8 de junio de 2014

El clero afín al régimen constitucional despide a Juan Carlos como Rey



La reciente abdicación de Juan Carlos I ha sido, junto con el 11 de marzo de 2004, el acontecimiento histórico-político más importante que hemos vivido los que nacimos en el ecuador de la España constitucional. Por primera vez desde que tengo uso de razón, el régimen político constitucional de 1978 sí parece vulnerable en su estructura y proclive al cambio. Incluso hay quien da por finalizado este periodo de treinta y cinco años y habla de que nos dirigimos a otro nuevo, cuyos hipotéticos objetivos podrían ser desde un simple cambio de caras para que nada cambie en lo esencial hasta una nueva Carta Magna que instaure en España un federalismo que conceda más poder a los nacionalistas periféricos y tenerlos así más calmados durante un par de décadas (aunque ninguna de las dos soluciones se presenta como positiva para el futuro de nuestro país).

Como era de esperar, la postura de la Iglesia Católica ante este asunto no se hizo esperar mucho. A través de la Conferencia Episcopal, la jerarquía católica aplaudió el reinado de Juan Carlos I con un breve comunicado que no tiene desperdicio:
El Comité Ejecutivo de la Conferencia Episcopal  Española, en nombre de todos los obispos españoles, reconoce y agradece la trayectoria de Su Majestad el Rey Don Juan Carlos I, su entrega generosa y su contribución a la historia reciente de España, en particular a la instauración y a la consolidación de la vida democrática, con especial relevancia durante el período de la Transición Política.
Su servicio a España ha sido de un extraordinario valor. Estamos seguros de que ahora tendrá continuidad en la persona del Príncipe de Asturias, Don  Felipe de Borbón y Grecia, quien ha acreditado ya su cualificación y competencia, como hemos podido constatar en sus diferentes presencias en la vida pública.
Rogamos a Dios que siga sosteniendo a Sus Majestades los Reyes, Don Juan Carlos y Doña Sofía, en esta nueva etapa de sus vidas, y que asista a la Corona de España en el servicio constitucional que tiene encomendado”.
Antes que nada, debe quedar claro que esto no supone una injerencia de la Iglesia Católica en funciones que no le competen. Como institución religiosa, la Iglesia Católica puede juzgar desde su perspectiva sobre aquellas decisiones o actitudes de los gobernantes que tengan una importante repercusión sobre la vida de las personas (como ha hecho cada vez que se ha pronunciado sobre el aborto, sobre el mal llamado “matrimonio homosexual” o sobre la entrada ilegal de inmigrantes en la frontera de Melilla). Lo que evidentemente no puede hacer la Iglesia Católica es pedir el voto para un determinado partido político o promocionarlo utilizando sus medios humanos y económicos, y mucho menos ensalzar a personas cuya trayectoria y obras distan mucho de lo que defiende el catolicismo. Y esto último, en la práctica, es el gran error que comete la Iglesia Católica en España desde hace años, posicionándose como un apoyo del régimen constitucional y de la monarquía borbónica que destruyó un régimen imperfecto pero católico. La mejor prueba de ello es que 13TV, la televisión dirigida por la Conferencia Episcopal, no hablara de la coalición católica Impulso Social cuando incluso ha dado espacio al marxista de Pablo Iglesias.

