28 de julio de 2014

Comparaciones odiosas



A raíz de otro debate surgido en elportal Hispaniainfo sobre si hay que apoyar o no a la iniciativa Libres e iguales, creo que es necesario hacer una obligatoria (y odiosa) comparación con otro grupo que también se muestra a favor de la unidad de España y en contra del separatismo.

Somatemps, en su portal, se define de la siguiente manera:
SOMATEMPS es una asociación que nace para incidir en el debate de las ideas en torno a la identidad de Cataluña y su futuro. No somos, ni queremos ser, un partido ni una plataforma de partidos. Somos, por el contrario, una agrupación de personas de origen social e ideológico diverso, pero que comparten una misma preocupación: la manipulación de la historia de Cataluña con fines políticos.
SOMATEMPS nace con la vocación de aportar elementos sólidos de pensamiento y reflexión histórica para redescubrir la catalanidad hispánica, que rompa el discurso maniqueo del secesionismo. En el momento actual son necesarios referentes para ayudar a los catalanes a descubrir nuestras raíces. Igualmente, queremos mostrar al resto de los pueblos hispanos la grandeza de Cataluña en este proyecto común que llamamos Hispanidad.
SOMATEMPS (“Estamos a tiempo”, en lengua catalana, y como referencia sonora al Somaten: los hombres honrados dispuestos a defender su tierra), pretende ser también una asociación que visibilice, a través de denuncias y acciones públicas, las mentiras y odios que vierte el nacionalismo secesionista.
Llamamos a todos los catalanes que desean ser fieles a sus raíces, al igual que a todos los hermanos de los pueblos hispanos, a sumarse a este ilusionante proyecto que permita un renacer de la verdadera Cataluña, no la de la fantaseada por aquellos que manipulan y rechazan su verdadera esencia.

Libres e iguales, sin embargo, exige lo siguiente:
Reclamamos al Estado que aplique toda la ley y advierta con claridad de las consecuencias de violarla. Ninguna infracción debe quedar impune y ninguna sentencia puede ser desacatada.
Pedimos a los partidos políticos que se identifican con los principios de libertad, igualdad, justicia y solidaridad que demuestren su compromiso con hechos. El Partido Popular, el Partido Socialista, Unión Progreso y Democracia, Ciudadanos, y cuantas formaciones quieran preservar las bases de nuestra convivencia democrática, deben:
1. Reivindicar la Constitución como consigna de ciudadanía y convivencia, sin renunciar a las reformas cíclicas que permitan que España sea una nación cada vez más integradora y de mayor calidad democrática.
2. Rechazar cualquier negociación que con el pretexto de evitar el conflicto que plantea el secesionismo catalán limite la soberanía del conjunto de los ciudadanos y el ejercicio de sus derechos.
3. Alcanzar un pacto público, solemne y conciso que establezca un compromiso transversal de unidad de acción frente al secesionismo y garantice la decisión de someter al referendo común cualquier alteración de las bases constitucionales.
Finalmente, nos dirigimos a todos los ciudadanos españoles.
Les pedimos que trabajen organizadamente por la deslegitimación intelectual y política del nacionalismo y que se movilicen con nosotros en defensa de la comunidad de libres e iguales que es responsable de la época más justa y fértil de la historia de España”.

La diferencia fundamental entre ambas asociaciones es evidente: Somatemps se aparta de los ámbitos políticos y no se adhiere a ninguna ideología en concreto, mientras que Libres e iguales busca el apoyo de los partidos políticos del régimen constitucional y en ese mismo régimen apoya sus argumentos para defender la unidad de España (curiosamente, han recibido el apoyo de VOX pero no lo han correspondido, algo que sí han hecho con Ciudadanos y Unión, Progreso y Democracia, quienes sí figuran en su web como entidades adheridas; supongo que para no perder un ocasional y posible guiño del Partido Popular en el futuro). Y eso significa (por increíble que parezca a algunos) que Libres e iguales es excluyente en materia política y Somatemps no.


Me reafirmo en lo dicho hace varios días. Es positivo que aparezcan iniciativas en defensa de la unidad de España. Pero como falangista no puedo apoyar a un grupo como Libres e iguales ni recomendar a otros que lo hagan. La unidad de España es algo mucho más importante que un determinado régimen político o ideología, pero parece que otros sólo pueden aceptar esa bandera si va acompañada del certificado democrático que conceden los grandes partidos (o incluso los medianos como Unión, Progreso y Democracia y Ciudadanos). Así que, de momento, seguiré con más atención las actividades que publique Somatemps.

