26 de diciembre de 2013

A Ignacio Arsuaga, presidente de Hazte Oír



Hace varios días solicité que Hazte Oír dejara de enviarme correos electrónicos informándome de sus campañas y alertas. Pero he seguido recibiendo esos mensajes vuestros en los que disfrazáis de causas justas algo tan detestable como el liberalismo y creo tener el derecho a expresar mi malestar por ello.

Es evidente que no nos conocemos. Además de ser mucho más joven, soy uno de esos “ultras” o “extremistas” (según la denominación que emplea tu gente) a los que sólo queréis para hacer de figurantes en vuestras manifestaciones. Reconócelo. La mal llamada “ultraderecha” os viene de lujo para llevar gente a vuestros actos cuando os interesa y no tenéis ningún problema en expulsarla cuando ésta tiene la “osadía” de manifestar que el aborto sigue siendo un asesinato pese al cambio de gobernantes. Tú sabrás por qué un día llamáis a todos los españoles a manifestarse por el derecho a la vida y al siguiente apeláis a que no queréis que vayan partidos políticos (aunque si los asistentes son políticos del Partido Popular, responsable de mantener y ahora de promulgar legislaciones abortistas, no ponéis tantas pegas). Y no digas que estoy mintiendo porque precisamente conozco a personas que han sido expulsadas de esos actos vuestros por su adscripción política. Está claro que nadie me ha obligado a ir a vuestras manifestaciones. Lo reconozco: soy un gilipollas por ir a eventos organizados por gente que sólo aspira a ser un grupo de presión del Partido Popular, y lo más criticable que se me puede achacar es que encima sé cómo sois. Pero creo que el derecho a la vida es demasiado importante como para dejarlo únicamente en manos de quienes creen en algo similar a una aparición mariana (nunca mejor dicho) que cambie el parecer de Rajoy y su gobierno.

Sé de sobra cuál es tu discurso: “Existe una tensión en el Partido Popular entre dos corrientes que tratan, una de recoger el sentir de la mayoría de votantes del PP y defender valores y principios; y otra que pretende mantenerse en el poder y ganar elecciones sobre la base de renunciar a defender principios claros y amoldarse a lo que se entiende como políticamente correcto”. Estas palabras tuyas son de principios de 2012. Hoy, casi dos años después, en el Partido Popular siguen mandando los mismos y, sin embargo, nada parece indicar la existencia real de esos dos sectores de los que hablas; yo, al menos, sólo veo a un electorado preso del liberalismo y del “mal menor” y sin el coraje necesario para apoyar a otras alternativas que sí defienden el derecho a la vida sin intereses políticos de por medio, como también veo a una clase política que aprovecha la reivindicación provida para sacar provecho electoral al tiempo que subvenciona a las clínicas abortistas. Pero sigo sin ver a esas dos facciones del Partido Popular enfrentándose públicamente por el liderazgo y el programa a seguir, sólo veo a los críticos de siempre con el aborto del Partido Socialista que por fin se han estrenado con una legislación propia en la materia (hábilmente disfrazada con una denominación provida, eso sí).

Igual que los comunistas con la dictadura del proletariado y los socialdemócratas con el Estado del Bienestar, tú y tu gente queréis vendernos la idea de un paraíso terrenal que hipotéticamente surgiría de un régimen político demoliberal y constitucional donde no existirá el aborto. Pero la propia naturaleza del liberalismo es nociva para los valores morales y las justas reivindicaciones si no cuentan con el suficiente apoyo en las urnas, como la Historia ha demostrado en los dos últimos siglos; y, por mucho que algunos os empeñéis en hacer creer a la gente que vosotros representáis lo “políticamente incorrecto” para una sociedad decadente y que sufre una crisis de valores como nunca ha padecido, lamento decir que únicamente sois la cara amable y uno de los escollos que impide que termine de caer el mismo régimen político que ha legalizado y promovido aquello contra lo que os manifestáis.


No os quito a los de Hazte Oír el mérito de haber movilizado masivamente a personas que antaño sólo obedecían a las palabras que escuchaban a los dirigentes del Partido Popular por la televisión y demás medios informativos, y cuya mayor participación política era votar cada cuatro años a las mismas siglas de siempre. Pero toda esa indignación contra el crimen del aborto quedará disuelta y reducida a la nada si continúa sujeta férreamente a los deseos e intereses de un partido liberal y que nunca ha defendido los valores morales que decís representar (y mucho menos el derecho a la vida). ¿Queréis demostrar independencia y que no sois títeres del actual inquilino de La Moncloa? Alejaos del Partido Popular y denunciar que el culpable de los abortos que lleva sufriendo nuestra sociedad desde hace décadas es el régimen constitucional de 1978, con el Jefe de Estado al frente y no sólo por el Partido Socialista. Venir al lado de quienes padecemos el odio de los partidarios de la “cultura” de la muerte y el silencio de los grandes medios informativos. Pero luego no os sorprendáis de que quienes os apoyan os dejen de lado con desprecio si continuáis empeñados en seguir haciéndoles creer que el abortista Partido Popular derogará su propia legislación y de que quienes os venimos avisando de vuestro error os gritemos a pleno pulmón: “¡Ahora os quejáis y luego les votáis!”.


http://tradiciondigital.es/2013/12/26/a-ignacio-arsuaga-presidente-de-hazte-oir%E2%80%8F/

http://www.hispaniainfo.es/web/2013/12/27/a-ignacio-arsuaga-presidente-de-hazte-oir/

Este artículo fue publicado en el portal Tradición Digital el 26 de diciembre de 2013 y en el portal Hispaniainfo el 27 de diciembre de 2013