¿Por qué la Conferencia Episcopal se muestra tan cómoda en este sistema relativista y ausente de moral? ¿Cómo puede colaborar con el régimen que ha causado la mayor descristianización en los últimos siglos de la Historia de España? Porque los elogios al monarca que ha firmado dos leyes abortistas y el apoyo a la clase política del régimen constitucional no tiene ninguna lógica desde la teología católica (y esto es algo que sabemos incluso los menos doctos en la materia).
Hay que remontarse a los primeros días del todavía vigente régimen político para hacerse una idea de por qué esa antinatural colaboración entre la jerarquía católica española y la democracia liberal. El 3 de enero de 1979, pocos días después de promulgarse la Constitución, el Estado de España y la Iglesia Católica firmaban una serie de acuerdos que sustituían al Concordato que había regulado sus relaciones desde el Concilio Vaticano II. Entre los diversos temas tratados, destaca el del artículo XIII del segundo acuerdo: “Los Centros de enseñanza de la Iglesia, de cualquier grado y especialidad, y sus alumnos, tendrán derecho a recibir subvenciones, becas, beneficios fiscales y otras ayudas que el Estado otorgue a Centros no estatales y a estudiantes de tales Centros, de acuerdo con el régimen de igualdad de oportunidades”.
La Iglesia Católica ha tenido por razones históricas mucha importancia en el ámbito de la educación y, sabiendo que el régimen del 18 de Julio que tanto la había apoyado no podía perpetuarse a la muerte de Franco, optó por mantener ese privilegio a la llegada de la democracia liberal. La continuidad de la mayoría de la clase política del Movimiento Nacional en la Unión de Centro Democrático y Alianza Popular (aunque también hubo “tránsfugas” hacia otros partidos), la enorme influencia que entonces tenía la Iglesia Católica sobre la sociedad española y la nueva postura del Vaticano ante el liberalismo permitieron que los centros educativos de la Iglesia (que constituyen la mayoría en la enseñanza privada y concertada de nuestro país) recibieran financiación pública. ¿Y quién ha apoyado más que nadie a estos centros educativos controlados por la Iglesia Católica? Pues el Partido Popular, aunque le han salido unos competidores (alguno incluso muy inexplicable a simple vista) en Cataluña y en Vascongadas. Y es que, por increíble que parezca, numerosos jóvenes han pasado por escuelas concertadas y privadas católicas durante todos estos años de descristianización de la sociedad española, en los que el poder de algunos de los pilares del régimen constitucional (monarquía y partidos políticos) se fortalecían mientras las iglesias se iban quedando vacías. ¿Pura casualidad? No lo creo.

Aunque hoy pueda parecer sorprendente para algunos, hubo una época en que la Iglesia Católica condenaba sin complejos al liberalismo y a la usura. Hoy, en cambio, los hay que se declaran “católicos” a pesar de defender el aborto y el gaymonio como “derechos”. Por desgracia, el catolicismo ha dejado de ser una tradición religiosa para convertirse en una costumbre donde la fe se convierte en una sensiblera filantropía más propia de una logia masónica que de una religión con dogmas.
La responsabilidad de la jerarquía en la descristianización de España y de Europa es un asunto muy complejo y que debe ser tratado por personas que posean un amplio conocimiento de ello y no por “aficionados” (como es mi caso). Pero cualquiera con unos mínimos conocimientos sobre Teología y sobre la Historia de la Iglesia puede ver que no es normal que un Papa lleve flores a la tumba del fundador del sionismo o que una sociedad secreta enemiga de la Iglesia Católica se muestre tan amistosa con Francisco I. “Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestido de oveja y por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis”, dice el Evangelio (Mateo, 7, 15-17). Es leer la cita y recordar al instante las declaraciones de Jorge Bergoglio sobre los “pastores con olor a oveja”. ¿Otra casualidad? Eso sí que no puedo saberlo con exactitud.

Durante la etapa de Juan Carlos I como Jefe de Estado, España ha pasado de ser un país fuertemente católico (el “bastión espiritual de Occidente” que algunos mencionan hoy con desprecio) a ser otra sociedad más que imita el materialismo consumista. Es cierto que él ha reinado sin gobernar, pero también que ha sido una pieza importante del rompecabezas institucional que podría estar viviendo sus últimos días. De ahí lo preocupantes que resultan los elogios de la Conferencia Episcopal Española a su etapa como gobernante, que ha estado más marcada por la corrupción, el aborto, la pérdida de valores y el aumento de las diferencias entre los españoles que por las virtudes que debieran caracterizar al modelo político, económico y moral acorde a la visión católica.