19 de julio de 2014

Los tópicos y el independentismo en "Ocho apellidos vascos"



Hace poco vi Ocho apellidos vascos, la única película española de los últimos años que ha sido rentable para sus productores. El argumento es muy simple: un sevillano conoce a una vasca y, por primera vez en su vida, abandona su tierra natal para ir al norte en su busca; ella no quiere saber nada de él, pero la visita de su padre creyendo que se va a casar le obligan a usar al pringao como falso novio durante un par de días.
En su favor hay que decir que no es la típica película romántica con efectos lacrimógenos que tanto gusta en Hollywood. Pero lo más interesante son los tópicos sobre los habitantes de las regiones andaluza y vasca y la imagen ofrecida del independentismo.

Los tópicos exagerados terminan cayendo en el freakismo, especialmente con lo andaluz (o lo español en general). Los amigos del protagonista aparecen como unos ignorantes que identifican todo lo vasco con ETA, el actor principal se expresa un acento andaluz demasiado descarado y los símbolos que les identifican son aquellos por excelencia de la llamada “España cañí”: toros, sevillanas, flamenco, banderas rojigualdas a puñados, estampas y medallas de la Virgen… También la actriz principal les califica al principio de vagos. Pero el remate en este aspecto llega con la vivienda del personaje protagonizado por la progre de Carmen Manchi, adornada con símbolos de la guardia civil y un retrato de Juan Carlos de Borbón.
En cuanto a los vascos, se les identifica como gente bruta que a cada frase exclaman un “¡Hostia!”, que come una barbaridad y que se entusiasman con el juego de la pelota y con cortar troncos. Y que, además, miran con desconfianza a todo el que no es de su tierra.

La izquierda abertzale no recibió de buen agrado la película y hay quien le acusa por ello de no tener sentido del humor. Pero es que, realmente, el independentismo y su faceta filoterrorista no son algo para tomarse a broma. Además de los asesinatos cometidos por los terroristas en diversos puntos de España, han sido muchos los que se han visto obligados a abandonar su tierra por las amenazas de los abertzales y la indiferencia de los peneuvistas. Hoy incluso se dan casos de antiguos terroristas que son maestros en las escuelas donde llevan décadas fomentando el odio al resto de los españoles (sin duda, éste ha sido uno de los mayores errores del Estado de las Autonomías, un error que la Historia nunca podrá perdonar). Más que humor “políticamente incorrecto”, lo de esta película ha sido humor de mal gusto. Dudo que, por ejemplo, alguien tuviera una idea similar en el Reino Unido para rodar una película que se basara en la historia de un chico católico y una chica protestante en Irlanda del Norte.

Dejando a un lado la caricaturización de dos regiones españolas y la imagen “desenfadada” de los abertzales, la película da poco más de sí. Una de las pocas escenas memorables se produce cuando el sevillano va en un autobús rumbo a Vascongadas y empieza a sonar en su móvil “Sevilla tiene un color especial”, ante la mirada estupefacta de los que van sentados al lado. Pero no resulta tan divertida ni entretenida como apuntaban las críticas o como parecía indicar la recaudación en taquilla. Aunque es comprensible que en una sociedad como la nuestra haya tenido tanto éxito. Si la mayoría de los españoles permanece indiferente a la presencia de los abertzales (y de los independentistas en general) en las instituciones públicas, ¿cómo no iba a tener éxito una película que se burla de los problemas políticos?


http://tradiciondigital.es/2014/07/18/los-topicos-y-el-independentismo-en-ocho-apellidos-vascos%e2%80%8f/

http://www.hispaniainfo.es/web/2014/07/22/los-topicos-y-el-independentismo-en-ocho-apellidos-vascos/


Este artículo fue publicado en el portal Tradición Digital el 18 de julio de 2014 y en el portal Hispaniainfo el 22 de julio de 2014