15 de diciembre de 2013

Democracia contra democracia: gana el separatismo y pierde España



El catalanismo de todas las tendencias ha lanzado su declaración de guerra tanto a Cataluña como a España. Desde los burgueses liberales (UDC y CDC) hasta los comunistas (EUiA y ICV) y los proetarras (CUP), el deseo de destruir a España como nación unida y como proyecto de futuro ha sido inmensamente mayor que sus diferencias ideológicas. A su favor cuentan, como siempre desde el 6 de diciembre de 1978 (o incluso desde antes), con la debilidad del régimen constitucional; porque, frente a los separatistas, otros liberales burgueses (PP) y dos formaciones socialdemócratas (PSC y C´s) únicamente apelan a la Constitución y a la convivencia democrática como oposición a un problema que no está dispuesto a cumplir las leyes y a quien encima se le viene facilitando el acceso al poder desde hace décadas.
¿Y qué hace el Gobierno de España? Pese a contar con una mayoría absoluta histórica en el Congreso de los Diputados, ni Mariano Rajoy ni su partido muestran una postura firme frente al problema separatista, al margen de apelar a la inconstitucionalidad de la consulta prevista para el 9 de noviembre de 2014. La posibilidad de aplicar el artículo 155 de la Constitución Española sigue estando ahí, pero sólo como último recurso y dando a entender que no les gustaría tener que llegar a ese punto.

Hay una diferencia muy grande entre quienes defendemos la unidad de España porque creemos en la Patria como misión histórica y como proyecto de futuro, y entre las fuerzas políticas del régimen constitucional de 1978. Éstas, al margen de apelar a que la secesión no está contemplada en ningún momento por la Carta Magna, llegan incluso a afirmar que la consulta es algo que, si acaso, debería plantearse a todos los españoles; en cambio, quienes defendemos la unidad de España por encima de los intereses políticos sabemos que es algo que ni siquiera tendría que plantearse en una sociedad sana. Los “unionistas” de PP, PSC y C´s estarían encantados si los separatistas, en lugar de ser un sector agresivo y hostil con quienes no se encuentran en sus filas, tuviesen el mismo talante liberal y democrático que ellos y aspirasen sólo a ocupar los cargos públicos sin cuestionar el modelo del Estado de las Autonomías. Pero a los separatistas les sucede con el Estado de las Autonomías lo mismo que le pasó al socialismo con la Segunda República Española y sólo valoran al régimen constitucional actual como una etapa de transición hacia sus fines. El separatismo tiene muy claro que estos años de los gobiernos autonómicos han sido muy provechosos en cuanto al dinero (de lo que pueden hablar especialmente los dirigentes burgueses que ahora impulsan la secesión) y a los medios (la Educación, principalmente) que el propio Estado al que querían destruir les proporcionó y ahora, con una sociedad aparentemente inclinada a su favor, buscan dar el siguiente paso.

Una cosa sí que debemos reconocer a los enemigos de España: todo esto es muy democrático (impecablemente democrático”, según el brazo político de la banda terrorista ETA). La consulta ha sido promovida por un gobierno que accedió al poder de manera acorde a la Constitución y a la legislación electoral del Estado y además ha contado con el apoyo de otras fuerzas políticas. Y, por si eso no fuera poco, pretenden preguntar a los catalanes un par de preguntas cuya respuesta puede ser compartida por personas de muy diversos ámbitos ideológicos. Desde luego, no pueden ajustarse más a lo que se entiende por democracia.
Pero esto es lo que pasa cuando en una sociedad se valoran más los medios que los fines. Todavía me acuerdo de cuando voté por primera vez en 2011 a las elecciones municipales y autonómicas (nulo, por supuesto; como falangista no podía legitimar en las urnas al régimen constitucional en ninguna de sus versiones); no dejaba de preguntarme cómo era posible que la gente idolatrara un sistema político en el que algo tan importante como los gobernantes de una nación se decidiera tras enseñar la documentación y echar papeles en una urna. Sé que hay quien piensa que esa no es la verdadera democracia, que ésa consistiría en la participación del pueblo en los asuntos que le competen y le importan, ¿pero acaso no lo sería la consulta del próximo 9 de noviembre? Si a los catalanes les preocupa el futuro de Cataluña dentro o fuera de España y acuden a votar, ¿no sería el resultado democrático? ¡Vaya que sí! ¡Lo que a muchos no les entra en la cabeza es que hay temas tan importantes que no pueden someterse a votación por mucho que el pueblo se preocupe por ellos!
Comenté que en la sociedad actual se valoran más los medios que los fines. Y con el demócrata medio así es (todo le parece válido siempre y cuando se haga de manera acorde a lo estipulado en las leyes); en cambio, al separatista también le preocupa el fin y por eso el medio (la democracia) sólo le interesa siempre y cuando le sirva para sus propósitos (la secesión). Ahora, con el mito democrático tan interiorizado en los españoles abducidos por el neoliberalismo y la socialdemocracia, al separatismo no le importa apelar a la democracia y a todas las bondades que a este modelo se le achacan para justificar sus objetivos de romper España; porque, si repasamos los antecedentes históricos, nos encontramos con que al separatismo no le importó coger las armas cuando el totalitarismo era la moda política en Europa y cuando los golpes de Estado eran algo a la orden del día. Las casualidades no existen, así que nadie puede pretender negar la evidencia de que el separatismo y la democracia no sólo van de la mano sino que forman parte del mismo mal.


