28 de octubre de 2014

El "pequeño" Nicolás



Si hace un par de semanas hubiera oído hablar del “pequeño Nicolás”, habría pensado en un par de libros infantiles que leí hace no sé cuántos años. Trataban sobre las travesuras de un niño francés y sus amigos del colegio y eran bastante entretenidos.
Pero el “pequeño Nicolás” del que tanto se ha publicado en los medios es algo más que un chico travieso. Puede que algún amante de lo clásico quiera vincular sus chanchullos con la picaresca hispánica del “Lazarillo de Tormes”, pero eso sería un error: el pícaro Lázaro perdió los dientes por beber un poco de vino mientras que el “pequeño Nicolás” se agarraría sus curdas con medio Partido Popular, y Lázaro se engañaba a sí mismo pensando que su señora no se extralimitaba con un clérigo mientras que Nicolás se fotografiaba con bellas jovencitas que admiraban el tamaño de su cartera; en resumen, el pícaro Lazaro era uno de esos desgraciados obligado a ser un cabrón porque a eso le obligó la vida y Nicolás es uno de esos cabrones que ansía más y más porque le excita refocilarse con el poder.
Si algo me ha sorprendido de este asunto es que el chaval haya engañado a tanta gente. Soy realista y sé que hay muchos jóvenes deseando medrar en el mundo de la política y de los negocios. Sería interesante examinar uno a uno a los afiliados de las Nuevas Generaciones y del Partido Socialista: los Nicolases saldrían como las setas en el monte después de la época de lluvias. Pero una cosa es que un chaval tenga la ambición de llegar a concejal, alcalde, diputado o Presidente del Gobierno y otra que vaya negociando con todos sobre cualquier cosa sin que nadie se pregunte de dónde ha salido ese personaje.
A éste le han pillado. ¿Pero cuántos niñatos adinerados (y no tan adinerados) andarán ahora resolviéndose el futuro a costa de los demás españoles? Estos individuos no son como los viejos pícaros del Siglo de Oro, sino unos simples amorales para los que no existe el bien y el mal; porque en el Siglo de Oro, aunque no tuvieran televisores ni fueran de veraneo a Gandía o a Mallorca, sí tenían una idea de qué era el bien y qué era el mal. Estos amorales sin ninguna vergüenza pretenden que les mantengamos de por vida y sólo por su cara bonita, por haber nacido en una familia con dinero o por tener mejores contactos con el poder que el resto.

¿Pero creéis que los españoles están indignados con Nicolás? Más bien, muchos desearían ser como él pero sin que les pillen. Así funciona hoy España. Da igual que tengamos una monarquía parlamentaria o una república presidencialista, da igual que el Estado sea autonómico o federal, da igual que siga gobernando el bipartidismo o Podemos… mientras la mayoría de los españoles conserven su anhelo de ser parte del poder, no cambiará absolutamente nada. Y ahí está el dilema: ¿quién es el valiente que le pone el cascabel al gato?


Este artículo fue publicado en la página de Facebook de Juventudes Falangistas de Falange Española de las JONS el 28 de octubre de 2014

27 de octubre de 2014

Entrevista a José Ramón Alonso (25-10-2014)



La ContraTuerka ha entrevistado a José Ramón Alonso, profesor de Filosofía. Fue un honor compartir mesa con él mientras explicaba la estrecha vinculación entre el nacionalsindicalismo y la filosofía como área del conocimiento.

24 de octubre de 2014

"Falange y Filosofía", mesa redonda con José Ramón Alonso


Este sábado 25 de octubre, a las 12:00 de la mañana, tendrá lugar en la sede madrileña de Falange Española de las JONS una mesa redonda con el título de “Falange y Filosofía”. El evento está organizado por la Jefatura Provincial de Madrid e intervendrá José Ramón Alonso, profesor de Filosofía y miembro del equipo de redacción del manifiesto Pedimos y queremos. Materiales para la reconstrucción nacional.

23 de octubre de 2014

Conferencia de Jorge Garrido sobre el modelo educativo nacionalsindicalista (27-09-2014)



El pasado 27 de septiembre tuve el honor de hablar en nombre de la Delegación Nacional de Juventud de Falange Española de las JONS en la conferencia “La educación en el Estado Nacional Sindicalista”, impartida por Jorge Garrido (vicesecretario general de Falange Española de las JONS, presidente del sindicato Unión Nacional de Trabajadores y antiguo dirigente del Sindicato Español Universitario). A lo largo de casi una hora y media (estando incluido, en ese tiempo, el posterior coloquio tras las preguntas del público asistente), Jorge Garrido expuso las propuestas del nacionalsindicalismo en un ámbito tan importante como es la educación de los jóvenes. Sin duda, es un material imprescindible para todos aquellos que no se conformen ni con el adoctrinamiento escolar de la izquierda y los separatistas ni con los recortes sociales y la tendencia a la privatización de la derecha.