15 de julio de 2014

Libres e iguales... pero dentro del constitucionalismo



Hoy se ha dado a conocer un nuevo “movimiento cívico” contra el separatismo catalanista. Con el nombre de Libres e iguales, este nuevo grupo ya ha publicado un breve manifiesto que cuenta con las firmas, entre otros, de Ángeles Pedraza, Fernando Sánchez Dragó, Federico Jiménez Losantos, Carlos Herrera y Fernando Savater.
Toda iniciativa contra el separatismo debe ser bienvenida. El problema, en este caso y en otros, es que aquéllas que cuentan con más cobertura mediática siempre son las encaminadas a defender la unidad nacional dentro del régimen constitucional, que ha sido quien más poder ha concedido al separatismo mediante el Estado de las Autonomías. Sólo hay que leer la petición que hacen a los partidos políticos:
Pedimos a los partidos políticos que se identifican con los principios de libertad, igualdad, justicia y solidaridad que demuestren su compromiso con hechos. El Partido Popular, el Partido Socialista, Unión Progreso y Democracia, Ciudadanos, y cuantas formaciones quieran preservar las bases de nuestra convivencia democrática, deben:
1. Reivindicar la Constitución como consigna de ciudadanía y convivencia, sin renunciar a las reformas cíclicas que permitan que España sea una nación cada vez más integradora y de mayor calidad democrática.
2. Rechazar cualquier negociación que con el pretexto de evitar el conflicto que plantea el secesionismo catalán limite la soberanía del conjunto de los ciudadanos y el ejercicio de sus derechos.
3. Alcanzar un pacto público, solemne y conciso que establezca un compromiso transversal de unidad de acción frente al secesionismo y garantice la decisión de someter al referendo común cualquier alteración de las bases constitucionales.
En resumen: piden a los partidos políticos que llevan décadas tolerando las exigencias del separatismo y pactando con ellos que cumplan la Constitución que en su artículo 2 habla al mismo tiempo de “nacionalidades” y “patria común e indivisible”: “La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas”.
El colmo es el cierre del comunicado, cuando piden defender una “comunidad de libres e iguales que es responsable de la época más justa y fértil de la historia de España”. ¿Es que España no ha conocido etapas históricas más justas y fértiles que la actual? Antaño fuimos un Imperio que dio a luz a numerosas naciones al otro lado del Océano Atlántico, pero hay quien piensa que la España de la corrupción y del turismo de borracheras ha sido nuestro mejor momento.

Puedo entender (aunque en la práctica algunos la hayan defendido mejor que otros) que la unidad nacional no es monopolio de nadie y puede defenderse desde diferentes posturas políticas. Pero limitar esta reivindicación a lo establecido en la Constitución Española de 1978 es estéril por dos razones: no todos los españoles nos sentimos identificados con ese régimen y la defensa de la unidad nacional debe estar por encima de los regímenes históricos.
En cuanto a lo primero, no depende de las ideologías que motiven al opositor del separatismo. Incluso el más demócrata puede ser partidario de la unidad nacional y posicionarse en contra de las instituciones del régimen constitucional (monarquía, autonomías, partidos políticos) por las razones que estimase oportunas, aunque podría llegar un momento en que el demócrata tuviera que plantearse la compatibilidad de sus ideales con la unidad nacional si la mayoría de los españoles se posicionara a favor de la secesión de una o más regiones.
De la misma manera, la unidad nacional no es una causa justa que deba defenderse por lo que establezcan las leyes, ya que lo mínimo que pueden establecer las leyes es la defensa del país para el que se promulgan. La hispanidad de Cataluña y de las demás regiones españolas es algo que ha venido definiendo la Historia y la convivencia común en el mismo proyecto desde hace siglos y no por la decisión de un régimen o gobierno en concreto.


Repito que la unidad nacional no puede ser una reivindicación exclusiva de ningún grupo, partido o movimiento. Pero, a la hora de la verdad, no se puede ignorar que la política influye sobre cómo se defiende esa unidad, porque en función de la ideología política se entenderá a España de una manera diferente a los demás. Por eso, aun siendo detractor del régimen constitucional, valoro de forma positiva que aparezcan estos grupos, porque es importante que los españoles (sobre todo si tienen alguna influencia en la opinión pública) muestren su rechazo a las provocaciones del gobierno autonómico de Cataluña; pero no olvido que estas personas sólo aspiran a que el separatismo se mantenga dentro de los límites constitucionales y legales y a que la clase política (Partido Popular, Partido Socialista, Ciudadanos, y Unión, Progreso y Democracia especialmente) se asegure de que las leyes se cumplan. Y todo eso no es suficiente, ya que la Constitución y las leyes podrían cambiar con el paso del tiempo y una hipotética secesión (aun contando con el beneplácito de las leyes) seguiría siendo una traición a España y un crimen histórico y político imperdonable.