La salida a todo esto no va a resultar sencilla. Aunque se diera el caso de que el Gobierno aplicara el tan mencionado artículo 155 de la Constitución, el separatismo seguiría estando ahí gracias a todos los años de cesiones educativas por parte del Estado central, porque este problema sólo puede tener salida con el fin del separatismo y no con limitarse a quitarle de las manos los instrumentos que le han convertido en el monstruo que es hoy. La única posibilidad de neutralizar al separatismo y extinguirlo (o, como poco, devolverlo al lugar marginal que le corresponde) pasa por invertir el proceso que ha sufrido Cataluña durante las últimas décadas y por educar en la verdadera cultura catalana a los más jóvenes y al resto de la sociedad. Pero para eso hace falta un Estado, un Gobierno y una formación política que sepan hacia dónde dirigir a la sociedad española y que no tengan miedo de parecer “totalitarios” o “dictatoriales” por defender la verdad y el sentido común frente a la mentira y al error que la mayoría de los españoles defiende hoy; y eso, para disgusto de quienes siguen empeñados en “votos útiles” o de quienes alaban a las supuestas “alternativas” que el propio régimen saca para auto regenerarse, no es posible con el actual modelo de Estado. El régimen constitucional de 1978 tiene que morir para que Cataluña se salve de caer presa bajo las garras del separatismo primitivo y sectario.

http://tradiciondigital.es/2013/12/16/democracia-contra-democracia-gana-el-separatismo-y-pierde-espana/

http://www.hispaniainfo.es/web/2013/12/16/democracia-contra-democracia-gana-el-separatismo-y-pierde-espana/

Este artículo fue publicado en el portal Tradición Digital y en el portal Hispaniainfo el 16 de diciembre de 2013

12 de diciembre de 2013

"Víctimas del silencio", obra recomendada para no olvidar a los falangistas asesinados por ETA



Falange Española de las JONS ha recordado hoy en su web que el primer español asesinado por los terroristas de ETA tras el fatídico 6 de diciembre de 1978 fue un falangista, Vicente Rubio Ereño, combatiente de la División Azul, el 9 de diciembre de aquel mismo año. No fue el único de los falangistas asesinado en aquella época; por desgracia, otros camaradas siguieron el mismo camino marcado por las balas de ETA.

En estos días, en los que asistimos a la puesta en libertad de numerosos criminales, no viene mal recordar el trabajo de Iván García Vázquez en su trabajo Víctimasdel silencio. El acoso de ETA a la Falange durante los años de plomo. De la misma manera, convendría reflexionar sobre las palabras que Miguel Argaya escribió para el prólogo:
Duele, por ejemplo, recordar que un día hubo militantes y hasta concejales falangistas en Vascongadas, y que si ya no los hay (o ya no asoman) es porque una banda criminal, al abrigo de una sociedad acomplejada, los hizo desaparecer vía asesinato. Duele darse cuenta de que aquellos concejales y afiliados falangistas murieron en medio del silencio (y seguramente) del desprecio de sus convecinos, con el latiguillo de “algo habrán hecho”; latiguillo que no ha desaparecido del vocabulario político hasta mediados de los años ochenta, cuando a aquellos mismos criminales les dio por asesinar también a afiliados y cargos del PSOE y del PP. Y duele, en fin, que la memoria de esos militantes y concejales falangistas haya pasado todos estos años relegada incluso por sus mismos camaradas, seguramente embebidos en esas guerras internas y esa avidez conspirativa que tanto les atraen”.

Víctimas del silencio fue publicado este 2013 e investiga los asesinatos que la banda terrorista ETA cometió contra militantes de Falange Española de las JONS, además de algunos de los ataques que este grupo falangista sufrió a manos del terrorismo. Pero lo más adecuado para valorar el trabajo es leer los resultados de la investigación por medio del autor:
Lo insólito de esta investigación han sido numerosas “casualidades históricas” que fui descubriendo a cada página amarillenta que iba leyendo. Y es que, a medida que avancé en la investigación de aquellos “años de plomo”, estas importantes coincidencias, que quizá no lo sean tanto, apuntaban a la premeditación en cada atentado. Y pude comprobar, contra mi hipótesis inicial, que el primer concejal asesinado en España fue un miembro de FE de las JONS que se llamaba Julio Martínez Ezquerro, que el primer muerto de la llamada “Era Constitucional” había sido, contra todo pronóstico, correligionario suyo y que se llamaba Vicente Rubio Ereño, o que la primera mujer policía asesinada fue la hija de un conocido afiliado de la Jefatura Provincial de FE de las JONS en Madrid (…)
Esto permite comprobar cómo durante algunos años, y especialmente en San Sebastián, se inició un acoso y hostigamiento hacia Falange Española de las JONS, asesinando a algunos de sus dirigentes más significados como estrategia de terror, y obligando a muchos de ellos a iniciar esa gran diáspora vasca que han tenido que seguir otros vascos y navarros después”.
Por desgracia, y también con motivo de algunos sucesos vividos recientemente, no he podido evitar la reproducción de las siguientes líneas de Iván García en el prólogo:
Debo destacar la casi exclusividad de fuentes periodísticas para elaborar este trabajo, ya que mis reiterados intentos para que la Asociación de Víctimas del Terrorismo me pusiera en contacto con los familiares de estas personas han resultado infructuosos”.
¿Por qué la Asociación de Víctimas del Terrorismo sigue la línea del Partido Popular en materia antiterrorista, cuando ésta supone la traición a los asesinados por ETA y a España, además de una despreciable cesión al chantaje de los criminales de ETA? Probablemente muchísimos españoles se lo hayan preguntado a lo largo de estos días.

Como recordatorio, Iván García comienza explicando el asesinato de Ramiro Figueroa, secretario de la Jefatura Local de FE de las JONS en Valdemoro (Madrid), que fue asesinado por Vidal Justo, militante del PCE y CCOO, el 9 de mayo de 1977 en la mencionada localidad madrileña. Posteriormente, expone los asesinatos de Julio Martínez Ezquerro (concejal de Irún), Pedro Garrido Caro (Vieja Guardia), Carlos García Fernández (divisionario), María José García (primera mujer policía asesinada por ETA e hija de falangista) y Alberto Amancio Alonso Gómez (guardia civil falangista asesinado a los veinticuatro años en 1986). Entre los asesinos de éste último se encuentran Inés del Río, Iñaki de Juana Chaos y Antonio Troitiño, todos ellos en libertad hoy gracias a la pasividad y traición de los gobernantes de España.
Pero no fueron los únicos. También el comandante Ricardo Sáenz de Ynestrillas Martínez, militar y falangista, fue asesinado por ETA en Madrid el 17 de junio de 1986.


