26 de enero de 2015

Falange TV en la concentración de la AVT (24/01/2015)


Este último sábado debuté como “reportero” de Falange TV en la concentración organizada por la Asociación de Víctimas del Terrorismo. Falange Española de las JONS acudió para mostrar su apoyo a las víctimas del terrorismo antiespañol y marxista y para recordar a los militantes de nuestra organización asesinados por los criminales de ETA durante los Años de Plomo. Por desgracia, el seguidismo de Ángeles Pedraza a las políticas “antiterroristas” del Partido Popular se notó en la asistencia de público; y es una desgracia que justo ahora, con Bildu y Amaiur en las instituciones, los españoles ignoren o muestren menos preocupación por la presencia de los aliados de los asesinos en la vida pública.

19 de enero de 2015

Iván García respondió las dudas de los jóvenes sobre el nacionalsindicalismo


El pasado viernes 16 de enero tuvo lugar una reunión de jóvenes en la sede madrileña de Falange Española de las JONS. Contamos con la asistencia de nuestro secretario general, Iván García Vázquez, que respondió a las diferentes preguntas que los asistentes le plantearon acerca de lo que defiende y a lo que aspira el nacionalsindicalismo.

12 de enero de 2015

Reunión de Juventudes Falangistas el 16 de enero en Madrid


Este viernes 16 de enero, a las 19:00 horas, la Delegación Nacional de Juventud de Falange Española de las JONS ha organizado una reunión de jóvenes militantes y simpatizantes con el fin de garantizar la mejor formación humana y doctrinal a los más noveles del nacionalsindicalismo. La reunión tendrá lugar en nuestra sede de Madrid (calle Carranza número 13, 2ºA; Metro de Bilbao o de San Bernardo).
Además de resolver las dudas que puedan tener los jóvenes sobre los planteamientos ideológicos del nacionalsindicalismo, queremos que esta reunión sirva para que los aquellos interesados en el proyecto de Falange Española de las JONS conozcan de primera mano qué quiere el nacionalsindicalismo del siglo XXI para España y para el resto del mundo; y para que, si el tiempo lo permite, puedan aportar sus sugerencias sobre cómo mejorar nuestro proyecto en el ámbito juvenil.

7 de enero de 2015

El fracaso multicultural


Los hay que nunca tienen suficiente. Alemania, que cuenta con una larga experiencia en recibir inmigración musulmana, fue en el pasado año 2014 escenario de enfrentamientos entre kurdos y admiradores de los cortacabezas del Estado Islámico. Después, para escándalo de algunos, apareció el movimiento PEGIDA (Patriotas Europeos contra la Islamización de Occidente) protestando contra el aumento del integrismo islamista en suelo alemán. Y digo que ha sido para escándalo de algunos porque no tardaron en aparecer, con su charlatanería progre y multiculti por bandera, alertando del resurgir de la bestia parda y de sus cruces gamadas.
Sólo conozco de PEGIDA lo poco que he podido leer por internet. El seguimiento que hacen los medios de esta gente es el estándar en estos casos, tildándolos de neonazis y hooligans. Pero, aunque no sé si los cabecillas son o no son admiradores del Tercer Reich (imagino que un sector considerable de sus manifestantes sí), veo lógico que numerosos alemanes ignoren los lloriqueos de la inquisición progre y se manifiesten públicamente contra la presencia musulmana en su país. No sé a los demás lectores de Hispaniainfo, pero a mí no me gustaría ver a los admiradores del Estado Islámico manifestándose en mi calle y soltando vítores a los exterminadores de los cristianos de Irak. Aunque, por lo visto, a los progres y antifas alemanes no parece desagradarles la idea de tener a potenciales integristas residiendo junto a ellos… ¡Bastante trabajo tienen exorcizando a los espíritus de Hitler y sus seguidores como para preocuparse de que unos tipos quieren exportar a su país la decapitación de infieles al islam!

