue partidario de ese mito que conocemos como “democracia”, pero intentaré explicarlo nuevamente.

El tercer número del diario Arriba, el 4 de abril de 1935, publicó una conferencia de José Antonio Primo de Rivera titulada “Estado, individuo y libertad”, que finalizaba con los siguientes párrafos: El Estado se encastilla en su soberanía: el individuo, en la suya; los dos luchan por su derecho a hacer lo que les venga en gana. El pleito no tiene solución. Pero hay una salida justa y fecunda para esta pugna si se plantea sobre bases diferentes. Desaparece ese antagonismo destructor en cuanto se concibe el problema del individuo frente al Estado, no como una competencia de poderes y derechos, sino como un cumplimiento de fines de destinos. La Patria es una unidad de destino en lo universal, y el individuo, el portador de una misión peculiar en la armonía del Estado. No caben así disputas de ningún género; el Estado no puede ser traidor a su tarea, ni el individuo puede dejar de colaborar con la suya en el orden perfecto de la vida de su nación.
(…)
Aceptada esta definición del ser –portador de una misión, unidad cumplidora de un destino–, florece la noble, grande y robusta concepción del "servicio". Si nadie existe sino como ejecutor de una tarea, se alcanza precisamente la personalidad, la unidad y la libertad propias "sirviendo" en la armonía total ¡Se abre una era de infinita fecundidad al lograr la armonía y la unidad de los seres! Nadie se siente doble, disperso, contradictorio entre lo que es realidad y lo que en la vida pública representa. Interviene, pues, el individuo en el Estado como cumplidor de una función, y no por medio de los partidos políticos; no como representante de una falsa soberanía, sino por tener un oficio, una familia, por pertenecer a un municipio. Si es así, a la vez que laborioso operario, depositario del poder.
Los sindicatos son cofradías profesionales, hermandades de trabajadores, pero a la vez órganos verticales en la integridad del Estado. Y al cumplir el humilde quehacer cotidiano y particular se tiene la seguridad de que se es órgano vivo e imprescindible en el cuerpo de la Patria. Se descarga así el Estado de mil menesteres que ahora innecesariamente desempeñan. Sólo se reserva los de su misión ante el mundo, ante la Historia. Ya el Estado, síntesis de tantas actividades fecundas, cuida de su destino universal. Y como el jefe es el que tiene encomendada la tarea más alta, es él el que más sirve. Coordinador de los múltiples destinos particulares, rector del rumbo de la gran nave de la Patria, es el primer servidor; es como quien encarna la más alta magistratura de la tierra, "siervo de los siervos de Dios"”.
Cinco días después, el 9 de abril de 1935, José Antonio pronunciaba su célebre conferencia “Ante una encrucijada en la historia política y económica del mundo” en el Círculo Mercantil de Madrid, discurso del que merecen destacarse los siguientes párrafos: “El hombre ha sido desintegrado, ha sido desarraigado, se ha convertido, como os decía antes, en un número en las listas electorales y en un número en la cola de la puerta de las fábricas; este hombre desintegrado lo que está pidiendo a voces es que le vuelvan a poner los pies en la tierra, que se le vuelva a armonizar con un destino colectivo, con un destino común, sencillamente –llamando a las cosas por su nombre–, con el destino de la Patria. La Patria es el único destino colectivo posible. Si lo reducimos a algo más pequeño, a la casa, al terruño, entonces nos quedamos con una relación casi física; si lo extendemos al Universo, nos perdemos en una vaguedad inasequible. La Patria es, justamente, lo que configura sobre una base física una diferenciación en lo universal; la Patria es, cabalmente, lo que une y diferencia en lo universal el destino de todo pueblo; es, como decimos nosotros siempre, una unidad de destino en lo universal.
(…)