20 de octubre de 2014

Entrevista a Jaime Bertomeu (18-10-2014)


Falange Española de las JONS ha emprendido un proyecto audiovisual con el nombre de La ContraTuerka. Tras la primera entrevista a Jorge Garrido sobre la situación de Oriente Medio, esta vez le tocó el turno a Jaime Bertomeu, un veterano militante falangista que habló sobre la actualidad política de Cataluña y lo que puede deparar el futuro a esa región si los secesionistas continúan con sus planes de romper la unidad nacional de España.

Como miembro del equipo de La ContraTuerka, tuve el honor de entrevistar a Jaime. No somos profesionales del mundo de la televisión o del periodismo y nuestros medios son escasos y limitados, pero creo que demostramos que los falangistas tenemos un discurso propio cuyo único norte es la Verdad y la Justicia. Confiamos en mejorar la calidad de las entrevistas y debates que se hagan en el futuro, y en dar mucho de qué hablar, a propios y a extraños.

19 de octubre de 2014

Por qué la ocupación de viviendas es compatible con el nacionalsindicalismo



Durante el pasado verano tuvieron bastante presencia en los medios de “información” los Hogares Sociales, surgidos en Zaragoza y en Madrid como iniciativas de jóvenes españoles para ayudar a nuestros compatriotas más necesitados. Especial protagonismo tuvo el de Madrid, en el barrio de Tetuán, que hasta su desalojo por orden judicial ayudaba sólo a españoles en medio de un clima hostil por parte de grupos antifascistas y pandillas de delincuentes inmigrantes, que incluso llegaron a intentar quemarles la puerta del edificio y atacaron un reparto de alimentos.
Sorprendentemente, en el mundillo falangista esto fue visto de un modo bastante favorable en foros y redes sociales; incluso en Zaragoza surgió una ocupación, derivada de un Hogar Social anterior, dirigida por falangistas, tal y como se explicó en una entrevista en el portal Hispaniainfo y en un comunicado de este Hogar Nacional Sindicalista. Y tuvimos que hacernos la siguiente pregunta: ¿Es la ocupación de viviendas un arma válida para el nacionalsindicalismo en su lucha contra el liberal-capitalismo?

En el recientemente publicado manifiesto de Falange Española de las JONS, en un apartado con el título de “El capitalismo y la propiedad privada”, se propone lo siguiente: “Defendemos que la propiedad, a fin de cumplir adecuadamente con su doble función individual y social, debe fundamentarse en la propia naturaleza de los bienes: los de uso y consumo, privados; las viviendas, pequeños negocios y similares, familiares; los de producción, sindicales o comunales y los de interés social o nacional, estatales”. Concluimos que la legitimidad de la propiedad privada es una consecuencia directa de la función que cumple; sin esa función, la propiedad privada carece de justificación por sí sola.
Más adelante, en “El derecho a un hogar familiar digno e inembargable”, Pedimos y queremos. Materiales para la reconstrucción nacional expone: “Tenemos la certeza de que no puede haber dignidad para las personas que viven en España si no tienen garantizado el cobijo de una vivienda. Es inconcebible que en la España del siglo XXI se desahucie un millón de españoles (2013), se impida que los jóvenes puedan independizarse y formar una familia que transforme una mera morada en un verdadero hogar, mientras que dos millones de viviendas siguen vacías o bajo la abusadora propiedad de los bancos.
El hogar familiar, por el simple hecho de serlo, debe contar con la máxima protección del Estado, garantizando que cada familia española goce del amparo legal frente a desahucios o impagos. Si aspiramos a un país libre, no podemos permitir que se deje a la gente en la calle, o que un impago previo a un desahucio suponga contraer una deuda millonaria de por vida con el banco negando a la familia el derecho a rehacer sus vidas. No puede haber Estado fuerte sin familias, ni familias sin hogar”.
Los falangistas no podemos ver con buenos ojos que millones de personas no puedan acceder a un hogar propio mientras otras tantas viviendas están vacías y, lo que es más importante aún, sin cumplir con la función individual y social para lo que fueron construidas. La importancia del fin de la vivienda también la encontramos en el apartado de “La necesaria reforma del suelo urbano”: “La propiedad del suelo debe encaminarse a su lícito uso y disfrute, que conduzca al cumplimiento de los fines individuales, sociales y familiares, no constituyendo un derecho incondicional privado ante el interés general; por lo que, además, se protegerá a los españoles de su abuso”.
Por lo tanto, una vivienda vacía que no cumple ninguna función social y que sea propiedad de un banco o de una inmobiliaria sería legítimamente ocupada si sus ocupantes buscan el techo que se les niega, ya sea por una ejecución hipotecaria o por falta de medios económicos. En el caso del banco, la vivienda es una propiedad que ha obtenido a costa de las deudas impagadas de los anteriores propietarios y su “reconquista” mediante la ocupación por parte de los anteriores habitantes estaría más que justificada; y en lo que respecta a las inmobiliarias, éstas se han lucrado durante años con la venta de inmuebles y, desde que estalló la burbuja, muchas construcciones se han quedado a medias, siendo su ocupación y rehabilitación una buena medida para dar cobijo a personas sin recursos.
Muy diferente es el caso de los inmuebles que son propiedad de personas físicas y de personas jurídicas que no sean bancos o inmobiliarias. Un ejemplo muy sencillo: la ocupación de una nave industrial cuyo propietario sigue trabajando allí no sería aceptable, como tampoco lo sería la ocupación de una vivienda que una familia tiene en una localidad diferente a su residencia habitual para ir allí de vacaciones; en estos casos, esas propiedades privadas sí cumplirían con su función social y no estaría justificada su ocupación por terceros.


