27 de julio de 2015

Intervención en el homenaje a Onésimo Redondo en Labajos (26-07-2015)


Vuelvo a tener el honor, por segunda vez en cuatro meses, de hablar en un acto de homenaje a Onésimo Redondo. Reitero mi agradecimiento por su confianza a los camaradas organizadores de este acto y del que tuvo lugar en Valladolid el pasado mes de marzo, como cierre de las jornadas de formación y camaradería que vivimos aquel fin de semana. Tal y como dije en Valladolid, no convertiré esta intervención en un anecdotario ni en una recopilación de citas célebres. Pero sí diré por qué me siento identificado con Onésimo Redondo.
Onésimo era abogado y dedicó una buena parte de su militancia a escribir artículos y a promover publicaciones subversivas contra el orden político, económico y moral del Estado burgués, teniendo incluso la socarronería de poner nombres liberales a sus periódicos. En mi caso, todavía no he finalizado los estudios de Derecho ni mis andanzas como redactor aficionado han logrado molestar tanto a los gobernantes de turno como sí logró Onésimo en su época. Pero deseo, algún día, haber aportado una décima parte del trabajo que él y nuestros camaradas de la primera hora sí aportaron por la Patria Sindical que aspira a implantar Falange Española de las JONS; ese nuevo orden edificado sobre la dignidad humana, el patriotismo crítico y la justicia social que debe guiar cada uno de nuestros actos.
España necesita hombres que luchen contra las injusticias (también me refiero a las mujeres, que no se enfade la corrección política que impera hoy). No puede ser un país justo aquel donde se priva a los jóvenes de acceder a la universidad por carecer de recursos económicos. Tampoco puede ser un país justo aquel donde el asesinato de los no nacidos se convierte en un derecho por mucho que se ajuste a lo que dictan las leyes. No puede ser justo un país donde la empresa puede despedirte por ver reducidos sus beneficios (porque ya no se escudan sólo en las pérdidas) ni donde un negocio usurero de banca privada es salvado con el dinero público de todos los españoles. Podríamos estar aquí todo el día hablando sobre las injusticias que nos está dejando como herencia el régimen constitucional de 1978… Un régimen que, no lo olvidemos, ya fue denunciado por todos los falangistas a causa del mal que traería y, por desgracia para España, no nos equivocamos.
En Falange Española de las JONS no se hace carrera política ni estamos aquí sólo para ondear banderas y pronunciar grandes frases y bellos discursos; nuestra obligación moral es levantar la Patria Española sobre un nuevo orden económico que libre a España de usureros y especuladores.
Hace poco descubrí una cita cuyo autor se llamaba José María Cordero. Fue publicada en 1934 en un ejemplar de la revista JONS y decía lo siguiente: “El mundo futuro será proletario o no será. Menester es que sea de un proletariado espiritualista y patriótico. Y el que sepa entender que entienda”. Sorprende la clarividencia del jonsismo de los años republicanos, pero su pronóstico es hoy más acertado que nunca. En un mundo cada vez más injusto y desigual debe tenerse muy claro del lado de quién se está. Hoy, se está con el capitalismo o se está contra el capitalismo. La nueva soga que la Troika ha puesto sobre el cuello de la nación griega o el caballo de Troya que supondrá el Tratado de Libre Comercio entre los Estados Unidos y la Unión Europea son un buen ejemplo de ello.
Los falangistas lo tenemos muy claro: nosotros estamos en contra del capitalismo; los nuestros no son los banqueros, ni los grandes empresarios, ni aquellos que les rinden pleitesía a cambio de una generosa remuneración.
Los falangistas estamos y estaremos con los trabajadores que luchan a diario por sacar a sus familias adelante y por construir un nuevo país, más justo y próspero para las futuras generaciones; igual que estamos y estaremos con los estudiantes que desean poner su vocación y su trabajo al servicio de una España mejor.
Estamos en año electoral, así que tened muy presente estas palabras: la Patria no consiste ni consistirá en el acatamiento de una Constitución que en la práctica es papel mojado, ni en la defensa de los intereses de las grandes empresas que de españolas sólo tienen la nacionalidad jurídica. Porque la Patria sólo puede constituirse con la hermandad de todos los españoles en un país donde el aborto, los desahucios, el desempleo, los separatismos, la pérdida de valores y otros tantos males de hoy sólo sean una mala pesadilla de una época que ojalá dejemos atrás muy pronto.
Se avecina un curso complicado, para nosotros y para España. El régimen constitucional se verá modificado en sus pilares y, previsiblemente, pasaremos del bipartidismo al cuatripartidismo. Falange Española de las JONS deberá hacer frente a las trabas legales con las que se pretende impedir la presencia de verdaderas alternativas al régimen hasta en la presentación de candidaturas. Al igual que Onésimo Redondo y nuestros camaradas de antaño, seguiremos siendo boicoteados y defenestrados por las instituciones demoliberales y los medios a su servicio. ¡No importa! Nuestra ilusión por llevar la esperanza del nacionalsindicalismo a los españoles podrá con su juego sucio. En las pasadas elecciones municipales y autonómicas pudimos presentar numerosas candidaturas gracias al trabajo de nuestra militancia y a la generosa colaboración de personas afines a quienes no les importó figurar oficialmente en una lista electoral de Falange Española de las JONS. Ahora tenemos la obligación de volver a superar esas zancadillas del régimen y de volver a presentarnos en el mayor número posible de provincias; porque, de lo contrario, nuestros compatriotas seguirán ajenos a nuestra existencia y a nuestro mensaje. La moribunda España de hoy y las futuras generaciones de españoles así nos lo exigen.

