20 de julio de 2016

La rebelión de las masas en el siglo XXI


Vaya por delante que no soy un estudioso de la Filosofía, ni siquiera un aficionado. Más allá del autor al que mencionaré, lo mío con esta materia ha sido un quiero y no puedo constante. Pero no sólo de elecciones vive una comunidad humana, y mucho menos de titulares de prensa; por encima de todo, más allá de la política y la economía, se encuentran los valores que rigen nuestras vidas y dan sentido  a lo que sucede en el mundo. Entiendo que a muchos les provoca sarpullido o recelo oír hablar de valores, sobre todo por lo manoseado y desprestigiado que está el término a causa de los falsos valores que el mundo moderno ofrece al hombre o por los prejuicios que está sociedad ha inoculado a sus miembros sobre todo lo que suene a moralidad; no obstante, hasta el individuo más amoral -o incluso inmoral- se rige por una serie de valores que, a su vez, dan sentido a una forma de ser en sus relaciones con los demás.

La rebelión de las masas, obra vigentísima de José Ortega y Gasset[1], vio la luz en 1930. El ensayo venía a ensalzar los presuntos logros del siglo XIX, cuya elevación del nivel de vida atribuía a la democracia liberal y a los avances científicos, sin dejar de ser crítico –algo que hoy echamos en falta- con la sociedad que aquel periodo histórico engendró. A juicio del autor, los fenómenos políticos totalitarios posteriores a la Primera Guerra Mundial, identificados con el fascismo y el bolchevismo, eran sólo uno de los síntomas de las nuevas generaciones[2] que, cual niños mimados, no valoraban el esfuerzo de sus predecesores y tenían por tan naturales como el respirar los avances de los que disfrutaban[3]. El resto de los síntomas de esta rebelión de las masas se manifestaban en la imposición de lo vulgar y mediocre sobre lo selecto[4] y en la aparición de sabios-ignorantes incapaces de conocer más allá de su área[5].

Hace tiempo, para mofa de un conocido portal de izquierdas[6], defendí que la rebelión de las masas de la que hablaba Ortega y Gasset se había cumplido plenamente. Año y medio después –aproximadamente-, sólo puedo reafirmarme en lo dicho. Y no porque Podemos amenace con subvertir el actual régimen político con promesas y más promesas de recuperar e incrementar el Estado del Bienestar al que casi han dado la puntilla a lo largo del último lustro. No, por más que le pese a la prensa afín al Partido Popular, la rebelión de las masas del siglo XXI no culminaría con una Presidencia de Gobierno para Pablo Iglesias. El problema va más allá, aunque uno de sus síntomas afecte a los dirigentes políticos que padecemos. Si hoy debemos seguir hablando de rebelión de las masas, exactamente en la misma clave orteguiana, es porque lo mediocre ha terminado de imponerse sobre lo selecto en una vorágine de consumismo y corrupción. El español medio, idiotizado por el cáncer del mundo moderno, apenas ve más allá de sus apetitos y necesidades, tanto básicas como inculcadas. Pasead por la Gran Vía de Madrid un fin de semana –aunque también serviría la zona comercial de cualquier otra capital de provincias- y ojead las aglomeraciones buscando nuevos productos que comprar para estar a la última moda; después, dad un paseo por alguna zona de bares. Cualquiera diría que no vivimos una crisis económica brutal, que no rondamos los cuatro millones y medio de desempleados, que en Cataluña no se está produciendo un golpe de Estado desde hace años, que los terroristas de ETA no han sido normalizados políticamente, que no nos han gobernado varias organizaciones de ladrones o que muchos de nuestros compatriotas se han visto obligados a emigrar al extranjero; al contrario, cualquiera que se dé un paseo por una zona de ocio, si no supiera cómo está España ahora mismo, creería que todo va estupendamente y que somos uno de los pueblos más felices del mundo. Teniendo todo esto en cuenta, ¿de verdad cometemos un anacronismo hablando todavía de la rebelión de las masas?