Un Estado puede ser fuerte cuando sirva un gran destino, cuando se sienta ejecutor del gran destino de un pueblo. Si no, el Estado es tiránico. Y, generalmente, los Estados tiránicos son los más blandengues. Cuando Felipe II asistía a la entrega de un hereje a la hoguera, estaba seguro de que dejándole ir a la hoguera servía al designio de Dios. En cambio, cuando un Gobierno liberal de nuestros días tiene que fusilar a uno que ha traicionado a su Patria, no se atreve a fusilarle porque no se siente suficientemente justificado por dentro.
(…)
En un desenvolvimiento futuro que parece revolucionario y que es muy antiguo, que fue la hechura que tuvieron las viejas corporaciones europeas, se llegará a no enajenar el trabajo como una mercancía, a no conservar esta relación bilateral del trabajo, sino que todos los que intervienen en la tarea, todos los que forman y completan la economía nacional, estarán constituidos en Sindicatos Verticales, que no necesitarán ni de comités paritarios ni de piezas de enlace, porque funcionarán orgánicamente como funciona el Ejército, por ejemplo, sin que a nadie se le haya ocurrido formar comités paritarios de soldados y jefes.
(…)
La única manera de resolver la cuestión es alterando de arriba abajo la organización de la economía. Esta revolución en la economía no va a consistir –como dicen por ahí que queremos nosotros los que todo lo dicen porque se les pega al oído, sin dedicar cinco minutos a examinarlo– en la absorción del individuo por el Estado en el panteísmo estatal.
Precisamente la revolución total, la organización total de Europa, tiene que empezar por el individuo, porque el que más ha padecido con este desquiciamiento, el que ha llegado a ser una molécula pura, sin personalidad, sin sustancia, sin contenido, sin existencia, es el pobre individuo, que se ha quedado el último para percibir las ventajas de la vida. Toda la organización, toda la revolución nueva, todo el fortalecimiento del Estado y toda la reorganización económica, irán encaminados a que se incorporen al disfrute de las ventajas esas masas enormes desarraigadas por la economía liberal y por el conato comunista.
¿A eso se llama absorción del individuo por el Estado? Lo que pasa es que entonces el individuo tendrá el mismo destino que el Estado, que tendrá dos metas bien claras: lo que nosotros dijimos siempre: una, hacia afuera, afirmar a la patria; otra, hacia adentro, hacer más felices, más humanos, más participantes en la vida humana a un mayor número de hombres. Y el día en que el individuo y el Estado, integrados en una armonía total, vueltos a una armonía total, tengan un solo fin, un solo destino, una sola suerte que correr, entonces sí que podrá ser fuerte el Estado sin ser tiránico, porque sólo empleará su fortaleza para el bien y la felicidad de sus súbditos. Esto es precisamente lo que debiera ponerse a hacer España en estas horas: asumir este papel de armonizadora del destino del hombre y del destino de la Patria, darse cuenta de que el hombre no puede ser libre si no vive como un hombre, y no puede vivir como un hombre si no se le asegura un mínimo de existencia, y no puede tener un mínimo de existencia si no se le ordena la economía sobre otras bases que aumenten la posibilidad de disfrute de millones y millones de hombres, y no puede ordenarse la economía sin un Estado fuerte y organizado, y no puede haber un Estado fuerte y organizador sino al servicio de una gran unidad de destino, que es la Patria; y entonces ved cómo todo funciona mejor, ved cómo se acaba esta lucha titánica, trágica, entre el hombre y Estado que se siente opresor del hombre. Cuando se logre eso (y se puede lograr, y esa es la clave de la existencia de Europa, que así fue Europa cuando fue y así tendrán que volver a ser Europa y España), sabremos que en cada uno de nuestros actos, en el más familiar de nuestros actos, en la más humilde de nuestras tareas diarias, estamos sirviendo, al par que nuestro modesto destino individual, el destino de España y de Europa, y del mundo, el destino total y armonioso de la creación”.