14 de julio de 2014

De tradición a (mala) costumbre



Durante la pasada campaña electoral al Parlamento Europeo se habló mucho del papel que los mercaderes gobernantes concedieron a España en la actual Unión Europea. Incluso lo más firmes “europeístas” tienen que reconocer que no se ha desarrollado ningún mercado común y que sólo se han repartido roles. En el caso de España no sólo nos asignaron el papel de ser un destino turístico para los anglosajones, germanos y nórdicos; además, fueron más lejos y nos endilgaron el sambenito de la fiesta y, últimamente, el del área de esparcimiento de sus jóvenes para que hagan aquí lo que en su patria natal no estaría bien visto. Desde hace tiempo creo que los jóvenes británicos y alemanes (especialmente) cruzan nuestras fronteras con la idea de que lo que sucede en España se queda aquí. A muchos me los imagino como los hijos ideales que obtienen matrículas de honor y de los que sus padres se sienten tremendamente orgullosos, hasta que pisan nuestro suelo y el estudiante alemán de Derecho que va para juez del Tribunal de Justicia de la Unión Europea salta a la piscina del hotel desde el balcón de un cuarto piso y la puritana hija de una familia inglesa olvida los modales que le enseñan en su elitista escuela de pago metiéndose un falo tras otro en la boca. Y así podemos inventarnos miles de ejemplos, que tristemente se verán cumplidos a lo largo de este verano (y posiblemente más de una vez).

Pero si de algo goza España es de pluralidad hasta para ofrecer destinos turísticos atractivos a los que sólo quieren visitarnos para beber alcohol. No sólo de la playa vive nuestro sector turístico, ahora también llamamos la atención con los sanfermines de Pamplona. Y no porque se llene de extranjeros alcoholizados que quieren saber en qué consiste eso de poner el trasero a unos centímetros de la cornamenta de un toro. Tampoco porque haya a quien no se le ocurra nada mejor para el pregón que exhibir una imitación de la bandera del Reino Unido fusionada con la de Portugal (pero en el caso de éstos no hay estupefacientes ni alcohol que justifiquen su estupidez). Si por algo está Pamplona atrayendo a los extranjeros en estos últimos años es a causa de las exhibiciones de pechos que algunas ofrecen ataviadas con el traje típico de las fiestas de julio (aunque lo de “típico” sólo es una forma de hablar, porque normalmente lo llevan rosa y no blanco a causa del calimocho que se tiran encima).
Aquí llega el momento de pensar qué tiene de festividad católica el San Fermín de nuestros días. Pero eso podemos preguntarnos de cualquier fiesta patronal o popular.
Hablo muy en serio. Me gustaría saber de algún lugar de España donde las fiestas locales sean hoy un verdadero ejemplo de devoción al Cristo o a la Virgen del lugar y no una excusa para organizar un macrobotellón o salir a tomar cervezas con los conocidos. La tradición ha perdido su significado y ha dejado paso a la costumbre. Al igual que sucede con la Navidad y la Semana Santa, la mayoría de la gente sólo celebra las fiestas populares porque es lo que se ha hecho desde que tiene uso de razón.


Es muy triste, pero hemos pasado de ser el martillo de herejes y la reserva espiritual de Occidente para terminar siendo el burdel de Europa. Por eso la batalla contra el mundo moderno no es simplemente política y económica, también es moral. Sin una moral radicalmente opuesta a los pseudovalores que encarna este sistema, cualquier iniciativa se queda en una simple declaración de buenas intenciones; porque esos pseudovalores son para este sistema un pilar más importante que los partidos políticos o las inversiones en Bolsa. No hay más que ver cómo los medios “informativos” no tienen problemas en decir lo corruptos y sinvergüenzas que son los políticos y los sindicalistas del sistema gobernante pero nunca cuestionan los particulares dogmas de un sistema que, paradójicamente, es relativista a ultranza.

10 de julio de 2014

Comentarios sobre una entrevista a Jorge Verstrynge



Ayer se publicó en un conocido portal web de izquierdas una entrevista al profesor Jorge Verstrynge. Al ser alguien muy anterior a mi generación, lo que conozco de él es muy limitado. Pero sí recuerdo que, en una ocasión, escuché el tan manido tópico de que “los extremos se tocan” con él como ejemplo. Y, desde luego, a ojos de las personas con una visión simplista de la política (la que sólo distingue entre izquierda y derecha en base a cuatro tópicos) resulta sorprendente que alguien pase del neofascismo al comunismo… En realidad, el quebradero de cabeza para muchos no es el cambio ideológico de una persona sino de dónde parte y hacia dónde se dirige. Por eso Dionisio Ridruejo fue “indultado” por la izquierda que reparte los documentos de buen poeta y demócrata ejemplar a pesar de su antigua militancia falangista. Pero, en el caso de Jorge Verstrynge, parece que el indulto sólo ha sido parcial.