El pasado mes de junio conocí a Juan Manuel de Prada en la Feria del Libro de Madrid. Charlamos unos pocos minutos y me sorprendió que un escritor de su nivel, que además es el columnista más políticamente incorrecto de ABC –con la notoriedad y reputación que eso conlleva- estuviera echando la mañana en la caseta de una librería sin una legión de lectores pidiéndole una firma de sus novelas y ensayos. En cambio, el día anterior vi por la televisión a una buena muchedumbre esperando para conseguir la firma de algún personaje televisivo dedicado al mundo de la cocina; y eso sin olvidar las filas que años atrás esperaban pacientemente la firma de una intelectual de la talla de Belén Esteban[7]. Esta señora sería incapaz de escribir una novela histórica al nivel de Morir bajo tu cielo, pero la audiencia de los programas donde participa no es casualidad. La gente disfruta con la telebasura y por eso las chorradas que pueda contar Belén Esteban resultan más interesantes que lo que cuente alguien que verdaderamente ejerce el oficio de escritor. No puede prohibirse que Belén Esteban o cualquier otro petardo de la tele escriba un libro –si es que lo escribió ella-, igual que tampoco puede impedirse que, una vez publicado, la gente que lo desee pueda comprarlo; ahora bien, cualquiera con un poco de lucidez sabe que en una sociedad sana el libro de esa señora nunca hubiera visto la luz del sol –es más, en una sociedad sana ella nunca hubiera ganado fama y reputación solamente por haber tenido una hija con un torero-. Pero no formamos parte de una sociedad sana, sino de una adicta a la telebasura cuyo culmen es el reality show. Estos programas suponen la degradación moral del voyerismo aplicado a la televisión; es decir, el espectador disfruta viendo a otras personas discutir y hacer cualquier estupidez que a uno se le ocurra. Sin duda, el dudoso honor de ser la telebasura de la telebasura lo tienen esos programas donde un puñado de zánganos y zánganas promiscuos y promiscuas –y que conste que no quiero ser políticamente correcto con el lenguaje, es que ambos andar a la par en cuanto a degradación humana- tiene citas y sale de fiesta. No tendríamos que lamentar esto si no fuera porque una buena parte de la juventud española se identifica con los contenidos de estos programas[8].

Otros indigentes intelectuales encumbrados por nuestra juventud son los youtubers. Así se hacen llamar unos sujetos que se graban en vídeo haciendo estupideces o ridiculizando a terceros. Porque, seamos sinceros, son gilipollas. Reconozco que he podido reírme viéndoles y que a veces son hasta ingeniosos, pero también son infantiles a más no poder. Lo peor de éstos no es que cuenten con la admiración y simpatía de los nacidos ya en pleno siglo XXI, sino que ellos mismos nacieron al tiempo que un servidor, tras la caída del muro de Berlín y el fin de la Guerra Fría; son –somos- hijos de un mundo consumista y preocupado exclusivamente por llegar a fin de mes sin pasar grandes agobios. Estos youtubers infantiloides y estúpidos son, pura y simplemente, la obra de quienes han regido nuestros destinos; son un producto más de la sociedad de consumo y, al igual que ésta les ha encumbrado, pronto les hará caer cuando otros jóvenes descubran un nuevo camino de llamar la atención y conseguir la fama por medio de la tecnología. Pese a todo, ver sus trabajos puede ser muy interesante; en el fondo, son el grito de auxilio de una generación que tiene miedo de crecer por la incertidumbre sobre el futuro que nos espera –nos prometieron que viviríamos felices en una orgía de progreso indefinido y, al final, seremos la primera generación que viva materialmente peor que sus predecesores-.

Hasta ahora, creo haber dejado bastante claro por qué la rebelión de las masas a la que aludía Ortega y Gasset está triunfando en nuestra época. La mediocridad no sólo se ensalza y se valora, sino que se impone. “La televisión es un medio para las mayorías, como el cine, y es normal que ahí triunfe lo peor. Pero en otros medios, donde la gente es más culta, eso no sucede”, podrá decir un escéptico acerca de mis suposiciones. Y no se me ocurre mejor ejemplo para desmentir eso que el del arte contemporáneo. Cualquier personaje capaz de dar un sentido pseudofilosófico y aparentemente profundo a cuatro palos ahora se considera artista. Aunque nadie estafaría tan descaradamente el prójimo si no hubiera snobs que de verdad se creyeran ese discurso. Seamos sinceros, ¿quién es más idiota, el que tiene la poca vergüenza de decir que medio vaso de agua cuesta veinte mil euros[9] o el que paga esa cantidad? Porque me parece que es peor el segundo, por dar ánimos al primero a la hora de autodenominarse artista o intelectual. Aún recuerdo una visita que hice hace –si no me falla la memoria- seis años a una exposición contemporánea. El artista, rodeado de admiradores, presentaba una serie de tablas y pinturas que a simple vista sólo eran basura. Me acompañaba alguien que tenía de aquello tan poca idea como yo. El caso es que el autor se acercó y mi acompañante, por quedar bien, le felicitó por la combinación de luces y sombras; y a continuación, viendo al artista creerse aquel elogio forzado, confirmé que, por más que insistiera de lo contrario el profesor de Historia del Arte del instituto, aquello no podía llamarse arte de ninguna manera, sino estafa. Pero los intelectuales de nuestra época, como buenos cruzados de la mediocridad, insisten y persisten en que semejantes adefesios son manifestaciones culturales tan artísticas como Las meninas o La Gioconda.