Es muy conocido el tópico de que en nombre de Dios (lo llamen como lo llamen) y de la Patria se han cometido muchas atrocidades e injusticias. Pues bien, creo que en nombre de la tolerancia van camino de cometerse muchas más.
El modelo multicultural que llevan tiempo imponiéndonos en Occidente es un suicidio, se pongan como se pongan los progres, los antifas y hasta los beatos de turno. La inmigración descontrolada y la filantropía masónica de “amemos a todas las personas sin importar su raza, nacionalidad o religión” han dado como frutos la delincuencia, los guettos y el integrismo. Sólo hay que leer las noticias de los últimos años o darse un paseo por algunos barrios. A esto se han prestado con mucho gusto las organizaciones políticas de la izquierda; sobre todo en España, donde en su afán por acabar con la sociedad tradicional cristiana defienden que la Catedral de Córdoba vuelva a manos de los musulmanes.
Pero la amenaza islamista que se cierne sobre los países occidentales no es sólo responsabilidad de la izquierda; es más, ni siquiera es la responsable principal.
Hace muchos, muchos años, un hombre nefasto para la Historia de la Humanidad llamado Juan Jacobo Rousseau tuvo la ocurrencia de decir que el hombre era bueno por naturaleza pero se pervertía por culpa de la sociedad. Hoy, la base de lo que dijo Rousseau sigue intacta pero sustituyendo al hombre por los inmigrantes extraeuropeos y a la sociedad por el hombre blanco; de esta manera, la tendencia generalizada es la de que los inmigrantes son unas bellísimas personas que vienen a Europa por culpa del expolio sufrido en sus países a manos de unos blancos avariciosos y egoístas.
De esa manera, con una brillante jugada de bombero-pirómano, el sistema liberal-capitalista consigue mano de obra barata y destruye las identidades religiosas y culturales de Europa haciendo responsables a los propios afectados.

Pero los blanquitos comienzan a darse cuenta de esa mentira llamada multiculturalidad y la inquisición progre (laica, por supuesto) hace uso de su arma más poderosa: levantar la mano, apuntar con el dedo índice y gritar a todo pulmón una serie de adjetivos a cada cual más histérico y propio de una pataleta infantil (nazi, fascista, racista, islamófobo…). Sólo hay que verles, histéricos y rojos de ira (lo único que les queda de rojos ya, todo sea dicho), cuando ven que el Frente Nacional francés, el Amanecer Dorado griego y ahora el PEGIDA alemán no dejan de sumar apoyos a sus reivindicaciones por mucho que se les defenestre y se les difame. Ahí es cuando los mamporreros de la oligarquía capitalista lucen su verdadero rostro, dejando a un lado su filantropía barata y exhibiendo su totalitarismo latente cuando piden la ilegalización y la represión contra quienes osan poner en duda las aparentes aportaciones de la inmigración a Occidente.
Lo que está sucediendo en Alemania, en Reino Unido, en Francia y en otros países europeos debería ponernos en alerta a los españoles. Nosotros llevamos menos tiempo recibiendo inmigración pero ya hemos empezado a sufrir sus efectos. Si no queremos ver manifestaciones a favor del Estado Islámico por la Gran Vía de Madrid, más nos valdría poner fin a la erección de mezquitas en suelo español. Y si no queremos ver cómo nuestros antiguos hermanos de ultramar degradan nuestros barrios, irá siendo hora de empezar a controlar quién entra en nuestro territorio y de devolvérsele a sus compatriotas si se le ocurre vivir aquí de la delincuencia y no del trabajo honrado.

http://www.hispaniainfo.es/web/2015/01/07/el-fracaso-multicultural/

http://desdemicampanario.blogspot.com.es/2015/01/gabriel-garcia-hernandez-el-fracaso.html


Este artículo fue publicado en el portal Hispaniainfo y en la bitácora Desde mi campanario el 7 de enero de 2015

5 de enero de 2015

Morirás en Navidad: Capítulo 3


No dejaba de pensar en ello. Ni siquiera le dijo un simple y revelador “Tenemos que hablar”. Una semana antes, Gonzalo entraba en su hogar agotado del trabajo en la comisaría: aquel día, concretamente, le había tocado leer y firmar numerosos papeles y asistir a un par de juicios donde justicia hubo poca pero desvergüenza mucha. Sin haberle dado tiempo a dar las buenas noches, su mujer le plantó en la cara unos papeles en cuanto le vio entrar por la puerta.
-          Esto se ha terminado –dijo ella, con una expresión de dolor en el rostro- Firma, por favor.
Daba igual que él quisiera hablarlo. Tampoco importaba que ella ya supiera a qué debía atenerse cuando se casó con un inspector de policía. Una simple firma terminó con cinco poco felices años de matrimonio.