Seamos dignos herederos de Onésimo Redondo. Seamos dignos militantes de Falange Española de las JONS. Seamos dignos españoles.

18 de julio de 2015

Relámpagos de verano


No se oye nada. Piensa que, si vivieras en una gran ciudad, no dormirías por el ruido de los coches o de la gente que camina por la calle. Pero no estás en una gran ciudad. Vives en un pueblo que, casualmente, ha decidido estar dormido esa noche. Aunque en realidad duermen todos menos tú. Hace calor, lo normal en una noche de verano. Da todas las vueltas que quieras por el colchón, eso no te hará caer dormido antes. Sé positivo: al menos no hay mosquitos zumbando a tu alrededor. Esta vez te has librado de esos minúsculos y molestos vampiros. Pero rebaja tu optimismo: volverán. Siempre vuelven.
Eso que ahora estás oyendo contra la persiana son unas pocas gotas de agua. Acertó la aplicación del teléfono móvil. Pero no esperabas que fuera a llover de madrugada, pensabas que sería por la tarde. Aunque, en realidad, te da lo mismo. No te espera nada fuera. Podría llover a cualquier hora, hasta el extremo de diluviar y arrastrar los coches que pillara, que no te afectaría. Que se preocupen de la lluvia los cretinos que sí están fuera. Tú, en la cama y bajo un techo, no tienes que preocuparte de nada. Al contrario, con suerte lloverá y la temperatura bajará dos o tres grados.

Va en serio. Tuvo su belleza el relámpago que ha iluminado la habitación. Y ha sido divertido que te sorprendiera el trueno que le acompañaba a los pocos segundos. Parece mentira que olvides algo tan elemental.
La escena continúa repitiéndose. Nunca piensas en el atractivo de estas tormentas. Por un parte es lógico, las únicas a las que prestas atención son aquellas que nos obligan a cargar con el paraguas, el trasto más inservible de todos los inventados por el hombre. Aún no conoces a alguien que no se empape en un día de lluvia a pesar de cargar con ese cacharro que luego va goteando y te obliga a buscar un sitio donde se seque sin empaparte a ti o a tus otros objetos. Si por ti fuera, destruirías todos los paraguas del mundo. Es comprensible.
En fin, que las tormentas de verano son diferentes. Son más cortas y ayudan a sofocar un poco el calor. También son menos molestas. Pero no puede llover siempre como en verano. Es imposible.
Antes no dormías por el calor y ahora no duermes por los relámpagos y los truenos. Sólo te queda matar el tiempo hasta que ni te enteres y caigas dormido. Será mejor no pensar cuánto tiempo has perdido a lo largo de tu vida y que podrías haber empleado de otro modo. No, no lo pienses; si lo haces, no sólo seguirás perdiéndolo sino que aumentarás esa obsesión autodestructiva de lamentarte por no aprovechar los días mientras no haces otra cosa que malgastarlos.