Como no podía ser menos, esta mediocridad de la que el españolito medio disfruta como un cerdo en el barro llega hasta la clase política. La rebelión de las masas entre nuestros gobernantes no tiene nada que envidiar a la telebasura –si es que no calificamos directamente a las tertulias políticas como tal-; al fin y al cabo, es muy complicado que los actuales dirigentes políticos y sus camarillas sean mejores que sus electores y más aptos para ejercer la tarea de gobernar. No es ninguna afirmación gratuita o atrevida. ¿Cuántos cargos políticos han vivido única y exclusivamente de cargos relacionados con su militancia partidista o con la Administración Pública? Hay un caso que me ha resultado siempre muy peculiar, el de Susana Díaz. ¿Qué cualidades han permitido a esa mujer conseguir la secretaría general del Partido Socialista Obrero Español en Andalucía? Nunca me ha parecido una persona que destaque por su oratoria, por ejemplo. Quizá el único mérito de Susana Díaz sea haberse movido mejor que nadie entre las podridas filas del socialismo andaluz y esperar su oportunidad; pero, más allá de eso, no se me ocurre otra razón que justifique su liderazgo en una Comunidad Autónoma donde gobiernan como caciques del siglo XIX. Otro buen ejemplo de mediocridad elevada a personalidad de renombre es José Luis Rodríguez Zapatero. ¿Cómo es posible que un tipo que afirmó que la nación es un concepto discutido y discutible haya sido Presidente del Gobierno de una nación con cinco siglos de antigüedad? Aunque, como es habitual con estos dirigentes, casi peor que sus declaraciones son los acólitos que les aplauden[10]. Otro personaje inolvidable, sin duda, ha sido Bibiana Aido[11]. Sin toda la ingeniería social promovida por estos dirigentes –y sin la correspondiente colaboración posterior del Partido Popular, no olvidemos- hubiera sido poco probable que las Rita Maestre de turno entraran en una capilla universitaria para hacer topless; igual que hubiera sido poco probable que algunos esperpentos del entorno político de Ahora Madrid[12] y Barcelona en Comù[13] fueran elegidos como cargos públicos. Eso sí, si alguien ha convertido la tarea de gobernar en una actividad propia de bandidos, invirtiendo radicalmente los valores que deberían primar cuando de una decisión serán afectadas millones de personas –para bien o para mal- ha sido el Partido Popular. Las noticias sobre sus casos de corrupción parecen más propias de una ficción televisiva[14] basada en la mafia que de una organización política, pero los sobresueldos, los sobres y Barcenás están ahí y son muy reales.

A pesar de todo, habrá quien siga negándose a creer que la rebelión de las masas sigue viva en el siglo XXI. Y, en parte, a estos escépticos voy a darles la razón. Ya no estamos ante la rebelión de las masas profetizada por Ortega y Gasset… ¡La mediocridad que impera hoy es su triunfo! ¡La rebelión terminó hace tiempo, para regocijo y tranquilidad de quienes gobiernan el mundo entre bambalinas! Por fortuna, no todo está perdido. Mientras queden personas que se nieguen a consumir telebasura, mientras queden personas que ansíen crear arte y no aberraciones, mientras queden idealistas que defiendan a capa y espada que la política debe estar encaminada al bien común de la sociedad… mientras quede un puñado de hombres y mujeres que se niegue a rendir culto a la mediocridad, existirá –por muy pequeña que sea- la opción de transformar esta España que detestamos profundamente por una Patria de la que verdaderamente nos sintamos orgullosos.