Hace varios meses, Verstrynge apoyó públicamente la formación que su colega Pablo Iglesias creaba de cara a las elecciones al Parlamento Europeo. Entre los potenciales apoyos de Podemos surgieron voces críticas que clamaban contra él de la siguiente manera: “Verstrynge se ha caracterizado por un discurso público explícitamente xenófobo y contrario al reconocimiento de los derechos de las personas que migran. Este discurso enlaza con los partidos de la nueva derecha radical que amenazan con hacerse fuertes en las próximas elecciones al Parlamento Europeo. Verstrynge ha mostrado abiertamente sus simpatías hacia Marine Le Pen y el Frente Nacional francés”. A juicio de esas personas, Vestrynge afectaba a la “construcción de Podemos como fuerza democrática” y a “posibles alianzas con otras fuerzas políticas de ruptura como el Partido X o las CUP”.
Resulta mejor no pensar qué entiende por “democracia” esta gente, sabiendo que su idea es pactar con la versión catalana de Batasuna y que no ocultan su simpatía por los herederos ideológicos y políticos de la versión original vasca. Pero su visión de la “democracia” está muy clara, más o menos es algo así: “El pueblo siempre tiene razón, el pueblo tiene que decidir sobre todo pero el pueblo tiene que seguir las pautas y límites que decidimos nosotros; si el pueblo decide apoyar a Amanecer Dorado o al Frente Nacional, eso no es democrático y hay que impedirlo por todos los medios”.
Eso sí, dejando al margen su dudoso ideal democrático (que, en el fondo, es una dictadura disfrazada), hay que reconocer que van de frente y no ocultan sus intenciones respecto a sus aliados y objetivos. Sinceramente, me parece mucho más miserable la actitud del Partido Popular, que rápidamente va a hacerse la foto con las víctimas del terrorismo al tiempo que permite la presencia de los abertzales en las instituciones y la puesta en libertad de los terroristas.

¿Pero cuáles son las “heréticas” palabras de Verstrynge que enfurecen tanto a algunos comunistas? En una entrevista del 30 de abril de 2013, manifestaba lo siguiente sobre el Frente Nacional francés: “Otro de los grandes mitos de la izquierda es la defensa de la inmigración. Esto, en Francia, le ha costado al Partido Comunista de ser el tercer partido del país a, en unas elecciones hace poco, obtener menos del 3% de los votos. Por la sencilla razón de que el obrero autóctono ya no se siente protegido por el Partido Comunista. Parece como si los comunistas, en Francia al menos ha ocurrido así, se preocuparan más por la gente que procede de la inmigración que por su propia base obrera tradicional. Entonces, ¿qué ha pasado? Que se han quedado sin clase obrera. Ahora mismo, en Francia, el primer partido obrero es el partido de Marine Le Pen, como es el primer partido joven. Y, ahí, la responsabilidad de la izquierda es abismal”.
No he visto nada anormal ni sorprendente en las declaraciones de Verstrynge. La verdad es que mucha mayor simpatía por Marine Le Pen mostró Fernando Sánchez Dragó en El Mundo hace varios meses. Pero ya sabemos que la izquierda necesita de nuevos desesperados que nutran sus filas, igual que el capitalismo necesita mano de obra barata para aumentar los beneficios. Por eso, y por el mito internacionalista, la izquierda necesita de la inmigración. Los trabajadores autóctonos, desgraciadamente, hoy no se cuestionan la estructura capitalista, algo imprescindible para aspirar a una sociedad más justa y que puede hacerse desde movimientos contrarios a la izquierda (aunque ésta insista en divulgar el mito de que sólo su camino es el de la justicia social); y esos trabajadores autóctonos encima cometen la “osadía” de mirar con recelo a unos inmigrantes que, lógicamente, también verían mal que otros acudieran en masa a sus países y provocaran problemas de ser ellos quienes recibieran la inmigración en lugar de protagonizarla.