Los falangistas también tenemos muertos a manos de ETA. Pero, a pesar de todos nuestros problemas internos y para conectar con la sociedad española, podemos tener el orgullo de que nunca hemos contribuido a alimentar esa lacra del terrorismo que llevamos sufriendo desde hace décadas. Porque ha sido el régimen constitucional de 1978 y sus políticos, y no el resto de los españoles, quien no ha dejado de ceder a las pretensiones de los asesinos y quien ha escupido sobre la memoria y la dignidad de los asesinados y de las víctimas.

9 de diciembre de 2013

La explotación y la discriminación no están patentadas



El fallecimiento del expresidente sudafricano Nelson Mandela ha marcado este último fin de semana en el panorama político internacional. Curiosamente, como sucede habitualmente con los dirigentes políticos que terminan convirtiéndose en iconos mediáticos, poco han tardado sus seguidores en dividirse y disputarse la legitimidad de reivindicar su figura, según nos cuenta El Mundo en su edición de hoy:
Ayer hubo también una primera mala noticia en Sudáfrica: el primer enfrentamiento abierto entre grupos que se disputan la legitimidad del legado del ex presidente. En la Vilakazi Street, muy cerca de donde se encuentra la Casa Museo de Mandela, un grupo de seguidores del radical y recién creado partido político del EFF (Luchadores por la Libertad Económica), presidido por Julius Malema, se encontraban tomando unas cervezas con sus camisetas del partido cuando pasó un camión con seguidores del CNA, que les invitaron a marcharse.
"Vosotros no sois bien recibidos aquí", les gritaron desde el megáfono. Una frase que provocó la ira de los miembros del EFF que estuvieron cerca de llegar a las manos con sus otrora compañeros de partido (son una escisión del CNA).
Fue la intervención de un miembro del CNA con un elocuente "hoy no es el día para esto. No hagamos esto. Hoy todos somos uno independientemente del partido al que pertenezcamos", la que consiguió calmar poco a poco los ánimos.
Este primer conato de pelea entre miembros de partidos africanos y de izquierdas con el cuerpo de Mandela aún caliente parece una declaración de principios de los fuertes problemas sociales a los que deberá enfrentarse Sudáfrica sin ya la redentora figura de su padre. Este es el peligro del que tanto se habla, el que se quiebre la complicada unidad que la sombra de Mandela conseguía imponer”.
Pero, por ahora, lo interesante no son las disputas entre los “auténticos” de Nelson Mandela. El mismo medio, en otra noticia, recoge una serie de testimonios de sudafricanos, siendo el párrafo más llamativo el siguiente:
Dumsani y Teddy son dos jóvenes, de 28 y 23 años, que se ganan la vida lavando y vigilando coches en las calles de Soweto. Ambos se levantan cada mañana con algún bocado de hambre en el estómago y con las razonables dudas de si podrán aplacarlo. «Todo irá bien. Creo que las cosas van a mejorar», contestan ambos con más entusiasmo que convencimiento. También están preocupados por el futuro.«Entre blancos y negros no pasará nada. El problema es que en nuestros barrios hay mucha hambre y un grave problema de xenofobia. A la gente no les gustan los extranjeros, especialmente los paquistaníes y los zimbabuenses», explica Dumsani, que nació en el mismo Soweto”.

Uno de los lemas más habituales de los marxistas es el de que lo que ellos consideran “fascismo”, “racismo” y “xenofobia” son instrumentos del sistema capitalista para controlar y dividir a lo que siguen llamando “clase obrera” (aunque la validez hoy del término sería discutible, sobre todo porque la aspiración del trabajador actualmente suele ser la de prosperar en el capitalismo y mantener el orden vigente y no la de derribarlo y sustituirlo por otro). Una vez invocado el fantasma del “racismo”, el marxista no tiene problemas en acusar al hombre blanco de explotar laboralmente a la gente de otras razas (aunque el marxista diga al mismo tiempo que las razas humanas no existen). Pero esa actitud no sólo es propia del marxista. Hoy vivimos en un mundo tan confundido que es muy difícil encontrar a personas que conozcan y defiendan un pensamiento político completo en lugar de unas consignas confusas. Tras la caída del Telón de Acero, el marxismo quedó desacreditado como ideología política y económica pero, a través de la socialdemocracia, ha pervivido como el denominado “marxismo cultural”, la herencia del marxismo dentro del sistema capitalista. Y es evidente el origen marxista de la socialdemocracia cuando ésta, como su predecesor, sigue teniendo una especial fobia a todo lo relacionado con la religión y los valores tradicionales, además de la demagogia y el resentimiento hacia sus detractores que vomitan sus representantes cada vez que se dirigen a la sociedad. De esa manera, nos encontramos en un medio como el citado El Mundo, en la última noticia citada sobre la muerte de Nelson Mandela, con la manía del marxismo cultural de atribuir al hombre blanco la condición de rico y al negro la condición de pobre:
Joseph es un joven blanco de 23 años que vive en una lujosa mansión de Ciudad del Cabo y que estudia Derecho Internacional en la universidad: «No creo en los políticos. En Sudáfrica no hay espacio para los blancos. Cuando acabe la carrera me iré a trabajar a Estados Unidos o Australia». Para él, el 'apartheid' es ahora una barrera para los blancos: «Ahora que Mandela se ha ido aquí lo pasaremos mal. Hoy ya no tenemos casi oportunidades, nosotros sufrimos ahora el 'apartheid' [hay una ley, la BEE, que subvenciona la contratación de negros por parte de las empresas]»”.