-          Gonzalo, estás tirando el café –le advirtió Rubén.
Maldiciendo, Gonzalo cogió unas servilletas y empezó a limpiar la mesa habilitada en la comisaría para los descansos. Desde el divorcio, solamente soportaba estar allí junto a Rubén, su subordinado; el resto de sus compañeros le miraban con pena y eso le molestaba mucho. Ahora le tocaba lidiar con los felices padres de familia y, lo que era peor, con los divorciados que se creían chavales de veintitantos. Aunque tenía muy claro que no iba a tintarse el pelo de rubio ni a perseguir adolescentes con el síndrome de Electra, por mucho que a sus compañeros divorciados les gustara contar sus batallitas sobre su aparente nueva y maravillosa vida. Le quedaba poco para cumplir los cuarenta y no quería seguir el camino de alguno de sus conocidos.
-          Ya está –dijo Gonzalo cuando terminó, tirando las servilletas empapadas en café a una papelera- Como si nada. Y ahora vámonos a ver al comisario.

Antonio Martín, el comisario, era un veterano que siempre lamentaba lo mucho que le quedaba para jubilarse. También se quejaba a menudo de que el país cada día se iba más a la mierda y que daba igual que gobernase el Partido Popular o el Partido Socialista porque todos los políticos les dejaban vendidos a la opinión pública cada vez que tenían una polémica en las comisarías. Eso sí, el comisario Martín no tuvo ningún inconveniente en posar un día junto al Ministro de Interior cuando fue de visita oficial. En el fondo, era un hombre resignado a cumplir con lo que le tocara hasta que pudiera retirarse en algún pueblo perdido del norte, según él, porque en las costas había demasiados indeseables y a bastantes había soportado ya durante todos sus años en la Policía Nacional.
El comisario recibió a Gonzalo y a Rubén dándoles los buenos días y unos papeles. Mientras Rubén los ojeaba, el comisario empezó a ponerles al día con el caso:
-          Hace casi dos semanas, la hija de Alberto Bandrés fue asesinada. Su vehículo apareció, con aspecto de haber colisionado contra otro, en la M-609, entre Colmenar Viejo y Soto del Real. No se encontró ningún otro vehículo siniestrado. El cuerpo de la chica fue encontrado, sorprendentemente, en las afueras de Miraflores de la Sierra, que es donde vivía. Lo encontró un vecino que salía temprano a sacar a los perros de paseo.
Gonzalo recordaba haberlo leído en la prensa. La víctima era la hija del banquero más importante de España y le habían dedicado mucho espacio en los telediarios, emitiendo un montón de testimonios hablando sobre la bellísima persona que, por lo visto, era Leticia Bandrés. Pero los únicos detenidos hasta entonces habían sido unos chavales por poner comentarios en las redes sociales jactándose del asesinato.
-          ¿Y por qué nos pasan este caso a nosotros? –preguntó Rubén.
Al comisario no le gustó verse interrumpido, pero siguió explicándoles la situación educadamente:
-          Después de rastrear la zona donde dejaron el cuerpo y de no encontrar nada, la autopsia dejó claro que no la violaron pero sí fue apuñalada varias veces antes de clavarle un arma blanca en el cuello. Parecía un crimen brutal pero “estándar”, por así decirlo, hasta que encontraron una nota entre el vestido de la chica.
El comisario puso delante de ellos un trozo de papel protegido por un plástico. Gonzalo se agachó y leyó: “La ira de Dios se manifiesta desde el cielo contra toda la impiedad e injusticia de los hombres que detienen la verdad con la injusticia (Romanos, 1, 18)”.
-          ¿Qué cojones es esto? –preguntó Gonzalo; quien, en todos sus años como policías, jamás había encontrado nada similar.
-          Creemos que son varios psicópatas. Sería lo más lógico, porque es muy complicado que un solo hombre haga algo así sin dejar rastro alguno.
-          ¿No se han encontrado huellas de los sospechosos?
-          Nada, por eso creemos que un solo hombre no lo ha podido hacer. Si había huellas o cualquier otra pista, los perros del testigo que encontró el cadáver y los coches que pasan por la zona de acampada ya se han encargado de borrarlo todo.