Esta reflexión es válida mientras nos encontremos en lucha contra el actual sistema liberal-capitalista. Reubicar, al margen de las instituciones liberal-capitalistas, a todos los españoles sin vivienda propia en los diferentes inmuebles vacíos y propiedad de bancos e inmobiliarias podría suponer hoy una revolución tan importante como la que pretendía la Falange fundacional con su proyecto de Reforma Agraria. Sin embargo, un Estado Nacional Sindicalista acabaría de raíz con la especulación inmobiliaria y garantizaría unas viviendas dignas y accesibles para todos, no siendo necesaria entonces la ocupación porque las injusticias sociales habrían sido eliminadas.

http://www.hispaniainfo.es/web/2014/10/20/por-que-la-ocupacion-de-viviendas-es-compatible-con-el-nacionalsindicalismo/


Este artículo fue publicado en las páginas de Facebook de Patria Sindicalista y de Falange Española de las JONS el 19 de octubre de 2014 y en el portal Hispaniainfo el 20 de octubre de 2014

17 de octubre de 2014

El poco conocido sindicalismo falangista



La Falange y los sindicatos obreros es un interesante trabajo de Ceferino Maestú sobre el primer sindicalismo falangista de la Central Obrera Nacional Sindicalista (CONS) durante la época fundacional. Escrito en el año 1963, es un libro imprescindible para aquellos que deseen conocer la faceta más revolucionaria del nacionalsindicalismo y su vinculación con el mundo obrero. Consta sólo de 37 páginas y va directamente al grano, repasando los principales acontecimientos del nacionalsindicalismo como movimiento obrero, desde el apoyo que el grupo de Ramiro Ledesma en La conquista del Estado dio a la huelga de Telefónica en julio de 1931 protagonizada por la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) hasta el final de este sindicalismo falangista con el Alzamiento Nacional y su sustitución por otro modelo más conservador y corporativista.

El trabajo comienza con este par de párrafos: “La parte más olvidada de la historia de la Falange es la que corresponde a aquellos aguerridos aunque incipientes sindicatos obreros falangistas que, antes del 18 de julio, y después, mantuvieron en alto la más auténtica y popular bandera revolucionaria nacional-sindicalista.
Por ello, bien merece la pena intentar ordenar viejos recuerdos de antiguos camaradas, documentos escondidos, datos dispersos, para ofrecer a la nueva Falange que se está gestando, cara al futuro, y a los trabajadores, la batalla de aquellos hombres que intentaron arrebatar al anarquismo y al marxismo la vanguardia de las aspiraciones populares”.
Y la conclusión de Ceferino Maestú, que merece ser reproducida casi íntegra, es la siguiente: “Si, en rigor, aquellos meses del 36 y del 37, hasta la creación del Movimiento Nacional, llamado Falange Española Tradicionalista de las JONS, constituyeron un momento crepuscular de aquella Falange que se hundió en la clandestinidad en marzo de 1936, unos meses antes del 18 de julio, lo que vino después poco tiene que ver con la empresa gigante, moderna, limpia y revolucionaria propuesta por José Antonio.
De todo este trabajo se deduce una conclusión: Falange Española de las JONS nunca tuvo sindicatos verticales. Patrocinaba un sindicalismo vertical, pero como conclusión revolucionaria. Primero, había que modificar la concepción de la Empresa, la estructura general de la Economía. Sin ello, todo sería superficial, falso, dictatorial, provisional. Y una Revolución sólo merece la pena intentarla para garantizar a los pueblos un horizonte de paz, de convivencia y armonía, para muchos años. Y de Libertad.
(…)
Camaradas: si los demás movimientos obreros se sienten fuertes porque tienen historia, porque detrás de ellos están años de lucha, hombres que murieron por su ideal, sacrificios y renunciaciones, también nosotros tenemos un bagaje que nos impulsa, exige y condiciona. Que el recuerdo de García Vara, de Montesinos, de Orellana, de Moldes, de Manuel Mateo, con José Antonio Primo de Rivera, y con todos los muertos de la Falange y de sus Sindicatos, nos obliguen a conseguir, con paz o con violencia, la Justicia y la Libertad en Nuestra Revolución”.