http://www.hispaniainfo.es/web/2016/07/22/la-rebelion-de-las-masas-en-el-siglo-xxi/

http://desdemicampanario.es/2016/08/02/la-rebelion-de-las-masas-en-el-siglo-xxi/

Este artículo fue publicado en el portal Hispaniainfo el 22 de julio de 2016 y en el portal Desde mi campanario el 2 de agosto de 2016





[1] Por haber sido alumno suyo y por la vigencia de sus palabras, veo muy útil conocer una de las opiniones de Ramiro Ledesma Ramos publicadas en el periódico La conquista del Estado: “Don José Ortega y Gasset, mi gran maestro de Filosofía, es un escritor de la máxima solvencia filosófica. Creo –yo, que conozco bien este aspecto suyo- que es antes que nada filósofo, y de los de primer rango de una época. Los españoles semicultos poseen tal incapacidad para la percepción de los valores filosóficos que le niegan de plano ese carácter y, en cambio, le reconocen valores de otra índole” (Ledesma Ramos, R.; Sobre un libro político de Ortega y Gasset”, Obras completas, Tomo III, pág. 141; compiladores: José Manuel Jiménez Galocha y Gabriel Server; Ediciones Nueva República, Madrid-Barcelona, 2004)

[2] La publicación de La conquista del Estado es posterior a La rebelión de las masas, así que Ramiro Ledesma conocería de sobra la opinión de su antiguo maestro acerca de los totalitarismos y de ahí que manifestara lo siguiente: “Ortega y Gasset no ha conseguido desprenderse en política del viejo concepto de Estado. Se mueve en el orden de ideas roussonianas y de la Revolución Francesa, según las cuales el Estado es pura y simplemente una institución al servicio de la nación, del pueblo. Un instrumento útil, algo sobrepuesto de que la nación se sirve. Ese era, en efecto, el Estado liberal burgués, vigente en el mundo durante todo el siglo XIX. Hasta la Gran Guerra. Todo eso se halla hoy rotundamente superado. El Estado es más bien la base misma del pueblo, se identifica con el pueblo, y no es un mero auxiliar del pueblo para realizar sus hazañas históricas. Gracias al Estado, hoy se comprende que los pueblos consigan una acción colectiva de volumen histórico. Al idear, por tanto, una política, mejor dicho, al realizar una política, es indispensable que preceda ese periodo creador de un pueblo en que éste se torne un Estado, obtenga de sí mismo una orden de marcha. El Estado no es, pues, un marco externo que se le coloca a un pueblo desde fuera, sino algo que nace de él, se nutre de él y sólo en él tiene sentido. El Estado liberal burgués se fabrica en serie y los pueblos lo adoptaron en su día en forma de Constituciones, dictadas así mismo en serie” (Ledesma Ramos, R.; op.cit; pag. 142)
Aun a riesgo de crear otro artículo paralelo por medio de estas notas, compartiré lo escrito por Ortega y Gasset en La rebelión de las masas para que el lector pueda formarse una mejor opinión sobre la confrontación entre ambas posturas: “El Estado contemporáneo es el producto más visible y notorio de la civilización. Y es muy interesante, es revelador, percatarse de la actitud que ante él adopta el hombre-masa. Éste lo ve, lo admira, sabe que está ahí, asegurando su vida; pero no tiene conciencia de que es una creación humana inventada por ciertos hombres y sostenida por ciertas virtudes y supuestos que hubo ayer en los hombres y que puede evaporarse mañana. Por otra parte, el hombre-masa ve en el Estado un poder anónimo, y como él se siente a sí mismo anónimo –vulgo-, cree que el Estado es cosa suya (…)
A esto lleva el intervencionismo del Estado: el pueblo se convierte en carne y pasta que alimentan el mero artefacto y máquina que es el Estado. El esqueleto se come la carne en torno a él. El andamio se hace propietario e inquilino de la casa.
Cuando se sabe esto, azora un poco oír que Mussolini pregona con ejemplar petulancia, como un prodigioso descubrimiento hecho ahora en Italia, la fórmula: Todo por el Estado; nada fuera del Estado; nada contra el Estado. Bastaría esto para descubrir en el fascismo un típico movimiento de hombre-masa. Mussolini se encontró con un Estado admirablemente construido –no por él, sino precisamente por las fuerzas e ideas que él combate: por la democracia liberal-. Él se limita a usarlo incontinentemente; y sin que yo me permita ahora juzgar el detalle de su obra, es indiscutible que los resultados obtenidos hasta el presente no pueden compararse con los logrados en la función política y administrativa por el Estado liberal. Si algo ha conseguido, es tan menudo, poco visible y nada sustantivo, que difícilmente equilibra la acumulación de poderes anormales que le consiente emplear aquella máquina en forma extrema” (Ortega y Gaaset, J.; “El mayor peligro, el Estado”, La rebelión de las masas; Austral, Madrid, 2010; págs. 182, 184 y 185)