-          ¿Ha dicho zona de acampada?
-          Sí. Pero está vacía. No hemos encontrado a nadie que pueda aportar nada, a excepción del vecino del lugar que la encontró.
-          De acuerdo. Pero ya se lo preguntó Rubén antes: ¿Por qué nos pasan este caso a nosotros?
-          Este crimen podría estar relacionado con otro de la semana pasada –el comisario sacó otro informe y se lo entregó a Rubén- La víctima es José Vicente Rodríguez. Vivía en un piso del barrio de Atocha y allí se le encontraron. Igual que a Leticia Bandrés, se ensañaron apuñalándole y le cortaron el cuello.
-          Imagino que en este caso habrá testigos –dijo Gonzalo- Es imposible asesinar a alguien en Atocha sin que alguien lo vea.
-          Pues, por increíble que parezca, lo único que tenemos son un par de testimonios diciendo que dos personas encapuchadas y vestidas de negro salieron corriendo del portal del bloque de edificios sobre las seis de la mañana. Creen que eran dos chicos jóvenes.
-          ¿Eso es todo? ¿Un bloque lleno de pisos y nadie ve ni oye nada?
-          Un vecino ha dicho que escuchó golpes. Pero, además de ser un domingo, la víctima había tenido algún problema en ese aspecto con sus vecinos y al hombre no le resultó extraño oír ruidos. Nadie le tenía mucho cariño allí, por eso no descubrieron el cadáver hasta las ocho, cuando una señora bajaba a comprar el pan y se encontró la puerta abierta.
-          Así que tenemos a la hija de un banquero asesinada en la zona norte de la provincia y a un chico muerto en Madrid –resumió Gonzalo- ¿Y qué relación tienen estas muertes?
-          Al chico, militante de las Juventudes Socialistas, le encontraron esto.
El comisario volvió a sacar otro papel plastificado. Rubén leyó en voz alta: “¿Es que no sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No os engañéis: ni los lujuriosos, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los invertidos, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los difamadores, ni los salteadores heredarán el reino de Dios (Corintios, 1, 8-10)”.
-          Tenemos a la hija de un banquero asesinada en condiciones inexplicables, sin pruebas que incriminen a nadie y sin testigos; y a uno del Partido Socialista asesinado en su casa, con dos sospechosos vestidos de negro y encapuchados –dijo el comisario, parafraseando a Gonzalo- Y en ambos casos nos encontramos con una nota de papel impreso que contiene una cita de la Biblia. Si nos atenemos a las pocas pruebas con las que contamos y a nuestras suposiciones, estamos persiguiendo a una pareja de asesinos que tiene la originalidad de citar pasajes de la Biblia en sus crímenes. Podríamos estar ante unos psicópatas muy peligrosos.
El comisario se levantó de su silla y se acercó a mirar por la puerta de su despacho. Tras asegurarse de que no había nadie cerca, se acercó a Gonzalo y a Rubén y, en voz baja, comenzó a explicarse:
-          Sabéis de sobra el poder que tiene Alberto Bandrés en España. Le conozco y está dispuesto a mover hilos para que me retiren prematuramente si descubrimos quién ha asesinado a su hija y si el o los responsables terminan en la cárcel. Pero no soy el único que sale ganando. No me caéis bien y yo no os caigo bien a vosotros, pero sé que el inspector Sánchez es uno de los que más casos ha resuelto en esta ciudad. ¿Quiere ocupar mi puesto? Pues bien: yo haré mover los hilos suficientes a Bandrés para que la comisaría sea suya si detenemos a esos hijos de puta. Pero no me olvido del subinspector Espinosa: un puesto de inspector será suyo. Como ven, todos ganamos si cumplen con su trabajo.
Gonzalo y Rubén se quedaron en silencio ante aquella oferta. El comisario, sonriendo, volvió a sentarse.
-          ¿Qué tienen que decir? –les preguntó- ¿Se harán cargo del caso y detendrán a esos asesinos? Hagan lo que sea necesario, siempre que no trascienda a la prensa. No se han enterado de los detalles de las muertes y quiero que siga siendo así.