Primero fue el relámpago. Una luz clara, intensa y corta que apenas has visto, pero sabes que ha sido real. Digna de una película de alienígenas y abducciones de ésas que ya no se llevan. Ahora ya no nos planteamos si querrán meternos una sonda por el culo, nos gusta más creer que saldrían de nuestros estómagos cual parásitos monstruosos.
El trueno llegó muy poco después. Fuerte y rápido. Lo has escuchado claramente. Te alberga la siniestra curiosidad de dónde habrá caído. Conoces a muchos candidatos que no te importaría ver chamuscados; o en su punto, como un pollo asado. Pero fritos, al fin y al cabo.

Y la lluvia llegó por fin. Sonaba como una tormenta en un desierto que lleva años sin una gota de agua. No deja de caer y suena como si nunca fuera a dejar de hacerlo. Es la mejor melodía para quien anhela, desde su cama, que deje de hacer calor. Debería ser la canción de verano en lugar de esos atentados contra la música que sufrimos en esta época de mediocridad. Cae con fuerza y, cuando deseas que no pare nunca, termina. La lluvia se va igual que vino: sin avisar y sin que te des cuenta. Hasta la próxima.

16 de julio de 2015

Cinco meses después...

Tras la derrota de sus homólogos griegos frente a la Troika, algunos hemos esperado con cierto interés la reacción de los comunistas españoles. En lo que concierne a Izquierda Unida, sus críticas se han dirigido al apoyo que tanto el Gobierno de España como el de otros Estados han brindado a los poderes políticos y económicos de la Unión Europea. También, como es propio de estos tiempos, Alberto Garzón ha publicado un tuit de apoyo al pueblo griego. Pero (que yo sepa al menos) no hay ni rastro de declaraciones condenando la decisión de Alexis Tsipras y su gobierno. En Izquierda Unida han optado por la táctica del avestruz de esconder la cabeza bajo tierra.


Muy distinta ha sido la reacción en Podemos. Su implicación con la Coalición de la Izquierda Radical era aún mayor que la de Izquierda Unida (otro “frente” que Pablo Iglesias les había arrebatado). Tanto que han llegado a justificar la traición de Tsipras como algo inevitable, hasta el extremo de mostrar su apoyo a sus “hermanos” griegos y a la decisión de un parlamento que aprobó el eurosuicidio con los votos de liberales y socialdemócratas.




Ya parecen muy lejanos aquellos días en los que Pablo Iglesias anunciaba que Tsipras y su coalición harían frente a la austeridad impuesta por Bruselas al pueblo griego… ¡y sólo les han bastado cinco meses para traicionar su cometido!















La hemeroteca no engaña. Pero estas declaraciones no perseguirán a Pablo Iglesias igual que a Mariano Rajoy se le reprochan pretéritas intervenciones acerca de la reforma de la Ley del Aborto, la bajada de impuestos o la consulta secesionista de Cataluña. Porque, al fin y al cabo, al español medio le preocupa más bien poco qué sucede en Grecia y, si le convence el discurso de Pablo Iglesias, votará a Podemos por mucho que esta organización no suponga ningún cambio real a la hora de hacer política.

15 de julio de 2015

Homenaje a Onésimo Redondo en Labajos el domingo 26 de julio


Falange Española de las JONS homenajeará a Onésimo Redondo el próximo domingo 26 de julio. A las 10:00 horas se realizará una entrega floral en el cementerio de El Carmen de Valladolid y a las 13:00 horas tendrá lugar un acto en la localidad segoviana de Labajos.

