28 de mayo de 2014

Dos conclusiones sobre los resultados del 25 de mayo



La farsa electoral del 25 de mayo castigó con fuerza al bipartidismo y aupó a Pablo Iglesias. Así hay que resumir los resultados de las pasadas elecciones al Parlamento Europeo, sin olvidar el aumento del separatismo bajo el nombre de Primavera Europea y Los Pueblos Deciden. Porque, al margen del mal cuerpo que se les ha quedado en Izquierda Unida y de los votos de VOX que no les han servido para conseguir representación (¡menudo disgusto tendrán por volver a mendigar firmas el próximo año!), no hay duda de que el gran triunfador ha sido el tertuliano.
Hubo quien creyó que era un error hablar de ese profesor marxista para explicar que, en el mundo en el que nos encontramos, es importantísimo contar con un referente en las televisiones, en las radios y en todos los medios cuando no se cuenta ni con un nombre histórico que atraiga ni con presencia en las instituciones públicas. Y no sabría decir si es un error seguir hablando de él y su proyecto, pero sí sé que es preocupante que las protestas contra la clase políticas y las preocupaciones sociales como los desahucios sean canalizadas por marxistas disfrazados de 15-M.

Ya lo hemos visto. A falta de escaños previos o de un nombre que arrastre a la gente, un proyecto político necesita de una figura carismática que convenza a los votantes con sus propuestas. Es importante tener un amplio ideario, igual que una ética y un historial intachable de honradez y servicio a España… pero éste es su sistema y hay aspectos en los que nada perdemos si seguimos sus normas.
Pensémoslo un momento: ¿Qué sucedería si los falangistas tuviéramos a un referente en todas las tertulias políticas de la televisión? Es obvio que la idea es una utopía, porque ahora mismo no se molestarían en darnos espacio… Y, reconozcámoslo, más que por nuestro ideario antisistema que puede hundir el negocio del capitalismo, es porque políticamente somos irrelevantes. A lo mejor a partir de ahora, si empieza a resultar más molesto para los grandes y no tan grandes partidos, los medios limitan o eliminan las apariciones tertulianas de Pablo Iglesias, pero al menos habría tenido un tiempo en el que fue un personaje curioso de mostrar al público y en el que aprovechó para montar un grupo que ha conseguido casi los mismos resultados que la referencia de su ámbito ideológico durante los últimos años. Pero es que, en nuestro caso, solamente les resultamos de interés en dos fechas al año (el 20 de noviembre y el 23 de febrero) y lo único que quieren saber de nosotros en periodo electoral es cuándo vamos a desaparecer definitivamente.

Más de 21000 votos sin apenas campaña electoral es una cifra a tener en cuenta; pero no como resultado positivo, sino como base sobre la que trabajar. 21000 votos no significa que pueda o tenga que haber 21000 militantes (sólo hay que ver los votos que reciben el Partido Popular y el Partido Socialista y los afiliados que tienen), pero sí que en España sigue quedando una considerable cifra de personas que tiene una buena opinión sobre el nombre de Falange y sus símbolos. Y la cifra podría alcanzar los 30000 si tenemos en cuenta los votos falangistas a La España en Marcha, al Movimiento Social Republicano o incluso a Impulso Social (y eso por no hablar de los presos del mal llamado voto útil a VOX, Ciudadanos o Partido Popular). Por eso urge conectar esa “masa” afín al ideario falangista con las organizaciones. Para sobrevivir dentro de este repugnante sistema se necesitan votos y no podemos permitirnos que los pocos apoyos que tenemos pasen a engrosar las estadísticas electorales de quienes representan lo contrario a nosotros. Porque es probable que el próximo argumento de los partidarios del “voto útil” sea el de votar al Partido Popular para frenar a Podemos y es muy difícil que los falangistas tengamos a corto plazo una presencia televisiva con la que darnos a conocer, por lo que necesitamos llegar a esas personas antes de que se den por vencidas y entreguen sus esperanzas al puñetero “mal menor”.