No voy a negar que en Sudáfrica la riqueza ha estado de lado de los blancos, pero eso no sucede igual en todo el mundo. También hay personas de otras razas que cuentan con un elevado patrimonio económico.
Hoy La Vanguardia nos resume la boda hindú que tuvo lugar en Barcelona este fin de semana, en el Museo Nacional de Arte de Catalunya y con lujosas celebraciones. Entre otras cosas, el citado medio nos recuerda que “el novio, Gulraj Behl, de 36 años y que trabaja como alto ejecutivo en el banco HSBC, llegó al MNAC como estaba previsto a lomos de un corcel blanco” y que la novia es “la sobrina del multimillonario indio del acero Lakshmi Mittal”. Estos hindúes, además de ser gente adinerada, podrían haber dejado en Barcelona una cantidad que rondara los sesenta millones de euros (lo que explicaría que Artur Mas acudiera gustosamente al evento), superando el espectáculo de una boda gitana que tuvo lugar en Mallorca el verano de 2012.
Este tipo de personajes rompen la idea marxista de que el dinero está en manos de hombres blancos sin escrúpulos. Pero todavía hay más.

El Mundial de Fútbol de 2022 se jugará en el país árabe de Qatar. Al poco de tomarse la decisión, los rumores sobre sobornos e intereses políticos y personales estuvieron a la orden del día. Pero lo peor de todo han sido las muertes de trabajadores inmigrantes en condiciones esclavistas para terminar de construir los estadios. Según informaba El Mundo el pasado 18 de noviembre, estos trabajadores “son expuestos a jornadas laborales interminables los siete días de la semana, trabajando sin descanso bajo temperaturas que pueden llegar a los 50 grados en verano, viven en condiciones infrahumanas y carecen incluso de comida, sufren el impago de sus salarios, ven confiscados sus pasaportes y no tienen ni siquiera el derecho a marcharse del país cuando lo decidan”. La razón de todo esto es que “el responsable de estas condiciones es el sistema de patronazgo o 'kafala', bajo el que cada trabajador tiene un patrón, que puede ser un individuo o una empresa. El sistema lleva prácticamente a que el trabajador sea una 'posesión' del patrón. El patrocinador es el responsable de tramitarle el permiso de residencia, que le da acceso al sistema de salud, y por tanto, tiene en su mano el que su empleado esté dentro o fuera de la ley. Además, el empleado no puede marcharse del país sin un permiso de su patrón”. Pero este hecho no sería sólo una circunstancia del Mundial de Fútbol de 2022, ya que la misma noticia asegura que “otro sector muy afectado es el de los trabajadores domésticos, que emplea a 130.000 personas y cuya problemática es aún más preocupante porque están fuera de la Ley laboral qatarí. Por nacionalidades, los nepalíes, indios, srilankeses y paquistaníes son los más afectados”.

Según los cálculos publicados por los medios de información, el número de trabajadores que podría morir por las condiciones laborales esclavistas de Qatar hasta el año 2022 es de 4000. Y esta pobre gente no está siendo explotada por ningún horrible hombre blanco, sino por árabes. El dogma del marxismo sobre la explotación humana llevada al terreno racial y el mito rousseauniano del buen salvaje se han derrumbado estrepitosamente, porque en ellos no hay sitio para árabes explotadores (como tampoco lo habrá para gitanos o hindúes adinerados). Los comportamientos frívolos y la explotación del hombre por el hombre no son exclusivos de una raza en concreto, sino de individuos sin escrúpulos y con una inexistente moral; y lo mismo ocurre con el racismo, la xenofobia o la simple desconfianza al extranjero, como recogen las palabras de los sudafricanos recopiladas por El Mundo sobre los paquistaníes y los zimbabuenses. Podría hablarse largo y tendido sobre la necesidad de controlar los movimientos migratorios o sobre las diferencias entre defender la prioridad nacional y ser un racista o un xenófobo (porque no es lo mismo); pero, en lo que concierne a estas desagradables posturas, no son propias de un grupo humano en concreto. Y no viene mal recordarlo, aunque sólo sea por no aceptar la enferma propaganda que los filantrópicos progresistas (marxistas, anarquistas, socialdemócratas y hasta liberales) nos venden a diario sobre esa supuesta maldad intrínseca del hombre blanco y la bondad aparente del resto de razas. ¿Queremos defender al hombre como portador de valores eternos sin distinción de raza y nacionalidad? Hagámoslo, pero rompiendo de paso tabúes y mitos castrantes de nuestra sociedad. Porque la verdad sobre los mitos añejos del marxismo nos hará libres de los complejos.

http://www.hispaniainfo.es/web/2013/12/09/la-explotacion-y-la-discriminacion-no-estan-patentadas/


Este artículo fue publicado en el portal Hispaniainfo el 9 de diciembre de 2013

7 de diciembre de 2013

La hipocresía postconstitucional del comunismo



La Constitución lo es de la Monarquía, del bipartidismo, de la troika y de los mercados”, ha afirmado Cayo Lara para justificar la ausencia de Izquierda Unida en la celebración del aniversario de la Constitución Española de 1978 que tuvo lugar ayer en el Congreso de los Diputados. El coordinador general de Izquierda Unida prefirió, según leemos hoy en ABC, viajar a Cuba con José Luis Centella, secretario general del Partido Comunista de España y diputado, para estrechar lazos con los “demócratas” del Partido Comunista de Cuba y para homenajear al líder independentista cubano José Martí.
Resulta llamativo el cambio de discurso de los comunistas en España. Hace años, estos mismos personajes aclamaban al criminal Santiago Carrillo como uno de los “padres de la Constitución y de la democracia” y ahora, con el régimen de 1978 ahogándose entre su propia corrupción y miseria, se desmarcan de la Carta Magna con el discurso de la lucha de clases y de su origen “franquista”.
Y tampoco podemos dejar pasar lo de su amistad con el régimen cubano. No es nada extraordinario que los comunistas españoles sientan afinidad por los regímenes comunistas del extranjero. Lo criticable es que hablen del franquismo como un “régimen tiránico en el que los españoles no tenían derechos y pasaban mucho hambre” (cuando, realmente, las condiciones de vida era más fáciles para los españoles que las de hoy) y luego ensalcen a la obra de Fidel Castro y la Revolución Cubana, un régimen que sí ha llevado a la miseria material al pueblo cubano. Estos mismos comunistas que alaban al régimen comunista de Cuba son los mismos que utilizan la cantinela de los “Derechos Humanos” para criticar a Israel. Porque Israel, efectivamente, es un Estado criminal e hipócrita que apela siempre a las históricas dificultades por las que ha pasado el pueblo judío mientras no tiene ningún reparo en encerrar a los palestinos (musulmanes y cristianos) tras un muro ni de dispararlos de vez en cuando con cualquier excusa. Pero los comunistas de Cuba no son precisamente el ejemplo de “democracia” y “libertad” que nos pintan estos “demócratas” en España.