Quizá algunos católicos españoles estemos actuando de manera inmoral, según la postura actual de los obispos, por oponernos radicalmente a la Constitución de 1978; pero ha sido precisamente esa Ley Fundamental la que ha provocado todos los males (aborto, gaymonio, separatismo, pérdida de valores, intolerancia a la fe) a los que la Iglesia Católica se ha opuesto por legítimas razones doctrinales. Y, por ahora, seguiremos oponiéndonos a este régimen y a su sistema porque el mundo moderno, al igual que sucede con algunos de nuestros pastores, no nos representan.

http://tradiciondigital.es/2014/06/10/el-clero-afin-al-regimen-constitucional-despide-a-juan-carlos-como-rey%e2%80%8f/


Este artículo fue publicado en el portal Tradición Digital el 10 de junio de 2014

7 de junio de 2014

El discurso político de nuestro tiempo: la soberanía contra la globalización



Las casi dos semanas que han transcurrido desde las elecciones al Parlamento Europeo del pasado 25 de mayo nos han dejado de casi todo en relación con Podemos y Pablo Iglesias. Especialmente se llevan la palma las comparaciones entre Podemos y el Frente Nacional francés y las alarmas de los sectores conservadores insistiendo en la admiración por el socialismo venezolano del grupo de moda en la izquierda (que se han llevado una merecida crítica de Juan Manuel de Prada). ¿Pero acaso alguien se piensa que por decir “Pablo Iglesias es comunista y le financia Venezuela” o “Pablo Iglesias emite un programa televisivo gracias a Irán” va a recibir menos votos en las próximas elecciones? Una vez creado el fenómeno mediático, resulta más provechoso analizarlo y sacar conclusiones que puedan servirnos en el futuro que denigrarlo con argumentos que a sus partidarios les son indiferentes. Al igual que hacen los economistas con su materia, lo normal es que los preocupados por la situación política nos molestáramos en analizar los fenómenos que surgen de manera objetiva e intentando (porque dejarlo a un lado es imposible) que la postura personal quede al margen del análisis. O eso sería lo ideal.

Por si alguien no se ha enterado, es posible que estemos ante las puertas de una nueva época de la Historia. El mundo en el que vivimos, heredero de la guerra fría entre el capitalismo y el comunismo, ha sido un periodo complejo e inestable en el que el claro beneficiado (Estados Unidos) comienza a perder el control de la partida que quiso jugar solo. Una Rusia sin comunismo aspira a volver por sus fueros de superpotencia mundial e incluso se atreve a despreciar la decadencia moral de Occidente y su ingeniería social (aunque no nos engañemos: en Rusia el aborto es legal y Putin, como busca hacer el Partido Popular de cara a la galería, solo ha restringido su publicidad). Ucrania ha terminado siendo un violento polvorín de sangre en el que los “demócratas” de Estados Unidos y la Unión Europea no han dudado en apoyar a una oposición que tenía como particular “guardia de la porra” a Pravy Sektor, una organización que pasó de ser señalada como “neonazis violentos” a ser acusada de “traidora” por sus homólogos fuera de Ucrania.
Pero meses antes, en Siria, el “Premio Nobel de la Paz” Barack Obama tuvo que dar marcha atrás en sus planes a causa de la oposición rusa a una nueva intervención militar estadounidense que muchos dábamos por segura. Ahora, con paso firme, la Siria libre y soberana de Al Assad va camino de vencer por las armas a los islamistas que querían instaurar otra “primavera” de terror en uno de los pocos bastiones que aún hace frente al Nuevo Orden Mundial. Eso sí, lo que no para es la campaña de descrédito contra Al Assad, acusado de ganar fraudulentamente unas elecciones por los mismos “demócratas” que apoyan una sistema en el que las alternativas reales están fuertemente controladas por ellos y a su servicio.

Vivimos en un mundo de locos. Estados Unidos invadió Afganistán para asegurarse el control del petróleo y se encontró con la oposición de los talibanes que años atrás había organizado para que lucharan contra la Unión Soviética. Y Francia apoya una intervención militar en Malí con la justificación de la lucha contra el terrorismo islámico cuando ha sido uno de los países que más apoyo ha mostrado por los rebeldes islamistas que luchan contra el régimen representado por Al Assad.
Viendo estos sucesos, no podemos sorprendernos de que un canal controlado por el gobierno de Irán dé cancha a un tertuliano que se opone radicalmente al modelo político y económico impuesto por Estados Unidos al resto del mundo, como tampoco es sorprendente que la República Islámica se muestre tan aliada de gobiernos bolivarianos que ideológicamente deberían repugnarle. Vuelve a cumplirse la costumbre política del enemigo del enemigo que se convierte en aliado, algo que se vio en Ucrania con la alianza entre los partidarios del occidentalismo y los ultranacionalistas ucranianos.
Es más, siendo realistas desde una perspectiva geopolítica, un hipotético Estado Nacional Sindicalista tendría que recibir más apoyo por parte de la República Islámica de Irán, la Siria de Al Assad o la Rusia de Putin que de la Unión Europea, Israel o los Estados Unidos por obvias razones de objetivos políticos y económicos. ¿Acaso los oligarcas que defienden la Europa de los mercados y la usura querrían aliarse con quienes defendemos la soberanía económica y la banca como un servicio público? ¿Es que alguien con dos dedos de frente pensaría que un movimiento que se posiciona en contra de los partidos políticos iba a recibir la bendición de las democracias parlamentarias y de los supersticiosos de la “voluntad popular”?