A lo mejor estoy siendo excesivamente elogioso, pero veo a Verstrynge un sentido común sobre la inmigración y la idea nacional que contradice los dogmas multiculturales e internacionalistas de la izquierda contemporánea. Esto es lo que declaró en la entrevista de ayer a eldiario.es: Pasar del nacional-comunismo al comunismo no es difícil. Basta con no pronunciarse sobre esa estupidez que dice que el mundo del trabajo es universal y no conoce patrias. Pero es al revés: el capital nunca ha tenido ninguna patria. Si el mundo del trabajo hubiera reconocido que tiene patria, quizá nos hubiera ido de forma diferente”. Tampoco tuvo desperdició lo que dijo sobre los banqueros españoles: “La derecha financiera española es abyecta, abyecta (…) Iban a la ley del chollo, creían que había que saltar de inmediato sobre cualquier duro que pasara, aunque a largo plazo no fuera rentable. No tenían la menor visión de futuro del país o del interés general. El país les importa en la medida en que el país les reporta, pero ellos no son del país. Son tíos sin patria”; y sobre el aburguesamiento de la izquierda: “La izquierda-caviar, la izquierda de El País, ha abjurado de su clase social. De ahí que les guste tanto la inmigración: es tan cómodo tener una tata peruana que le limpie el culito a la abuela a la que tú no se lo quieres limpiar. Y eso se lo plantean como si fuera ser progresista. Pues no, perdona, están llevando a cabo una guerra contra su propio pueblo al que han abandonado frente al capital”.
Pero, como ha sucedido en las últimas semanas con Pablo Iglesias y Alberto Garzón, a un comunista siempre se le ve de qué pie cojea. Sólo hay que leer lo que manifestó Verstrynge sobre Stalin: “Más comprometido con la democracia estuvo Stalin que la operación Walkiria o que el desembarco de Normandía, porque si no hubiese sido por los rusos, en estos momentos hablaríamos en alemán. La Segunda Guerra Mundial la ganaron los rusos, no los occidentales. Fíjate, cada vez me fascina más la figura de Stalin. No era un niño de teta, pero ¿quién lo era en aquella época? Y frente a Hitler, si eras un niño de teta, no tenías nada que hacer”. Y eso que, antes de responder lo anterior, había declarado esto: “El derrumbe de la URSS repercute sobre los comunistas, por mucho que aquello no fuera comunismo. Durante mucho tiempo la izquierda de verdad, los comunistas, van a seguir pagando esa factura. Cuando los jóvenes ya no tengan esas referencias de Hungría, Checoslovaquia, etc., los comunistas les parecerán más acogedores” (curiosamente, si sustituimos Unión Soviética por franquismo y comunismo por nacionalsindicalismo tenemos la respuesta a cómo deberíamos responder los falangistas cada vez que nos identifiquen con el franquismo… si es que realmente queremos levantar cabeza y tener relevancia política).
Por último, de la mencionada entrevista en eldiario.es también hay que destacar lo siguiente:
-          Rajoy cumple con su papel, se hace con el poder en la derecha, se hace con el poder en el Gobierno de rebote. No era un personaje destinado a ser un líder” (Hay que darle la razón. Rajoy no es un tipo que inspire la confianza suficiente para ser líder de nada. Pero sabrá ser sumiso a los verdaderos amos del mundo y eso es lo que importa en la política profesional de nuestro tiempo).
-          En el bachillerato a mí me dieron a leer un libro que se llamaba La función social de la propiedad. Aquí, de eso, nada. Aquí la derecha viene ejemplificada por el apellido del dueño del Santander: Botín. La derecha que hay hoy, comparada con la de la época de Fraga, tiene un planteamiento más de derechas, más descarnado, menos patriótico, más cutre” (Otro acierto, aunque es algo que muchos vemos sin necesidad de contar con una larga trayectoria ni con una considerable formación. A la derecha de hoy sólo le importa la economía y vive del mito del “voto útil”).
-          El motor es la gente que trabaja, la que crea plusvalía. Los bancos no crean plusvalía, sino que se adueñan de ella” (Esta propuesta lleva ocho décadas siendo defendida por el nacionalsindicalismo; pero, como sucede siempre, parece que en boca de la izquierda es más “actual”. No sería extraño que terminen apropiándosela y presentándola como una novedad suya).

-          En mi época se creía en la no injerencia en asuntos internos de otros países. Esto ha sido sustituido por la ideología de los derechos humanos. En principio está muy bien. Pero, mira, mis antepasados conquistaron medio mundo con los mejores propósitos, pero de paso lo esquilmaron. Hitler entra en los Sudetes para liberar a las minorías. Y así todo. Y ahora igual: proclamamos la democracia a cañonazos. Es la política de injerencia humanitaria. Así bombardeamos Irak o Yugoslavia” (No sé si se referirá a sus antepasados españoles o franceses. Pero, realmente, da igual. Cae en el “mito del buen salvaje” y considera que el malo es el hombre europeo, al que atribuye la etiqueta de saqueador cuando, realmente, los países que antaño fueron colonias o territorios de ultramar hoy cuentan con importantes recursos energéticos disfrutados por empresas multinacionales, con el visto bueno de las tiranías nativas).