Reconozco que hoy no vivimos en un sistema verdaderamente democrático si aplicamos el correcto significado de la palabra. Los partidos políticos, y no el pueblo, es quien dirige y controla toda la actividad política de las sociedades demoliberales.
Como hay quien insiste en quitarle los apellidos a la palabra democracia para no condenarla, valoraremos sólo la democracia como gobierno del pueblo. ¿Realmente ese sistema sería justo y acorde a la doctrina falangista? Imaginemos que se somete a referéndum la unidad nacional de España, el aborto o el asesinato de algunas personas por su raza. ¿Sería legítimo el resultado que saliera de ese referéndum? El referéndum sería democrático en todos los sentidos, ya que el pueblo sólo tendría que elegir entre un “Sí” o un “No” a una pregunta que se le hiciera. Ser demócrata conlleva aceptar lo que saliera de lo elegido por el pueblo, aunque esa decisión supusiera la secesión de una región española, la aprobación del asesinato de los no nacidos o el genocidio de un grupo humano por sus características raciales. Ser demócrata, en definitiva, significa aceptar una secesión, una ley aberrante o un genocidio si esa es la postura mayoritaria de la población porque, si defiende al gobierno y a la voluntad del pueblo, ¿qué legitimidad tiene el demócrata para oponerse?
Volviendo otra vez a José Antonio, recordemos estas líneas de 4 de julio de 1935: “Ya es hora de acabar con la idolatría electoral. Las muchedumbres son falibles como los individuos, y generalmente yerran más. La verdad es la verdad (aunque tenga cien votos), y la mentira es mentira (aunque tenga cien millones). Lo que hace falta es buscar con ahínco la verdad, creer en ella e imponerla, contra los menos o contra los más. Esa es la gran tarea del conductor de masas: operar sobre ellas para transformarlas, para elevarlas, para templarlas; no ponerlas a temperatura de paroxismo para después pedirles (como en el circo de Roma la plebe embriagada) decisiones de vida y muerte. Y este deber (gloriosamente duro) es tanto más apremiante en nuestra España, donde cien años de desaliento y de pereza han sumido a nuestra masa en la más desoladora mediocridad. Todo lo que se haga por sacudirla será poco. Pero mientras sólo se la halague y se la sirva, no se hará otra cosa que estabilizar la mediocridad”.
Creo que he dejado claro por qué los falangistas no podemos ser demócratas en su significado de “gobierno del pueblo”. La democracia es superstición en la bondad y en el buen juicio de las personas y de las masas, independientemente de su nivel de conocimientos sobre un determinado asunto; y también es acatamiento de lo que apoye la mayoría, por muy injusta o despreciable que sea esa decisión.