Pero, a pesar de la superstición democrática y de la farsa sobre el aparente poder de la “ciudadanía”, la política sigue rigiéndose por el básico esquema de la minoría dirigente y la mayoría dirigida, aunque la forma de relacionarse entre el gobernante y el gobernado necesita una seria renovación. Hoy precisamente he leído un artículo muy interesante sobre este tema en un conocido portal de la izquierda, titulado “¿Elites contra ciudadanos?” y firmado por Ignacio Urquizu, del cual recojo lo siguiente:
-          En primer lugar, me cuesta imaginar una sociedad sin élites. Es decir, incluso en los escenarios más revolucionarios, siempre existe una "vanguardia". Dicho en otras palabras, la alternativa no puede ser que se acaben las élites, porque siempre está la necesidad de delegar determinadas tareas en un grupo de dirigentes.
En segundo lugar, si seguimos considerando que el mérito y el esfuerzo son valores defendibles en una sociedad, no podemos negar que hay diferencias individuales. Siempre hay gente que se esfuerza más que los demás y que valora el trabajo bajo parámetros distintos. Ellos, seguramente, deberían acabar formando parte de esa élite.
En tercer lugar, un cambio de élites puede ser una condición necesaria pero no suficiente para abordar nuestros verdaderos problemas: los cambios institucionales. De hecho, centrar el debate en exceso en la “casta” nos está apartando de lo realmente importante: cómo conseguir una democracia con instituciones más representativas y más participativas.
Por todo ello, el debate es otro y tenemos que responder a dos preguntas: ¿cómo debe ser esa élite? ¿Cómo debemos elegir a los dirigentes que nos representan dentro de las organizaciones?
”.
-           “Incluso sus propias primarias (refiriéndose a Podemos) acabaron adoleciendo de uno de los problemas que ellos denuncian: la existencia de una élite. Pero es que las élites son un elemento consustancial a cualquier organización”.
Aun discrepando ideológicamente en algunos términos y objetivos, este tipo de artículos permiten que siga creyendo en un futuro mejor para el ser humano. Por mucho que lance alabanzas al “pueblo” y a la “ciudadanía” (no hay más que leer el último artículo de Pablo Iglesias en El Mundo), el éxito de Podemos reside en su referencia tertuliana y sin Pablo Iglesias ese grupo se queda en un grupo de personas teorizando sobre la participación democrática. Sin ese elemento tan básico de la política como es el líder, ningún proyecto puede tener futuro.

Sin duda, el mejor análisis que he leído sobre Podemos, por objetividad y actitud crítica, es el de Ernesto Milán en su blog. En Dossier Podemos encontramos un trabajado y extenso estudio sobre las razones que han llevado a tantos españoles a votar a esta nueva organización. El movimiento 15-M, las redes sociales, el discurso rompedor con los partidos políticos tradicionales y las condiciones en que se encuentra nuestra sociedad han sido la justificación que el autor ha encontrado para explicar el éxito de Podemos. Añadiría que el más decisivo ha sido la aparición constante en las tertulias televisivas de su principal referente, ya que sin ese impulso difícilmente habría salido de su ámbito ideológico habitual (no sería mala idea estudiar cómo ha influido en el resultado electoral de Podemos la presencia constante de Pablo Iglesias en los “orgullosos de ser de derechas” de Intereconomía o en el canal episcopal 13TV).