Pero hoy tenemos más noticias criticables de los comunistas. Aurelio San Emeterio, el mismo concejal comunista de Toledo que criticaba a Israel, insiste en que se cambie el nombre de las calles de un barrio construido durante el franquismo. Su objetivo principal es la calle de la División Azul. “Se trata de una exaltación de los españoles que lucharon a las órdenes de Hitler”, dice San Emeterio para justificar el deseo de su organización. Podría intentar explicarse a ese individuo que la visión que entonces se tenía de Hitler no era la misma que ahora, pero mejor será hablarle en el idioma que él y los suyos comprenden: los comunistas españoles de aquella época era tan “demócratas” que apoyaban a Stalin, el mayor asesino de la Historia de la Humanidad y quien no tuvo ningún problema en acordar precisamente con la Alemania de Hitler el reparto de Polonia que dio origen a lo que sería la Segunda Guerra Mundial. Y a lo anterior podemos añadir el exilio de los niños bajo el control frente populista a la Unión Soviética. Por lo tanto, Aurelio San Emeterio debería preocuparse más de conocer la historia de su ideología y de sus predecesores antes que de criticar las acciones que otras personas cometieron hace décadas, en otras circunstancias y en un mundo muy distinto al de hoy. Los combatientes de la División Azul no tienen nada de lo que arrepentirse: lucharon por lo que creyeron justo, un nuevo orden político europeo, y fueron repudiados por el propio régimen que les había despedido con honores en su partida a Rusia. En cambio, Izquierda Unida y el Partido Comunista de España, revolucionarios aburguesados y nostálgicos de un discurso decimonónico, sí deberían reflexionar sobre su hipocresía e ignorancia a la hora de valorar la Historia y la Política. Ya dice el refrán que se pilla antes a un mentiroso que a un cojo y a ellos, si los cuentos fueran de verdad, les crecería la nariz más que a Pinocho.

6 de diciembre de 2013

Treinta y cinco años



La Constitución Española de 1978, la Ley de Leyes que impera hoy en España, acaba de cumplir treinta y cinco años. Pero no pienso felicitarla. ¿Qué nos ha aportado la Constitución a los españoles desde aquel 6 de diciembre? Nada. Así de claro.

Gracias a la Constitución de 1978 España se encuentra dividida en varios cotos autonómicos donde la clase política de turno vive a cuerpo de rey gracias al trabajo del español de a pie.
Gracias a la Constitución de 1978 tenemos de nuevo como Jefe de Estado a un Borbón, la familia que más desgracias ha traído a España. Desde la pérdida de Gibraltar en 1704 hasta el 23 de febrero de 1981, numerosas traiciones y despropósitos hemos padecido los españoles a manos de la repugnante Familia Real de los Borbones.
Gracias a los Constitución de 1978 los separatistas han alcanzado una influencia política y social con la que nunca soñaron y ocupan importantes cargos, sin importar que en algunos casos los hayan conseguido gracias al derramamiento de sangre de guardias civiles, policías, militares, políticos y muchos otros españoles y extranjeros que residían en nuestro país.
Gracias a la Constitución de 1978 los sindicatos mayoritarios llevan años instalados cómodamente en un pedestal privilegiado del que no se bajarán ni por la mayor indigestión de marisco que podamos imaginar.
Gracias a la Constitución de 1978 los españoles han visto aumentada la sociedad de consumo al tiempo que las condiciones de vida se hacían más precarias.
Gracias a la Constitución de 1978 se ha ido destruyendo el Estado social impulsado por José Antonio Girón de Velasco y otros falangistas; eso sí, en nombre de la “libertad”, de la “democracia”, del “progreso” y de todas las cosas que se nos puedan ocurrir y con las que se han justificado, tanto por el neoliberalismo como por la socialdemocracia, la implantación del capitalismo como único sistema económico permitido.
Gracias a la Constitución de 1978 sólo nos hemos preocupado de ser los más “modernos” y “europeos” y hemos olvidado y hasta despreciado nuestra cultura y nuestra tradición católica (y todo esto encima con el visto bueno de la Conferencia Episcopal Española).
Gracias a la Constitución de 1978 hemos vuelto a ser un país de emigrantes. España nunca debió creer a unos dirigentes que mintieron descaradamente al decir que éramos un país rico y que jugábamos en la Champions League de la economía.
Gracias a la Constitución de 1978 tenemos a una de las peores generaciones de nuestra Historia, a la cola de los países europeos en cuanto a resultados educativos.
Gracias a la Constitución de 1978 la política se ha convertido en una carrera profesional donde sólo hay sitio para el amiguismo, la corrupción y el clientelismo.
Gracias a la Constitución de 1978 no todos los seres humanos pueden llegar a nacer, ya que a muchos se les niega la condición de personas y se les asesina impune y “democráticamente” gracias a los “avances” del Estado de Derecho.
Gracias a la Constitución de 1978 somos el conejillo de Indias favorito de la masonería.
Gracias a la Constitución de 1978 nos hemos convertido en el burdel de nuestros vecinos europeos, ya que además de destino turístico también lo somos para las fiestas y las drogas.
Gracias a la Constitución de 1978 hemos olvidado lo que es tener soberanía política, económica y judicial.