Por desgracia, todo lo escrito son reflexiones que servirán de poco. Ahora mismo lo tenemos complicado para aparecer en las televisiones a nivel nacional y nuestros recursos son muy escasos. Pero sí tenemos a nuestra disposición las redes sociales y las calles de España. Y nuestra fe, que es lo único con lo que siempre pudo contar el nacionalsindicalismo. Algo que ni los “demócratas” de toda tendencia pueden quitarnos.

http://tradiciondigital.es/2014/05/27/dos-conclusiones-sobre-los-resultados-del-25-de-mayo/

http://www.hispaniainfo.es/web/2014/05/29/dos-conclusiones-sobre-los-resultados-del-25-de-mayo/

Este artículo fue publicado en el portal Tradición Digital el 27 de mayo y en el portal Hispaniainfo el 29 mayo de 2014

13 de mayo de 2014

La generación artificial



La desaparición de la Unión Soviética a comienzos de la década de 1990 y el aparente triunfo del liberalismo político y económico que representaba Estados Unidos hizo creer a muchos que el fin de la Historia estaba cerca. Según los partidarios de esta hipótesis, la única ideología capaz de mejorar la vida de los seres humanos era el liberalismo y todo el futuro sería un alegre camino hacia el progreso y el bienestar. Pero el modelo único que Estados Unidos quiso imponer al resto del mundo ha fracasado. Y no sólo por la crisis económica que se ha llevado por delante a naciones y familias.
Los nacidos de 1990 en adelante conocimos un mundo diferente al que vivieron nuestros padres. La sociedad de consumo prometía acabar con nuestros problemas y concedernos la felicidad sobre la tierra. Los partidos políticos decían convertir a los votantes en soberanos y jueces del futuro de los países. El capitalismo ofrecía riquezas y comodidades a cambio de un duro trabajo. Y en medio de ese círculo vicioso se movía la juventud contemporánea hasta que estalló la banca privada y vimos cómo la sociedad de consumo sólo había formado a hedonistas despreocupados por el futuro, cómo los partidos políticos se erigían en un nuevo poder feudal sobre los hombres presuntamente libres y cómo el capitalismo sólo había adoptado una cara amable cuando podía permitirse ese lujo en pos de mejorar su productividad.
Al igual que en el mito de la caverna de Platón, nuestra juventud miró a la verdad a los ojos y ésta le mostró la dolorosa realidad: no éramos libres, ni soberanos y mucho menos felices. Todas las promesas que nos habían hecho eran mentira y en su lugar nos encontramos con una juventud dócil, amansada por discotecas y botellones, y sin fe en nada que no pudiera tocar, beber o fumar.
Pero la sumisión de nuestra juventud al liberalismo no terminaba ahí. Podríamos decir que a mediados de la primera década de este siglo XXI comenzó otra etapa. Ya no bastaba con controlar por todos los medios a las nuevas generaciones, sino que además había que crearlas a imagen y semejanza del modelo anhelado por los gobernantes. Y así el Estado demoliberal quiso ser Dios y empezó a construir una sociedad artificial, creando “nuevos modelos” de familia al decidir que no importaba que dos hombres o dos mujeres no pudieran tener hijos entre sí porque ese escollo era salvable vía Ley Orgánica.
Pero una generación, por muy artificial que sea y por mucho empeño que haya puesto el poder en crearla, no puede ser feliz a la fuerza. Algún día la juventud descubrirá horrorizada que, entre otros aspectos, ese aborto libre que le han vendido como un derecho es un crimen por el que alguien tendrá que pagar; que no es libre, porque alguien ha decidido hasta qué tiene que ver por televisión para crearse una opinión propia y objetiva; y que, por mucho que le horrorice, su mundo está construido sobre pilares de muertos inocentes y que sólo es un títere en manos de individuos más poderosos y adinerados.
Es evidente que la juventud no va a descubrir por sí sola que el mundo que le han vendido es una estafa. Por eso es más necesario que nunca el ideal que lleva proponiendo el nacionalsindicalismo desde hace ochenta años. La lucha por la moral tradicional, la dignidad humana, el patriotismo y la justicia social es una causa muy superior a los botellones, a las discotecas o a cualquier placebo que el mundo moderno pueda ofrecer a los jóvenes.