Un mundo políticamente complicado, medios de comunicación de masas, mensajes directos y cortos, acciones que tengan repercusión… Nos guste o no, éste es el tablero del juego. No es de nuestro agrado, pero no nos queda más remedio que participar si queremos sobrevivir a este sistema en el que nos encontramos. Y eso es lo que han hecho organizaciones tan dispares entre sí como Podemos, el Frente Nacional y Amanecer Dorado. Es obvio que entre ellos existen enormes diferencias ideológicas, pero la irrupción de tres formaciones políticas en la política de primera fila merece un análisis serio que pueda servirnos de ayuda a quienes no salimos de la marginalidad mediática:
-          De Podemos poco puedo decir ya. En su favor está que ha sabido canalizar el descontento de la sociedad española que ya se reflejó el 15 de mayo de 2011 y las numerosas protestas sociales contra la clase política y los recortes impuestos por los gobernantes políticos y económicos, todo ello gracias a que su referente ha tenido la posibilidad de aparecer en muchísimos programas de televisión y a que sabe manejarse frente a las cámaras. Tampoco podemos pasar por alto que sus partidarios se han tomado muy en serio la campaña a través de las redes sociales y que eso ha ayudado mucho a difundir sus propuestas entre gente que no conocía su existencia.
En su contra, sin embargo, está el hecho de que utilizan la archiconocida táctica comunista de adular a las masas para llegar a las instituciones y de que, a poco que se les lee, uno se da cuenta de que son el comunismo de siempre disfrazado de “activistas del 15-M”. Y el comunismo, como ha demostrado la Historia, de defensor de la libertad tiene más bien nada.
-          En Francia, el Frente Nacional superó en votos a conservadores y socialistas que durante años demonizaron a sus votantes como “racistas”, “intolerantes” y demás términos por el estilo. Incluso en España vimos como Fernando Sánchez Dragó, que pasó bastantes años en el entorno ideológico de la izquierda, piropeaba a Marine Le Pen. ¿Pero qué podemos encontrar de novedoso en el discurso de Le Pen? Además del rechazo a la inmigración descontrolada, Le Pen propone aliarse con Rusia y mostrar oposición a la globalización que destruye las soberanías nacionales. En lugar de enfocar la lucha entre izquierdas y derechas con sus respectivos extremos, el Frente Nacional ha buscado un nuevo espacio de conflicto entre la soberanía nacional y el mundialismo. Y los resultados han sido ser el partido con más apoyo entre los trabajadores y los jóvenes franceses.
Aunque poca esperanza podemos tener en el Frente Nacional francés como una vanguardia política europea si su dirigente más importante reconoce no estar a favor de prohibir el aborto. A muchos quizá le parezca un “detalle” salvable, pero creo que difícilmente se puede ser una oposición real al Sistema si no se le combate también en el ámbito moral (y no hablo de asumir unas determinadas creencias religiosas), ya que el aborto conlleva el asesinato de seres humanos inocentes y es uno de los pilares sobre los que se edifica la democracia liberal de nuestra época.
-          Por último, políticamente es digno de estudio el caso de Amanecer Dorado. La prensa de todo el mundo vive obsesionada con ellos desde que hace un par de años alcanzaron los dieciocho escaños en el parlamento griego (ABC incluso llegó a publicar como noticia que uno de sus dirigentes llevase una esvástica tatuada en el brazo, algo nada sorprendente en una organización abiertamente neonazi) y les ha acusado de “criminales” a menudo (a pesar de que los últimos asesinados recientemente en Grecia por razones políticas han sido precisamente unos militantes de Amanecer Dorado). Pero, dejando al margen las fobias de la clase política, Amanecer Dorado tiene más propuestas de lo que sus detractores están dispuestos a reconocer. Su discurso de la “raza helénica” podrá ser todo lo criticable que se quiera, pero una simple “mafia” no consigue sacar tres diputados para el Parlamento Europeo y aumentar su número de votos en dos años a pesar de la detención de muchos de sus dirigentes y las constantes noticias en los medios instando a los griegos a que no les apoyen.
Las claves de su éxito presente están en haber sabido trabajar y aprovechar la oportunidad de hacerse un hueco en las instituciones. En una sociedad sin crisis económica es imposible que su discurso hubiese tenido apoyo. Pero el reparto de alimentos a sus compatriotas (no hay que olvidar que Grecia es uno de los países europeos que más está padeciendo los efectos de la crisis capitalista) y la seguridad que ofrecen a los griegos preocupados por el aumento de la delincuencia vinculada a la inmigración les ha llevado a reemplazar la labor del Estado demoliberal y a conseguir así el apoyo de una parte de su gente. Aunque ese “servicio” prestado por Amanecer Dorado no hubiese sido posible sin la existencia de una militancia disciplinada y repartida previamente por todo el país.
Los tres ejemplos anteriores no son muy recomendables ideológicamente, pero hay que reconocer que han sabido jugar con las normas de su tiempo y hacerse un sitio en una sociedad donde no existes si no apareces en la televisión, hablando con un discurso que todos entendían y sobre los problemas que preocupan a sus posibles votantes.