Por desgracia, me temo que el sindicalismo sigue siendo el “patito feo” de nuestro movimiento. Más de una vez he escuchado a Jorge Garrido, actual vicesecretario de Falange Española de las JONS y presidente del sindicato Unión Nacional de Trabajadores (UNT), comentar lo incomprensible que resulta que nos definamos como nacionalsindicalistas y que nunca hayamos tenido una organización sindical fuerte y con un gran número de militantes; curiosamente, la última vez que le escuché esto a Jorge Garrido fue en la presentación que, en marzo del pasado año 2013, se hizo en el Ateneo de Madrid de otro trabajo de Ceferino Maestú, Los enamorados de la Revolución, una extensa obra de casi novecientas páginas sobre la Segunda República y la Guerra Civil centrada especialmente en el nacionalsindicalismo y en el anarcosindicalismo.

¿A qué puede deberse esta situación de inferioridad de la rama sindical frente a la rama política en el movimiento nacionalsindicalista? Seguro que muchos otros se lo han preguntado antes.
Así, a simple vista, diría que se debe a que es el punto más complejo de nuestro pensamiento. Es muy fácil que la gente entienda que defendemos la unidad de España al tiempo que respetamos las diferencias regionales; igual que a muchos les resulta fácil asimilar que el aborto es un asesinato y que debemos ser la voz de los no nacidos, que el matrimonio sólo puede ser formado por un hombre y una mujer porque los homosexuales no pueden tener hijos de modo natural, y que el Estado y la Iglesia Católica deben respetarse mutuamente en sus competencias.
Pero la cosa cambia radicalmente cuando dices que el capitalismo es un sistema injusto y que los trabajadores deben ser propietarios de los medios de producción. Como poco, los que con lo anterior estaban convencidos ahora dirán que eso es “comunismo” y criticarán que se les quiera desposeer de la propiedad privada y de la posibilidad de tener un buen sueldo (aquí se dan la mano capitalistas y comunistas: ambos defienden la falsa identificación entre capitalismo y propiedad privada y son partidarios de que el trabajador venda su fuerza de trabajo para, a partir de ahí, construir su discurso).

En estos casos es cuando comprobamos cómo de arraigado está el liberal-capitalismo en las sociedades occidentales. Explicar a la gente que la propiedad privada es antagónica del capitalismo y que el trabajo puede ser remunerado sin necesidad del salario es muy complicado; y requiere una gran preparación de quien lo explica, y una mente abierta y dispuesta a aprender por parte del posible público. Y hoy, por desgracia, el español medio está demasiado preocupado por sus problemas económicos o demasiado anestesiado por la sociedad de consumo como para preocuparse de entender y luchar por complejas estructuras de sindicalismo participativo.

Afortunadamente, en los últimos años han sido varios los falangistas que se han preocupado de divulgar en qué consiste nuestro modelo sindical: ahí tenemos el Manifiesto Sindicalista, de Jorge Garrido; el manual de formación El Nacionalsindicalismo: Respuestas a las preguntas más frecuentes sobre la Falange y su doctrina, de David Pedraza; y el nuevo manifiesto de Falange Española de las JONS, Pedimos y queremos. Materiales para la reconstrucción nacional. Y, desde luego, tampoco podemos olvidar los numerosos trabajos y conferencias sobre el sindicalismo, tanto en la investigación histórica como en el terreno militante, de Ceferino Maestú.

10 de octubre de 2014

Amaneciendo en la carretera



Es completamente de noche. ¿Qué esperabas? Se nota que abandonaste la vida nocturna hace tiempo… Pues sí, todavía es de noche a las siete de la mañana en este raro (y agradable) periodo del año, cuando el verano ha llegado a su fin pero el otoño no termina de entrar. Ojalá viviéramos siempre con este tiempo, ¿verdad? Es muy agradable poder estar en manga corta sin pasar calor, pero lo bueno nunca dura. Nunca. Quizá por eso es tan bueno. O puede que no lo valoremos lo suficiente por no darnos tiempo a acostumbrarnos a ello.
No hay nadie en la parada del autobús. Es pronto incluso para este horario. Siéntate y escucha ladrar a los perros. Tienen esa costumbre muy a menudo, lo que pasa es que no te enteras nunca. Pero ladran y nos recuerdan que allí vive gente, aunque en ese momento no lo parezca.
El primer desconocido que llega tiene la cortesía de saludar. ¿A qué es curioso? Los desconocidos son muchas veces incluso más educados y respetuosos con nosotros que la gente que sí conocemos. Ironías de la vida. Eso, o que es preferible no tratar con la gente para no ver cómo se convierten en unos gilipollas.