Animo a la juventud española a que lea, a que no se conforme con el mundo impuesto y a que se aparte del rebaño en que quieren convertirnos. El nacionalsindicalismo no puede ofrecer riquezas ni bienestares, pero sí un ideal y la satisfacción de tener algo por lo que vivir y por lo que luchar



Este artículo fue publicado en el número 32 (mayo de 2014) del periódico Patria Sindicalista

8 de mayo de 2014

En vísperas de la farsa electoral



Esta noche comienza lo que de manera eufemística se llama “periodo electoral”. Así se conoce a esa etapa en la que, cuando nos encontramos en vísperas de la “fiesta de la democracia”, se afloja la soga que suele tener atada (y bien atada) a la “libertad de expresión”. Durante dos semanas, aproximadamente, tendrán lugar en España numerosos actos políticos de partidos y coaliciones de toda tendencia y color. De esta manera, la democracia liberal vende su discurso y los millones de ignorantes que se lo creen pueden dormir tranquilos por la noche, sintiéndose “libres” y “soberanos”.
Pero si por “periodo electoral” entendemos todos los discursos e intervenciones dirigidos a pedir el voto, lo cierto es que ya empezó hace mucho tiempo… O, más bien, nunca terminó ni terminará mientras nos encontremos en este sistema.

Los partidos políticos con representación parlamentaria, sobre todo los dos con más cargos elegidos, no hacen otra cosa que solicitar el apoyo de la gente un día sí y al siguiente también. Sólo hay que ver lo que publica de ellos una prensa abiertamente colaboradora de sus intereses y que, bajo el adjetivo de “independiente”, en la práctica siempre está pidiendo el voto para ellos. Otros grupos, ya tengan una representación minoritaria o estén próximos a conseguirla, no tienen el apoyo de esos medios informativos pero al menos reciben una ocasional atención.
Aunque la campaña también puede producirse a la inversa. La actitud habitual de los medios informativos del poder a la hora de impedir que otras opciones irrumpan en el panorama político es ocultar actividades y publicar sólo información falsa, tendenciosa y sensacionalista. En este apartado, por desgracia, nos encontramos los falangistas (a excepción de alguna ocasional noticia o artículo no manipulado que publican sobre nuestro movimiento).

El resultado de las campañas electorales permanentes (positivas o negativas) que producen los medios de la democracia liberal son los hooligans de toda tendencia.
Estos hooligans están en el Partido Socialista y ensalzan la figura de una ¿señora? que puede soltar la estupidez de poner en el mismo nivel a Jesucristo, al Ché Guevara y a Felipe Gonzalez. Y se consideran muy “de izquierdas”, pero van a ir a votar a una candidata que se reconoce de familia adinerada y que se creía revolucionaria allá por la década de los ochenta por (posiblemente) fumarse un porro de vez en cuando.
Los hooligans del Partido Popular, en cambio, creen tan ciegamente que la pérdida de condiciones laborales es tan beneficiosa para España que han olvidado que la insolencia del gobierno autonómico de Cataluña es mayor a medida que pasan los días y que numerosos criminales fueron puestos en libertad sin que el Gobierno al que tanto apoyan moviera un solo dedo. Estos también se creen, como el Ministro de Interior, que los terroristas de ETA han sido derrotados a pesar de los diputados de Amaiur en el Congreso y de los alcaldes y concejales de Bildu en Vascongadas.
Y no podemos olvidarnos de los hooligans de Izquierda Unida. Los comunistas criticaron durante años el bipartidismo que tanto les perjudicaba, pero a la hora de conseguir cargos de poder no han tenido problema en aceptar el gobierno autonómico de Andalucía junto a una de las regionales más corruptas del Partido Socialista. Y, aunque no ha sido raro ver casos de comunistas implicados en escándalos de corrupción, no tienen reparos en erigirse en adalides de la honradez política.

En resumen: sólo con el seguimiento que la prensa y la televisión hacen de los principales partidos políticos, tienen garantizado el voto de sus incondicionales y de numerosos no adscritos. Es lo que sucede cuando la degeneración moral de este sistema se traslada al ámbito político: los votantes (o ciudadanos, según la terminología liberal) pasan de ser personas moralmente sanas a ser sadomasoquistas que disfrutan siendo humillados y despreciados por los mismos políticos a los que aúpan al poder.
El periodo electoral sólo sirve para los que estamos en la marginalidad, fuera del sistema, y necesitamos aprovechar esos días para que los españoles sepan que existimos. Triste pero cierto. Pero, insisto en que por desgracia, no podemos mantenernos al margen. O participamos en la farsa electoral o no existimos. Si ya es repugnante que el futuro de una nación se decida echando papeles en una urna, todavía lo es más que el resultado haya sido parcialmente amañado. Pero, salvo que contemos con un ejército propio, hoy es imposible alcanzar relevancia política sin la farsa de las urnas.