Es importante tener un cuerpo doctrinal de referencia para no caer en las garras del Sistema y tener con qué afrontar las novedades de un mundo cada vez más cambiante. Pero también es imprescindible tener los pies en el suelo y la cabeza en su sitio para saber participar (y sobrevivir) en un entorno claramente hostil. Hoy no vivimos en una época de largos discursos ni de manuales políticos. Como las izquierdas y las derechas, quedaron inservibles para dirigirse a las multitudes. Nuestro tiempo nos exige ser directos, transgresores y fácilmente reconocibles. Y, sobre todo, ser originales. Si a los neofascistas de Casa Pound no se les hubiese ocurrido ocupar edificios abandonados para que las familias italianas con menos recursos tuviesen un hogar, hoy no serían la referencia de su ámbito ideológico. Y si a la Plataforma de Afectados por la Hipoteca no se le hubiese ocurrido impedir físicamente los desahucios, hoy no serían personajes de la izquierda quienes acudirían a las televisiones para hablar de lo poco que a la banca privada le preocupa dejar en la calle a familias o a personas discapacitadas.


¿Qué debemos sacar los falangistas de todo lo explicado? En nuestro caso, no gozamos de autonomía histórica y lo sucedido en España durante los últimos ochenta años nos ata, para bien o para mal. Pero los resultados electorales (sumando los obtenidos por la candidatura de Falange Española de las JONS y la posible cantidad de votos falangistas a la coalición La España en Marcha) indican que alrededor de 30000 personas se sienten identificadas con nuestro movimiento. Una presencia normal en los medios de comunicación ayudaría, sin duda, a que esa escasa base social fuera fiel a nuestras convocatorias y a apoyarnos más a menudo… pero, además de ser políticamente irrelevantes como para darnos sitio, es evidente que los responsables de esos medios no van a permitir que aparezcamos como personas normales que ofrecen propuestas al mundo actual (si acaso, nos dejarían nuestro momento de gloria en efemérides como el 20-N o el 23-F). Por eso, a falta de medios de difusión masivos, sólo nos queda difundir nuestro mensaje en las calles y en las redes sociales (que, en la práctica, se han convertido en los nuevos foros de debate y conversación). No hay que dejar de lado los caminos ya abiertos por otros movimientos políticos (como es el caso de ayudar a los compatriotas necesitados o denunciar los males de la globalización y su clase dirigente), pero el verdadero despegue lo tendremos cuando seamos los primeros en encontrar una nueva vía para ser políticamente relevantes. Y esa vía no la vamos a encontrar debatiendo sobre lo que dicen o quieren decir los textos de hace ocho décadas, sino haciendo política del siglo XXI y pensando más como políticos que como activistas

http://www.hispaniainfo.es/web/2014/06/06/el-discurso-politico-de-nuestro-tiempo-la-soberania-contra-la-globalizacion/

http://tradiciondigital.es/2014/06/07/el-discurso-politico-de-nuestro-tiempo-la-soberania-contra-la-globalizacion%e2%80%8f/

Este artículo fue publicado en el portal Hispaniainfo el 6 de junio de 2014 y en el portal Tradición Digital el 7 de junio de 2014

1 de junio de 2014

La "podemosfobia" que podría dar alas al Partido Popular en 2015



No me andaré por las ramas. Pablo Iglesias va camino de ser el nuevo reclamo electoral del Partido Popular para captar votos. Y digo Pablo Iglesias porque Podemos, sin su referencia, sólo es un grupo de “comunistas alternativos” teorizando sobre posibles “democracias” (y lo entrecomillo porque es bien conocido lo que entiende por “democracia” el comunismo: que les voten en masa a ellos y, a ser posible, presentándose como única opción en los comicios electorales).