13 de julio de 2015

Alexis Tsipras o cómo un comunista puede convertirse en algo similar a Mariano Rajoy

                                              (Fotografía de www.actualidad.rt.com)

Hemos estado a las puertas de vivir algo histórico. Pero el primer corralito de un país de la Unión Europea no ha desembocado en la salida del euro, más o menos forzada, de Grecia. Al contrario, lo que se vendió como un ejercicio de democracia ejemplar ha terminado en la mayor de las humillaciones para el pueblo griego y su clase política. Alexis Tsipras ha terminado adoptando ante la Troika una actitud lacayuna más propia de Mariano Rajoy y aceptará, si las informaciones publicadas al respecto no son falsas, unos recortes aún mayores que los que le exigieron varias semanas atrás.
El rival que la Coalición de la Izquierda Radical (traducción que se le ha dado oficialmente en nuestro país) ha tenido enfrente es muy poderoso. Demasiado para un gobierno que, si bien ha tenido el valor de plantarle cara para evitar recortes sociales, nunca tuvo (o eso nos ha dado a entender con sus actos) la intención real de abandonar el euro. Así, sin un Plan B al que recurrir de no conseguir la quita o la reestructuración de la deuda, Tsipras se sacó de la manga un referéndum (con el que al menos los griegos han podido mostrar su rechazo a los recortes impuestos por la Troika, algo que en otros países no hemos podido hacer) para terminar peor de lo que empezó.

Está claro que teoría y práctica no tienen por qué ir de la mano, aunque la credibilidad de un dirigente político depende de cómo se compatibilizan ambas. Los comunistas griegos ganaron las elecciones haciendo campaña contra los recortes promovidos por la Troika y eso les llevó a formar gobierno con Griegos Independientes (sobre cuya ideología sólo me atrevo a afirmar su antagonismo con la Coalición de la Izquierda Radical, porque los prejuicios y los tópicos son demasiado abundantes en el periodismo español como para entrar en si son liberales, conservadores o de “extrema derecha”) en lugar de pactar, como hubiese parecido más lógico, con otro grupo comunista.
Pero más sorprendente debió parecer a algunos, especialmente a los homólogos españoles de Tsipras, el apoyo de Amanecer Dorado al “No” en el referéndum convocado por el presidente griego (es lo que sucede cuando las valoraciones se fraguan en base a tópicos y no sobre la lectura de las propuestas). Los más liberales, en cambio, pudieron presentar la consulta como una disputa entre la democracia y el totalitarismo, al posicionarse los representantes de sus más aterradoras pesadillas en el mismo lado. La realidad fue que los partidos demoliberales apoyaron la sumisión a la Troika mientras que diversas fuerzas heterogéneas se posicionaron en contra… dándose la paradoja de que Tsipras apoyase el “No” para terminar aceptando el “Sí”.

Dejando a un lado la bajada de pantalones de Tsipras (nunca sabremos si por miedo escénico o por no saber estar a la altura de las circunstancias históricas), este referéndum ha estado por encima de ideologías y partidos. Por lo que pude leer durante las últimas semanas en las redes sociales, dos tipos de personas se posicionaron: por un lado, los que apoyaban la sumisión a la Troika y la aceptación de los recortes, acusando a los griegos de ser unos morosos, unos vagos y un lamentable etcétera; por otro, quienes rechazaban la intromisión del poder supranacional usurero en la soberanía de los países y en la vida de las personas. Como siempre, ganaron los primeros a pesar de ser mayoría los segundos.
Tsipras ya no podrá ser un Leónidas del siglo XXI que desafía a la bestia oligárquica, estando dispuesto a inmolarse por el bien de su pueblo. Al contrario, la armadura de espartano le quedaba demasiado grande a quien sólo quería renegociar cómo los señores de negro pondrían la soga sobre el cuello de sus compatriotas. La Historia, si es que le reserva algún papel, es más probable que le recuerde como otro Efialtes que vendió a los suyos por su bienestar personal… si es que queda algo para él y no han sido reservadas todas las monedas de oro para los socialistas y liberales que le precedieron en el cargo.