Pero a las masas no se las puede aportar de la vida política. El ser humano, si no se siente partícipe de la vida de su comunidad, tiende a encerrarse en sí mismo y a mirar sólo por sus propios intereses; los falangistas, que buscamos la participación de toda la sociedad en la tarea de construir una nueva Patria y un nuevo Estado, tenemos por ello la obligación de encauzar la participación de las personas a través de unas unidades orgánicas naturales (familia, municipio y sindicato) que no pongan en duda las materias indiscutibles. Al modelo de participación propuesto por José Antonio, si se le quiere definir de una manera correcta, no hay que calificarlo de “democrático” sino de aristocracia participativa (entendiendo aristocracia en su correcto significado de “gobierno de los mejores”). No hay que olvidar que los falangistas proponemos también un nuevo modelo de hombre, que sea libre pero dentro de un orden bien establecido y definido. Ese hombre nuevo tiene que abandonar las supersticiones democráticas y guiar su juicio por la Ley Natural y la justicia y no por las decisiones de la mayoría.
Pensemos en unas elecciones sindicales: en el modelo que proponemos los falangistas, los trabajadores elegirían a algunos compañeros de trabajo para que éstos gestionen y dirijan la empresa. Es evidente que los trabajadores no elegirían a los que más simpáticos les resultaran (como sucede en la democracia) sino a los compañeros a los que supieran mejor cualificados para el puesto por su formación académica y su ejemplo personal, ya que buscarían que el mejor gestor y director llegara al cargo porque eso les repercutiría a ellos de manera positiva. Algo similar podríamos proponer para los asuntos familiares, es decir, para los relacionados con las escuelas y asociaciones de padres: es evidente que un grupo de padres tendería a elegir como responsable en un cargo vinculado a la gestión del colegio a alguien que demostrara su interés en ese ámbito y que además tuviera buenas propuestas sobre cómo mejorar la escuela de sus hijos.
Pero la materia se complica en materia política. A unas elecciones para cargo público no podría presentarse cualquiera. ¿Pondríamos de concejal de Cultura a alguien que no haya abierto un libro en su vida? ¿Elegiríamos como concejal de Urbanismo a un señor que no sabe nada sobre las leyes del sector de la construcción? Según el modelo demócrata, esos individuos tendrían que llegar al cargo si así lo quisiera la mayoría de sus paisanos; según el modelo de la aristocracia participativa, nadie que no tenga la cualificación necesaria ni siquiera podría presentarse al cargo. Y el asunto se sigue complicando aún más si subimos hasta la política nacional. ¿Es bueno que todos puedan votar quién ocupa la Jefatura del Estado o la Presidencia de Gobierno? Con la actual sociedad española está claro que no, pero habría un par de soluciones a esto: primera, que para ejercer el derecho a voto se hubiese superado una prueba de conocimientos generales sobre Política, Derecho, Economía y Relaciones Internacionales; y segunda, que siguiésemos el modelo iraní y sólo pudieran presentarse candidatos que en ningún momento pusiesen en peligro la futura existencia del Estado Nacional Sindicalista. Porque ésa es la principal diferencia entre la democracia y la aristocracia participativa: en la democracia todo se puede poner en duda y debatir, mientras que en la aristocracia participativa habría importantes materias que nunca se pondrían en duda (familia, vida, modelo sindicalista, unidad nacional…).

Espero que haya quedado claro por qué la democracia como gobierno del pueblo es rechazable desde el ideario doctrinal falangista y por qué una aristocracia participativa sí es asimilable. Sé que habré dejado muchos detalles sin mencionar, pero los falangistas tampoco somos ahora una fuerza política tan importante como para preocuparnos de tener preparado hasta el último detalle de nuestra hipotética organización estatal.

Si alguien sigue sin entenderme, le recomiendo que eche un vistazo a lo que expuso José Ortega y Gasset en España invertebrada sobre las relaciones entre minoría dirigente y masa, entendiendo que el culto a las masas es algo propio del sistema democrático y que el respeto a los más aptos y a la jerarquía es lo propio del modelo aristocrático y falangista.

http://tradiciondigital.es/2013/11/02/la-aristocracia-participativa-frente-a-la-democracia/

http://www.hispaniainfo.es/web/2013/11/03/la-aristocracia-participativa-frente-a-la-democracia/

Este artículo fue publicado en el portal Tradición Digital el 2 de noviembre de 2013 y en el portal Hispaniainfo el 3 de noviembre de 2013

1 de noviembre de 2013

Proyecto P: Capítulo 12



Vanesa, la hija de Enrique, se puso de parto a mediados de diciembre y de madrugada. Tras vestirse con lo primero que encontró, Enrique avisó a Ahmed y a su familia, quienes dijeron que preferían seguir durmiendo y que les avisaran sólo cuando el niño estuviese listo para ser inscrito en el Registro Civil (logrando así ellos la nacionalidad). Con toda la tranquilidad que le permitían las circunstancias del momento, Enrique cruzo la gélida noche madrileña a bordo de un Mercedes que le había proporcionado el Gobierno para su trabajo (“Nosotros tenemos estos coches porque son imprescindibles para hacer nuestro trabajo”, dijo a su mujer cuando se presentó una noche con el vehículo al volver del trabajo, “mientras que los fascistas los llevan porque son unos ladrones que roban a la clase obrera”); incluso se tomó el lujo de saltarse algún semáforo, librándose de la sanción cuando los agentes de policía veían que trabajaba para el Estado. Una vez en el hospital, un grupo de enfermeras se llevó a Vanesa a la sala de parto y Enrique se quedó junto a su cónyuge en la cafetería.