[3]Estas masas mimadas son lo bastante poco inteligentes para creer que esa organización material y social, puesta a su disposición como el aire, es de su mismo origen, ya que tampoco falla, al parecer, y es casi tan perfecta como la natural (…)
Como no ven en las ventajas de la civilización un invento y construcción prodigiosos, que sólo con grandes esfuerzos y cautelas se pueden sostener, creen que su papel se reduce a exigirlas perentoriamente, cual si fuesen derechos nativos” (Ortega y Gasset, J: “Comienza la disección del hombre-masa”, op. cit., pág. 125)

[4]Lo característico del momento es que el alma vulgar, sabiéndose vulgar, tiene el denuedo de afirmar el derecho de la vulgaridad y lo impone dondequiera (…) La masa arrolla todo lo diferente, egregio, individual, calificado y selecto. Quien no sea como todo el mundo, quien no piense como todo el mundo, corre el riesgo de ser eliminado. Y claro está que ese “todo el mundo” no es “todo el mundo”. “Todo el mundo” era, normalmente, la unidad compleja de masa y minoría discrepantes, especiales. Ahora “todo el mundo” es sólo masa” (Ortega y Gasset, J.; “El hecho de las aglomeraciones”, op. cit., págs. 86 y 87)

[5]El especialista “sabe” muy bien su mínimo rincón de universo; pero ignora de raíz todo el resto (…)
Porque antes los hombres podían dividirse, sencillamente, en sabios e ignorantes, en más o menos sabios y más o menos ignorantes. Pero el especialista no puede ser subsumido bajo ninguna de esas dos categorías. No es sabio, porque ignora formalmente cuanto no entra en su especialidad; pero tampoco es un ignorante, porque es un “hombre de ciencia” y conoce muy bien su porciúncula de universo. Habremos de decir que es un sabio ignorante, cosa sobremanera grave, pues significa que es un señor el cual se comportará en todas las cuestiones que ignora no como un ignorante, sino con toda la petulancia de quien en su cuestión especial es un sabio” (Ortega y Gasset, J.; “La barbarie del especialismo”, op. cit., págs.. 174 y 175)

[6] Falange lanza una imitación del programa La Tuerka” (Danilo Albin) vía Público (07/11/2014): http://www.publico.es/actualidad/falange-lanza-imitacion-del-programa.html

[7]Colas interminables en la firma de libros de Belén Esteban en Madrid” vía EcoDiario (24/11/2013): http://ecoteuve.eleconomista.es/ecoteuve/gente/noticias/5339325/11/13/Colas-interminables-en-la-firma-de-libros-de-Belen-Esteban-en-Madrid.html

[8]Ridículo de la “generación mejor preparada” en el Parlamento Europeo” vía Periodista Digital (28/02/2013): http://www.periodistadigital.com/3segundos/periodismo/2013/02/28/asi-va-espana-un-estudiante-de-cuenca-se-pone-a-imitar-a-los-de-gandia-shore-en-pleno-parlamento-europeo.shtml

[9]Medio vaso de agua por 20.000 euros” vía El Confidencial (26/02/2015): http://www.elconfidencial.com/cultura/2015-02-26/medio-vaso-de-agua-por-20-000-euros_718416/

[10]Puestos a recordar hay que volver la vista hacia aquellos días del primer gobierno de Zapatero en que despegaba con brío la idea de una España plural. Por entonces, ante una interpelación en el Senado en la que desde la bancada popular se preguntaba al Presidente del Gobierno si consideraba superado el concepto de nación que aparece en la Constitución, Zapatero tuvo la lucidez y el coraje político de dar una memorable respuesta, criticando el inmovilismo del PP con su retórica sobre la nación y trasladando a la Cámara, sin merma de lealtad constitucional, una obviedad teórico-política palmaria: “el concepto de nación es un concepto discutido y discutible”. No sé cómo acogerá Zapatero a estas alturas el recuerdo de aquella acertada declaración suya, pero lo importante hoy es que la situación política generada a raíz de la sentencia sobre el Estatut hace evidente, desde la realidad de los hechos, lo que ella afirmaba” (Pérez Tapias, J.A.; “Nación: concepto discutido y discutible” (30/07/2010): http://web.psoe.es/izquierdasocialista/docs/491248/page/nacion-concepto-discutido-discutible.html
Un año y medio después (12/12/2011), José Luis Rodríguez Zapatero declaraba que no volvería a repetir esas palabras y que no dudaba que España fuera una nación: http://www.europapress.es/nacional/noticia-zapatero-no-repetiria-concepto-nacion-discutible-discutido-20111212104321.html