-          Hemos pactado con el Diablo –lamentó Rubén cuando se quedaron a solas después de la conversación con el comisario Martín.
Gonzalo, pasándose las manos por la cara, al fin se atrevió a mirar a su compañero.
-          ¿De verdad crees que podíamos elegir? –Rubén le miraba con cara de póquer- Nos ha dicho más de lo que debería. Ahora no nos queda más remedio que encontrar a esos tipos si no queremos que esa influencia de Bandrés y el comisario se vuelva contra nosotros.
Rubén seguía leyendo los informes. Insistía en que algo no le cuadraba.
-          Ni a mí –afirmó Gonzalo- Pero en el mundo de los psicópatas nada es lo que parece.
-          ¿Quién crees que puede estar detrás?
-          La lista de posibilidades podría ser muy larga. Desde una sociedad secreta de fanáticos religiosos, unos lobos solitarios con afán justiciero o una simple casualidad.
-          ¿Tú qué crees?
-          Creo que dos jóvenes no salen corriendo de un portal a las seis de la mañana de un domingo, totalmente de negro, porque sí. Por ahora buscamos a dos varones jóvenes. Pero no descartes que sean más. Lo de los pasajes de la Biblia, sean o no fanáticos religiosos, me lleva a pensar que detrás de los asesinos hay alguien más. Los dos asesinatos han sido muy elaborados, es imposible que hayan sido fruto de una improvisación. Es posible que los autores materiales no sean los fanáticos que podríamos creer que son y que las notas sean fruto de un autor intelectual que no se mancha las manos de sangre, pero estoy convencido de que ese autor intelectual es quien ha provocado esas muertes y quien puede provocar más si no le cogemos a tiempo.

Desde el despacho de Gonzalo, los dos fueron viendo cómo la comisaría se quedaba vacía. Los pocos que se quedarían de guardia eran aquellos sin familia o que se veían obligados por la situación económica. Los demás, con el comisario a la cabeza, se iban a pasar la Nochebuena con su familia. Nunca le habían gustado aquellas fechas, pero aquel año Gonzalo las odiaba más que nunca. Rubén encargó algo de comida rápida y, junto a unas pizzas, se pusieron a leer con detenimiento los informes del forense.
-          ¿Soy el único que ve extraño que a una chica tan guapa no la violaran y sólo se conformaran con apuñalarla?
Muchos años atrás, Rubén se hubiera escandalizado con la pregunta de su superior. Pero en su primer año como policía había tenido que ver cosas para las que nunca le prepararon en la academia y, desde entonces, estaba muy curado de espanto.
-          Es posible que sólo quisieran robar su dinero –respondió Rubén- Hoy la gente está muy desesperada.
-          No, el informe dice  que en el coche de la chica estaba su bolso con 1.256 euros y varias tarjetas. Venía de una gala benéfica de Cáritas y, según esto, todos los asistentes interrogados dicen que no tuvo ningún problema con nadie.
-          ¿Es posible que tuviera algún enemigo fuera?
-          También han investigado sus perfiles en las redes sociales. Nada fuera de lo normal. Era una niña rica enchufada por su padre en el banco. Todas las fotos son de ella en galas benéficas, en equitación, de viaje…
-          El tal José Vicente era más normal –informó Rubén a Gonzalo- Según el informe, sus perfiles estaban llenos de fotos donde se le veía a él bebiendo copas y cosas por el estilo. Lo más divertido es lo del sofá.
-          ¿Qué pasa con ese sofá?
-          Encontraron restos de semen en el sofá del chaval. Por lo que estoy leyendo, en un principio pensaron que ahí debían haberse montado una especie de bacanal romana; pero los análisis dieron el resultado de que todas las muestras eran del mismo sujeto, es decir, de la víctima. Además de ser problemático con sus vecinos, era tan guarro que en vez de lavar los cojines los daba la vuelta.
Puede que fuera por efecto de la cerveza, pero los dos se echaron a reír. Gonzalo sabía de sobra que, de no ser por ese humor tan negro de los policías, se habría vuelto loco muchos años atrás.
-          ¿Qué conclusión sacas entonces de ese asesinato? –preguntó Gonzalo.
-          Sinceramente… ninguna –dijo Rubén- Fueron a por él y se lo cargaron. ¿Pero por qué y para qué? Ni puta idea.
-          ¿Aparece ahí algún testimonio?
-          Aquella noche estuvo tomando copas con un amigo. Éste dijo que un chófer les llevó a su casa y José Vicente subió con dos chicas que desaparecieron.
-          ¿Dice algo más de las chicas?
-          No, nada.
Pensativo, Gonzalo se percató de que pocos jóvenes iban por la vida con un chófer siendo un simple militante de base del Partido Socialista. Así se lo hizo ver a su compañero.
-          ¿Crees, entonces, que hay algo serio detrás de esto? –preguntó Rubén.
-          Ella era la enchufada en la fundación de un banco y él llevaba un chófer cobrando el sueldo mínimo. Aquí no puede haber casualidades. Esos dos tuvieron que hacer algo para ponerse en el punto de mira de los asesinos. El qué no lo sé, pero sí que no ha podido ser casualidad que los psicópatas de la Biblia fueran a por ellos.
Ajenos a las reflexiones de Gonzalo, en una parte de la comisaria se escuchaba a algunos agentes cantando y brindando por una Feliz Navidad. Sólo quedaban unas pocas horas para que los teléfonos empezaran a sonar, alertando de robos y peleas en las zonas de ocio de Madrid.