Los dos últimos meses se le habían pasado muy rápido. El Gobierno liderado por lord APR, el auténtico salvador de aquel país, había tumbado la intolerante ley educativa del gobierno anterior para volver a la promovida en su momento por el Gran ZP. Además, se vivía una enorme calma social porque las huelgas y las manifestaciones habían desaparecido, a excepción de algunos grupúsculos marginales de extrema derecha a los que les escocía que la izquierda estuviera solucionando los problemas. “Déjate de estadísticas, imbécil”, le había reprochado Enrique a un tipo en un bar después de oír cómo se quejaba de la elevada tasa de desempleo que seguía existiendo en España, “que si los sindicatos no han alzado la voz por algo será, y es porque ya estamos comenzando a recuperarnos y a salvar el Estado social que los fascistas habéis querido destruir”.
Pero no sólo habían salvado al Estado social. Aunque algunos decían que perdieron, lord APR había puesto en serios apuros a los intolerantes de El Vaticano cuando les dijo a la cara, durante una reunión en Roma, que Franco no podía seguir en el Valle de los Caídos. Y, aunque el dictador siguiese en aquel lugar, Enrique consideraba que la victoria moral estaba de su parte, que por algo tenían razón siendo los únicos defensores de la libertad, de la democracia, del progreso, de la tolerancia y de mil estupendas cosas más.

Enrique no dejaba de pensar en el trabajo de los dos últimos meses mientras se bebía un café a la espera de conocer a su primer nieto. Aunque, en el fondo, estaba intranquilo por algo más que por su hija. Biby “La Miembra”, a la que creía una fiel subordinada, se había rebelado contra él por negarse a subvencionar su libro de cuentos infantiles; y aquello le tenía muy molesto no porque ella insistiera en publicar su libro (cuyo contenido le parecía una obra digna de pasar a la Historia de la Literatura Universal), sino porque le rogó por activa y por pasiva que esperara unos meses a que la oposición dejara de controlar férreamente en qué gastaban el dinero de los contribuyentes para, al menor descuido, hacer algún chanchullo con el que editar el libro de Biby. Pero ella se negó a hacerle caso, acusándole de ser un machista, y no tardó ni dos días en hacer una visita al Ministro de Educación, Cultura y Deporte, quien se las apañó para que los cuentos infantiles de Biby salieran publicados a través de una de las muchas fundaciones abiertas con dinero público después de que ésta empleara su buen hacer con las manos y con la lengua. Y, al final, había sucedido lo que temió desde el principio: la oposición descubrió lo sucedido y los medios informativos de la caverna mediática dedicaron tertulias enteras a la “inmoral” subvención que una ex ministra había recibido para unos cuentos infantiles que calificaron de “obscenos”. Al menos había tenido la suerte de que lord APR no le culpara a él del escándalo, que había costado el cargo al Ministro (“¡Qué le hubiera costado seguir las costumbres del Partido y recurrir a una señorita de compañía!”, pensó Enrique al enterarse de la noticia).