7 de julio de 2014

Alberto Garzón y la ¿regeneración? de la izquierda



Hoy El Mundo ha publicado una entrevista al diputado Alberto Garzón. Resulta de interés su lectura, ya que es un buen ejemplo de cómo una parte de la izquierda oficial (como es el caso de Izquierda Unida y el Partido Comunista) busca un punto de encuentro con la izquierda antisistema (sobre todo con Podemos) justo en el momento en que el desprestigiado régimen constitucional de 1978 se acerca a su fin.
Como era de esperar, responde a una pregunta sobre la Transición como si ellos nunca hubiesen participado en dar a luz y mantener al régimen actual: “La izquierda y el PCE hicieron lo que se pudo, pero lo que pretendían no se pudo conseguir porque el franquismo ganó la batalla”. Aunque, más adelante, tiene el lapsus de reconocer que los comunistas, junto con los separatistas, dieron el visto bueno a la monarquía que representaba Juan Carlos I: “El pacto que dio a Juan Carlos el trono en su momento está roto. No están los nacionalistas, ni el Partido Comunista. Están solos PP y PSOE y Felipe VI con sólo esos apoyos puede naufragar. Aunque sea por una cuestión generacional, porque la mayor parte de los jóvenes se declara republicana, será Felipe, el breve”.

Todavía es pronto para saber si Felipe VI será monarca durante poco o mucho tiempo. Pero sí sabemos que sus dos apoyos principales están más preocupados por presentar unas estadísticas esperanzadoras sobre el desempleo o por encontrar un dirigente que frene la caída de su partido que del nuevo periodo histórico que acaba de inaugurarse.
Mientras tanto, Izquierda Unida ve venir el nuevo ciclo y busca aumentar su frente a la izquierda del Partido Socialista. Sin duda, su “objetivo” principal es Podemos y de ello habla Alberto Garzón: “No es IU quien debe estar preocupada por Podemos, sino el PSOE. A mí se me ha encomendado crear una especie de frente amplio, de bloque social histórico, que permita confluir a todas las fuerzas que estén por la labor de transformar la sociedad. Eso incluye a Podemos, pero también a otras fuerzas”.
Otra respuesta muy significativa de sus intenciones es la siguiente: “Lo importante son los programas y los proyectos, no las siglas. Quiero hacer la revolución y me da igual las siglas con las que se haga. Soy miembro del Partido Comunista y creo que el instrumento útil es IU, pero si hay que cambiar el nombre para ir a un lugar donde nos vamos a encontrar todos, adelante”. Reconozco que esto puede dar para muchos debates en otros entornos ideológicos. Pero llevarlo a la práctica con la misma eficacia que les ha proporcionado a los comunistas es poco probable, ya que ellos ostentan cargos en las instituciones públicas y aparecen con normalidad en los medios informativos; mientras que otras posibles coaliciones o “marcas blancas” no contarían con ese punto a favor. Además, las diversas tendencias de la izquierda llevan décadas de trabajo en la sombra que está empezando a dar ahora sus resultados y no se puede pretender igualar eso en unos pocos meses o años.

Mientras el Partido Popular no tiene más ideología que la economía capitalista y el Partido Socialista sólo habla vagamente de su visión de la izquierda (un utópico Estado social pero sin tocar los cimientos de la estructura económica vigente), este diputado de Izquierda Unida se define de la siguiente manera: “Soy socialista y republicano e identifico en el capitalismo la causa de los mayores problemas de esta sociedad, como el desempleo y la pobreza. Soy republicano porque soy muy demócrata y creo en los valores de la Ilustración, del Estado de Derecho y de la participación política”.
Dicen que los discursos ideologizados hoy son inservibles y un estorbo. Pero más bien debería decirse que lo son si sólo nos servimos de ellos para teorizar y nunca para llevarlos a la práctica (entre otras cosas, no me imagino a Alberto Garzón ni a ninguno de los suyos repartiendo certificados de comunistas o impartiendo lecciones sobre qué es o qué no es su programa). Un proyecto que pretenda tener recorrido debe contar con un cuerpo doctrinal sólido, una minoría dirigente y una base militante; sin esos tres pilares, no puede existir ninguna alternativa que venza al orden que se quiere derribar. Izquierda Unida, por su parte, cuenta con el pilar del marxismo (más o menos disfrazado de liberalismo, como hace Alberto Garzón cuando se declara seguidor de la Ilustración y del Estado de Derecho); con una minoría dirigente que primero supo parasitar al régimen constitucional y ahora, cuando no queda nada que aprovechar, se desmarca de quien ha estado viviendo durante todos estos años; y con una militancia que, sin duda, ha sido históricamente atraída por la demagogia de la izquierda al atribuirse el monopolio de las luchas sociales y por el mito histórico y propagandístico que ha estado difundiendo desde que terminó la Guerra Civil Española. Sin esos tres pilares, Izquierda Unida no hubiera llegado hasta el día de hoy.