                                                           *****


Continuará…

4 de enero de 2015

Morirás en Navidad: Capítulo 2


El Sweet dreams de Eurythmics retumbaba por toda la discoteca al tiempo que José Vicente descorchaba una botella de champagne. A su lado, dos niñatas de clase media, ultramaquilladas y vestidas como putones, reían todas sus gracias. Pero estaba convencido de que más se acabaría riendo él al día siguiente, porque había prometido un enchufe a cada una en el Ayuntamiento de Madrid a cambio de hacer un menaje a tres y no pensaba cumplir con su parte del trato.
Todo empezó una semana antes de la fiesta en aquella discoteca de moda de la noche madrileña: José Vicente, entonces un militante del montón de las Juventudes Socialistas, había conseguido una información valiosísima sobre la implicación de un consejero socialista en el escándalo de las tarjetas black de la Cara Rural Madrileña; y, a cambio de su silencio y de entregar unos papeles muy comprometedores para la credibilidad del Partido Socialista, sería colocado a dedo como ayudante de un consejero socialista en una compañía eléctrica. Tras muchos años esperando su momento, éste había llegado. No estaba dispuesto a ser el único idiota honrado en mitad de un nido de corrupción. Él también quería dinero, coches de lujo y mujeres. Por fin sabía cómo se sentían sus compañeros más poderosos cuando salían de fiesta por Madrid y se llevaban a chicas guapas a la cama sólo por decir su cargo en el Partido Socialista. Ahora José Vicente también era un VIP y un tipo importante.
A su lado, como siempre, iba Ramón. Éste tenía toda la pinta de ser un militante de base durante el resto de su vida y eso le gustaba a José Vicente. Le había costado mucho conseguir su éxito y no quería compartirlo con nadie más de lo necesario. Además, en el mundo de la política profesional era importantísimo saber rodearse de gente que no quisieran hacerle sombra a uno y que se conformaran con las migajas del poder. Y Ramón, su fiel Ramón, no parecía tener ambiciones excesivas como para preocuparle.