Ahora se hablará de elecciones anticipadas. Las plañideras del liberalcapitalismo posiblemente adviertan de la peligrosa posibilidad de un nuevo auge de Amanecer Dorado, un clavo ardiendo al que también deberán agarrarse Tsipras y la Coalición de la Izquierda Radical si no quieren sufrir un hipotético batacazo electoral tras la derrota ante la Troika. Mientras tanto, Grecia dice adiós a la única posibilidad real (por muy pequeña que esta fuera) que ha tenido un país europeo en los últimos años para recuperar la soberanía cedida a la Unión Europea. La Historia deberá esperar a que otro actor, con más decisión y dispuesto a correr el riesgo, tenga la osadía de poner en duda el orden político, económico y social vigente.

http://desdemicampanario.es/2015/07/14/alexis-tsipras-o-como-un-comunista-puede-convertirse-en-algo-similar-a-mariano-rajoy/

http://www.hispaniainfo.es/web/2015/07/16/alexis-tsipras-o-como-un-comunista-puede-convertirse-en-algo-similar-a-mariano-rajoy/

Este artículo fue publicado en el portal Desde mi campanario el 14 de julio de 2015 y en el portal Hispaniainfo el 16 de julio de 2015

12 de julio de 2015

Ni buen capitán ni buena persona

                                               (Fotografía de www.bernabeudigital.com)

Por fin llegó el día. Casillas, el peor capitán de la Historia del Real Madrid, abandona el club tal y como se merece: por la puerta de atrás y detestado por muchos aficionados. Fiel a su estilo, el protegido de la prensa pseudodeportiva ha dicho adiós entre lágrimas y pidiendo que se le recuerde como una buena persona. Unas declaraciones propias de un individuo sin vergüenza y que toma por imbéciles a los que llevamos años siguiendo su trayectoria.

Nadie pone en duda que Casillas fue un buen portero y llegó a estar entre los mejores del mundo. Lo peor para él es que ha sido icono del Real Madrid en una época en la que ha estado por debajo del Barcelona en lo deportivo. Su etapa como capitán se ha basado en el buenrollismo con el eterno rival y en la humillación de éste hacia el club y la afición a los que tanto decía apreciar. Porque no recuerdo a Casillas defendiendo al Real Madrid de las críticas e insultos recibidas desde Barcelona, sobre todo durante la etapa de Mourinho como entrenador; al contrario, él antepuso su colegueo con el indeseable de Xavi Hernández al club que le ha dado de comer, mientras que el culé siempre tuvo claro que su obligación como capitán blaugrana era hacer daño al Real Madrid.

Casillas, que no ha sido un buen capitán, no puede pretender que se le recuerde como una buena persona. No olvido el acoso que vivió Diego López cuando tuvo la “osadía” de ser titular por delante de él. La prensa beneficiada de las filtraciones de Iker (algo que un buen capitán nunca haría) inició una campaña de acoso y derribo contra Diego López que sólo terminó cuando el gallego partió rumbo a Milán. Mientras tanto, el capitanísimo esperaba su momento y, entre tanto, alguna de sus chapuzas estuvo a punto de salir muy cara al club que le ha dado de comer durante todos estos años (sobre todo la pifia en Lisboa contra el Atlético de Madrid).

No deseo ninguna suerte a Casillas en su nueva etapa en el Oporto. Aunque sí me parece una curiosa ironía de la vida que pueda terminar su carrera en declive en el mismo club que lanzó la carrera del primer entrenador que vio su decadencia y que tuvo el valor de mandarle a un banquillo del que no merecía salir, por mal capitán y por pésimo profesional. Sólo espero que, cada vez que mire la foto de un Mourinho sonriente y levantando la Copa de Europa con el Oporto, recuerde con mala conciencia cómo boicoteó el proyecto del portugués en Madrid y cómo ha contribuido a que el Real Madrid esté por debajo del Barcelona.


El Real Madrid por fin ha podido quitarse uno de sus mayores problemas. Con el cacique Casillas fuera, ahora sólo queda por dar puerta a otros tiranuelos de vestuario (se me vienen a la cabeza los nombres de Sergio Ramos y Cristiano Ronaldo especialmente) y a un presidente que sólo quiere al club como lanzadera para sus negocios privados. Queda mucha criba que hacer en Chamartín.