Soy nacionalsindicalista, siento un gran desprecio por la democracia liberal (partitocracia, falsa democracia o como queramos llamarla; aunque reconozco que un servidor prefiere hablar de la “puta democracia”) y el 25 de mayo pienso votar a Falange Española de las JONS. Todo el trabajo hecho por la militancia para estar presentes en la farsa al menos debe contar con el apoyo de quienes se consideran ideológicamente afines a la organización. Además, ya va siendo hora de que los españoles se enteren de una vez de que existe una solución a la injusta (y hoy falsa) división entre izquierdas y derechas y a este Sistema (demoliberal y capitalista) que lleva siglos exprimiendo y manteniendo a una minoría de privilegiados a costa del resto de la sociedad.

Por eso, y como eso de que sólo se puede pedir el voto a partir del día 9 me importa más bien poco y más cuando incluso los demoliberales no lo cumplen, a título personal y como miembro de Falange Española de las JONS pido el voto para esta organización. Somos estudiantes, somos trabajadores, somos desempleados, somos españoles con los mismos problemas que la mayoría de los que nos odian gratuitamente… y no nos conformamos con el mundo moderno. No existen males menores ni votos útiles, porque todos los políticos de la democracia liberal sirven al mismo amo: el dinero. Eres libre de seguir apoyándoles… pero luego no protestes cuando, en nombre de tu voto, atenten contra aquello en lo que crees. No digas que nadie quiere ir al Parlamento Europeo a defender la soberanía de España, el derecho a la vida y la justicia social. Lo que pasa es que, posiblemente, no tengas valor para romper con lo “políticamente correcto” y para dar un paso adelante en el rechazo a quienes nos tiranizan.

http://www.hispaniainfo.es/web/2014/05/08/en-visperas-de-la-farsa-electoral/

http://tradiciondigital.es/2014/05/08/en-visperas-de-la-farsa-electoral/

Este artículo fue publicado el 8 de mayo en el portal Hispaniainfo y en el portal Tradición Digital

2 de mayo de 2014

Pasó el 1º de mayo pero sigue la lucha nacionalsindicalista



Hace un rato leía en Twitter comentarios acerca de la triste efeméride que suponía para España la fundación del Partido Socialista Obrero Español un 2 de mayo de 1879.
A excepción de la minoría socialdemócrata y sierva del capitalismo que idolatra unas siglas marxistas, nadie con un cierto conocimiento de nuestra Historia podrá decir que el Partido Socialista haya aportado algo bueno a España en sus 135 años de existencia.
El sectarismo ideológico y personal, la miseria, las leyes antinaturales, una guerra civil… la negra mano del Partido Socialista siempre ha estado implicada en muchos de nuestros más tristes y lamentables episodios patrios desde su fundación hasta nuestros días.

Sin embargo, no tenemos que olvidar que el socialismo (el de verdad, no la socialdemocracia) fue una irrupción legítima frente al Estado capitalista y liberal que aumentó radicalmente las desigualdades y las injusticias entre las personas de la misma sociedad en todo el mundo occidental (algo que se terminaría extendiendo a todo el planeta).
Las palabras de José Antonio Primo de Rivera en su famoso discurso del 29 de octubre de 1933 son muy esclarecedoras:
Por eso tuvo que nacer, y fue justo su nacimiento (nosotros no recatamos ninguna verdad), el socialismo. Los obreros tuvieron que defenderse contra aquel sistema, que sólo les daba promesas de derechos, pero no se cuidaba de proporcionarles una vida justa.
Ahora, que el socialismo, que fue una reacción legítima contra aquella esclavitud liberal, vino a descarriarse, porque dio, primero, en la interpretación materialista de la vida y de la Historia; segundo, en un sentido de represalia; tercero, en una proclamación del dogma de la lucha de clases.
El socialismo, sobre todo el socialismo que construyeron, impasibles en la frialdad de sus gabinetes, los apóstoles socialistas, en quienes creen los pobres obreros, y que ya nos ha descubierto tal como eran Alfonso García Valdecasas; el socialismo así entendido, no ve en la Historia sino un juego de resortes económicos: lo espiritual se suprime; la Religión es un opio del pueblo; la Patria es un mito para explotar a los desgraciados. Todo eso dice el socialismo. No hay más que producción, organización económica. Así es que los obreros tienen que estrujar bien sus almas para que no quede dentro de ellas la menor gota de espiritualidad.
No aspira el socialismo a restablecer una justicia social rota por el mal funcionamiento de los Estados liberales, sino que aspira a la represalia; aspira a llegar en la injusticia a tantos grados más allá cuantos más acá llegaran en la injusticia los sistemas liberales.
Por último, el socialismo proclama el dogma monstruoso de la lucha de clases; proclama el dogma de que las luchas entre las clases son indispensables, y se producen naturalmente en la vida, porque no puede haber nunca nada que las aplaque. Y el socialismo, que vino a ser una crítica justa del liberalismo económico, nos trajo, por otro camino, lo mismo que el liberalismo económico: la disgregación, el odio, la separación, el olvido de todo vínculo de hermandad y de solidaridad entre los hombres”.