¿Cuántas personas pueden viajar en el mismo autobús a lo largo de un día? ¿Y en ese asiento en el que estás sentado? Nunca lo has pensado. Sí, lo sé. ¿Quién va a perder el tiempo pensando en eso? Y en parte tienes razón. Pero a veces es divertido. ¿Ves a toda esa gente durmiendo en los asientos o mirando sin parar su teléfono móvil? ¿No tienes curiosidad por saber quiénes son y qué hacen con sus vidas? Es evidente que tú a ellos no les preocupas. Pero no olvides que eres diferente y que, para bien o para mal, disfrutas perdiéndote en pensamientos que no conducen a ninguna parte. Esto también es irónico, ¿eh? Toda la vida has estado agobiándote por llegar pronto a todos los sitios y, al final, necesitas ir a ninguna parte para disfrutar del camino. ¿No sería más lógico que disfrutases de un camino que te condujera a alguna parte?
El cielo sigue negro, aunque comienza a insinuar ese tono azulado que con el paso de los minutos será gris. Pero de todo esto ya te darás cuenta cuando haya cambiado radicalmente. No eres tan buen observador ni tienes la suficiente paciencia para apreciar el cambio. Aunque, siendo sinceros… ¿para qué perder el tiempo mirando cómo cambia el color del cielo?

Sabes que a esta misma hora, mientras renuncias a dormir, una enorme cantidad de gilipollas se refugia en sus camas tras una noche de diversión. No eres como ellos, ya lo asumiste hace mucho tiempo. Pero no te desagrada la idea de que una zorra cualquiera te masajeé el prepucio con la lengua o de que un grupo de imbéciles se ría con tus anécdotas.
No te preocupes, que conozcas la existencia de la pandemia que asola a esta sociedad no te libra de no contagiarte. La presión de la tele y de la gente que camina a tu alrededor puede hacerte desear algo que no quieres aunque aprendieras hace mucho que nada de eso era real. Pero recuerda lo que se esconde detrás de eso: la nada.
Nada es real. El amor que te ofrecen esos cretinos sólo es una necesidad fisiológica con una curiosa vara de medir: degradación es proporcional a calidad. Y en cuanto a la amistad, sólo es un grupo de apoyo al que acude a refugiarse la gente para no sentirse sola porque así se lo han impuesto desde que tienen uso de razón.
¿Sabes cuál es la diferencia entre tú y ellos? Que tú sabes que estás solo: no tienes ni idea de a dónde dirigirte, pero asumes tu tragedia. Ellos, en cambio, se engañan a sí mismos todos los días, desde que se levantan hasta que se van a dormir, creyendo que son felices simplemente por hacer todo lo que les han dicho que deben hacer para ser personas normales. ¿Y sabes qué te digo? ¡Que se vayan a la mierda, ellos y su normalidad!

El cielo se ha vuelto gris y una bola anaranjada confirma que acaba de amanecer. Y ni te has enterado porque, como siempre, estabas pensando en gilipolleces que no te llevan a ninguna parte.
¿Lo ves? Cada vez hay más vehículos por la carretera. La Capital está cerca.
Otra ironía de nuestra vida es que la gente de pueblo anhela emigrar a la ciudad mientras la gente de ciudad desea una vida tranquila como los de pueblo. El caso es no estar contentos con lo que tenemos. Somos criaturas quisquillosas. El intelectual de turno lo llamaría inconformismo; pero, para ser sinceros, a esa actitud prefiero relacionarla más con el niño mimado que no está contento con nada que con las inquietudes más metafísicas.
En fin… la capital y sus pecadores esperan tu visita. Te gustaría llevar una pistola en la mano y comenzar a impartir justicia divina, ¿verdad bribón? Seguro que hasta te empalmarías metiendo un tiro en la sien a todos esos corruptos, especuladores y usureros mientras suplican por sus repugnantes vidas. Pero sabes que eso no sería suficiente. La Capital del Pecado tendría que ser demolida completamente y quemada hasta sus cimientos para que pudiera resurgir de las cenizas una Capital de la Virtud donde no hubiera tipejos de pelo repeinado y sonrisa avariciosa amenazando con vivir a costa de los demás.
Pero no eres la mano de Dios. ¿Crees que Dios iba a pensar en ti para cumplir con esa misión? Sabes de sobra que en esta vida existen muchos candidatos mejor preparados para cumplir con esa tarea. Es más, sabes que estarías entre los pecadores a eliminar aunque tus errores no sean a priori tan graves como los de esos sujetos a los que tanto odias. Recuerda que serás juzgado con la misma vara de medir con la que juzgas a los demás y eso no te ayudará precisamente.