[11]Las “miembras” de Bibiana Aído” vía 20 minutos (10/06/2008): http://www.20minutos.es/noticia/387648/0/miembras/bibiana/aido/

[12]Así se define la posible sustituta de Zapata: “Bollera, camionera, desviada, leñadora y feminazi”” vía Libertad Digital (15/06/2015): http://www.libertaddigital.com/espana/2015-06-15/la-posible-sustituta-de-zapata-bollera-camionera-desviada-lenadora-y-feminazi-1276550594/

[13]La “meona” de Ada Colau orinó en plena Gran Vía de Murcia”, por Pablo Planas vía Libertad Digital (30/06/2015): http://www.libertaddigital.com/espana/politica/2015-06-30/el-ultimo-fichaje-de-colau-orino-en-la-gran-via-de-murcia-1276551759/

[14]Camps financia con 400.000 € una serie sobre corrupción”, por Rodrigo Terrasa vía El Mundo (08/03/2011): http://www.elmundo.es/elmundo/2011/03/08/valencia/1299569035.html
Por increíble que parezca, un gobierno autonómico del Partido Popular salpicado por escándalos de corrupción patrocinó una serie cuya trama presentaba a constructores, políticos y mafiosos como aliados comunes

14 de julio de 2016

Contra el animalismo, por la naturaleza


El auge animalista fue una de las grandes sorpresas de las pasadas elecciones generales del 20 de diciembre y el 26 de junio. Esta tendencia, encauzada políticamente por medio del Partido Animalista contra el maltrato animal (PACMA), se convirtió en la fuerza política extraparlamentaria en ambos comicios y a nivel nacional, que a fin de cuentas es como se valoran los resultados, obtuvo incluso más votos que una formación como Unión, Progreso y Democracia, que hasta hace bien poco contaba con representantes a nivel nacional. Es decir, que los animalistas hubieran obtenido representación parlamentaria de haberse repartido los escaños por una única circunscripción en lugar de por provincias.
¿Pero qué es el PACMA, cómo explicamos lo que defiende esta gente? Según ellos, sus propuestas se justifican en tres pilares: derechos de los animales, medio ambiente y justicia social[1]. Lo primero es muy discutible, lo segundo a simple vista suena bien (pero no es oro todo lo que reluce y ahora veremos por qué).

Para ejercer un derecho, además de un gobierno que lo garantice, se necesita gozar de la capacidad de decidir. Y un animal, por más que ofenda a los seguidores de esta corriente ideológica, carece de dicha capacidad. El animal nunca se plantea por qué está en el mundo y qué hacer con su vida, sino que se guía por los instintos a la hora de actuar. Por ejemplo, las constituciones de los países occidentales suelen recoger la educación como un derecho fundamental que, en teoría, a partir de un determinado momento es ejercido por el ciudadano por propia elección si así lo decide (en el caso español, a partir de los dieciséis años); en cambio, nuestras mascotas no eligen por sí mismas ser educadas al llegar a cierta edad, sino que desde el principio nos encargamos de hacer que se adapten a ciertas pautas para convivir con nosotros sin causar problemas de higiene y comportamiento. En resumen, los animales sólo pueden ser objetos y no sujetos de Derecho, así que no sólo carecen de derechos en el mismo sentido que los seres humanos sino que también son incapaces de gozar de ellos; otra cuestión es que, como seres vivos, hagan al ser humano responsable de su integridad y bienestar y que su condición de objetos de Derecho no sea la misma que la de un vehículo, un armario o un aspirador.
Por otro lado, las nociones de justicia social que maneja el PACMA no son muy diferentes al discurso de Izquierda Unida, Podemos o cualquier otro partido de izquierdas en lo referente a la ideología de género y la inmigración; es más, coinciden también en el laicismo y en el antimilitarismo[2]. Su única gran baza se encuentra en situar en primera línea la abolición de la caza y la tauromaquia, además de elevar jurídica y socialmente a los animales[3].