Tras dos horas bebiendo todo el alcohol que le ponían por delante, José Vicente bajó de la zona vip de la discoteca, sostenido a cada lado por las chicas; y seguido de Ramón, que bebía a morro lo que quedaba del champagne en la botella. Se encontraba muy borracho, pero iba mirando a la gente con un insultante sentimiento de superioridad.
Los demás apenas reparaban en él, sobre todo los camareros y los gorilas: un chaval derrochando dinero, por muy de las Juventudes Socialistas que fuese, no podía compararse con un futbolista o un empresario adulto. A José Vicente le aplicaron el procedimiento estándar: “Aquí tiene su botella, señor”, “Aquí tiene sus copas, señor”, “Venga en Nochebuena y volverá a estar en la zona VIP, señor”, “Aquí tiene su vehículo, señor”… Pero el vehículo, lógicamente, no lo conducían ni él ni Ramón; porque también había sacado un coche oficial, pagado con los impuestos de todos los españoles, del chantaje al Partido Socialista. Mientras se estaba subiendo en el coche, pensó en todos los años que había perdido siendo honrado y creyendo en ideales. En un principio fue un shock para él, pero descubrió la verdad y era que en la vida sólo existían dos personas, los listos y los tontos, y que para triunfar y ser de los primeros no se podía perder el tiempo creyendo en utopías como los segundos.

                                                           *****

José Vicente vivía en un cuchitril de Atocha, un piso propiedad de sus padres. Le hubiera gustado independizarse completamente de ellos, pero le había sido imposible hasta entonces. Con veinticinco años y con los modestos ingresos recibidos del Partido Socialista por llevar papeles y hacer recados para los jefazos (un par de años antes le habían expulsado de Derecho por agotar las convocatorias de una asignatura), bastante logro había sido el de convencerles para que le dejaran vivir solo en Atocha y seguir viviendo de la sopa boba. Confiaba en mudarse al mes siguiente, cuando cobrara el primer sueldo de la compañía eléctrica y pudiera alquilarse una casa decente en el barrio de Salamanca.
-          ¡Eh! –le reprochó una de las chicas, que había dejado de hacerle chupetones en el cuello- ¿Se puede saber en qué coño estas pensando?
-          ¡Nada, tranquila! –dijo José Vicente echándose unas risas- ¡Tú sigue a lo tuyo, igual que tu amiga!
Se le hacía algo raro verse sobado por dos chicas delante de su amigo y con el chófer tan cerca, pero imaginaba que acostumbrarse a ello sería cuestión de tiempo. Porque su intención era salir todo lo posible a buscar todas las mujeres que pudiera. El poder no era algo que durase para siempre y, además de mantenerlo, iba a disfrutarlo al máximo.
-          Ya hemos llegado, señor –dijo el chófer, aparcando poco después.
Una de las chicas abrió la puerta del coche y salió. José Vicente fue detrás hasta que se percató de que Ramón se había quedado dormido. Tras ordenar al chófer que le llevase a su casa sin despertarle, cerró la puerta y, agarrando los traseros de sus acompañantes, subió a su piso.

                                                           *****

Todo iba muy bien para José Vicente hasta que una de las chicas se empeñó en grabar en vídeo el menaje a tres para asegurarse de que cumplía con su parte del trato. Él no se esperaba aquello, sobre todo porque había disfrutado muy poco de los beneficios recibidos por chantajear a uno de sus compañeros de partido. Pero así funcionaba aquel mundo y era cuestión de tiempo que quisieran aprovecharse de él. Utilizando el poco sentido común que le quedaba tras los excesos con el alcohol, se negó en rotundo porque sabía que un vídeo pornográfico era un arma de chantaje demasiado fuerte en su contra.
-          ¡Iros inmediatamente de aquí! –gritó José Vicente, en calzoncillos, mientras les señalaba con el dedo la puerta- ¿Qué os habéis creído? ¡Puedo conseguir dos putas igual cualquier noche!
Las dos chicas, indignadísimas, se marcharon acusando a la madre de José Vicente de ejercer la prostitución y dando un fuerte golpe al cerrar la puerta.
-          ¿Y ahora qué coño hago yo? –se dijo a sí mismo, quedándose quieto en mitad del salón- ¡Joder, con lo difícil que es empalmarme cuando bebo y ahora me voy a quedar a dos velas!
Para no desperdiciar la erección, José Vicente puso a todo volumen la película pornográfica que emitían después de la teletienda. Al cabo de un par de minutos, escuchó unos bastonazos provenientes del piso de abajo; era su vecina, una anciana que todos los domingos madrugaba para ir a misa.
-          ¡Señora, yo en mi casa hago lo que me da la gana! –gritó José Vicente al suelo- ¡Hay que joderse con los católicos, metiéndose siempre en la vida privada de los demás!