-          Ustedes son los padres de la chica que ha entrado hace una hora, supongo.
Frente a Enrique estaba un joven médico de origen ecuatoriano. Nada más verlo, Enrique pasó su móvil de última generación a su cónyuge y dijo:
-          Hazme una foto con este buen hombre. Vamos a demostrar que ésta es una sociedad multicultural y tolerante.
El médico, que llevaba varias horas trabajando y que no parecía notar las infinitas mejoras de la sanidad pública desde que gobernaba lord APR, le reprochó a Enrique:
-          ¿Usted es gilipollas?
-          ¡Pero cómo puede soltar eso! –protestó Enrique- ¡Gracias a gente como yo es por lo que estás en este país y has podido estudiar Medicina!
-          ¡Oiga, que si quiere ir de filántropo por la vida es muy libre de hacerlo, pero no me utilice a mí! ¡Anda que no he conocido a pocos que iban pregonando su amor por los extranjeros sólo para quedar bien ante el resto!
Al final, el médico se largó sin decirles nada más.
-          ¡Qué mala suerte tengo! –lamentó Enrique- Los inmigrantes son unas bellísimas personas, pero siempre me encuentro con los desagradables.

El médico no volvió a acercarse a ellos hasta la mitad de la mañana. Les anunció que, tras varias horas de parto, todo había salido bien pero les esperaba una sorpresa.
-          ¿Está bien mi hija? –preocupaba Enrique muy preocupado.
-          Su hija está perfectamente, no se preocupe… -comentaba el médico- La sorpresa se la van a llevar con el niño.
-          ¡Vaya, lo que nos faltaba, un inmigrante con prejuicios! –le soltó Enrique- Sabemos de sobra que el padre es marroquí, ¡vaya noticia!
-          ¿Marroquí? ¡Pase, pase…!
El médico guió a Enrique hasta la habitación donde se encontraba su hija, quien sostenía a una criaturita lloriqueante y cubierta por una manta entre los brazos; después, cuando llegó a la altura de la chica, el médico destapó un poco la manta.
-          ¡Me cago en la puta, si es clavadito a Michael Jackson cuando empezó en la música!

A Enrique no le supuso ningún disgusto que su hija tuviese un niño negro; al revés, a él le pareció aún mejor porque, entre los progresistas demócratas como él, presumir de tener un negro en la familia daba más prestigio que un marroquí o un sudamericano.
El problema era que Ahmed esperaba que ese niño fuera su nieto para conseguir la nacionalidad tras una década entera viviendo en España al margen de la ley. Por eso, cuando su vecino y el hijo de éste aparecieron en el hospital, Enrique se quedó pálido y mudo.
-          ¿Dónde estar niño? –preguntó Ahmed.
-          Ha habido un contratiempo, Ahmed… -comenzó a decir Enrique.
Como era incapaz de darle la noticia, al final tuvo que ser la mujer de Enrique quien lo dijera.
-          ¡Vaya zorra! –soltó Assil, que dominaba el castellano mejor que su padre- ¡Y encima con un negro, con el asco que les tengo desde que nos quitaron el monopolio de la venta de hachís en el barrio!
A Enrique aquellos comentarios le descolocaron completamente. Se los hubiera esperado en una manifestación neonazi, pero nunca en boca de un inmigrante, a los que tenía por unas bellísimas personas. Por suerte, Ahmed y Assil no se quedaron mucho tiempo con ellos y se fueron del hospital echando pestes de Enrique y de su familia, amenazando con que sería mejor que no se los encontraran.


Llegó el día que los retrógrados llamaban Navidad, el 25 de diciembre. En casa de Enrique no se celebraba, ya que aquél era un hogar laico y tolerante, pero sí se ponían las botas de gambas y entrocot de caballo, sobre todo ese año por la generosa paga extraordinaria con la que lord APR premió a los más fieles defensores de su Gobierno. Además, Enrique había logrado el sueño de todo buen demócrata progresista: comprarse un adosado. Y allí, en su nueva casa y junto a un niño idéntico al fontanero nigeriano que les había desatascado en varias ocasiones el retrete (aunque Enrique nunca comprendió por qué se atascaba con tanta frecuencia), Enrique brindó por el buen año que había sido para él y su familia el 2020, con la esperanza de que el 2021 fuese aún mejor.