La abolición de la tauromaquia se ha convertido en una causa de la izquierda progre por excelencia. Se da la paradoja de que esta misma izquierda, tan partidaria de la llamada memoria histórica, olvida que figuras históricas de la verdadera izquierda (Federico García Lorca, Miguel Hernández, Rafael Alberti) sentían una gran devoción por la tauromaquia[4]. Al igual que les sucede con el patriotismo, los progres de hoy omiten la simpatía de sus referentes por eso que hoy definen como “tortura”.
Por supuesto, desde las filas de la izquierda progre están en su derecho de posicionarse en contra de la tauromaquia. Lo que debe criticarse es su obsesión por politizarlo absolutamente todo. Ser taurino o antitaurino, como ser indiferente, no es una cuestión ideológica. En el caso del progre, si arremete contra la tauromaquia es a causa de su fobia y obsesión contra todo lo que se identifique con la identidad nacional española y los toros, que al margen de que nos gusten o no son un símbolo hispano por excelencia. Cuando el progre echa pestes de los taurinos lo hace con la misma intención que cuando justifica la presencia de mezquitas en España en nombre de la multiculturalidad: por dinamitar lo poco que queda del ser español. ¿Es un traidor a España el que reniega de los toros o simplemente al que no le gustan? Tampoco. Pero hay que distinguir entre los verdaderamente críticos con el toreo y los progres que ocultan o son títeres de peores intenciones[5].

Por mi parte, debo decir que no me gustan los espectáculos taurinos. Tampoco abogo por su veto. Creo que, tarde o temprano, el número de aficionados descenderá tanto que extinguirá por sí sola esta práctica. Posiblemente no sea un día tan feliz como creen los antitaurinos, ya que nuestra juventud se verá privada definitivamente de una práctica que obliga al valor a cambio de entretenimientos chabacanos e idiotizantes (dejando a un lado el salseo que salpica al mundo taurino desde hace tiempo, lo cierto es que posiblemente albergue mejores valores[6] que toda la telebasura junta). También debo decir a los antitaurinos que he presenciado bastantes faenas en la plaza de mi pueblo, durante las fiestas populares, y no he terminado siendo un psicópata que disfruta viendo cómo se tortura un animal (según su argot). Es más, a finales del pasado mes de enero hice llegar por email a Adolfo del Mingo, un articulista de La Tribuna de Toledo, una crítica donde le recordaba que la militancia política no es sinónimo de apología del maltrato animal. Este señor recopiló, por medio de varios artículos de la prensa toledana de los siglos XIX y XX, cómo se había enfocado el envenenamiento de perros desde diversos medios ideológicos y (¡oh, sorpresa!) citaba entre los apologistas del envenenamiento al periódico de los falangistas talaveranos de 1937. Por desgracia, el autor no se dignó a responder una respetuosa crítica donde le explicaba el contexto histórico de la época en lo referente a Falange Española de las JONS y su actual posicionamiento de rechazo al maltrato animal (sin caer en los histerismos de algunos animalistas contemporáneos, como es el caso del PACMA y sus votantes).

Tampoco creo que la práctica de la caza suponga un genocidio que deba vetarse. El equilibrio de los ecosistemas pasa necesariamente por mantener controladas las poblaciones animales sin llegar a su extinción, por eso la intervención humana es clave para garantizar esa estabilidad. Además de que somos un depredador más (y esto es algo que los animalistas, tan amantes de la naturaleza, deberían saber), somos la única criatura en la faz de la Tierra que puede conocer cuántos animales de una especie podemos permitirnos el lujo de matar para que su existencia no peligre. Por eso me parece genial que se defienda la preservación de especies tan amenazadas en nuestro país como el lobo, el oso pardo y el lince ibérico; pero a lo que no puede llegarse, como hacen los animalistas, es a decir que los animales tienen el mismo derecho que nosotros a existir (lo más curioso es que, en la práctica, conceden incluso más derechos a los animales, porque aún no he visto a ningún animalista condenar al lobo por matar ganado siguiendo sus instintos mientras que sí les he leído proclamas contra nuestra naturaleza omnívora[7]). Los animales, al igual que nosotros, simplemente existen y el ser humano, como especie más inteligente de la naturaleza, hace uso de ellos como considera oportuno; sin ir más lejos, un animalista jamás hubiera podido tener un perro de no ser por los antepasados nuestros que domesticaron lobos hace miles de años. Esto, que algunos consideran “supremacismo especista”[8], es la realidad y contra eso no se puede luchar. Cuestión muy diferente es la de aquellos indeseables que ahorcan galgos o abandonan otros razas caninas de caza al finalizar la temporada de veda (lo cual, aunque los animalistas sean incapaces de comprenderlo, no convierte a todos los cazadores en sádicos maltratadores); contra esta gente, sin duda, debería caer todo el peso de la ley. Pero comer carne y cazar no sólo no puede ser un delito, sino que tampoco ha de ser motivo de reproche moral.