*****

Los golpes en la puerta le despertaron. Unos golpes muy fuertes, además. José Vicente se levantó de la cama con un gran dolor de cabeza. Recordaba haberse quedado a casi nada de acostarse con dos chicas a la vez, pero muchos detalles de la noche estaban algo borrosos.
Volvieron a llamar a la puerta. Igual de fuerte que antes.
-          ¿Pero quién es a las… seis y media de la mañana? –farfulló José Vicente mientras se echaba un albornoz por encima.
Cuando llegó a la puerta, puso un ojo en la mirilla… y no vio nada. Extrañado, se dio la vuelta y regresó a la cama con la intención de dormir. Atribuyó los golpes a algún familiar de su vecina. Si ya le habían dejado notas en el buzón para quejarse de que pusiera el porno a todo volumen, aquello podía ser el siguiente paso. Pero le resultaba indiferente. Su casa era su templo y allí haría todo lo que le viniese en gana.
Otra vez llamaron a la puerta. De peor humor, se levantó y fue corriendo hacia allí para descubrir al responsable. No oyó pasos ni carreras. Miró, pero tampoco veía a nadie por la mirilla esta vez. Respiró y abrió la puerta. No vio nada, el pasillo estaba oscuro.

Había decidido cerrar la puerta cuando una figura se le puso delante. Su primera reacción fue cerrar la puerta, pero no le dejaron. En apenas diez segundos, José Vicente se vio tirado en el suelo y con un trozo de trapo atado en la boca. Otra figura entró en la casa y cerró la puerta. Eran dos personas vestidas con ropa de hombre, con capuchas en la cabeza y con los rostros ocultados por pasamontañas. Iban totalmente de negro.
José Vicente quiso hablar, pero el trapo no le dejaba. Estaba dispuesto a disculparse por molestar a su vecina con el porno a todo volumen. Pero aquello no era normal.
-          Vaya, vaya… ¿Quieres decir algo? –dijo una de las figuras encapuchadas, un chico joven a juzgar por su tono de voz, que ataba las manos de José Vicente con una cuerda mientras el otro le ataba los pies.
Asintiendo con desesperación, José Vicente suplicaba que no le hicieran daño.
-          Has sido una mala persona, José Vicente –oyó decir al otro asaltante, que también era un chico joven, mientras le inmovilizaba también las piernas con otra cuerda- ¿Qué es eso de chantajear a la gente para vivir a costa de los demás?
-          No supliques por tu vida –le dijo con desprecio el primero de los encapuchados- Que sepas que no venimos a hacer ningún trabajo sucio del Partido Socialista. Sólo venimos a hacer justicia y ésta no puede venir de manos de quienes llevan tanto tiempo robándonos.
José Vicente pudo decir, a pesar del trapo que tenía en la boca, que él nunca había robado a nadie.
-          Claro que no, José Vicente –dijo el encapuchado que le entendió- Pero has tenido unos papeles importantísimos para desenmascarar a tu partido en el atraco a mano armada que ha sido este régimen durante estos años y tú, en lugar de ser honrado y mirar por las buenas personas, has querido tu parte del botín.
-          Pudiste ser un héroe para muchos y tu avaricia ha acabado contigo. Ahora nos llevaremos los papeles y tu vida. Es lo menos que podemos hacer. Tú mismo tomaste esa decisión y nosotros haremos que se cumpla.
Horrorizado, José Vicente vio cómo el primero de los encapuchados, arrodillado en su pecho, sacaba un cuchillo de un bolsillo interior de la chaqueta. Dirigiéndose hacia él, el encapuchado puso su cara tapada frente a la de José Vicente y susurró un “Feliz Navidad”.
-          ¿Creías que tu noche de juerga había terminado? –oyó decir al otro asaltante.

                                                           *****


Continuará…