La misma televisión que le ha aupado políticamente (incluyendo canales como Intereconomía y 13TV) ahora no tiene problemas en recordar las simpatías del tertuliano por los regímenes bolivarianos o la izquierda abertzale. Pero lo que es de traca ha sido la reacción de la derecha descontenta con el Partido Popular. Tanta insistencia en las simpatías políticas de Pablo Iglesias resulta algo lamentable, ya que tanto él como sus votantes (al menos la mayoría) no tienen problemas en identificarse con Marx, Lenin, Fidel Castro o Hugo Chávez. En este país existía una izquierda descontenta de la “oficial” que tenía presencia en las instituciones públicas y este nuevo referente (y no el nuevo modelo de participación) ha sido lo que la ha canalizado en votos y cargos. Ahora esa izquierda es visible y vuelven a salir las archiconocidas súplicas de algunos sectores políticos para evitar los males que supuestamente no tendríamos si gobiernan ellos.

El panorama para el actual Gobierno era muy desolador hasta hace nada.
Zapatero desapareció hace casi tres años de la política española y su recuerdo ya no asusta a nadie. Seguimos padeciendo una grave crisis económica, a nuestra juventud se le presenta un futuro muy oscuro, los separatistas de toda índole continúan con sus ataques a la unidad nacional… Podríamos decir que, en general, el panorama no ha cambiado nada desde el año 2011 hasta ahora. Mientras tanto, en el Partido Socialista no sólo no han tenido a dirigentes que atemorizaran lo suficiente a los posibles votantes del Partido Popular, sino que además espantaron a los suyos.
En fin, que cualquiera con dos dedos de frente se da cuenta de que no existe ningún voto útil mientras se apoye a los partidos que sostienen este régimen constitucional podrido y ruinoso y eso explica en parte la elevada abstención de las últimas elecciones al Parlamento Europeo. Pero entonces Podemos consiguió los cinco eurodiputados y el Partido Popular encontró la excusa perfecta para movilizar a su descontento electorado carca y burgués. Y se pasó del “¡Hay que votar al PP para que no ganen los socialistas!” al “¡Los de Podemos son comunistas peligrosos!”.

Pablo Iglesias y su gente no me agradan nada. Pero hay dos cosas que me resultan peores que el marxismo: la estupidez y la crítica vacía. Si tan horrible es Pablo Iglesias y lo que representa, ¿por qué razón le dieron cancha en todas las televisiones? ¿Valió la pena la audiencia de entonces en comparación con el miedo que ahora sienten algunos? ¿Y qué proponen muchos de sus detractores? ¿Continuar con el nefasto Estado de las Autonomías? ¿Seguir siendo una colonia del Fondo Monetario Internacional, el Banco Central Europeo y el Club Bilderberg? ¿Volver a los “maravillosos” años del Partido Popular de Aznar, cuando el imperialismo yankee nos dejaba sentarnos a su lado y acompañarle en su cruzada “democrática” en pos del petróleo de Oriente?

El año que viene habrá elecciones en todos los niveles: municipal, autonómico y general. Y ya lo he comentado antes: sin poder azuzar el fantasma de Zapatero y sin una oposición que dé verdadero pavor a sus votantes habituales, el Partido Popular usará el señuelo de Pablo Iglesias para que muchos incautos acudan a votarles.

Estamos a tiempo de avisar a nuestros compatriotas para que no se dejen engañar. La solución de España no está en “votos útiles” ni en “males menores”, sino en un nuevo proyecto que nos una a todos. Un proyecto que, en el día de hoy, sólo se encuentra en el nacionalsindicalismo porque es el único movimiento que une lo social con nuestra identidad tradicional hispánica. España necesita una revolución y no sólo política y económica, sino también en la mentalidad de las personas. Y esa revolución no la vamos a encontrar en asambleas demagógicas y lideradas por oportunistas que adulan a la gente para servirse de ella.