¿Y cuál es la solución? Desde luego, volver al franquismo no. Además de que eso sería imposible y absurdo, no vamos a exigir libertad y soberanía para España y defender como modelo un régimen capitalista y afín a la política intromisora en Europa de los Estados Unidos de América.
España necesita una Revolución Nacional Sindicalista que derribe los mitos democráticos sobre los que se edifica el Estado de las Autonomías de 1978 y que edifique un nuevo Estado construido sobre los pilares de la Ley Natural, del bien común, de la unidad nacional y del sindicalismo revolucionario. Sólo un nuevo orden político, económico, social y moral puede salvar a España de la miseria y de la decadencia en que ha caído este país bajo el yugo de la democracia liberal, del Estado autonómico y de la Constitución de 1978.

¡Muera la democracia liberal! ¡Muera la Constitución de 1978!

¡Arriba España! ¡Patria, Justicia, Revolución!

1 de diciembre de 2013

El horrible bienio 2011 - 2013 del Partido Popular



Comenzó la cuenta atrás para terminar el año 2013. El Partido Popular lleva ya dos años al frente del Gobierno de España y la caída del régimen constitucional de 1978 sigue en picado. Estoy seguro de que muchos se burlarán de unas palabras que pueden parecer “apocalípticas” y les invito a que reflexionen sobre la situación de España de dos años antes hasta ahora. ¿De verdad hemos mejorado en algo? Muchos nos vendieron la idea de que era imprescindible votar al Partido Popular como mal menor. Y cada día me alegro más de no haber picado ese anzuelo (que muchos “señoritos patriotas” tienen bien clavado).

Algunos creyeron que el Partido Popular derogaría la vigente legislación abortista. Tenían razón en parte: la intención de Mariano Rajoy y de su gente era la de acabar con la “Ley Aído” para sustituirla por una “Ley Gallardón”, que supuestamente iba a ser mejor que la otra por ser “menos abortista”. Al cabo de dos años, la realidad nos demuestra que desde el Partido Popular no consideran tan horrible el aborto actual cuando ni siquiera lo han sustituido por el que proponían ellos. Algo tan sencillo para un Gobierno con mayoría absoluta parlamentaria como promulgar una ley que derogara a otra no ha sido cumplido y cada vez tiene menos pinta de que vaya a serlo.
Realmente, los únicos colectivos que han creído en la “bondad” del Partido Popular y de su promesa sobre el aborto fueron la Conferencia Episcopal Española (que nunca lamentará lo suficiente el daño que ha hecho a los católicos como confesión el alineamiento con los liberales y los burgueses del Partido Popular) y ese conglomerado de formaciones, sindicatos y movimientos que se definen como “izquierda” y “progresistas”. Si fueras un extranjero recién llegado a España, escuchando a todos estos personajes creerías que el Partido Popular ha promulgado una ley que prohíbe el aborto en España y ofrece ayudas estatales para fomentar la natalidad; en cambio, cualquier español con un mínimo de sentido común y de conocimientos sobre actualidad política sabe que el Partido Popular es una organización liberal y abortista que desde hace décadas tiene un repugnante caladero de votos en las iglesias españolas con el beneplácito de una jerarquía eclesiástica vendida al “nuevo” Estado de 1978.

Hubo quien apoyó al Partido Popular para que no se cumpliera la hoja de ruta que el Gobierno de Zapatero y el Partido Socialista habían pactado con la banda terrorista, marxista y separatista ETA. Y ahora no sólo tenemos a Amaiur en el Congreso de los Diputados y a Bildu gobernando en varios ayuntamientos vascos y con presencia en el parlamento autonómico de esa región, sino que además hemos asistido a la lamentable puesta en libertad de unos cuantos asesinos que no han cumplido ni una mínima parte de las condenas que les fueron impuestas en su día. Y no sólo han sido puestos en libertad varios asesinos de ETA con la excusa de una sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos: violadores y criminales peligrosos también son beneficiarios de la actitud indulgente del Gobierno de España con lo más despreciable de la especie humana.
El Estado de Derecho y la democracia liberal de 1978, por mucho que se ajusten a la Ley, siguen cimentándose sobre las tumbas y la sangre de los muertos. Procuro no desear el mal a nadie y espero que nunca les ocurra nada, pero se nota que las hijas y los familiares de los políticos y de la Familia Real siempre van a tener la protección suficiente (costeada por todos los españoles) como para no tener que lamentar que un miserable las fuerce sexualmente o que un separatista les encaje un disparo en la sien. En cambio, al español de a pie no se le deja de hacer más dura la vida cotidiana y, si antes tenía la preocupación de la situación económica y laboral, ahora además tiene el riesgo de que los depredadores sexuales acechen a sus hijas o de que, en el caso de las víctimas del terrorismo, los asesinos de sus familiares se muden a una casa en la calle de enfrente y encima se rían de ellos con el beneplácito de una población de malnacidos.

Un menor número de abortos y una ruptura con la hoja de ruta trazada por la socialdemocracia con ETA fueron dos de las grandes bazas que enarbolaron los defensores del “voto útil”. Pero había muchas más razones para ellos. También creyeron que el Partido Popular, como buen leguleyo amante de la Carta Magna, no tendría problemas en aplicar el artículo 155 de la Constitución Española si los separatistas aumentaban sus amenazas y chantajes a toda la nación. ¡Qué ilusos! ¿De verdad pensaban que el Partido Popular aplicaría el artículo 155 sólo porque apelara a una sentencia del Tribunal Constitucional para justificar su postura ante el aborto o el “gaymonio”? A estas alturas es evidente que los partidarios del régimen constitucional aplican la Constitución cuándo y cómo les conviene. Y cuando gobiernan esa práctica se acentúa todavía más, tanto que ha tenido que ser Ciudadanos (un partido progresista y abortista, pero con más variedad de contenidos; en resumen: una izquierda con más argumentos que el de “Los del PP son unos fachas”) quien se convierta en el “azote del separatismo” y sólo por oponerse al separatismo apelando a la Carta Magna. Al final, el único lavado de imagen que le quedó al Gobierno fue la apropiación en su provecho de la convocatoria de Plaza Cataluña en Barcelona el pasado 12 de octubre.