Condenemos a prisión a quienes matan, por diversión o por falta de escrúpulos, a perros, gatos y otros animales. Sancionemos más duramente a quienes abandonan a sus mascotas o a los que introducen especies extranjeras en nuestros ecosistemas. Que tampoco queden impunes los incendios y demás atentados contra nuestro patrimonio natural en provecho de unos pocos especuladores. Pero lo que nunca debemos hacer es negarnos a controlar las poblaciones de animales y prohibir el consumo de carne por no se sabe cuáles razones éticas. Estimados animalistas: si de verdad amáis tanto la naturaleza, observadla tal y como es, cruel y hermosa, y quizá comprendáis por qué vuestra actitud se aleja de lo naturalmente correcto.

http://www.hispaniainfo.es/web/2016/07/14/contra-el-animalismo-por-la-naturaleza/

http://desdemicampanario.es/2016/07/22/contra-el-animalismo-por-la-naturaleza/

Este artículo fue publicado en el portal Hispaniainfo el 14 de julio de 2016 y en el portal Desde mi campanario el 22 de julio de 2016





[1] Partido Animalista contra el maltrato animal – Presentación: https://pacma.es/presentacion/

[2] Programa electoral del PACMA en las elecciones generales de 2015: https://pacma.es/wp-content/uploads/2015/11/Programa-electoral-castellano-20D.pdf

[3]El objetivo del Partido Animalista PACMA es introducir en la agenda política la necesidad de cambios legales para los animales, ignorados completamente por otras formaciones políticas: abandono y maltrato, actividades como la caza o las granjas industriales quedan fuera de los programas políticos de otras formaciones” (Partido Animalista contra el maltrato animal – Programa electoral: https://pacma.es/programa-electoral/)

[4] “La tauromaquia de izquierdas”, por Jaime Bravo, Pureza y emoción: http://www.purezayemocion.com/noticia/1070/opinion/la-tauromaquia-de-izquierdas.html

[5] No es tauromaquia en sentido estricto, pero creo que el ejemplo puede servir. Pedro Sánchez, en septiembre de 2015, quiso sacar tajada electoral arremetiendo contra el Toro de la Vega de la localidad pucelana de Tordesillas y prometiendo su prohibición de ganar las elecciones. El secretario general del Partido Socialista era consciente del enorme rechazo que este evento causa en la mayoría de los españoles y no dudó en utilizarlo como arma electoral (¡y eso que quedaban meses por delante hasta las elecciones generales). Al final, los socialistas salieron perjudicados en dicha localidad.
Fuentes de interés:
-       “Pedro Sánchez: “Me avergüenzo del Toro de la Vega””, publicado en Público (15/09/2015): http://www.publico.es/politica/pedro-sanchez-me-avergueenzo-del.html
-       “Tordesillas castiga en las urnas a Pedro Sánchez por querer prohibir el Toro de la Vega”, publicado en ABC (21/12/2015): http://www.abc.es/cultura/toros/abci-tordesillas-castiga-pedro-sanchez-querer-prohibir-toro-vega-201512211457_noticia.html

[6] Según sus defensores, la tauromaquia exige valor, superación de las adversidades, control emocional y perseverancia, además de entrenamiento físico y mental. Visto en una de las actividades anunciadas en el portal Toro Cultura: http://torocultura.com/reportajes/valores-de-la-tauromaquia-para-el-profesional-del-siglo-xxi/
[7] “La carne como crimen”, por Isabel Arancibia, publicado en El quinto poder (29/12/2014): http://www.elquintopoder.cl/sociedad/la-carne-como-un-crimen/

[8] Para que se vea que no bromeo, recomiendo la lectura de esta entrada de la web Defensa Animal: http://www.defensanimal.org/especismo/especismo