Ya es de día. Bajamos del autobús y vemos que la estación está llena de gente. Más seres anónimos cruzando unos segundos de sus vidas con otros seres anónimos. Pero así es el mundo que vamos a heredar. No te gusta, pero es lo que hay. Asúmelo y deja de lamentarte. No eres el centro del universo. Millones de personas sufren muchísimo más de lo que tú hayas podido sufrir alguna vez. Expía tus pecados o sigue amargándote para siempre. A veces pienso que disfrutas torturándote.

Sé que no te gusta oírme. Pero no me importa. ¿Y sabes por qué? Porque no dependo de nada ni de nadie. Sólo soy una voz en tu cabeza. No sé si soy eso que llaman conciencia o si soy el fruto de una enfermedad mental, pero sé que existo. Y esto también es rematadamente irónico. No sé que soy, pero sé que soy algo. Y, sobre todo, sé que estamos juntos en esto, sea lo que sea. Así que adelante. La Capital nos espera.

6 de octubre de 2014

Cine ¿subversivo?



Hoy el arte está al servicio de la sociedad de consumo. Este totalitarismo comercial desecha las ideas creativas en beneficio del entretenimiento y del dinero; de ese modo, la pintura se convierte en un negocio de horteras con aire de “intelectuales” y el cine pasa a ser una alternativa para evadirse de la realidad porque ya no se lleva eso de ver películas que hagan pensar al espectador. Aunque, en ocasiones, Hollywood nos sorprende algunas veces con películas que proponen revoluciones (y muy violentas). Quienes aceptan como verdad absoluta todo lo que dicen en la televisión usan estas películas para justificar por qué no creen en conspiraciones o en poderes ocultos.
¿Por qué van a difundir una película sobre una revolución si los gobiernos lo controlan todo y supuestamente no hay libertad?”, parece decirnos el crédulo que sigue creyendo en la democracia con la misma fe inocente de los niños que esperan los regalos de los Reyes Magos cada seis de enero. Por desgracia para el crédulo, el mundo abarca muchísimo más allá de las noticias del telediario o de lo que pueda leer en los portales de internet o en la prensa escrita.

Últimamente parecen algo más ausentes, pero hace años era habitual ver videos en Youtube sobre los hacktivistas de Anonymous. El símbolo que identificaba a esta gente era la máscara de Guy Fawkes, un católico que a comienzos del siglo XVII participó en un plan para dinamitar el Parlamento de Londres (la Conspiración de la Pólvora). Curiosamente, la máscara de Fawkes se popularizó a raíz de la película V de Vendetta (2006), inspirada en un comic con claras tendencias anarquistas. Pero lo interesante de esto es el contenido de la película: V de Vendetta muestra una futura sociedad británica donde un partido conservador radicalizado (es decir, el tópico habitual sobre las dictaduras) gobierna dictatorialmente hasta que un antiguo preso, víctima de experimentos científicos, asesina a quienes crearon un virus para atemorizar a la población y provoca una revuelta popular que incluye la explosión del Parlamento Británico.
A simple vista parece que los productores de la película están tirando piedras contra su propio tejado, es decir, contra el sistema político que permite la difusión de sus trabajos. Pero, visionando la película, nos encontramos con tertulianos que fomentan el odio hacia homosexuales e islámicos y con obispos pedófilos con la complicidad de las corruptas autoridades “fascistas”; estos personajes, enemigos del justiciero de la máscara de Fawkes y devotos del régimen dictatorial, son caricaturas de lo que un progre medio llamaría “retrógrados”.
Nada nuevo. A Hollywood no le preocupa que una película adule al “pueblo” y diga que el gobierno de turno debe temerle, pero a cambio tiene que figurar alguno de los tópicos ideológicos habituales sobre los que se sostiene la “moral” (por llamarlo de alguna manera) de Occidente. ¿O es que alguien creía que la explosión de un parlamento saldría en el cine sin exigir algo a cambio?
También me llama poderosamente la atención que en el cine americano se siga insistiendo en la peligrosa y omnipotente amenaza del “fascismo” derrotado en 1945 y no haya referencias explícitas al comunismo que gobernó la mitad del mundo durante medio siglo hasta hace bien poco. ¿Será ése el trauma de los financiadores sionistas, que irremediablemente vuelcan en las películas sus frustraciones y fobias y nos obligan al resto a asimilarlas como propias? Porque lo normal es que todos los años, independientemente del género en cuestión, salga una película taquillera y muy promocionada que se ambiente en la Alemania nacionalsocialista.