Pero, aunque parezca mentira, el Partido Popular continúa contando con la confianza ciega e irracional de sus afiliados (una actitud similar a la del hombre o mujer que sigue justificando a su pareja sentimental pese a que ésta le sea infiel continua y públicamente). Incluso se atreven a justificar al ministro José Ignacio Wert y a su nueva y polémica obra, la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE). Éste ha sido probablemente el asunto más espinoso con el que ha lidiado el Partido Popular durante los últimos dos años. La izquierda y los separatistas la han criticado por su “carga ideológica” (¡cómo si la LOGSE  y la LOE no hubiesen adoctrinado a los jóvenes españoles en la mentalidad buenista, relativista y masónica e incluso en el separatismo!), por su “mentalidad mercantilista” (¡cómo si desde la actual oposición parlamentaria no se concibiera la economía según el modelo capitalista en el que el trabajo es una mercancía que se vende y se compra!) y por “beneficiar a la Iglesia Católica” (que, sorprendentemente, la ha criticado; algo llamativo sabiendo que el clero español se ha conformado en los últimos años con que la asignatura de Religión Católica se ofreciera en la enseñanza pública). La realidad es que muy pocos saben realmente qué quiere la LOMCE y, a excepción de Wert y del Partido Popular, nadie se atreve a defenderla. Ahora bien, lo malo que pueda tener la “Ley Wert” nunca servirá para justificar ese modelo educativo que defienden tanto la izquierda como el separatismo y que ha llevado al sistema educativo español a la cola de todos los de Europa. La educación pública española es de poca calidad desde hace años y los responsables de la catástrofe no son los más adecuados para reivindicarla y para proponer soluciones (en realidad lo único que hacen, como reaccionarios que son, es pedir el retorno al nefasto modelo educativo del felipismo y del zapaterismo).

Cuando se demuestra que el Gobierno de Mariano Rajoy sigue la ruta del desastre que inició la democracia liberal durante la llamada “Transición Democrática”, los partidarios públicos del Partido Popular apelan a ese argumento tan propio de una sociedad materialista: la economía. A la mayoría de los españoles, por desgracia, sólo les preocupa la economía y que el Estado del Bienestar siga funcionando.
Pese a las buenas noticias que nos venden, el número de desempleados sigue siendo alarmantemente elevado y la reforma laboral (lo único que el Gobierno de Rajoy se ha tomado en serio en dos años) sólo ha servido para destruir los derechos sociales que implantó el defenestrado José Antonio Girón de Velasco, falangista de primera hora y padre del cada vez menor Estado social español. Como medida impopular que es, el Gobierno la justifica en las directrices que llegan desde la Unión Europea, derrumbándose así el mito de la democracia y de la soberanía popular: no gobierna quien decide el pueblo como masa electoral, sino los grupos de presión económicos y financieros transnacionales (porque el capital no tiene patria, es lo que sucede cuando se pertenece a manos privadas). Pero el Partido Popular no sólo ha dejado en evidencia la inexistente soberanía política y económica de España, sino que además ha confirmado que la política demoliberal sólo es una carrera profesional por y para el poder, como demostraron con su postura sobre los impuestos al rechazar la subida en la oposición parlamentaria y al subirlos en el Gobierno.
En cuanto al Estado del Bienestar, se confirma que su fin es que no se noten las diferencias económicas dentro del sistema capitalista durante las épocas de bonanza, porque en las rachas de crisis únicamente vale para que los políticos sigan cobrando su enorme salario aunque sea a costa de varios médicos y profesores (consecuencias de la legitimidad democrática). Para la democracia liberal su obra del Estado del Bienestar sólo sirve y se justifica cuando hay ingresos que lo sostengan. Ellos mismos, con su actitud, justifican que se proponga otro modelo.


Dos años del Partido Popular han dado para mucho: mantener una horrible legislación abortista, liberar a criminales peligrosos, tolerar las impertinencias y chantajes del separatismo, hacer pagar la crisis del capitalismo al español medio… Incluso la Ley de Memoria Histórica, obra del sectarismo ideológico más fanático, sigue intocable hasta en sus puntos y comas. E igual que los judíos siguieron a Moisés por el desierto durante cuarenta años hasta la tierra prometida, muchos españoles siguen creyendo que todo lo que sucede son las piedras que se ponen en el camino a Mariano Rajoy y al Partido Popular para que no se vuelva a esa utópica visión que tienen de la España gobernada por José María Aznar. Porque en Peperolandia, esa dimensión alternativa donde viven algunos beatillos de misa diaria que se consideran “gente de orden”, parece que no piensan igual. “¡Está Jaime Mayor Oreja, que es un católico como Dios manda al que no dejan hacer nada y ya veréis cuando se le escuche a él y al sector que representa!”, clama un pepero en algún rincón olvidado de España, sin pensar en lo cómodo que está el ex ministro en el Parlamento Europeo. “¡Esperanza, presidenta, que Mariano tenga mano dura con los asesinos y que reforme la Ley del Aborto!”, suplica una señora en una calle de la villa de Madrid, como si Aguirre no hubiese criticado al separatismo única y exclusivamente por no respetar la Constitución. “¡Santi Abascal, por favor, dile a Rajoy que el Partido Popular tiene que volver a ser el partido con valores que siempre hemos tenido! ¿Qué, que Santi Abascal ha abandonado el Partido Popular?”, reflexionaba un despistado afiliado pepero durante alguna tertulia de café (de puro no porque sigue estando prohibido fumar en los bares) mientras conocía la noticia del adiós del conocido político vasco. Todos ellos siguen en su limbo particular y creyendo que en 2014 volveremos a la España próspera y feliz que nos prometen la democracia liberal y el régimen de 1978. Y es que, a pesar del tiempo que dedicarán a ir a misa, hacen poco hincapié en el rechazo a los paraísos terrenales.