Aunque, como es de esperar, al comunista siempre se le acaban viendo las intenciones, como sucede con el flirteo con los abertzales. Al igual que sucedió con Pablo Iglesias, Alberto Garzón también encuentra una explicación política al terrorismo de ETA: “El terrorismo de ETA tiene una explicación original política, por una cuestión de identidades nacionales que se han enfrentado. Pero lo que ocurre con ETA es que es una mafia y utiliza un discurso político para encubrir actos criminales”. Como siempre, hay que preguntarse (aunque sea retóricamente) porque en este entorno de la izquierda siempre se habla del “Estado español” y no de España y, sin embargo, al hablar de ETA también lo hacen de “identidades nacionales”. ¿Sabrá Alberto Garzón que la “identidad nacional vasca” fue fruto de una inspiración en el tradicionalismo que, además de posturas racistas, odiaba con todas sus fuerzas a las ideas socialistas que defienden en Izquierda Unida?
Volviendo al tema original, el diputado sí afirma que el terrorismo no puede justificarse: “El terrorismo no tiene ninguna justificación, nunca. Pero cuando es un terrorismo político puede explicarse desde el punto de vista de conflictos, ya sean identitarios nacionales o étnicos. El terrorismo se puede explicar políticamente, pero no justificar”. Pero ya sabemos qué significa esto en boca de alguien de Izquierda Unida: que, si no hay armas ni organización terrorista, los separatistas que han atentado contra los españoles tienen que poder participar en las instituciones públicas y hasta gobernar en ayuntamientos, como así sucede hoy.

Puede comprobarse que la regeneración de la izquierda, aun conservando viejos vicios y fobias, tiene muy claro hacia dónde se dirige. En cambio, no sucede lo mismo en la regeneración de la derecha. Hace unos días, Santiago Abascal afirmaba en Toledo lo siguiente: “Hay un gigantesco problema en España por el paro y el voto a Podemos es comprensible por esas circunstancias, pero en gran medida es el voto de la ira y la desesperación, pero engañados por unos dirigentes que nos vienen a proponer las mismas fórmulas que han fallado desde 1917”. Dejando a un lado que las propuestas demoliberales que tanto apoya Santiago Abascal también vienen fallando desde 1917, su discurso es el eterno grito de socorro de la derecha contra un movimiento que propone algo más que una estructura distinta de la producción económica. Por eso, como VOX no propone nada nuevo (porque su más “original” reivindicación, la eliminación de las autonomías, es algo que otros sectores extraparlamentarios reivindican desde hace décadas), su potencial electorado permanece cómodamente en torno al Partido Popular (ya que esa gente no destaca precisamente por apostar por el cambio y más si no tiene opciones reales de ganar) mientras que los potenciales votantes de la izquierda sí se sienten optimistas con lo que pueda salir de esa alianza entre Izquierda Unida, Podemos y otras organizaciones.


Pero en esa absurda división entre izquierdas y derechas que algunos se empeñan en mantener es donde puede estar el fracaso de los grupos políticos mencionados. Tanto VOX como Izquierda Unida necesitan una sociedad dividida en bandos antagónicos para señalar a un enemigo que les proporcione votos y poder. En el caso de VOX, como sucede más disimuladamente con el Partido Popular, necesitan del discurso “populista y demagógico” de Podemos para asustar a sus posibles votantes y convencerles de que les den su apoyo; igualmente, Izquierda Unida y Podemos necesitan de una derecha a la que identificar con un régimen político ya fenecido y al que presentan como su visión particular del mal absoluto. Sin embargo, esas obsesiones por dividir a la gente y de no mirar por el bien de toda la sociedad es lo que, a la larga, podría dar pie a que la gente apoyara a un movimiento con reivindicaciones sociales y nacionales que no quisiera limitarse a ser una pieza más del juego demoliberal o a estar a la derecha o en el centro del sistema. Aunque eso es otra historia…