Algo anterior a V de Vendetta fue El Club de la Lucha (1999). Antes de que Brad Pitt se convirtiera en un afamado actor que pasea a su prole adoptada y multirracial junto a su señora para entusiasmo de los progres de todo el orbe, hay que reconocer que hacía buenas películas (poco antes había trabajado en Siete años en el Tíbet, donde interpreta al escalador austriaco Heinrich Harrer, quien vivió toda una odisea en la India y en el Tíbet durante la Segunda Guerra Mundial). En El Club de la Lucha compartió protagonismo con Edward Norton (también mundialmente conocido por su papel en American History X, una película de culto para demócratas y antifascistas por cómo muestra al neonazismo en la sociedad norteamericana).
En esta película, Edward Norton es el empleado de una compañía automovilística que sufre insomnio y sólo consigue dormir tras escuchar los testimonios de enfermos terminales. Un día, en un avión, conoce al personaje interpretado por Brad Pitt y terminan fundando un grupo clandestino de lucha libre que gana adeptos en todo el país y se propone hacer explotar los bancos para eliminar las deudas y devolver al hombre a la época primitiva.
A simple vista parece una película muy subversiva. Incluso podemos emocionarnos con las arengas de Brad Pitt a sus seguidores (aunque hoy, viéndole vivir de su papel de estrella del cine que destaca más por los regalos que hace a su esposa que de su trabajo, cueste tomarle en serio). Pero llega un momento en el que el nihilismo del que hace gala el personaje no es, ni más ni menos, que el de la filosofía de Nietzsche (y cualquiera que sepa un poco de qué va esa filosofía sabe que Nietzsche y la moral cristiana son antagónicos). Por eso Hollywood puede permitirse el lujo de lanzar al mercado una película donde los protagonistas planean explotar los bancos (es más, al final termina con una de esas explosiones precisamente); si el fin es la simple destrucción y ésta no fomentará ningún cambio radical en lo moral (la subversión más peligrosa de todas y lo que termina diferenciando a una revolución de otra), ¿qué peligro tiene poner esas ideas a disposición de tanta gente?

Pero en algunas ocasiones sí salen películas que proponen temas morales que, de ser incompatibles con la “moral” vigente, no sufren la censura sino la crítica feroz (que, en el mundo actual, puede ser más efectiva que la propia censura). Recuerdo la crítica por excelencia a Encontrarás dragones (2011), la película dirigida por Roland Joffré y basada en la vida de José María Escrivá de Balaguer durante la Guerra Civil Española, sobre la “apología” que hacía del fundador del Opus Dei. Eso sí, no recuerdo haber escuchado quejas sobre la apología de Ernesto “Ché” Guevara cuando su vida se ha llevado al cine.
Otro que también recibió muchas críticas por sus trabajos fue Mel Gibson. Los sionistas pusieron el grito en el cielo cuando estrenó La Pasión de Cristo (2004) y le han tachado varias veces de “antisemita” (término con el que sentencian a todo el que se opone a sus intereses). Alguno se indignó con Apocalypto (2006) por pasarse por el forro el “mito del buen salvaje” y mostrar a los mayas realizando sacrificios humanos (Mel Gibsón cometió la “osadía” de sacar como salvajes a los pueblos indígenas y no a los blancos españoles que llegan al final de la película). Pero, como actor, hay una interpretación de Mel Gibson que probablemente no se ha valorado como debería: en Señales (2002) interpreta a un reverendo protestante que ha perdido la fe en Dios tras la muerte de su esposa y que tiene que sobrevivir a una invasión alienígena junto a su familia; y, aunque parezca un argumento estúpido, en la película hay momentos que dan qué pensar sobre la intervención de Dios en la vida del hombre.

¿Es posible hablar hoy de un cine “subversivo”? Diría que no. Podemos hablar de contenidos violentos e incluso golpistas, pero nada más. Como mucho, lo más hostil que encontraremos al orden vigente en la gran pantalla serán cuestiones religiosas que en ningún momento pondrán en peligro la estructura del Sistema, ya que su difusión será ocultada, injuriada o limitada a pequeños grupos. Mientras tanto, Hollywood seguirá ofreciendo el mismo producto comercial, violento y predecible a las masas, sólo que reconstruido con nuevos efectos especiales y sin mostrar nada nuevo al mundo: la imaginación es otra de las víctimas mortales de la época presente.

http://www.hispaniainfo.es/web/2014/10/04/cine-subversivo/

http://desdemicampanario.blogspot.com.es/2014/10/gabriel-garcia-hernandez-cine-subversivo.html


Este artículo fue publicado en el portal Hispaniainfo el 4 de octubre de 2014 y en la bitácora Desde mi campanario el 6 de octubre de 2014