7 de julio de 2015

Un prometedor comienzo que se torna en decepción

                                             (Fotografía de www.sensacine.com)

Así, ni más es menos, es como debe resumirse No habrá paz para los malvados. Hace unos años, con motivo de su estreno, leí muy buenas críticas sobre esta película. Por eso, antes de verla hace unos días, esperaba encontrar un gran thriller policial. Pero, tras un comienzo notable, la trama va a menos conforme pasan los minutos. Hago saber que mi intención es “destriparla”; así que, si alguien no la ha visto pero tiene interés en verla, le sugiero que deje de leer esta crítica.
Santos Trinidad, un policía venido a menos, asesina a tres personas (un empresario, un sicario y una prostituta) en un burdel tras írsele la mano yendo borracho. Después de inspeccionar el local en busca de las cintas de vídeo de la cámara de seguridad, un testigo del crimen escapa y emprende su búsqueda para liquidarlo y salvar su pellejo.
A causa del crimen de Santos, la investigación emprendida por la juez Chacón termina descubriendo una vinculación entre los asesinados (integrantes de una mafia colombiana dedicada al tráfico de drogas) y el islamismo internacional.
Leiva, un excompañero de Santos que colabora con la juez Chacón, le reconoce en una grabación de vídeo de uno de los lugares que visitó Santos en su persecución del testigo, poco después de habérsele encontrado en un local donde ambos habían acudido en busca de información.

Hay dos momentos clave, en el nudo de la película, que es cuando se echa a perder.
El primero tiene lugar cuando la juez Chacón se reúne con uno de los responsables de la lucha antiterrorista y con un confidente de la policía (el mismo al que buscaba Santos en busca de información) para saber por qué un caso de tráfico de drogas pasó a ser competencia suya. La explicación que la juez recibe es que los islamistas se financiaban por esa vía y que dejaron el caso cuando el tipo al que seguían desapareció, añadiendo que volvió a los investigadores originarios (quienes, a su vez, habían dicho que no habían vuelto a conocer nada de esa investigación). Así que, en lugar de encontrar sospechas de algo oscuro relacionado con las cloacas del Estado, la excusa que tenemos es la desaparición de unos papeles más propia de un personal incompetente que de uno corrupto.
El otro momento decisivo se produce cuando Santos es interrogado por la juez Chacón con el objetivo de conocer si tiene alguna responsabilidad con las muertes del burdel. Ella le pregunta por lo sucedido varios años atrás, cuando Santos presuntamente disparó a un compañero suyo en un acto que él justificó como un accidente con el arma. En este caso, se insinúa que el policía estaba metido en asuntos muy turbios, pero todo queda ahí. No se pasa de la insinuación y a partir de entonces la película comienza a decaer, quedándonos sin una explicación clara de por qué un policía condecorado ha terminado siendo un alcohólico.
Después de estas dos posibilidades perdidas para hacer posible la gran película que prometía, lo único que queda por averiguar es si Santos da caza al testigo. Y vaya que lo consigue. Les liquida a él y a todos los demás integrantes del grupo antes de que cometan un atentado en un centro comercial. De esta manera, el policía alcohólico y presuntamente corrupto termina salvando a un montón de personas y muere honorablemente después de llevarse varias puñaladas.

Como curiosidad, he leído que No habrá paz para los malvados ha sido la mejor interpretación de José Coronado, pero (a mí al menos) me pareció muchísimo mejor su papel en Los últimos días, una película ambientada en una Barcelona posterior a una epidemia mundial, o en El lobo, donde interpretaba a un agente de las cloacas del Estado durante los últimos años del franquismo. En este caso, el camino tomado por el guión también arrastra consigo la actuación del protagonista principal, que por no ser mala (y a veces hasta bastante buena) no deja de ser inferior a lo que prometía.

Como nota positiva, sí quisiera hacer constar que el cine español es capaz de producir buenas películas cuando deja a un lado las estupideces progres y políticamente correctas, por no hablar de los recientes trabajos ambientados en la Guerra Civil y amparados en la tergiversadora “memoria histórica”. Así que, mientras la familia Bardem y Willy Toledo no estén por en medio, podemos tener esperanza en la calidad del cine español.