Fue necesario que España cayera derrotada por las armas en Cuba y en Filipinas para que la clase política y los intelectuales de 1898 se planteasen que no podíamos seguir siendo un país mediocre y que necesitábamos un cambio radical. Pero ni la irrupción del socialismo (con sus posteriores consecuencias) ni las crisis económicas que han tenido lugar a lo largo del último siglo han servido para que los españoles se planteen de forma mayoritaria el cambio de sistema económico.

Ayer fue 1 de mayo, Día del Trabajo, y pasó casi desapercibido entre los españoles. Nuestra sociedad se ha acostumbrado tanto a mirar para otro lado que ya le es indiferente que las protestas sociales mayoritarias sean dirigidas por sindicatos salpicados por escándalos de corrupción, que en la práctica son un instrumento del capitalismo para mantener controlados a los trabajadores con la promesa de unos futuros salarios muy elevados gracias a la labor de Comisiones Obreras y Unión General de Trabajadores.


A pesar de todo, una minoría de trabajadores españoles se niega a que todo el sindicalismo quede en manos de la mafia de los amantes del marisco. Siguen quedando trabajadores que no se conforman con ser asalariados con privilegios dentro del sistema capitalista y que buscan la desarticulación de ese sistema económico, con el objetivo de que los trabajadores sean los propietarios de los medios de producción y de que sea el trabajo y no el capital privado lo que rija la economía nacional.

Muchos, cuando nos oyen hablar, nos tildan de “comunistas” o dicen que lo que queremos es imposible de llevar a la práctica. Pero sería una estupidez rendirse y pensar que el capitalismo no puede desarticularse.
Cuando Gavrilo Princip asesinó al archiduque Francisco Fernando de Austria – Hungría, el 28 de junio de 1914, nadie podría imaginarse que aquellos disparos fueron la mecha que explotó con la Primera Guerra Mundial y todo lo que vino después: la Revolución Rusa Bolchevique, la marcha sobre Roma, el triunfo electoral de Hitler y el nacionalsocialismo, la Segunda Guerra Mundial… El mundo que hoy conocemos tuvo su origen en 1945, pero es posible que el periodo de entreguerras nunca hubiera tenido lugar como sucedió de no ser por el atentado del joven bosnio contra el heredero de una de las monarquías más antiguas de Europa.

No podemos dejar de creer en nuestros objetivos y de luchar por ellos. Por muy imposible que parezca el futuro que proponemos, hoy no podemos saber cuál de nuestros más simples actos puede ser el detonante necesario para que todo cambie para siempre. Nuestra Historia nos lo ha demostrado varias veces. Una minoría fue la que comenzó resistiendo a la invasión musulmana, aunque costara varios siglos la reconquista de la Península Ibérica por sus legítimos habitantes; y los vecinos de una ciudad, Madrid, fueron quienes el 2 de mayo de 1808 se levantaron contra las tropas invasoras de la Francia de Napoleón con lo primero que tuvieron a mano. Y la Historia, para bien o para mal, tiene la costumbre de repetirse.

Pero también va siendo hora de romper con la Historia. La lucha social y nacional tienen que ir de la mano y no enfrentadas, como pretenden por igual los capitalistas y los marxistas. En el fondo, la mayoría de los españoles saben que no tiene sentido destruir de su alma una parte de sus inquietudes en beneficio de la otra. Y a ellos precisamente es a quien va dirigido nuestro mensaje: ¡Ni izquierdas ni derechas! ¡Por la dignidad del sindicalismo y de España!