5 de octubre de 2014

Patriotismo constitucional y patriotismo de verdad



Pocas reivindicaciones son hoy más revolucionarias que la unidad nacional. Si observamos lo que nos muestran los medios de comunicación y la clase política, nos encontramos con tres posturas y a cada cual peor: la defensa de la unidad nacional según lo establecido en la Carta Magna de 1978, la convivencia con el separatismo y la secesión más o menos explícita. No resulta muy difícil saber qué puesto ocupan los partidos políticos con representación en las instituciones ni los que han gobernado o gobiernan ahora mismo.
A simple vista puede parecer injusto que se critique a alguien por defender la unidad de España con la Constitución en la mano. Pero es que esa misma Constitución habla de “patria común e indivisible” y de “nacionalidades históricas” al mismo tiempo, lo cual es incoherente. A nadie en su sano juicio se le ocurriría decir que está en contra del terrorismo pero que entiende que ETA haya asesinado con bombas y disparos cobardes por la espalda; igual que nadie se declararía provida y abortista al mismo tiempo. Lo repito: nadie en su sano juicio se declararía partidario de dos posturas incompatibles, por mucho que algunos pretendan hacernos creer que eso puede ser normal e incluso bueno.
Por eso hay quien se queda sólo con lo de la “patria común e indivisible” para justificar su peculiar “patriotismo constitucional”. No obstante, el “patriota constitucional” tampoco ha descubierto ni propone nada radicalmente novedoso. Una Constitución es la pieza más importante de la legislación de un Estado y lo mínimo que puede hacer es garantizar la unidad política de la comunidad que rige. Pero, además, la actual Constitución Española ni siquiera cumple eso: primero, porque al hablar también de “nacionalidades históricas” ya está otorgando una categoría demasiado elevada a las regiones (o, más bien, a algunas en concreto) y está estableciendo algo incompatible con esa unidad que garantiza a priori; y segundo, porque en la práctica el Estado de las Autonomías ha dado a los secesionistas el suficiente poder sobre la sociedad para amenazar seriamente con la ruptura de la unidad nacional que debería y dice defender.
La experiencia de los últimos años demuestra que si la unidad de España sigue intacta se debe más a la indiferencia de las oligarquías capitalistas internacionales por la independencia de una región española que al cumplimiento de la Constitución. No digo que tengamos que dar las gracias a esas oligarquías por impedir una secesión en España; todos sabemos que la única patria de las multinacionales y de los grandes bancos es el dinero (si acaso, Suiza o cualquier otro paraíso fiscal) y que, salvo la oligarquía secesionista que saquea Cataluña, ningún grupo con importantes intereses económicos se ha tomado en serio los desvaríos separatistas. Simplemente, es un hecho que hoy la unidad de España depende más del nulo interés que despiertan unos hipotéticos Estados catalán o vasco que del acatamiento de los políticos españoles (incluyendo los separatistas) a la Constitución que dicen defender. Si no fuera así, si las independencias fueran un objetivo de esas mismas oligarquías porque les resultaran beneficiosas, tendríamos mucho más motivos para preocuparnos por la existencia de España como nación al margen del mayor o menor acatamiento a lo establecido en la Carta Magna. De ahí la importancia de que los españoles conozcan la escasez de los argumentos constitucionalistas y la necesidad de que apuesten por la unidad nacional independientemente de lo establecido en la Constitución o en cualquier otra ley estatal.
Si los falangistas vemos escasos los argumentos del “patriotismo constitucional”, tampoco podemos sentir simpatía por aquellos que proponen la convivencia con los separatistas mediante el acatamiento de las leyes (aquí entra, por si algún despistado no se ha enterado aún, la “patriota” de Esperanza Aguirre) y por los propios secesionistas (cuyo mayor aliado ha sido el mismo Estado al que quieren trocear cuando les hizo entrega de la competencia en materia educativa; y esto es algo que ni los “patriotas constitucionales” pueden negar).
Para nosotros el único patriotismo válido y legítimo es aquel que conoce y defiende la misión histórica de España en el mundo y que aspira a continuarla. España llevó la civilización cristiana y europea al otro lado del mundo y alumbró a los países hispanoamericanos con los que hoy nos unen tantos lazos culturales (aunque cada vez menos gracias a la globalización y a las artimañas anglosajonas de los dos últimos siglos). Y hoy nuestro patriotismo social puede seguir proponiendo un interesante (y posiblemente el único) proyecto de futuro para España. Alumbrar un nuevo sistema económico (el nacionalsindicalismo) y (re)construir un nuevo bloque (la Hispanidad), sin dejar de lado nuestros vínculos con Europa (con la Europa verdadera, con la Europa cristiana; y no con la falsa Europa de los mercados y la usura), es hoy la misión más utópica pero la única por la que vale la pena luchar.
Un primer paso para lograr esa aspiración de la España que queremos consiste en derogar la actual Constitución. No basta con la reforma, ya que la propia palabra afirma que la nación (España en nuestro caso) surge cuando así lo decide la mayoría de quienes la componen y eso los falangistas no podemos aceptarlo. Por eso sólo debemos exigir la derogación de la Constitución de 1978 y apostar por una Ley Fundamental que, entre otros puntos, establezca alto y claro que España es una nación indivisible, que se reconocen las diferencias culturales y lingüísticas entre regiones y que el separatismo es un crimen que nunca perdonaremos.



Este artículo fue publicado en el número 33 (octubre de 2014) del periódico Patria Sindicalista